• Un poco del toque mágico de películas como Frozen y Zootopia son el resultado del trabajo duro del joven maracayero. Foto: Cortesía 

A los 5 años de edad Jorge Ruiz Cano comenzó a dibujar; desde entonces, nunca ha dejado de hacerlo. Durante su infancia, con espíritu emprendedor, aprovechó su talento con el papel y el lápiz para comercializar sus obras en el  colegio en el que estudiaba, en la ciudad de Maracay, Aragua.

Ese negocio pronto fue descubierto por sus maestras y le costó el decomiso de los dibujos y las ganancias. 

—Maestra, devuélvame los dibujos aunque sea, yo no los vendo más—  le dijo Jorge de 9 años a su profesora de tercer grado. 

—Yo te voy a devolver tus dibujos cuando trabajes en Disney— respondió la docente, sin saber que su respuesta se convertiría en profecía. 

28 años después de ese episodio, Jorge Ruiz Cano trabaja en Disney como animador de series, películas y cortometrajes. Sin embargo, aún no le han devuelto sus primeras obras, esas que le retuvieron en el colegio.

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Maracay y Choroní

Aunque nació en Caracas, su niñez transcurrió entre Maracay y Choroní, debido a que su hogar materno está ubicado en el parque Henri Pittier y siempre tuvo acceso a ambas partes del estado. 

Otra región del país que es parte de su ADN es la Gran Sabana, en el estado Bolívar. Allí, asegura, fue concebido por sus padres. “Lo digo porque mi mamá siempre me lo echaba en cara. Antes me daba mucha pena, pero ahora me siento orgulloso de eso”, dijo en exclusiva para El Diario

Mientras crecía, alternó periodos vacacionales entre Caracas y el interior del país. Señaló que sus padres son amantes de la naturaleza, por lo que las visitas a la Gran Sabana siempre fueron parte de los planes. 

Cuando iba de vacaciones a Caracas siempre me recordaban que venía del monte y vivía entre culebras, como dicen por ahí. Pero crecer en Maracay fue una bendición porque siempre tuve a personas de todo tipo a mi alrededor”, detalló.
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El dibujo fue una pasión para Jorge desde muy pequeño, pero durante mucho tiempo creyó que solo sería un pasatiempo, porque sus planes eran estudiar Derecho en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), así como lo hizo su mamá. 

No obstante, sus excompañeros de colegio le recuerdan continuamente que un día en 3º grado dijo en una dinámica escolar que de grande sería animador en Disney. Un deseo infantil que por un tiempo olvidó, pero que en el año 1996 volvió mientras veía en el cine Aladdin y los 40 ladrones.

“Iba caminando hacia el centro comercial Concresa, en Caracas, y llegaron unos ‘pitufos’ que me bajaron un reloj que me gustaba mucho, pero cuando entré por fin a la sala de cine me olvidé de todo y me di cuenta de que la animación es algo realmente mágico”, recordó. 

“Ya vengo”

A los 15 años de edad, luego de conseguir un cupo en la UCAB para la escuela de Derecho, Jorge Ruiz Cano se fue a estudiar un año inglés en Utah, Estados Unidos. 

Ese viaje era de un año y era un ‘ya vengo’, pero la verdad es que las clases de inglés terminaron en tres meses y mis padres me propusieron que aprovechara para tomar clases de arte. Eso fue muy surreal porque nunca me imaginé que tendría ese gran apoyo”, explicó.

Un año después, con la ayuda de sus padres, continuó su educación en The Art Institute of Fort Lauderdale, donde recibió clases de Media Arts and Design. 

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“El respaldo y el amor de mi familia siempre fue muy importante, por eso siempre que hablo con los padres, que me dicen que sus hijos quieren dibujar, digo apoyenlos, pana. Denles papel, lápiz y el libro que ellos quieran”, comentó. 

Sus ganas de aprender y seguir creciendo en el mundo del arte lo llevaron hasta San Francisco, California. Estudió Character Animation en la Academy of Art University. Esto le permitió hacer pasantías en Electronic Arts (EA), lo que lo impulsó hacia distintas casas de animación como Pixar, Industrial Light & Magic, Activision y Blue Sky. 

En Activision hicimos uno de los Call of Duty, me hicieron bullying porque dije que nunca había disparado un arma y en Blue Sky me congelé trabajando parte de la animación en la Era del Hielo”, agregó.

Durante esos años recibió cuatro llamadas de los estudios de Disney, estaban interesados en incluirlo en un proyecto; pero las tres primeras veces rechazó la oportunidad porque consideraba que aún no estaba listo. Además, ya tenía contratos firmados con otras empresas y no quiso romperlos. 

Disney, al fin

Cuando finalmente aceptó la propuesta de Disney, entró al programa de Desarrollo de Talentos, un proyecto que fue fundado por Walt Disney para captar nuevos talentos de la animación con el paso de los años. 

La primera película en la que trabajó fue Frozen (2013), una de las películas más aclamadas del Disney contemporáneo. Sin embargo, el éxito de la “aventura congelada” fue difícil de saborear, porque mientras se estrenaba, Jorge Ruiz Cano ya trabajaba en la animación de Grandes Héroes (2014).

Así sucesivamente ocurrió con Zootopia (2016), Moana (2016), Ralph el Demoledor 2 (2018) y otros títulos. 

Recientemente terminó con la animación de Raya y ganó junto a su equipo el premio de Película del Año en Realidad Virtual (VR, por sus siglas en inglés) con Mito: un cuento congelado, en la que fue Animador Líder. 

«El trabajo siempre es abrumador. Nunca te sientes cómodo, llevo ocho años y todavía me siento aprendiz. Pero lo más retador fue dirigir un equipo de personas a las que admiro e intentar ser verdaderamente un líder, porque fue algo nuevo”, detalló.

Con el corazón en Venezuela

Jorge Ruiz Cano asegura que mientras anima en los estudios de Disney siempre tiene presente a su país, por eso intenta regresar cada año a su hogar en Maracay. 

Cuando piso el aeropuerto en Maiquetía ya me siento brillante con el calor de mi país y al llegar a Aragua lo primero que hago es acercarme a Choroní para comerme una cachapa. Si me consigo con mis amigos de la infancia, me dan tres lepes por decir un par de cosas en inglés y ya comienzo a hablar venezolano otra vez”, indicó.

Aunque “hablar venezolano” parece el menor de los problemas de Jorge. Durante sus relatos saltan los “chama”, “conchale” y “pana” en cada oración. 

Tras los paseos de reconocimiento por Choroní, regresa a la casa que lo vio crecer. Asegura que su hogar se mantiene con sus tonos tierra que siempre la caracterizaron y antes de cruzar la puerta percibe el olor a café y empanada quemada. 

Una vez dentro, compiten entre ellos el sonido de los pasos de su abuela con el ruido de las guacharacas. 

Esa mezcla de sensaciones, aromas, sabores y sonidos le recargan las baterías y lo llenan de inspiración para volver a los estudios de Disney. Agregó que todas sus experiencias influyen en su arte y lo hacen diferente al de todos sus compañeros. 

Disney +: una nueva historia

A juicio del venezolano, Disney + marca un antes y un después en la historia de la animación. Alegó que para la empresa es una bendición poder lanzar un servicio de streaming en medio de la pandemia, debido a que es la nueva forma en la que se consume contenido. 

“Estamos trabajando muy duro, poniendo durísimo el foco en nuevas historias, nuevas formas de hacer las cosas y en hacer mucho más y mejor contenido propio para la plataforma”, reveló el animador. 

Con la aparición en escena de Disney +, también surgen oportunidades para nuevos talentos que quieran unirse a ese mundo. 

Destacó que en Venezuela existe mucho talento y personas con ganas de emprender y crecer, por lo que considera que en muy poco tiempo no será una novedad decir que un venezolano está triunfando en Disney. 

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