• El músico Miguel Delgado Estévez señala que entre los planes de El Cuarteto están la producción de un tercer disco navideño y presentar, luego de ser pospuesto varias veces, el concierto por los 40 años de la agrupación, en homenaje a Raúl Delgado Estévez, fallecido en mayo de 2019. El grupo continuará activo y contará con cuatristas invitados cercanos a la familia, para mantener la tradición. “No estamos emocionalmente preparados para tener un cuatrista que supla a Raúl”, señala.. Foto: Antolín Sánchez

Raúl y Miguel Delgado Estévez, José Antonio y Telésforo Naranjo lo que querían era grabar un disco para escucharse cuando estuvieran viejitos, para mostrárselos luego a los nietos. Pero esa unión creció hasta dimensiones poderosísimas y se convirtió en un proyecto de vida, en un punto de quiebre para la música popular instrumental venezolana, para estas parejas de hermanos, para el país. 

“No lo buscamos. Eso llegó gracias al esfuerzo de cuatro personas con su talento bien sustentado, supimos hacer un trabajo colectivo en el que cada uno aportó”, recuerda Miguel Delgado Estévez, en exclusiva para El Diario.

Desde su casa en San Antonio de los Altos, Miranda, a través de una llamada telefónica interrumpida varias veces gracias al débil hilo de las telecomunicaciones locales, el biólogo, músico y compositor nacido en Calabozo, en el llanero estado Guárico, vuelve sobre los orígenes de El Cuarteto, esa maravillosa conjunción que no solo suena a hogar sino también a Navidad.

«Todavía se nos enfría el guarapo cada vez que escuchamos a Raúl en las grabaciones, porque pasaron cosas muy hermosas desde lo artístico», dice. Foto: Antolín Sánchez

 “Cuando aparecimos en septiembre de 1979 en el Aula Magna (Universidad Central de Venezuela), aquello fue importantísimo para una agrupación que debutaba. Era la gran sala de la época, reservada para grandes figuras y talentos internacionales. A nosotros nos dio cierta ventaja el hecho de que Raúl fuera el director del Orfeón Universitario de la UCV. En el público había una inmensa cantidad de músicos, gente que conocía nuestra trayectoria individual. Pedro León Zapata presentó al grupo. Con el humor que lo caracterizaba dijo que cuando le empezó a gustar The Beatles, la banda se disolvió; cuando le gustó Cuarteto Contrapunto, se disolvió. Con El Cuarteto iba a tener la ventaja de que si se disolvía saldrían dos duetos, conformados por cada pareja de hermanos (risas). Yo siento que aquel momento fue apoteósico. Recuerdo que cuando estábamos en el camerino parecíamos leones enjaulados porque estábamos muy nerviosos, a pesar de que el escenario no nos era extraño”, narra el también productor y director musical.

Cuando aparece en la escena musical, El Cuarteto habló al público y a los músicos locales con una nueva sonoridad en la que la flauta llevó la batuta, junto con la guitarra, el cuatro y el contrabajo. Para entonces, ya otras agrupaciones sonaban con fuerza en Barquisimeto, Maracay y Los Andes. Recuerda Delgado Estévez al Grupo Raíces y las agrupaciones de los maestros Antonio Carrillo y Luis Alfredo Laguna. “Estas tenían un formato en el que la voz cantante era la mandolina. Y, mucho antes de eso, en los años 20, el clarinete con el Cuarteto de Lionell Belasco, un músico trinitario que llegó a Ciudad Bolívar”. 

Entonces El Cuarteto no hizo un rescate de la música, “porque tú rescatas algo cuando está muerto”, más bien generó un ruido importante fuera de la clandestinidad de las provincias. La prueba viviente, indica Delgado Estévez, es la posterior aparición de agrupaciones como el Ensamble Gurrufío y, más recientemente, C4Trío. “Ellos nos piden la bendición. Son muchachos estudiosos y  talentosísimos”, añade. 

¿Cuál sería el principal legado de El Cuarteto?

—Yo te voy a decir una frase de Ígor Stravinsky, que es de los grandes maestros de la música. Alguien lo calificó como el creador de la música del siglo XX y él, con un mensaje de profunda humildad, le respondió: No existe el creador absoluto, somos parte de un proceso, y eventualmente hacemos uno que otro aporte. Sí, somos importantes porque hemos hecho un aporte, pero este no existiría si antes sus integrantes no hubiéramos escuchado lo que hacía Luis Laguna, La Orquesta Mavare, el Grupo Raíces. Somos parte de un proceso y ocurrió de una manera que llamó mucho la atención. Primero, para los músicos, que se dieron cuenta de que sí había que estudiar y fajarse. Hay una dosis importante de responsabilidad que nos tocaba. No podíamos poner la torta.

«Recuerdo que cuando estábamos en el camerino parecíamos leones enjaulados porque estábamos muy nerviosos», señala sobre los inicios de El Cuarteto. Foto: Andreina Mujica

¿Qué vendrá para la agrupación tras el fallecimiento de Raúl Delgado Estévez?

—El año pasado nos agarró esa noticia. Ya mi hermano venía con su salud complicada, nos habíamos dado cuenta de que la cosa no estaba bien. Cuando se fue a México nos pidió que no permitiéramos que desapareciera El Cuarteto. Su muerte el 22 de mayo fue un golpetazo para nosotros. Todavía se nos enfría el guarapo cada vez que escuchamos a Raúl en las grabaciones, porque pasaron cosas muy hermosas desde lo artístico en la música. Entonces, contando con el apoyo de Toñito y Telésforo, yo me tomé la bandera de hacer el concierto de los 40 años de El Cuarteto como un tributo a Raúl. Lo íbamos a realizar en octubre del año pasado, ya tenía el guion del espectáculo, Valentina Quintero y Román Lozinski iban a ser los presentadores. Teníamos el Aula Magna de la UCV reservada, iban a participar el Orfeón Universitario y el grupo que queda del Estudio Coral Chacao, que fue la última que mi hermano dirigió, y la Coral Nacional Simón Bolívar. Con la empresa OZ Producciones y Eventos teníamos todo listo desde el punto de vista tecnológico, con las imágenes computarizadas, mapping, iluminación, sonido. Pero entonces hubo problemas en la UCV con cuestiones sindicales y no quisimos correr el riesgo. Hablé con la Dirección de Cultura de la universidad y pospusimos para el 19 de abril, y nos agarró la cuarentena. Luego la rodamos para el 18 de octubre, pero continuó la pandemia. Quería hacer, inclusive, un concierto virtual, pero ya los tiempos no me daban. Para efectos del cuatrista que suplirá a Raúl, tenemos a Ángel Fernández, que es el esposo de mi hija Claudia; a Eduardo Ramírez, vicepresidente de la Orquesta Típica Nacional y compadre de mi hermano; y Javier Arvelo, que es muy amigo del hijo de mi hermano. Al final nos quedamos con los dos primeros. La idea era mantener ese vínculo familiar en la agrupación. 

¿Entonces los planes quedan para 2021?

—Yo estoy empeñado en dos cosas: que el concierto se llame igual 40 aniversario de El Cuarteto: Tributo a Raúl Delgado Estévez, así sea en el 42 aniversario. Por otro lado, tenía pensado hacer un concierto de música navideña y una nueva producción con el grupo. Nosotros grabamos dos discos de este estilo El Cuarteto en Nochebuena y De pascuas con El Cuarteto, en el que tenemos invitados importantes como Neguito Borjas, María Teresa Chacín, Gualberto Ibarreto y Ricardo Cepeda. Hicimos un trabajo muy hermoso. Además, es importante que estos discos estén en las plataformas como Spotify, YouTube, iTunes, eso significa que la diáspora venezolana puede escuchar la música de su país de altísima calidad. Y es algo que nos honra, independientemente de lo económico. Lo importante es poder difundir la música y que la gente la pueda escuchar.

¿Cómo será este nuevo disco?

—Teníamos una lista de ocho obras que queríamos grabar, pero no se pudo hacer. Aspiro que cuando se regularice la situación podamos hacer este tercer disco, ya con los cuatristas invitados que tengamos, porque en El Cuarteto no estamos emocionalmente preparados para tener un cuatrista que supla a Raúl. La idea es que se mantenga la formación de los fundadores, aunque Telésforo no fue fundador pero es parte del crecimiento de la agrupación y eso hace que tengamos el mismo derecho y el mismo voto. Y ya veremos, este año que viene también hay gente que nos quiere llevar a Latinoamérica y Europa. A ver qué ocurre.

Caricatura de Miguel Delgado Estévez / EDO

Indagando en el mundo de las tradiciones navideñas, ¿cómo evalúa su evolución y cambios en el país? 

—Como en todas las tradiciones, algunas se mantienen y otras desaparecen. Es propio de la dinámica de la vida y de la sociedad. Recuerdo que en mi pueblo, en Calabozo, se hacían las misas de aguinaldo a las 4:00 de la mañana y uno se iba caminando. Eso se ha ido perdiendo en Caracas por el tema de la inseguridad. Aunque hay algunos pueblos que lo conservan, pero las misas son a las 5:00 am o a las 6:00 am, cuando ya está aclarando. En estas regiones centrales los sonidos de la Navidad eran los aguinaldos hasta que en los años sesenta llegó la gaita, con Rincón Morales, y arropó a Caracas. La gaita también ha tomado otros matices, unos más profanos que otros, chabacanos o de protesta. Como me decía Rafael Rincón González: la gaita está de capa caída, porque están utilizando temas demasiado balurdos. La chabacanería siempre ha existido, desde que el hombre es hombre, no es exclusivo de un momento histórico. Pero también hay formas y manifestaciones de elevación hermosa.

¿Qué considera que se ha ido perdiendo?

—Nada. Todo lo contrario, creo que la gente que se ha ido de Venezuela sigue conectada con su música a través de las plataformas digitales. Producciones Venezuela, que es la empresa que tengo junto con mi esposa, editamos digitalmente ocho canciones navideñas de Henry Martínez, uno de los compositores fundamentales del siglo XX. Además, hay generación de relevo, hay gente que siente la calidad de esa música. Qué bonito hacer el canto navideño tradicional venezolano, te reconforta el alma. 

La guitarra y los recuerdos

¿Qué revisión hace de la música tradicional venezolana?

—Hay dos tendencias en las manifestaciones artísticas musicales: Apolinia y Dionisia. El dionisiaco es el ‘qué bello soy, qué lindo toco, viva yo’. Y el apolo es el que exalta la belleza de la manifestación. Cuando veo agrupaciones que tocan a una velocidad descomunal que es imposible seguirlos, digo que es dionisiaco. Uno tiene que replantearse con los compañeros qué debe estar al servicio de qué: si la música al servicio de la técnica o viceversa.

Ante la difícil situación que atraviesa el mundo, Miguel Delgado Estévez asegura refugiarse en la música, su familia y sus grandes amigos de toda la vida. Foto: Claudia Rodríguez

¿Y cuál es su conclusión?

—Hay para todo. Hay gente que siente especial complacencia en ver a una persona que toca a 300 kilómetros por hora. A mí particularmente eso no me seduce, sino más bien la música, en lugar de un despliegue de tecnicismo y piruetas circenses, como decía un maestro amigo mío. ¿Es bueno? Sí, pero en excesos es demasiado. Debe haber de uno y de otra. Virtuoso no eres por los 300 kilómetros, sino por cómo enfocas, el pulso natural, el tempo. Dejas respirar el vals y la gente va a seguir el ritmo de sístole y diástole. Porque lo otro es taquicardia. Y la taquicardia no es buena, te desgasta el músculo. 

Es reconocida su habilidad como guitarra acompañante. ¿Cómo recuerda su inicio y qué logros ha dejado para la interpretación?

—El primer guitarrista que se hizo famoso en Venezuela y llegó a copar la escena mundial fue Alirio Díaz, un gran solista, un gran maestro, virtuoso. Y era el icono de referencia en Venezuela, todo el mundo quería ser él, tocas la obra guitarrística universal bajo su inspiración. Hay otro grupo, entre los que estoy yo, que pensábamos que la guitarra como instrumento acompañante es muy noble. Y tengo una gran referencia: Domingo Mendoza, uno de los fundadores e ideólogos del Quinteto Contrapunto. Tocaba la guitarra acompañante de manera que podían sonar todos los instrumentos de la orquesta. Multiplicaba los sonidos de forma que fuese un hermoso vestido para esa muchacha desnuda que es la melodía, como me decía Simón Díaz. Si bien es cierto que en Argentina y Brasil existen escuelas para la guitarra acompañante, en Venezuela no tenemos eso. Hay escuelas de música que te enseñan guitarra, pero se han movido más hacia el solista, inspiradas en maestros como Alirio Díaz, Antonio Lauro. La gente quiere ser solista y lograr las glorias que conquista un solista.

Miguel Delgado Estévez ha sido reconocido por su habilidad como guitarra acompañante. Foto: Claudia Delgado

¿En qué proyectos personales lo sorprendió la pandemia?

—Tuve que suspender una gira que tenía para España, Francia e Italia. Pero no hay desmayo. Lo dije y lo quiero repetir cada vez que pueda: no puedo permitirme que la tristeza me arrope, que la desazón me venza, no solo por las cosas que están pasando en el país, tan inéditas como el coronavirus. Puede ser que a uno se le enfríe el guarapo, pero no quiero permitirlo. Aunque se suspenda una presentación por toda esta situación de pandemia o discriminación en el país. Porque yo toqué con El Cuarteto en los gobiernos de adecos, de copeyanos, de todo el mundo, y no teníamos que rendirle pleitesía a ninguno. Como le dije al maestro José Antonio Abreu: El Cuarteto es una propuesta individual que no debe su legado a que ningún gobierno lo apoyó. Se debe a un grupo de músicos de alto nivel que supieron entregar su talento y trabajo a la música venezolana, con alta dosis de seriedad y un enorme respeto. Nos sentimos orgullosos del aplauso de la gente. Como escribió Antonio Estévez en un artículo sobre los intelectuales y su compromiso: el hecho de que pertenezcas a un partido no está ni bien ni mal, sino cuando pones al servicio del pensamiento político tu obra creativa. La creación tiene entre sus componentes la libertad y la imaginación y eso no puede estar al servicio de una tolda política.

¿En qué se ha refugiado en estos días pandémicos?

—En la música, en mi familia, mi esposa, mis hijos, mis hermanos y grandes amigos de toda la vida. Si te refugias en las cosas buenas de la vida te puede servir para que no te hundas en la tristeza. Como dice el poeta Efraín Subero: quien olvida sus viejas melodías tiende a colgar del aire su pasado. Yo le pido a la gente que no olvide sus viejas melodías. Ellas pueden ser mis recuerdos bonitos y, por qué no, los recuerdos tristes, pues la lágrima también es sanadora. Mi vieja melodía es mi país que está tan aporreado en estos tiempos; es una vieja melodía que no puedo olvidar porque no puedo colgar del aire mi historia. Creo que tenemos que ser vigilantes de las cosas que nos han hecho vivir como país. 

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