• Este 17 de noviembre se realiza la audiencia preliminar del captor de la mujer que fue secuestrada cuando tenía 17 años de edad. En enero de este año escapó del apartamento donde estuvo cautiva durante tres décadas en condiciones precarias y siendo víctima de violencia de género. Foto principal: Crónica.Uno

La vida de Morella León López se detuvo el 23 de diciembre del año 1988. Ese día su novio, Matías Enrique Salazar Moure, le propuso huir de su casa bajo la excusa de que su relación nunca iba a ser aceptada. Se encontraron en el terminal de autobuses en Valencia, estado Carabobo, sitio donde el hombre le anunció que se trataba de su secuestro. Esa fue la última noche en que Morella pudo ver la luz del Sol. Tenía 17 años de edad. 

Morella estuvo encerrada en un apartamento del piso cuatro de la torre C en el Conjunto Residencial Los Mangos, en la avenida Constitución de Maracay, estado Aragua, esperando su rescate durante 31 años. Eso nunca sucedió y ahora espera justicia.

Este martes 17 de noviembre se realizará la audiencia preliminar de su captor luego de que lo detuvieron e imputaron por los delitos de violencia psicológica, amenaza, violencia sexual y esclavitud sexual.

Foto: Crónica.Uno

Han pasado casi 10 meses desde que un manojo de llaves le otorgó la libertad.  Probó en la cerradura de la puerta y esta se abrió a diferencia de otras ocasiones, por lo que logró escapar. El 24 de enero de este año caminó nuevamente por las calles. Lo hizo durante dos horas hasta llegar al Instituto de la Mujer del estado Aragua. Había escuchado en la radio que ahí existía un programa de violencia contra la mujer.

Desde que Morella desapareció, su familia denunció el hecho ante el Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (Cicpc). El medio de comunicación Cronica.Uno informó que la policía la llegó a visitar una noche luego de denuncias de los vecinos. Llegaron hasta la reja y con una linterna, porque el apartamento no tenía electricidad, buscaron morados en su cuerpo. Morella le negó a la policía que era víctima de violencia porque tenía miedo de que Matías la golpeara nuevamente si llegaba a decir la verdad.

Un historial de violencia

Desde su captura, a Morella la alojaron en habitaciones de hotel y en distintas localizaciones, desplazándose únicamente de noche. Inicialmente, la pareja vivió en un hotel del estado Aragua.

Foto: Crónica.Uno

Al poco tiempo la llevó a otro donde permaneció entre seis y ocho meses. Para no levantar sospechas la trasladó a una vivienda en el barrio La Coromoto y luego a otra en el sector Los Samanes; posteriormente a una vivienda en Los Mangos, donde pasó 18 años encerrada.

Morella León salió de esas cuatro paredes pesando 38 kilos, un cuadro de desnutrición severa. Relató que sufrió de manipulación, control y vigilancia obsesiva; golpes en todo su cuerpo, de manera continua, y también de violaciones constantes. Relata que temía causar ruidos en el apartamento, que algo se cayese al suelo.

El lugar no tenía sócates y cuando se ocultaba el sol quedaba a oscuras. Las cortinas eran gruesas, no podía hacer ruido y las pocas veces que los vecinos escucharon algo Matías respondió que era la señora de limpieza.

No podía ver la luz del día ni asomarse a la ventana. Estuvo más de tres décadas en la oscuridad, oyendo la radio a volumen bajo y nunca utilizó toallas sanitarias, por lo que contenía su flujo menstrual con trozos de franela. Las veces que se quedaba sin champú usaba jabón para lavar su cabello. Su captor, conocido por los vecinos como “el gordo Matías”, no vivía con ella. La visitaba para darle de comer siempre lo mismo: arroz, huevos o lentejas. Ella también contó que si no accedía a tener sexo con él, la privaba de agua o alimentos. 

La primera vez que tomó un manojo de llaves fue a los pocos años de estar recluida, pero en otro apartamento ubicado en el sector Los Samanes. “Me tomó por los brazos y me paró frente a ellas. Me repetía por qué las había agarrado y me decía que no tenía nada que hacer en la calle. Esa fue la primera paliza que recibí por las llaves. Fue una pelea muy fea, me sorprendía que supiera cómo las había tomado, no sabía cómo lo hizo”, dijo en una entrevista para el mencionado medio de comunicación. 

Foto: Crónica.Uno

La segunda vez que pudo tocar un manojo de llaves, el hombre la tomó por el cabello y le cortó la respiración por un momento. Relató que la colocó boca arriba sobre un colchón, con una pierna neutralizaba uno de sus brazos y con la otra presionaba su cuello hasta casi asfixiarla. Cuando intentaba quitarle su mano, dice, él simplemente se posaba sobre su muñeca y con una almohada le tapaba la cara para que nadie la escuchara.

Exámenes médicos practicados a Morella luego de su liberación indicaron que sufre de descalcificación en sus huesos, sufre de la cervical tras las constantes palizas y tiene problemas en la dentadura, lo que podría provocar que tenga pérdidas de dientes o muelas. Por otra parte, dado que estuvo tres décadas sin ver la luz, la mujer de 49 años de edad presentó un cuadro de neurodermatitis en donde los rayos solares le causan picor en la piel.

Las otras víctimas

Luego de que el caso de Morella se diera a conocer, se supo que Matías Salázar mantuvo secuestradas a otras tres víctimas por 32, 31 y 23 años.

La primera mujer es su esposa. Ella estuvo 32 años en cautiverio en la casa materna de Matías, en el sector Las Mayas.

La segunda víctima la raptó hace 23 años. Usó un arma de fuego para someterla. Durante la privación de libertad la mujer quedó embarazada de una niña, que actualmente tiene 20 años de edad.

La joven, tercera víctima de Matías “el gordo” Salazar fue al colegio porque su papá la buscaba y llevaba. No la dejaba tener amistades ni salir de su casa y lo describió como un hombre agresivo. Actualmente, es estudiante universitaria.

Matías vivía con esta mujer y su hija en la torre B del Conjunto Residencial Los Mangos. Desde ese balcón mantenía vigilada a Morella en la torre de en frente.

Irregularidades en torno al caso 

La Fiscalía 25 de Maracay, en el estado Aragua, imputó a Matías Enrique Salazar Moure por de los delitos de violencia psicológica, amenaza, violencia sexual y esclavitud sexual, previstos en la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, con el agravante del artículo 99 del Código Penal en contra de una las cuatro mujeres que mantuvo en cautiverio.

En ese sentido, los delitos por lo que imputan al hombre de 56 años de edad prevén la pena máxima existente en el país que es de 30 años.

Matías Enrique Salazar Moure | Foto: Cortesía

José Briceño, abogado de Matías Salazar, acusó a los medios de comunicación de ser parte de la presunta “venganza”, y a su juicio, las “tres familias vivían felices.

¿En qué ley (de Venezuela) dice que un hombre no puede tener tres mujeres?”, se preguntó. También dijeron que el partido Voluntad Popular pretendía desprestigiar a Matías porque él trabaja para el gobierno del estado Aragua. 

Al consultarle sobre el cuadro de desnutrición que presentó Morella, el abogado señaló que la mujer siempre ha sido delgada. “Ella siempre ha sido delgada, que digan que falta de peso es otra cosa. El señor Matías tiene tres señoras y cada una tiene su casa, su celular y vehículo, no se puede hablar de secuestro, ellas estaban allí por voluntad propia”, indicó.

A pesar de esto, de acuerdo a lo reseñado por Crónica.Uno, aunque el juzgado segundo de control del estado Aragua determinó como sitio de reclusión el centro de detención Alayón, el imputado permanece privado de libertad en una comisaría en el centro de Maracay.

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