• El expresidente venezolano por el partido Copei falleció el 9 de noviembre del año 2007. En El Diario recopilamos momentos y opiniones importantes del exmandatario

Un campeón, un hombre que no temía expresar su indignación en televisión, un mandatario dispuesto a mantener a raya a los grupos beligerantes aunque tuviera que violar derechos humanos, un presidente que aportó a la cultura nacional, un político olvidado por los gobernantes de nuestro tiempo.

Luis Herrera Campíns, el campeón

El 3 de marzo de 1978 un contingente de militantes adecos expresaban a viva voz su escepticismo y su sospecha.

Acaso así pasaban con menor dificultad el mal trago que suponía que su caballo, el candidato de Acción Democrática, Luis Piñerúa Ordaz, iba abajo en la carrera presidencial en contra del candidato del partido socialcristiano Copei, Luis Herrera Campíns.

En La Herrereña, relata el cronista Miguel Schapira, era todo felicidad y fiesta ante el triunfo inminente del abogado, periodista y dirigente político, que había prometido alzarse con el cargo más importante del país en el año 1973, luego de que Eduardo Fernández perdiera la contienda electoral ante Carlos Andrés Pérez.

“Yo seré el campeón del retorno”, dijo Herrera Campíns ante la derrota de su compañero de partido.

El día de las elecciones era domingo, y ante todo, Luis Herrera Campíns debía asumir sus compromisos religiosos como buen católico.

Fue en la iglesia que se convenció de su triunfo con emoción, luego del encuentro con una pequeña niña que le dijo:

“Luis Herrera, como soy pequeña y no puedo votar, pediré con mucha fuerza en mi rezo que usted gane”.

Dijo a los periodistas que luego de esas palabras no podía perder.

Cuando se supo ganador, a las 2:00 am del 4 de marzo de 1978, dio su primera rueda de prensa. Ahí, insistió en que se lanzó a la presidencia para triunfar, por lo que los resultados no lo tomaron de sorpresa. Y ante la polarización reflejada en los comicios (Campíns superó a Piñerúa solo por 177.741 votos), dijo lo siguiente:

—Efectivamente, la polarización fue total y yo anuncié hace meses que alcanzaría niveles superiores a los del 73.

Y los periodistas preguntaron si la polarización beneficiaba al país.

—Cuando surge como un aglutinante espontáneo en torno a corrientes políticas e ideológicas que sean acordes a la idiosincrasia del pueblo, la polarización es positiva. Cuando se produce merced a artimañas o presiones por parte de un gobierno incide negativamente en tanto cierra el paso a otras corrientes de expresión.

El momento más difícil

Cuando la periodista y promotora cultural Sofía Ímber entrevistó a Luis Herrera Campins el 25 de mayo de 1988, el entonces expresidente enseñó a los televidentes venezolanos que era capaz de sentir rabia e indignación frente a las cámaras.

“Ha mostrado usted que es un hombre más rabioso de lo que yo creía, porque estaba furioso conmigo”, le dijo Ímber a Campíns entre risas y total serenidad. “No estaba rabioso, estaba indignado”, le respondió Campíns.

La razón de la cólera del llanero fue que Ímber había enseñado una caricatura del dirigente de Copei que había manchado su honor. La periodista se defendió argumentando que: “El mejor periodismo es aquel que no hace daño, pero que muestra absolutamente todo”.

Prosiguió la conversación entre ambos y Luis Herrera Campíns aseguró que iba a apoyar al candidato Eduardo Fernández, pero a su manera. Y se justificó con un comentario de tinte antropológico: “Ya lo decía Rómulo Gallegos, los llaneros somos maliciosos de nación. Donde nos dicen vengan solos vamos acompañados, pero siempre a la viceversa”.

Sofía Ímber le preguntó a Luis Herrera Campíns que cuál había sido el momento más difícil de su gobierno.

“Sin duda alguna, las medidas que tomamos el 18 de febrero de 1983”. No se atrevió a decirle a esa fecha como la conocen ahora los venezolanos: el viernes negro —una devaluación del bolívar frente al dólar, iniciando así la espiral de depreciación de la moneda nacional—.

La sombra de Cantaura

En la ciudad de Cantaura, ubicada en el estado Anzoátegui, 23 militantes del partido Bandera Roja, pertenecientes al Frente Américo Silva (FAS) fueron asesinados en un operativo en el que participaron, de acuerdo con investigaciones de organizaciones defensoras de los derechos humanos, 400 efectivos del ejército, aviación y funcionarios policiales. 

Eso ocurrió el 4 de octubre de 1982, mientras Luis Herrera Campíns era presidente de la República.

Un comunicado de Amnistía Internacional, publicado el 17 de diciembre de ese año, señaló que los cuerpos de los militantes revolucionarios fueron enterrados sin que se les hicieran autopsias, que el ejército tardó en devolver los cadáveres a los familiares y que entorpeció la investigación de la Fiscalía.

Se trata este de uno de los momentos más cuestionados y denunciados por la izquierda venezolana. Pese a ello, el gobierno de Hugo Chávez ascendió a uno de los participantes del ejército en la masacre, Roger Cordero Lara —quien fue piloto de uno de los aviones de guerra que efectuó el bombardeo—, a General de División. Cordero Lara también fue diputado del chavismo durante dos períodos consecutivos.

Sobre Luis Herrera Campíns siempre quedará la sombra de haber ordenado el operativo.

Típico y atípico

Luis Herrera Campíns nació en Acarigua, estado Portuguesa, el 4 de mayo de 1925.

Desde su juventud estuvo inmerso en la política como dirigente del partido Copei, y estudió Derecho en la Universidad Central de Venezuela.

Su vida lo llevaría también por el camino de la prensa, y su rastro periodístico puede hallarse en números antiguos de El Impulso, Surcos y revistas estudiantiles.

Se casó con su prima Betty Urdaneta Campíns, y de dicha unión tuvieron cinco hijos.

Conoció el exilio durante la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez, pues tuvo que huir de su país para establecerse en Madrid, donde fundó el periódico Tiela.

Ramón Guillermo Aveledo, su secretario, confidente y amigo, le hizo una biografía titulada El Llanero Solidario, donde hace un recuento del hombre oriundo de los llanos venezolanos:

“Típico y atípico, elocuente y silencioso, renovador hasta la audacia, audaz y también conservador, ortodoxo y abierto, sencillo y sofisticado, Luis Herrera Campins conservó, hasta el final de sus días, un cierto carácter enigmático de acertijo sin resolver. Uno de los venezolanos más conocidos de su tiempo, murió siendo para muchos un desconocido. Fue un venezolano de su tiempo, pero también de un tiempo ya pasado y de un tiempo que no ha sido. Nació durante una dictadura, fue preso y desterrado por otra, pasó la vida luchando por construir la democracia que le diera forma de institucionalidad y de justicia social que el país había logrado y murió cuando muchos temen que tengamos una recaída histórica y que, en nombre del nacionalismo, suframos un retorno al personalismo y el autoritarismo”.

Imposible para los caraqueños eludir su legado, pues fue bajo su gobierno que se construyó el Teatro Teresa Carreño, la primera fase del Metro de Caracas y el complejo Parque Central.

Otras obras de infraestructura como el inicio de la autopista a Oriente también se encuentran dentro de su lista de logros.

“Fue un presidente honesto”

El 9 de noviembre del año 2007, a los 82 años de edad, murió Luis Herrera Campíns en la ciudad de Caracas. Su fallecimiento fue sucedido por tres días de duelo decretados por el partido Copei. La prensa, de acuerdo con información recogida por el diario español El País, señaló que Campins sufría de diabetes, una afección renal y Alzheimer.

Luis Ignacio Planas, secretario general de Copei para entonces, dijo que Luis Herrera Campíns fue:

Un presidente honesto, que estuvo siempre muy comprometido con los sectores populares. Íntegro, modesto, austero, humilde».

No hay información de que el entonces presidente Hugo Chávez le haya rendido honores de Estado, pese a que Eduardo Fernández, su compañero de militancia durante años, lo solicitó.

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