• Aura Sánchez quedó varada en Buenos Aires por nueve meses y medio como consecuencia de la pandemia por covid-19. Padeciendo depresión y diabetes veía cómo las opciones para regresar a Venezuela se agotaban. Foto: Logotipo Santo Tomás

Aura Sánchez, una caraqueña de 83 años de edad, se siente feliz de estar nuevamente en casa, rodeada de los sonidos de la ciudad de Caracas, como las bocinas de los conductores desesperados y el trajín de la gente en la calle. La brisa fría de principios de año la despeina un poco mientras riega las plantas de la ventana. Recuerda lo bendecida que es, según dice, de vivir en Venezuela, “el país de la eterna primavera”.

Se siente agradecida por haber recibido el año 2021 junto a su familia en Venezuela. Dice para El Diario que desde que retornó de Argentina valora cada detalle que le ofrece la caótica capital.

Fue el 17 de marzo de 2020 cuando escuchó a su hijo Marcial decir: “Venezuela mantendrá sus fronteras cerradas hasta nuevo aviso”. Desde ese momento Aura supo que su retorno a su hogar se iba a complicar.

Todavía recuerda cómo la frase que pronunció su hijo retumbó en su mente por un largo rato. El desasosiego se convirtió en el protagonista de sus pensamientos durante días.

El grupo de WhatsApp de la familia colapsó por los mensajes de hijos y nietos preocupados por Aura, pues su pasaje de retorno a Caracas tenía fecha para el 31 de marzo de 2020. “La abuela no podrá venirse según lo planeado”, comentó una de las nietas por el grupo de mensajería.

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Mientras la familia buscaba soluciones, Aura intentaba mantener la compostura ante la incertidumbre. Optaron por recurrir a los vuelos humanitarios ofrecidos por el régimen venezolano para el 9 de mayo y 20 de agosto de 2020.

Lograron registrarla en las listas necesarias, donde, supuestamente, se le dio prioridad por ser una persona de la tercera edad, diabética y con cuadros de depresión, pero al llegar ambas fechas, Aura no fue contactada para confirmar su puesto en el avión.

El duro regreso de una venezolana de 83 años que estuvo varada en Argentina
Foto: Reportur / Referencial

Pasaron los meses y el desespero por regresar a Venezuela aumentaba. Ya no sabía cómo distraerse de su propia tristeza, la nostalgia por su país era constante. Los pensamientos de desesperanza se apoderaron de su mente: se preguntó si podría llegar a tiempo para las fiestas decembrinas o debería permanecer en Buenos Aires por mucho tiempo. El el ínterin de una y otra idea, sus lágrimas brotaban.

Sabía todo el esfuerzo que estaba haciendo su familia, no solo para llevarla nuevamente a Venezuela, sino para cumplir con su tratamiento médico. Marcial y su esposa se habían encargado de comprar todas las medicinas que necesitaba Aura para tratar la diabetes durante su estadía.

La familia Sánchez continuaba en la búsqueda de opciones para el retorno de Aura, hasta que, por medio de una agencia de viaje, obtuvieron un pasaje con escala en Colombia y República Dominicana, de la línea aérea Avianca. “Mamá, te conseguimos un pasaje. Sale este 10 de diciembre”, anunció Marcial. Aura no podía contener su emoción, por fin podría regresar a su casa.

Llegó el día tan esperado, las maletas estaban listas y ya era hora de salir al Aeropuerto Internacional de Ezeiza, ubicado al sureste de Buenos Aires. En el camino, Aura solo podía pensar en lo feliz que se sentiría cuando llegase nuevamente a su hogar en Caracas.

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Un contratiempo

Ya en el aeropuerto se dieron cuenta de que únicamente las personas con vuelo para ese día podían ingresar a las instalaciones, sin acompañantes. Marcial se acercó al guardia de la puerta para indicarle el número del vuelo y facilitar el acceso de su madre.

—Ese vuelo no sale hoy— anunció el guardia, luego de chequear la lista que sostenía entre sus manos.

Marcial y Aura no entendían. Le insistieron al guardia mostrándole el pasaje, donde se podía leer claramente la fecha y ruta del vuelo.

—Avianca hizo esa ruta ayer y también la hará mañana, pero hoy no— explicó el vigilante.

Desconcertados decidieron ir a la oficina de la aerolínea que se encontraba dentro del aeropuerto, pero nadie sabía nada al respecto. Al buscar el vuelo por Internet no aparecía, esto los llevó a pensar que la agencia de viaje que contrataron los había estafado. La incertidumbre no solo inundaba nuevamente a Aura, también a toda su familia, sentían que las opciones se agotaban.

Luego de varios intentos por contactar a la agencia, por fin los atendieron para explicarles que Avianca había cancelado ese vuelo sin avisarle a nadie, ni a la agencia ni al resto de los pasajeros. Las personas que esperaban abordar el vuelo estaban molestas, expresando su descontento por medio de las redes sociales de la aerolínea, pero sin obtener respuesta alguna.

La agencia de viajes se encargó de plantear algunas soluciones a la familia Sánchez. Al llegar a un acuerdo entre ambas partes, la compañía negoció con algunas aerolíneas y emitieron un nuevo boleto. Aura tendría que hacer escala de Buenos Aires a Bolivia sin pernoctar.

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El 28 de diciembre Aura se despidió de su familia en Argentina. Tanta era la emoción que ni siquiera sintió incomodidad cuando le realizaron la prueba para descartar el covid-19. Al llegar a Bolivia sintió tranquilidad, cada vez faltaba menos para llegar a Venezuela. Luego de cinco horas de espera, por fin abordaba el avión que la llevaría al aeropuerto de Maiquetía.

Al escuchar a la aeromoza decir por el parlante “Bienvenidos a la República Bolivariana de Venezuela”, sintió alivio, luego de casi 10 meses por fin estaba en su tierra. Al salir por la puerta de llegada vio a su familia esperándola, tenía tiempo sin sentirse así de feliz. Decidieron pasar la noche en un hotel cercano, para no correr ningún tipo de riesgo en la vía nocturna hacia Caracas.

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Foto: Aeropuerto Internacional de Maiquetía

A la mañana siguiente Aura se comió una empanada, de esas que tanto extrañaba. Se sintió agradecida y dijo para sí: “Ya estoy aquí. Te amo Venezuela, como no tienes idea”.

Aunque ya han pasado más de 20 días desde que llegó a Caracas, todavía siente que todo sucedió ayer. Está consciente de la gravedad del virus, por lo que no ha salido de casa desde que regresó. A pesar de que no todo fue desconsuelo y ansiedad, Aura trajo consigo uno de los equipajes más pesados: el miedo al contagio.

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