• Fue visto por primera vez en el programa Contesta por Tío Simón, hace ya más de tres décadas. Al salir de allí, creyó que moriría porque su carrera había terminado. Pero los años pasaron y su nombre no ha dejado de sonar en la TV, la animación y la radio. Aunque considera que se merece más oportunidades de las que le han dado los canales, asegura que ha sido feliz: “Afortunadamente soy lo que quería ser”

Coquito, el de los lu, los lu, los lunes. Así se le conoció cuando llegó por primera vez a la televisión nacional gracias a Contesta por Tío Simón, el programa que encabezó ese enorme artista que nos sigue arropando con sus tonadas y su leyenda. Y fue justamente un lunes cuando tuvo lugar esta entrevista.

No dice su nombre de pila. Él es y ha sido siempre Coquito. Y punto. Pero ahora no solo protagoniza los lunes, sino el resto de días de la semana desde su espacio radial en Candela Pura, sus publicaciones en redes sociales y la tarima del Stand Up Comedy.

No dice tampoco su edad. Es una pregunta que suele ir acompañada de algún chiste. Pero lo cierto es que hace ‘treintipicoqui’ años, él dejó de jugar trompos y volar papagayos para pasar frío en un estudio de televisión. 

Cuenta Coquito que cuando su mamá vio el llamado a casting para formar parte del programa, que transmitía el canal 8, él no estaba en su casa. La familia ya conocía Contesta por Tío Simón porque lo veía, era el más famoso del momento. Así que cuando volvió de la calle junto con su papá, no dudaron en apostarle a esa oportunidad.

Recuerda que asistió al casting  un jueves por la tarde. Lo llevó su padre, porque la madre trabajaba en un banco y debía cumplir horario de oficina. “El programa ya había comenzado y buscaban al cuarto integrante del elenco. El llamado fue: Se busca un niño de color arrosquetado, de cabello ensortijado, que baile, cante y sea dicharachero”, narra. Así que fue y bailó y cantó: “En actuación eximí la materia, bailando pasé con 20 y cantando todavía más”.

Foto: Cortesía

—¿Entonces ya sabías que querías ser artista?

—Yo era la estrella de los bailes de mi colegio y el protagonista de las obras de teatro.  También participaba en el grupo de danza, era el principal en todos los espectáculos. Para mí no era nada nuevo. Yo quería estar en la televisión. Quería estar en el espectáculo, porque mi papá es músico y veía los conciertos que daba con el grupo de salsa y decía: quiero ser como ese tipo, ese tipo es brutal. 

—¿Y fuiste como tu papá?

—Afortunadamente soy lo que quería ser. Quería ser reconocido en lo que hacía. Y me está cayendo la locha después de tanto tiempo. No sabía que había llegado a ser tan importante como dice la gente. No había caído en cuenta hasta hace algunos años, cuando la gente, periodistas, colegas, los conocedores del espectáculo, me decían cosas, me daban un puesto en la farándula del país. Y verme en salas de las casas de gente como Caridad Canelón, hablando de tú a tú. Estar jugando pelota con Aroldo Betancourt. Sentarme en una tertulia con Félix Loreto. Estar en una rumba en otro país con Vicente Tepedino… es algo que me dice: Hicimos la tarea y la hicimos bien.

Contésteme, Tío Simón, lo que le voy a preguntar

A mediados de los ochenta y durante una década, cuando Venezolana de Televisión era un canal y no una maquinaria político partidista, llegó a los hogares Contesta por Tío Simón, en el que estuvieron, además de Coquito, Chusmita, Teresita, Zurima, Jessica y Dulce María, niños que representaban los fenotipos mezclados del venezolano. Era un espacio para el civismo, los valores, el aprendizaje y los show de talentos. 

“Cuando empecé allí tuve que dejar de hacer cosas, pero no siento que haya sacrificado nada. Tuve que cambiar un trompo por un libreto; una perinola por un micrófono; volar papagayo por estar en un estudio de televisión. Mi día a día se convirtió en eso”, recuerda el actor.

—¿De dónde viene el nombre de Coquito?

—Del programa. Buscaban a Coquito. Yo nunca supe. No le pregunté al Tío Simón ni a René Estévez, que fue el productor ejecutivo. Solo me quedará preguntarle a Bettsimar, pero las veces que la veo se me olvida. Yo no uso mi nombre de pila. Hace unos años cometí la estupidez de querer usar mi nombre real, porque ya yo no era Coquito. Y una vez, hace casi 20 años, llegando de una rumba, Luis Gerónimo Abreu, con quien tengo una amistad maravillosa, me sentó y me dijo: Tú tienes que ser estúpido, negro. Todos los artistas queremos tener una marca, hacernos un nombre, ya tú lo tienes y te lo quieres quitar. Palabras textuales.

—¿Y por qué te lo quisiste quitar?

—Porque comencé siendo un niño y salí del programa siendo adolescente. Pensé, en esa inmadurez de chamo, que tenía que dejar aquello atrás. Al soltar a Coquito dejaba esa faceta; ya había crecido, ya era grande. Pensaba que arrancando el mote la gente iba a entender que era un adulto. Cosa que no pasó porque el mote no me lo quité y la gente me sigue tratando como un chamo, incluso personas de mi misma edad. Ya yo embarazo gente.

—¿Te disgusta que te traten como un chamo?

Yo soy un mentepollo empedernido. Reconozco que tengo un comportamiento bastante infantil para muchas cosas, pero ya crecí. Y tengo edad para formar familia desde hace rato. Tengo ganas de ser papá. Si hubiese tenido hijos bien joven ya yo podría ser abuelo. Cuando hablamos en términos laborales, que me traten de inexperto por mi edad o que subestimen mi razonamiento o mi conclusión eso me molesta. Pero de resto soy un eterno mentepollo. Ando en short, en franela. Veo mi cédula, pienso y digo: Tú tendrás esta edad, pero no me siento así. Mientras pueda viviré siendo un mentepollo, burlándome de cosas. 

Tu edad es un secreto casi tan grande como tu nombre real lo fue en una época

Yo no digo mi edad. Se ha vuelto costumbre que la gente forme discusiones alrededor de mi edad. Eso me divierte. No porque me dé pena que sepan mi edad, sino porque me da risa que unos me ponen menos edad y a veces mucha más. Hasta ahora nadie me ha agarrado fuera de base para que termine diciendo mi edad. Todo aquel que tiene confianza conmigo, cuando se entera de mi edad se conecta en la misma nota y se ríe, y no la dice. No la repite. 

Cuando sales del programa, ¿qué pensaste?

Morirme. Yo quería morirme. En serio. Yo caminaba llorando de mi casa a la bodega porque a mí se me había acabado la carrera. Entonces comencé a estudiar Informática en un propedéutico y entré en la Universidad Central de Venezuela. En el ínterin me llamaron de Venevisión para una telenovela. Hablé con mi mamá, principalmente, porque mi papá siempre había sido más desprendido. Eso fue a comienzos de los noventa. 

¿Cómo fue ese regreso al estudio de grabación? ¿Qué había cambiado para ti?

Me sentí muy raro porque no había hecho telenovelas en mi vida. Aunque he sido actor, pero era la primera vez que interpretaba un personaje y no haciendo lo que yo quería. Porque en Contesta por Tío Simón teníamos un libreto y a veces hacías actuaciones específicas, sí; pero el grueso del trabajo era ser nosotros mismos, los animadores del programa. Mucha gente me quiere corregir y me dice que Coquito fue un personaje. No, están equivocados. Coquito es mi nombre artístico, nunca ha sido un personaje. Hay gente que se empeña en llamarme por mi nombre de pila para demostrarle al mundo que me tiene más confianza. Están errados. La gente más cercana en mi vida no me llama por mi nombre, ni siquiera mi futura esposa.

¿Cómo te dice?

Me dice negro. Su familia me llama El Negro. Cuando hablan de mí dicen El Negro. Además, soy el único negro de las dos familias. Soy privilegiado. Y aunque sea agnóstico, yo digo que he sido tocado por los dioses. Me dijeron: Agarra ahí, sé feliz.

¿Y has sido feliz?

Sí. Yo he sido muy feliz. Esta es una carrera muy ingrata, muy dura. Te da grandes satisfacciones, pero puede darte decepciones todavía más grandes y hay que entenderla. Verla como un negocio, entenderte como parte de una industria y no sentirte mal cuando te quitan un personaje o te despiden, lo que pasa es que uno tiene ese arraigo mental. Uno es tan importante en este medio como es la mesa en un restaurante: se rompe una silla y no la arreglan, la botan. Entonces, cuando comienzas a entender la industria de esa manera te duele un poquito menos porque ya sabes que esas cosas pasan.

¿Sientes que has tenido suficientes oportunidades en la televisión nacional?

Me han negado algunas. Siento que he sido merecedor de mejores oportunidades en algunas ocasiones. Siento que en producciones en las que he estado he podido interpretar personajes más importantes, que he podido tener mejor posicionamiento en algunos canales de televisión donde he trabajado, pero por alguna razón me lo negaron. Pero no estoy dolido, ni molesto con la industria. Tampoco me siento mal. Todo lo contrario. Entiendo que de unos años para acá el estereotipo físico ha marcado la pauta en el mundo y la industria corre en esa línea. Pero ahora esto está cambiando. Acabo de terminar de ver una serie estadounidense y otra francesa donde la nota interracial está bastante presente.  Espero que en la industria vuelva a tener importancia el talento sobre el físico, porque si hubiera comenzado en la televisión hace 20 años y no en 1985 no habría tenido oportunidad.

Si pudieras tener un último encuentro con Simón Díaz, ¿qué le dirías?

Gracias. Me le pararía enfrente, lo miraría a los ojos y le diría gracias. Siento que en eso va todo, porque si tuviera que decirle todo lo que siento ese encuentro no me bastaría. Pero con esa palabra y esas letras, en ese orden, yo me sentiría satisfecho. Esa palabra encierra todo lo que siento por mi Tío Simón y todo lo que me dejó. Le daría también un gran abrazo, de esos ‘rompehuesos’, y le estamparía un enorme beso mojado, igual a los de él. 

Más allá de Coquito

Foto: Cortesía

Después de aquel inicio en la televisión que marcó gran parte de su camino, Coquito ha diversificado su presencia pública. Además de personajes en dramáticos como Guerra de mujeres, Mambo y canela y Negra consentida, ha sido animador de espacios como El Show de Coquito (2009), Y lo demás es lujo (2011). Salió a las calles como El negrito de la blancura y condujo eventos internos de los Leones del Caracas. Ha presentado el Stand Up Comedy Oscuras verdades y en YouTube mantiene su canal Humor del negro.

En la actualidad encabeza de lunes a viernes La candela de Coquito por FM Center. Lleva un negocio de recarga de limpieza y venta de productos de higiene personal –“Es el primero de muchas cosas que quiero hacer. No vamos a ser un bodegón ni a competir con ellos”, dice– que se llama Donde Coquito, con el slogan: Donde resuelves.

Mantiene, como muchos otros artistas, las publicidades en sus redes sociales: “No me considero influenciador, simplemente les ha funcionado a las marcas trabajar conmigo y estoy buscando nuevos aliados comerciales”.

Y entre proyectos futuros está la presentación de un programa web a propósito de la parálisis facial que sufrió hace unos meses a causa del estrés. Aún está escribiendo el guion: “Me ha costado porque no tiene que ver con lo anterior; no será en clave de humor”.

Has hecho muchas cosas, pero tu vida artística, de alguna manera, comenzó con el baile…

Fue parte de mi historia. Mi regreso al arte, antes de hacer la telenovela, es la danza. Porque estando en la UCV me encontré con la coreógrafa, que en paz descanse, de Contesta por Tío Simón, Xiomara Vasconcellos, y comencé a ir a espectáculos y a ver que había varones masculinos bailando. Y cuando los conocí resultó que eran heterosexuales. Rompieron con ese paradigma de que el bailarín es un varón homosexual y amanerado. Comencé a ir a ese grupo de danza, pero luego tuve que renunciar porque me salió la telenovela Kaína, y tenía tantas grabaciones que tuve que dejar de bailar. Estuve 10 años bailando y la primera vez que salí del país fue gracias a la danza.

¿Todavía bailas?

Peofesionalmente no, pero sí bailo. No fui tan buen bailarín como quería, pero me quedan esos conocimientos y si me toca bailar no voy a hacer el ridículo. Eso lo puedo garantizar, porque tuve muy buenos profesores de ballet, de danza latinoamericana, afrocaribe y venezolana.

¿Estás satisfecho con lo que has logrado?

Todavía no estoy satisfecho, porque por culpa mía me faltan cosas. Y la industria me ha negado cosas que todavía me puede dar, porque soy consciente de que según el estereotipo mundial de la actuación no puedo ser el galán, pero protagonista sí puedo ser. Sí tengo los conocimientos, el talento y la experiencia como para soportar ese rol en una película o telenovela. Pero si se me llega a apagar la vida y la industria no me lo dio, no me voy a morir molesto.

Tengo la esperanza, y como he estudiado tantas cosas en mi vida, me tocará escribir, producir y dirigir mis propios protagónicos, que no les quede más remedio que aceptarme. No tengo un canal de televisión, pero en teatro y en cine puedo llegar a controlarlo todo. A mí no me han dejado demostrar esa otra faceta, porque sí soy un actor con una gran capacidad para la comedia, pero no soy un actor cómico, soy un actor. Y los invito a cualquiera a que me den el peor de los villanos, yo voy a poder llenar los zapatos de ese villano, o un personaje dramático, porque estoy preparado para ello.

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