• La inflación en Venezuela durante 2021 seguirá acompañada del prefijo “hiper”. Sacarla de allí requiere de decisiones que el régimen de Nicolás Maduro no quiere ni puede tomar debido al enredado manejo que hace de la economía y su situación de legalidad externa. Expertos y firmas especializadas estiman que el alza de los precios podría ser similar o menor que en 2020, aunque eso sea como decirle a un paciente que ya no tiene 40 grados de fiebre, sino 39,5.

La hiperinflación, instalada en el país desde 2017, va camino a transitar su cuarto año a pesar de que algunas estimaciones apuntan a una reducción en la velocidad del alza de los precios. Al terminar el año 2021 Venezuela estará todavía frente a una cifra de cuatro dígitos, de acuerdo con proyecciones de fuentes especializadas.

No hay indicios que permitan proyectar que los motores que impulsan la inflación en Venezuela se vayan a apagar: el régimen de Nicolás Maduro continuará financiando su gigantesco déficit fiscal a través de la emisión monetaria, el tipo de cambio seguirá aumentando y la producción será insuficiente para la demanda interna. Todo esto en medio de una contracción del comercio exterior.

“Los mismos factores de hace tres años siguen presentes: Un inmenso déficit fiscal en el cual se encuentra el gobierno, que está sin dinero, bien sea porque cada vez exporta menos crudo o porque se ha destruido 90% de la actividad económica y se ha dañado la base impositiva. Todo esto provoca un colapso en los ingresos fiscales y la caída de gastos no lo compensa y eso hace que se mantenga la hiperinflación, porque el gobierno sigue pidiendo prestado al Banco Central de manera inconstitucional”, señala el diputado y economista Ángel Alvarado para El Diario. 

El efecto combinado de la mala gestión petrolera, las sanciones estadounidenses y el default de la deuda, destruyó la principal fuente de ingresos de Venezuela y su posibilidad de endeudamiento externo por lo que las cuentas del gobierno están severamente afectadas. Lo único que le queda al BCV es financiar al régimen con bolívares, que emite de forma acelerada en forma de “bonos protectores”, aumentos de salarios y pagos a proveedores.  

Esta dinámica que se aceleró en 2017 sigue vigente. Hasta la última semana de noviembre de 2020, la cantidad de dinero en circulación en Venezuela se multiplicó por ocho y aunque es menor al mismo lapso del año previo cuando se multiplicó por 26, sigue siendo un factor de presión sobre los precios debido a que ese enorme flujo de bolívares llega a la calle donde hay pocos productos que comprar.

El sociólogo Niall Ferguson dice en su libro El Triunfo del Dinero, que “el dinero es una cuestión de creencia, incluso de fe: de creencia en la persona que nos paga, de creencia en la persona que ha emitido el dinero que emplea para hacerlo o en la institución que respalda sus cheques o transferencias. El dinero no es metal, es confianza escrita”. Y en Venezuela esa confianza en el bolívar fue destruida por la pésima gestión económica, por lo que al tenerlos en la cuenta (ni decir en la mano, porque el efectivo prácticamente no existe) se busca la manera de salir de ellos lo más rápido posible, un elemento que también juega a favor de la inflación.

Los precios se mueven más rápidamente que la creación de dinero y crédito a través del Banco Central, los bancos y otras agencias crediticias, y el gobierno. Los fijadores de precios en el sector privado actúan de acuerdo con expectativas de inflación futura, y como consecuencia, el poder adquisitivo del dinero se deteriora cada vez más”, explica la firma Torino Capital.

El salario mínimo dejó de ser una referencia (extraoficialmente en Bs. 1.200.000) y la mayoría de las empresas paga más que esa cantidad y ni siquiera así es suficiente para comprar la canasta alimentaria básica. “Ese proceso (de pérdida de poder adquisitivo) va a seguir agudizándose a medida que no se resuelva la hiperinflación”, señala el economista José Manuel Puente.

Los insuficientes malabares del chavismo

Como el régimen de Maduro decidió hacer del financiamiento del déficit una práctica común, en 2018 comenzó a buscar la manera de reducir su impacto en la economía y para ello aplica un fuerte torniquete a los bancos a través del encaje legal.  

“El gobierno aplica medidas muy inconsistentes. Con la mano izquierda lanza un montón de dinero a la calle y con la derecha recoge para evitar que se vaya a los precios o a la tasa de cambio”, afirma Puente. “Para tratar de resolver los desequilibrios actúa sobre el encaje, pero eso tiene un costo, porque hay una restricción de producción (porque los bancos se quedan sin recursos para prestar)”, añade el experto.

Ese freno al crédito incide directamente en la producción de bienes, lo que a su vez encarece más los pocos que hay. Puente comenta que, al cierre de 2020, Venezuela será el país con el ciclo recesivo más agudo que haya vivido cualquier economía latinoamericana en los últimos 40 años, gracias a una contracción de 75% de su Producto Interno Bruto desde 2014. Menos producción, más mucho dinero es igual a mayor inflación.

Por otro lado, están las medidas que se derivan de la llamada “Ley Antibloqueo”. A través de privatizaciones secretas, el régimen madurista entrega empresas estatales, lo que en cierta medida reduce su gasto (nómina, mantenimiento, insumos), sin embargo, esto “podría tener un impacto limitado en la oferta de bienes y servicios dentro de la economía”, apunta Torino Capital.

Puente considera que la reducción del gasto por esa vía no es significativa: “Salir de empresas deficitarias ayuda, pero el gobierno está plagado de empresas que dan pérdidas. Ayudaría, pero el déficit fiscal y el número de empresas deficitarias es tan grande que no cambiaría el esquema de manejo fiscal y monetario. Esto tiene que venir de la mano de un programa global de estabilización que devuelva a manos privadas los cientos de empresas estatales y acompañado de una política monetaria y fiscal que lleva mucho tiempo”.

Y el régimen de Maduro está más concentrado ahora en sobrevivir, que en emprender cambios a largo plazo que enderecen el rumbo económico del país. Pero, además, de no querer, tampoco puede porque para ello requiere una inmensa ayuda exterior a la que no puede recurrir por su condición de gobierno usurpador y la situación de default

La hiperinflación está lejos de desaparecer, ya que para salir de esa condición se requiere una inflación mensual menor a 50% por 12 meses seguidos y en noviembre de 2020 fue de 65,7% (según datos de la Asamblea Nacional), por lo que habría que esperar que todos los meses siguientes hasta noviembre de 2021 esté por debajo de 50%, para cantar victoria.

Dólares por todas partes

La dolarización transaccional se irá fortaleciendo en 2021, no obstante, por su informalidad y hasta que no alcance un rango y orden oficial, no será un atenuante de la hiperinflación. Es decir, es muy diferente que el uso de la moneda estadounidense sea extendido a que la economía esté dolarizada (medida que sí acabaría con la hiperinflación).

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Foto: EFE

“La dolarización de las actividades comerciales ha sido una válvula de escape que yo la veo positiva, es una forma de resistencia de nuestro pueblo. En Venezuela no hay una dolarización porque la moneda oficial no es, ni va a ser nunca, el dólar ni otra moneda extranjera”, dijo Maduro en una rueda de prensa con medios internacionales el pasado 8 de diciembre.

Puente considera que el gobierno de facto no aplicará esta medida porque “es muy costoso políticamente ya que sería aceptar la moneda del ‘imperio’ y entregar sus potestades a la Reserva Federal de Estados Unidos (FED). Al final, Maduro no puede ni quiere llevar a cabo la reforma (que acabaría con la hiperinflación). Están atrapados en una camisa de fuerza ideológica, no tienen el equipo, y están atrapados en su propia historia”.

En Venezuela está ocurriendo un fenómeno que ocurre típicamente en economías hiperinflacionarias (…) en donde la existencia de una moneda paralela permite a las personas deshacerse de la moneda nacional a un ritmo más rápido de lo que sería posible de otra manera. En consecuencia, la inflación se acelera a un mayor ritmo”, explica Torino.

Todo este proceso seguirá acompañado de la apreciación del tipo de cambio, es decir, con una tasa bolívar dólar subiendo a un ritmo más lento que los precios, por lo que el poder de compra de los billetes verdes (que no es inflación en dólares) seguirá bajo presión.

Dentro de su limitado margen de maniobra y por una cuestión práctica, lo máximo que puede hacer el régimen de Maduro, es aplicar una nueva reconversión monetaria. Aunque, como dice el diputado Alvarado, “no tiene sentido hacerlo sin acabar con la hiperinflación. Sería una pérdida de dinero, tiempo y esfuerzo”.

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