• El equipo de El Diario conversó con algunos damnificados de Rubio y Zorca en el estado Táchira quienes aseguraron que semanas después de las precipitaciones no han recibido lo prometido por parte de entes gubernamentales

Las lluvias que se registraron en distintas zonas del estado Táchira a inicios del mes de noviembre dejaron como saldo más de 1.260 viviendas destruidas en Rubio (municipio Junín) y 300 familias afectadas en Zorca.

El 8 de noviembre la población de Rubio vivió momentos de tensión y zozobra cuando fuertes precipitaciones ocasionaron el desbordamiento del río Carapo. Tan solo dos días después la historia parecía repetirse en la población de Zorca, municipio San Cristóbal, cuando la crecida de la quebrada La Zorquera arrasó con todo a su paso.

Distintas organizaciones no gubernamentales, sociedad civil e incluso personalidades políticas se presentaron en las zonas afectadas para brindar ayuda y colaboración a los ciudadanos que lo perdieron todo. Desde sopas comunitarias hasta bolsas repletas de alimentos y ropa fueron donadas a habitantes de Rubio y Zorca.

Los días siguientes a la tragedia en ambos espacios geográficos de Táchira transcurrieron con arduo trabajo. Las comunidades sumaron esfuerzos para recuperar e intentar encontrar en los escombros algunas de sus pertenencias.

Katherine Salazar, su padre y otros miembros de su familia vivían en el centro de Rubio, uno de los sectores a donde el agua llegó. Su vivienda colapsó y lo perdieron todo. 

“La casa se derrumbó con la fuerza del agua, se cayó y perdimos todas nuestras cosas, enseres, ropa, absolutamente todo. Pocas cosas se encontraron después, pero todo quedó inservible”, dijo en entrevista exclusiva para El Diario.

Promesas sin cumplir

Katherine asegura que recibieron ayuda de familiares y personas cercanas, pero los organismos regionales y nacionales no les han brindado ningún tipo de colaboración.

De parte del gobierno no hemos tenido ninguna respuesta hasta el momento, hemos estado esperando porque dijeron que nos iban a reubicar, pero no nos han dado respuesta de nada”, indicó.

El principal miedo de los damnificados en Táchira es ser olvidados rápidamente. Temen que quienes se acercaron al día siguiente de la tragedia no regresen y que con el pasar de las semanas sean aislados, mientras esperan por promesas que no se han cumplido.

“Hicimos algunas llamadas para que nos pudieran solventar y tener algún tipo de respuesta, que nos pudieran ayudar, pero hasta ahora no tenemos ningún tipo de ayuda”.

Lo que comentan los propios rubienses es que representantes de la oposición y del oficialismo les prometieron materiales de construcción para levantar nuevas viviendas o para reparar los daños en las que no sufrieron pérdida total.

“Dijeron que a las personas que tenían terreno les podían dar kits de vivienda y línea blanca pero hasta los momentos no hemos recibido nada. Sí han hecho muchos censos pero hasta ahora no ha pasado”, explicó Salazar.

También relatan que hubo una selección de tres familias para otorgarles terreno y un kit de vivienda, pero hasta ahora eso no se ha puesto en marcha.

“Una de las familias que recibió esa ayuda fue en Anaco y le dieron terreno y kit de vivienda, pero no he escuchado que ya hayan puesto en marcha eso. Creo que todavía no, porque la persona beneficiada aún se está quedando en casa de un familiar o en una escuela como refugiado”, agregó.

A la deriva y sin hogar

Tras lo ocurrido, Katherine se vio obligada a mudarse a casa de su mamá, ubicada en otra zona de Rubio que no sufrió los estragos de la vaguada. Ella intentó llevar a su papá, quien es hipertenso y diabético, hacia ese nuevo hogar temporal pero no fue posible.

“Estamos contando con el apoyo de mi mamá, estamos viviendo en casa de ella. Mi papá sigue viviendo allá en una parte que quedó un poco habitable porque no tiene para donde irse y yo intenté llevarlo a la casa de mi mamá pero ya somos cuatro personas allá y es difícil”, enfatizó.

Pero la realidad va más allá. El padre de Katherine se rehúsa a salir del hogar –o lo que quedó de él– que lo vio nacer, crecer y formarse durante toda su vida. Esa casa, la que el río Carapo arrastró con fuerza, era su hogar materno y la mayoría de sus recuerdos están impregnados en las pocas paredes que quedaron en pie. 

El impacto emocional que le ocasionó perderlo todo es el mismo que lo lleva a negarse a salir de allí pese al peligro que representa vivir en una estructura derrumbada. Décadas y decenas de momentos destruidos en cuestión de minutos.

Mientras tanto, él solventa sus necesidades con una cocina eléctrica que le donaron y poco a poco lo han ayudado a reacondicionar el espacio que quedó ileso.

“También lo han ayudado con comida y así solventa por los momentos”, explicó Katherine.

Otros rostros, misma historia

Carlos Molina y su familia conformada por cinco personas, entre ellos dos niños, vivían en el sector Los Corredores. Allí el agua también hizo de las suyas y los dejó sin paredes, puertas, colchones, camas, nevera, televisores y demás artefactos.

“El agua subió más o menos 1,60 metros de altura y así como pasó en nuestra casa también ocurrió con más familias”, explicó Carlos en entrevista exclusiva para El Diario.

Carlos no cree en las promesas que les han hecho, prefiere confiar en la buena voluntad de su propia comunidad y de personas de otros municipios que se acercaron a tender una mano amiga a los necesitados.

La gente está solventando de una u otra manera, más promesas de un lado y del otro, la ciudadana gobernadora se hizo presente aquí y en lo absoluto se ha recibido respuesta; del gobierno tampoco, puro selfie, pura foto, pero realmente no se ha visto la política pública”, cuestionó.

Tras lo sucedido él y su familia tuvieron que mudarse. Actualmente están viviendo en casa de un amigo cercano quien les permitió quedarse ahí mientras consiguen cierta estabilidad.

“Ellos tienen la promesa de reubicación, que van a dar materiales, que van a dar un kit de construcción, pero hasta la presente fecha está en eso, en una promesa, porque no han cumplido, no han hecho nada”, criticó Carlos.

Zorca espera lo prometido

Yomar Bonilla, su esposa e hijo viven en el sector Buenos Aires parte baja, en Zorca. La noche del 10 de noviembre vivieron minutos de terror con la crecida de la quebrada La Zorquera que les arrebató parte de sus objetos.

“Perdimos la cocina, la lavadora y el equipo de sonido; la nevera gracias a Dios la pudimos recuperar, mi moto también se vio afectada y otras pertenencias que también fueron arrastradas por el río”, comentó Yomar. 

Al igual que en Rubio, la solidaridad de la gente dijo presente y los donativos no tardaron en llegar. Incluso la alcaldía del municipio Cárdenas donó colchones y alimentos a los damnificados.

Han pasado semanas de lo ocurrido y aún Yomar y su familia no logran reponerse por completo de las pérdidas materiales, pero están agradecidos con toda la ayuda recibida.

“Todavía la cocina y otras cosas no las tenemos, pero por lo menos lo básico que son los colchones sí; también estamos en la recuperación de las vías. Estamos esperando unas gandolas con tuberías de aguas servidas para poder restablecer la vía principal que comunica todos estos sectores”, explicó.

Pese al miedo de seguir viviendo en la misma casa y el temor de presenciar una nueva crecida de la quebrada, Yomar y su familia no tienen más opción que seguir allí y enfocarse en recuperar lo que el agua se llevó.

Es difícil, ¿para dónde nos podemos trasladar si con lo único que contamos es con los espacios que estamos recuperando? Son efectos de la naturaleza y tenemos que tratar de entender todo, somos optimistas con los ofrecimientos de los entes gubernamentales”, acotó Yomar.

Él asegura que algunos organismos de Táchira hicieron un registro de los más afectados para otorgarles ayudas pero todavía se encuentran a la espera.

“Yo en ningún momento vi a la Gobernación de Táchira, hay que decir la verdad y he escuchado esa realidad de otras personas afectadas que tampoco la vieron”, puntualizó.

Los damnificados temen no recibir la ayuda prometida por sectores del oficialismo y la gobernación. Lo único que desean es recuperar al menos una parte de los bienes perdidos en esas noches de oscuridad y terror. 

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