• Es uno de los personajes más reconocidos en la historia de la literatura latinoamericana. Su obra ha sido traducida al inglés, francés, alemán, ruso, entre otros idiomas. Su importancia reside, como dijo Ricardo Piglia, en la creación de un nuevo pacto ficcional

Jorge Luis Borges fue una figura impoluta de la literatura universal. Es el maestro, el sabio, aquel que se transformó en lengua pura. La mirada perdida por la ceguera congénita de los últimos años, el bastón, sus cabellos blancos que se movían mientras recordaba algún pasaje de la literatura anglosajona son detalles imperceptibles de su recuerdo. Este hombre de biblioteca, que viajó entre las filas hexagonales de un estante repleto de libros, con la memoria prodigiosa de la palabra nunca olvidada, pero sin caer en las peripecias de “Funes El Memorioso”, nació el 24 de agosto de 1899, hace 121 años. 

Jorge Francisco Isidoro Luis Borges se dedicó durante su vida a la escritura como medio y fin. Sus cuentos, ensayos y poemas refieren al encuentro de un lenguaje extenso y minucioso que era capaz, desde la finitud de pocas páginas, abrir la ventana al universo de la percepción humana. 

Su familia tenía los genes de dos personajes importantes para la resolución de la independencia en Argentina. El coronel Isidoro Suárez, antepasado del autor de Ficciones, guió a sus tropas hacia la victoria en la conmemorada batalla de Junín y su abuelo, Francisco Borges, también fue un coronel importante para la guerra independentista. Su padre, Jorge Borges Haslam, fue uno de los primeros referentes importantes para el joven Jorge Luis.

La biblioteca de la casa, en el barrio de Palermo, con los clásicos shakesperianos fue primordial para la curiosidad de un niño prodigio que a los 6 años de edad, bajo la lectura de un pasaje de Don Quijote de la Mancha, le presentó a su padre su vocación. Sería escritor. A esa edad escribió su primera fábula llamada “La víscera fatal”. A los 10 años de edad logra la publicación de una traducción propia de El príncipe feliz de Oscar Wilde. 

Jorge Luis Borges
Jorge Luis Borges

Luego, la familia Borges se muda a Europa en medio de la Primera Guerra Mundial. Entre París, Milán y Venecia transcurren los primeros meses hasta que, después del recrudecimiento del conflicto bélico, se refugian en la neutralidad de Ginebra, Suiza. Jorge Luis lee sin descanso los clásicos de la literatura francesa, desde Voltaire y Victor Hugo, hasta la deslumbrante imagen de los simbolistas como Rimbaud, Baudelaire, Verlaine y Mallarmé. 

En 1918 comienza la lectura de autores en lengua castellana como Leopoldo Lugones y José Hernández, entre otros. Además, en 1919 la familia Borges se dirige a Barcelona para vivir un tiempo. En su paso por España tendrá una reconocida amistad con el traductor Rafael Cansino Assens. Conocerá, entre otros, a grandes figuras de la literatura y la filosofía española como Ramón María del Valle-Inclán, Juan Ramón Jimenez,  José Ortega y Gasset. 

La influencia del movimiento ultraísta, engendrado en el referente del creacionismo de Vicente Huidobro, fue importante para determinar los años de juventud literaria de Jorge Luis Borges. En 1919 se publica su primer poema, llamado “Himno al mar”. Los vestigios de Walt Whitman, el hombre de barba blanquecina que recitaba Las hojas de hierba, son notables en la construcción de este primer poema. 

blank Oh, mar! ¡oh, mito! ¡oh, largo lecho!
Y es por qué te amo. Sé que somos muy viejos.
Que ambos nos conocemos desde siglos.
Sé que en tus aguas venerandas y rientes ardió la aurora de la Vida.
(En la ceniza de una tarde terciaria vibré por primera vez en tu seno).
Oh, proteico, yo he salido de ti.
¡Ambos encadenados y nómadas!
Ambos con una sed intensa de estrellas;
ambos con esperanzas y desengaños;
ambos, aire, luz, fuerza, oscuridades;
ambos con nuestro vasto deseo y ambos con nuestra grande miseria.

Vuelve a Argentina en 1921 con las vestimentas de un escritor, con las lecturas de una literatura europea, occidental, que cruza las fronteras físicas, incluso lingüísticas, para reconocerse solo en las multiplicidades del haber literario. Ese mismo año fundó en Buenos Aires la revista Prismas y, meses más tarde, la revista Proa.  

Sus inicios como escritor

La década de 1920 es importante para la primera obra poética del autor. En esa época publicó su primer libro de versos llamado Fervor de Buenos Aires (1921) y, en los años siguientes, logrará la publicación de otros dos poemarios: Luna de enfrente (1925) y Cuaderno San Martin (1929). Además, publicó varias colecciones de ensayos importantes en la crítica de la literatura argentina. Estos son: Inquisiciones (1925), El tamaño de mi esperanza (1926), El idioma de los argentinos (1928) y Textos recobrados (1929). 

Su obra narrativa aparece en la década de 1930, años en los cuales conoce a las gemelas Victoria y Silvina Ocampo, estandartes de la literatura latinoamericana, y a su entrañable amigo de conversaciones eternas, pero de afectos parcos, Adolfo Bioy Casares. Publica en 1935 su primera antología de cuentos llamada Historia universal de la infamia. En el prólogo a la primera edición aclara que estos relatos parten de sus lecturas de Robert Louis Stevenson y G.K. Chesterton. Luego, en 1954 vuelve a revisar estos primeros relatos y los cataloga, desde la sobriedad del lector experimentado, como “barrocos”; vastos y con la pretensión de agotar sus posibilidades en el intrincado espacio de la ficción. Roza el límite de la propia parodia, pero, como expuso Bernard Shaw, “toda labor intelectual es humorística”. 

El escritor Jorge Luis Borges
Foto: cortesía

Entre 1930 y 1940 lee minuciosamente y traduce la obra de Virginia Woolf, Henri Michaux y William Faulkner. En 1931 es parte de la mesa editorial de la revista Sur, junto a Silvina Ocampos y Macedonio Fernández. El movimiento literario para la época en el cono sur de Latinoamérica tenía como referente el trabajo realizado en dicha revista. 

Los años finales de la década se presentaron como un torrencial de malas noticias, como los “golpes de la vida tan fuertes” que versificó César Vallejo. Su abuela Fanny, la primera maestra de la lengua anglosajona, fallece. Años después, en 1938, muere su padre. El trabajo estrictamente académico, entregado a la lectura, a la relectura, traducción y crítica se mantuvo, esta vez, a la par del oficio bibliotecario en la biblioteca municipal Miguel Cané, en el barrio bonaerense de Boedo. 

La invención de una nueva perspectiva literaria 

Para el escritor y ensayista argentino Ricardo Piglia la grandeza de Jorge Luis Borges no recae, ni un poco, en su influencia futura. No es la figura del sabio lector, aquella que en las décadas siguientes lo llevará de entrevista a entrevista, lo que determina el trabajo literario de Borges. A veces, Pligia exclama entre risas, en sus charlas sobre el autor argentino, el ser humano es más influenciable por los malos escritores. 

La importancia de Borges, para Piglia, recae en la creación de una nueva perspectiva para enfrentar la ficción. Establece un nuevo procedimiento para el pacto ficcional con la realidad. Es decir, en su obra narrativa se puede, con relatos cortos, minuciosos y de lenguaje excelso la intervención de lo escrito en la realidad y, por ende, la conciencia de la obra se multiplica en distintos planos. En 1942 publicó el volumen de narraciones El jardín de los senderos que se bifurcan. Luego en 1944, agrega el volumen de narraciones Artificios para conformar la antología llamada Ficciones.

Además, fue, como todo gran escritor latinoámericano, un hombre de muchos oficios y una sola profesión. En su trabajo como bibliotecario, en la soledad de los grandes tomos que se abalanzan entre los estrechos pasillos hexagonales, logra, a su vez, escribir “La biblioteca de Babel”. Cuento que inicia con la sentencia de un hombre vivo entre lecturas: “Como todos los hombres de la Biblioteca, he viajado en mi juventud; he preguntado en busca de un libro, acaso del catálogo de catálogos; ahora que mis ojos casi no pueden descifrar lo que escribo, me preparo a morir a unas pocas leguas del hexágono en que nací”. 

Su trabajo conjunto con Bioy Casares es reconocido en la historia literaria del mundo. Ambos autores, con obras autónomas de gran poder y, además, con una amistad indisoluble que, como Borges comunicó en una entrevista con Joaquin Soler Serrano, no necesitaba de frecuencia publicaron en 1942 el libro de narraciones llamado Seis problemas para don Isidro Parodi, bajo el seudónimo de H. Bustos Domecq.

En 1949 publicó El aleph. Una antología de cuentos considerada por la crítica como la obra que sintetiza, de alguna manera, la obra borgeana. El aspecto azaroso de la imagen que se desdobla, de la memoria extensa que guarda en sí misma las vicisitudes del tiempo o, como en “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, una realidad que se codifica a través de la escritura. Este procedimiento creado por Jorge Luis Borges es aquel que Piglia considera fundamental para la literatura posterior. 

Jorge Luis Borges, escritor argentino
Foto: cortesía

Los años siguientes, con la llegada del peronismo, la figura del escritor, con destellos de ceguera, se vio inmersa en el bullicio político. Una postura completamente anti-peronista lo marcó, sobre todo, ante la mirada de los grupos culturales de la izquierda latinoamericana. La dictadura peronista, pocos años después, destituyó a Jorge Luis Borges de su lugar en la biblioteca municipal de Boedo y lo designó “Inspector de mercado de aves de corral”. Una jugada burlona del gobierno de ese momento ante las negativas del escritor.

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Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad; más abominable es el hecho de que fomenten la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de caudillos, vivas y mueras prefijados, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez… Combatir estas tristes monotonías es uno de los muchos deberes del escritor ¿Habré de recordar a los lectores del Martín Fierro y de Don Segundo Sombra que el individualismo es una vieja virtud argentina?”, exclamó sobre el peronista Jorge Luis Borges.

Últimos años bajo el reconocimiento mundial

La década de los 50 fue el inicio para el reconocimiento nacional e internacional de la obra borgeana. Pocas veces un escritor es consolidado en vida. La mayoría, con vidas volátiles, mueren primero y, luego, con la lectura reviven día a día en sus obras. Aunque Roland Barthes reconoce que el autor muere en el instante que la obra literaria es leída. En 1955 es nombrado director de la Biblioteca Nacional por la junta de gobierno de la Revolución Restauradora. Ese puesto lo ocupó durante 18 años. 

Su visión empeoró considerablemente en estos años. Incluso, un oftalmólogo le prohibió leer y escribir. Una paradoja del destino quizás. Una característica que, además, construye el mito del sabio. En ese momento dijo, cuando su visión empeoró y encontró su lugar como director de la Biblioteca Nacional, que todo era parte de la gran ironía de los hechos. “Yo siempre me había imaginado el Paraíso bajo la especie de una biblioteca. Ahí estaba yo. Era, de algún modo, el centro de novecientos mil volúmenes en diversos idiomas. Comprobé que apenas podía descifrar las carátulas y los lomos”. 

Una jugarreta de la totalidad, aquella que no se logra descifrar por completo y que empuja al hombre en busca de respuestas hacia la ficción. Lugar que no refiere a la realidad y tampoco pretende tipificarla. Es un sitio autónomo, que se desdobla, una y otra vez, desde la amplitud del registro humano y su relato. 

Su obra se comenzó a editar en distintos idiomas, desde el italiano, hasta el francés, inglés y alemán. En 1961 es galardonado, junto a Samuel Becket, con el Premio Internacional de Literatura, otorgado por el congreso Internacional de Editores en Formentor, Mallorca. La madurez de Jorge Luis Borges llegó, aunque con la ceguera, con un camino labrado en la consciencia sobre la escritura. En una entrevista mencionó que cuando se es joven la palabra es sobrecargada, es barroca, es parte del miedo al vacío del escritor que poco ha vivido y, por ende, poco tiene que decir.

Bibliografía de Borges

Su obra en estas últimas décadas de su vida presenta un trabajo poético amplio con la publicación de El hacedor (1960), Para las seis cuerdas (1967), colección de milongas y tangos, El otro, el mismo (1969) y Elogio de la sombra (1969), El oro de los tigres (1972), entre otras. En narrativa, es quizás su labor escrituraria menos prolífera, pero más importante, publicó El informe de Brodie (1970), El libro de arena (1975) y 25 de agosto, 1983 (1983). En el ensayo, por otra parte, realiza un arduo trabajo, en algunos casos junto a Bioy Casares, para la publicación de textos como Aspectos de la poesía gauchesca (1950), Otras inquisiciones (1952), Obras completas (1960), entre otros. Vale acotar que cada texto contó con el apoyo de otra persona para su hechura por la visión interrumpida de Borges.

El hombre de bastón, con algunos cabellos sueltos por el viento y mirada desviada por la ceguera, comentaba que, mientras algunos encuentran la dicha y el orgullo en lo escrito, él la encontraba en lo leído. En sus últimos años visitó distintas universidades en el mundo, brindó charlas de  literatura y en 1971, en Estados Unidos, fue condecorado por distintos centros de estudio. La obra borgeana, con el boom latinoamericano, se posicionó como un referente primordial para la literatura universal. 

En 1986, con 87 años de edad, decidió residenciarse en la ciudad de Ginebra, Suiza. Le habían diagnosticado cáncer en los pulmones. El 14 de junio de ese año falleció por un cáncer hepático y un enfisema pulmonar. El hombre que siempre se supo escritor, que reconoció que no existen perdón, ni venganza, solo el olvido que agrupa a los dos, murió, según Jean Pierre Bernes, diciendo el Padre Nuestro en anglosajón, inglés antiguo, francés y español. Un último suspiro literario.

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