• Los precios en Venezuela bailan al ritmo de los dólares, los pesos colombianos, los bolívares y los petros. Cada uno suena distinto y más que música producen ruido en la mente de la mayoría de los venezolanos, a quienes el caos económico provocado por el régimen los deja cada vez más confundidos y empobrecidos

En la mente de la mayoría de la población venezolana el dólar es sinónimo de estabilidad, por lo que si se ve un precio fijado en esa moneda se supone que no tendrá variación. Además que si se tiene aunque sea unos billetes verdes en el bolsillo, se tiene mayor poder adquisitivo, porque a fin de cuentas su valor en bolívares no para de subir.

Eso parece tener mucho sentido y es el punto de partida de una ilusión que se ha conocido como “inflación en dólares”. El trabajador que se ganó sus 20 dólares por reparar un aire acondicionado o la maestra que cobró 10 dólares por unas sesiones de tareas dirigidas va a comprar alimentos y encuentra que aquello que la semana pasada costaba $1,5, ahora vale $2. La explicación más rápida es que ahora la inflación, un dolor de cabeza al que los venezolanos están habituados desde los ochentas, se trasladó al dólar.

El término viene sonando desde hace al menos dos años. Los economistas tienen ese mismo tiempo explicando que no existe tal cosa como “inflación en dólares” en Venezuela y que lo que se percibe así no es más que un rezago de la tasa de cambio con respecto al aumento de los precios.

“A nivel de la calle es cómo lo vive la gente. La gente no lo incorpora. La velocidad de actualización cognitiva, la demanda de ajuste que se requiere es muchísimo mayor a las capacidades comunes de la gente para procesar”, explica la psicóloga social y empresaria María Fátima Dos Santos para El Diario.

Es por eso que aunque los más mediáticos expertos publiquen videos, tutoriales, lo expliquen en ponencias o con diagramas en redes sociales, se sigue escuchando en el mercado, en la camionetica por puesto y entre las múltiples quejas, que “Venezuela es el único país donde se devalúa hasta el dólar”.

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¿Cómo se genera esta ilusión?

El concepto de inflación se refiere al alza generalizada de los precios de los bienes y servicios en un periodo determinado. En Venezuela esa medición se hace en bolívares (tanto la del Banco Central de Venezuela como la que estima la Asamblea Nacional). Por tanto, los números que da mensualmente este indicador indican cuánto se han incrementado los precios en bolívares. Paralelo a ello está la tasa de cambio, que indica cuántos bolívares se necesitan para comprar un dólar o a la inversa, cuántos bolívares equivalen a cierta cantidad de dólares.

“En una economía en la que la divisa tiende a sustituir la moneda nacional. Las operaciones de compraventa de un bien en divisas implican, por una parte, tener en cuenta su precio en moneda nacional y el valor del tipo de cambio; y por la otra, comparar el pago en divisas de dicho bien con el precio que se pagaría si el mismo fuese importado. En ese proceso, la gente tiende a pensar que el monto que paga en divisas por el bien es exactamente equivalente a su precio en divisas y eso no es necesariamente así”, explica para El Diario María Antonia Moreno, profesora e investigadora del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).

Detalla Moreno que “un producto que en EE UU tiene un precio de 1 dólar, en Venezuela puede costar más o menos que eso, lo que depende de su precio en bolívares y del tipo de cambio del bolívar con respecto al dólar”. 

Ese precio en dólares, que cada vez tiende a ser mayor, suele atribuirse a las ansias especulativas del vendedor. Una idea que el régimen chavista se ha dedicado a instalar en el colectivo para esconder su desastrosa gestión económica, pero que cala muy bien como una fácil explicación a un fenómeno que requiere poner la vista en otros factores.

“Aunque el tipo de cambio nominal se ha ido depreciando (cada vez más bolívares por un dólar), no lo ha hecho con la misma rapidez con la que aumentan los precios en bolívares; razón por la cual, las personas deben sacrificar más dólares para adquirir un mismo bien. Popularmente, a esta situación se le refiere como ‘inflación en dólares’; pero, en realidad, es la mayor inflación de los precios en bolívares, en relación con la depreciación cambiaria, lo que está detrás de la mayor erogación en dólares”, precisa Moreno.

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Entre enero y octubre de 2020, los precios han subido 1.790%, según datos de la Asamblea Nacional. En tanto, la variación del tipo de cambio en ese mismo lapso fue de 892% (en el mercado paralelo, de acuerdo con datos de DólarToday) y de 1.021% (en las mesas de cambio bancarias, según cifras del Banco Central de Venezuela).

Ese espacio que hay entre la inflación y la variación del tipo de cambio, como lo explica Moreno, es donde se produce la ilusión de la “inflación en dólares”, porque los precios en bolívares se mueven más rápido que la tasa de cambio, dejando a esta rezagada.

Esto se traduce en una pérdida de poder adquisitivo del dólar. Para comprar lo que hace un año se compraba con un dólar, hoy se requieren 3,5 dólares, según cálculos de la firma Ecoanalítica.

Interviene la profesora Moreno y desarrolla un ejemplo con un producto que cueste un dólar. Si el tipo de cambio lo suponemos en 50 bolívares por dólar, el monto a pagar serían entonces 50 bolívares o un billete de un dólar. Ahora imaginemos que el precio en bolívares de ese producto baje a 25 bolívares, sin que se mueva la tasa de cambio. Entonces se pagará 0,5 dólares. 

“Por el contrario, si el precio del bien se duplica, pasando de Bs. 50 a 100, la persona debe pagar el equivalente de 2 dólares”. La ilusión está en que el precio del producto siempre fue un dólar, pero lo que se modificó fue el precio en bolívares.

Considera que “si el venezolano no tiene otra alternativa que preservar sus ingresos en bolívares, aunque sea en dólares que pierden poder adquisitivo, lo seguirán haciendo. En esta ecuación no veo decepción, si acaso frustración, pero no por el dólar, sino por la forma en que funciona la economía del país”.

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Una mezcla de cifras

En los últimos tres años se mezclan en la mente de los venezolanos al menos tres elementos que complican las cuentas: la hiperinflación, una reconversión monetaria y la dolarización informal. A esto hay que sumarle iniciativas fallidas del régimen como el petro.

“En términos matemáticos la gente se confunde en cuánto le cuestan las cosas. Tenemos los tres sistemas funcionando paralelamente, el sistema de bolívares, la reconversión mental y el sistema de los dólares”, señala Dos Santos. Además, resalta que es usual que las personas se refieran a una cifra sin detallar la moneda, como decir 120 (para señalar que son dólares, por ejemplo) o en lugar de decir 5.000.000 de bolívares, señalan el monto como Bs 5.000.

Además, si tratas de convertir una cantidad a dólares, hay que estar al día con el tipo de cambio de la mañana o de la tarde. Además de decidir cuál referente vas a tomar, sea alguno de los que indican el dólar paralelo o el que publica el BCV. “Es muy demandante y exige un nivel de conocimiento, experiencia y plasticidad mental que no todo el mundo tiene”, remarca la experta.

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Hace dos años con la reconversión que le quitó cinco ceros a la moneda se simplificó, pero la hiperinflación hizo que el efecto durara poco; mientras la dolarización desordenada abarca cada vez más espacio y denominar los precios de bienes y servicios en la moneda estadounidense es más práctico en lo que a cifras se refiere.

Es común ver en redes sociales los debates de si pagar $120 a una persona para ocuparse de la limpieza de la casa es mucho o es poco o si $10 por un delivery es una especulación. Mientras, el presupuesto nacional se cifra en miles de billones de bolívares. Es una descontrolada danza de cifras que tiene a muchos sacando cuentas todo el tiempo.

“Se nos ha diluido la capacidad de evaluar cuándo algo es barato o caro y si lo que uno cobra es caro o barato. Tengo conocidos que valoran las cosas en relación con su salario y su salario no vale nada. Es inédito en varios sentidos, porque cuando los procesos de hiperinflación se dan, suelen correr con dos monedas; pero en Venezuela tenemos el dólar, el euro, los pesos colombianos y el petro, que está jugando para pagar servicios”,  agrega Dos Santos.

De acuerdo con un estudio de la firma Ecoanalítica, en Venezuela hay tres países en uno. Un 50% “atrapado por la hiperinflación”, 35% entre la “sobrevivencia y el rebusque” y un remanente de 15% dentro de “la burbuja de los dólares”.

“Hay un pequeño grupo de gente privilegiada cognitivamente que es capaz de manejar los cambios de dólares, euros en efectivo, en Zelle, en transferencias internacionales, en criptomonedas. Tienen una excelente red de contactos, muchísima flexibilidad cognitiva, muchísimo manejo de los temas económicos, esas son las tres cosas fundamentales que permiten sobreponerse a esta situación; pero en general, la mayoría de la población está absolutamente incapacitada para lidiar con esto”, concluye Dos Santos.

Una minoría que se pierde en la ilusión de la “inflación en dólares” y del caos monetario es la de los adultos mayores. Un sector vulnerable porque depende mucho de la pensión, jubilación y de los llamados “bonos” que entrega el régimen de Nicolás Maduro. Todo ello en bolívares que prácticamente ya no pueden tener en efectivo.

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