• Los politólogos catalanes Xavier Peytibi y Àlex Llonch explicaron para El Diario que a pesar de que el independentismo posiblemente reedite su mayoría en el Parlamento catalán, el panorama podría ser menos radical que en años anteriores debido a la factibilidad de sus propuestas. Además, no cierran la posibilidad de un pacto de gobierno en el que, luego de varios años, participe un partido constitucionalista. Foto principal: Jon Nazca / Reuters

España vuelve a mirar hacia Cataluña el próximo domingo 14 de febrero. Lo hace, sin embargo, con algunos cambios con respecto a los últimos años. Luego de una década de elecciones autonómicas con aires de plebiscito sobre la independencia, los catalanes votarán para elegir al próximo gobierno de la Generalitat con la gestión de pandemia como uno de los asuntos más importantes y en medio de las frustraciones colectivas y del desgaste en la narrativa de los líderes políticos producto del “procés” independentista.

“Venimos de dos legislaturas en las que solo había el tema de la independencia o la no independencia. Ahora hay más temas. La gente se está cansando, primero, porque no ha visto avances. Y segundo, porque está la pandemia”, comentó para El Diario el politólogo catalán Xavier Peytibi.

En este sentido, el también consultor en comunicación política asegura que la importancia de las elecciones del domingo reside en resolver el impasse en el que se encuentra la comunidad autónoma. “No se nota un proyecto común y por lo tanto necesitamos un gobierno. Ahora mismo Cataluña está paralizada políticamente y necesita un cambio, una decisión. O no. A lo mejor la gente decide que sea lo mismo”, agregó Peytibi.

De momento, las encuestas reflejan esa reducción de la polarización. Si en 2017 –fecha de las pasadas elecciones– 90% de los catalanes estaba seguro de votar, este año solo lo están un 54%, de acuerdo con el sondeo más reciente del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). La baja participación, sin embargo, poco cambiaría el panorama representativo en el Parlamento catalán, en donde las fuerzas independentistas posiblemente mantengan la mayoría de los escaños. No obstante, el constitucionalismo espera dar un vuelco a la dinámica de gobierno con una coalición liderada por el exministro de Sanidad español Salvador Illa, del Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC), a quienes las principales encuestas marcan como el candidato más votado.

Gráficos: José Daniel Ramos.

Votar para no perder

Si bien los temas parecen haber cambiado de importancia, el movimiento secesionista sigue representando a buena parte de la sociedad catalana. “A mi parecer, y también lo indican muchos sondeos, la mayoría independentista es difícil que no se logre”, opinó para El Diario el politólogo catalán Àlex Llonch.

De acuerdo con la encuesta del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) de Cataluña, los independentistas lograrían reeditar un gobierno de coalición. Este lo conformaría la izquierdista Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), la derechista Junts per Catalunya (JxCat) y la ultraizquierdista Candidatura d’Unitat Popular (CUP).

El problema que enfrentará el independentismo, apunta Llonch, es la falta de un plan o de una estrategia como en las elecciones de los últimos años.

Para el independentismo estas elecciones por primera vez se basan en la gestión de una decepción colectiva como movimiento. Los últimos años han sido los momentos más calientes, tanto a nivel de desafío contra el Estado español, como a nivel de creer en las posibilidades de una Cataluña independiente. Ahora mismo el independentismo, a nivel emocional, está gestionando un fracaso colectivo o al menos una sensación, porque están los ‘presos políticos’ y no ha habido una ayuda exterior que se esperaba. Antes las elecciones eran más propositivas, parecía que tenían un plan, pero ahora mismo el independentista va a votar sin esperar nada, básicamente para que no ganen los otros”, dijo Llonch.

De hecho, el ‘procés’ obligó a la renovación de los liderazgos en todos los partidos, especialmente en los secesionistas. Luego del referéndum de autodeterminación del 1° de octubre de 2017 -considerado como ilegal por la justicia española-, y de la posterior declaración unilateral de la independencia, al menos nueve políticos independentistas están en prisión. Entre ellos, el expresidente de la Generalitat y líder de ERC, Oriol Junqueras.

Elecciones en Cataluña
La decepción luego de la alegría: en 2017 los líderes secesionista declararon la independencia y pocos segundos después la pospusieron. Foto: Iván Alvarado / Reuters

Caso diferente es el del expresidente catalán Carles Puigdemont, quien a pesar de residir en Bélgica desde que el Tribunal Constitucional emitió una orden de captura en su contra, encabeza la lista de JxCat y forma parte de manera activa en la campaña. En su lugar, el partido intentará mantener el liderazgo del govern a través de Laura Borrás, una de las figuras nuevas dentro de sus filas.

“Junts (per Catalunya) viró su estrategia y en torno a Puigdemont ha creado como si fuera un sistema presidencialista. La gente va a votar a Puigdemont, no a Junts, y es un fenómeno que ha pasado varias veces. De hecho, el partido no tiene demasiados activos políticos de peso o carismáticos, pero siempre juegan esa carta, como el presidente exiliado que tiene que volver, y eso da muchos votos al independentismo más convencido o más duro”, comentó Llonch.

Peytibi, en cambio, considera que poco puede impulsar el voto independentista la idea de una eventual vuelta a España del expresidente catalán, como desafío al Estado. “Dudo que la gente, incluso los más radicales y politizados, piensen que Puigdemont va a volver a corto término. Primero tiene que llegar la amnistía a los presos, y luego ver si él está ahí”, dijo el politólogo.

Cataluña
La campaña de Junts per Catalunya utiliza la imagen del ‘expresident’ en la campaña. Foto: El Confidencial

¿Se rompe el independentismo?

Otra diferencia de la elección del próximo domingo con las de años anteriores, explica Llonch, es la división entre las fuerzas secesionistas. Las disputas más recientes se han trasladado al ámbito nacional, donde ERC ha permitido la aprobación de los presupuestos generales en el Congreso de España a cambio de una mesa de diálogo con el gobierno de Pedro Sánchez en la que, entre otras cosas, buscan la amnistía para los políticos catalanes en prisión. Desde JxCat lo miran prácticamente como una claudicación ante el Estado español.

“En estas elecciones será la primera vez que Esquerra y Junts se abren una batalla directa en medios de comunicación, porque al final se están disputando un perfil de votante muy similar. Por lo tanto, esto ya rompe una máxima del independentismo que es la unidad, que es algo que, quieras o no, a nivel de optimismo favorecía mucho las posturas independentistas. Ahora se han roto completamente estas relaciones”, explicó Llonch.

Algunas encuestas dan la mayoría al independentismo. Gráficos: José Daniel Ramos

No obstante, tanto Llonch como Peytibi consideraran que, de lograr una mayoría en escaños, las formaciones pactarán una coalición de gobierno como lo han hecho hasta ahora. Para ello necesitarán al menos 68 de los 135 escaños del Parlament. Un gobierno que, en la práctica, tendría poco peso para cumplir la antigua promesa de ruptura con España.

“Lo que se puede esperar de un gobierno independentista es la gestión de una ‘represión’ –quienes lo consideren así– por parte del Estado, la gestión de los ‘presos políticos’ o cómo podemos conseguir una amnistía. Pero no hay ningún plan, como con Puigdemont, de una declaración de independencia o de hacer un referéndum unilateral como el del 1º de octubre. No se vislumbra ningún plan”, sostiene Llonch. Peytibi aclara que dependerá de quien sea elegido como principal fuerza política: mientras que ERC es más cercano a pactos con el gobierno central de España, JxCat es renuente a estos acuerdos y opta por una línea más radical.

Pero la división de los dos principales partidos secesionistas incluso pone en riesgo la eventual coalición. Aunque desde ERC niegan un posible pacto con el PSC de Illa, tanto Llonch como Peytibi ven posible el acuerdo entre republicanos y socialistas. No sería la primera vez en la historia, recuerda el politólogo: en 2003, ERC invistió como presidente al socialista Pasqual Maragall, a pesar de que podía formar gobierno con Artur Mas, líder del entonces Convergència i Unió, hoy JxCat. Era otra Cataluña, pero desde la formación que encabezan Puigdemont y Borrás ya hablan de una eventual traición al independentismo.

“La narrativa que aplicará Junts es que ‘Esquerra nos ha traicionado, se ha ido con España’. Y la narrativa de Esquerra Republicana es que ‘queremos ampliar público, queremos cambios, políticas sociales porque se acerca la crisis’. La gente tiene más claro que la DUI (declaración unilateral de la independencia) es solo la CUP y Junts y los acuerdos son con Esquerra. Lo tienen mucho más claro. Los partidos se han posicionado”, explicó Peytibi.

Para conformar la mayoría necesaria requerirían, eso sí, del apoyo de En Comú Podem, la representación de Podemos en Cataluña. Los “comunes”, liderados por Jéssica Albiach, han abierto la posibilidad a este “tripartito” con el PSC y ERC. 

Para el independentismo, apuntó Llonch, un govern entre ERC, comunes y especialmente con los socialistas, sería un “golpe duro” simbólicamente. “Rompería con la dinámica de los últimos años y plantearía la gestión de la autonomía de Cataluña y que dejemos de hablar de la independencia”, dijo.

No obstante, el también consultor político lo ve perfectamente posible: “Yo creo que sí lo es. Si Esquerra anunciara que ve con buenos ojos un pacto con Salvador Illa, perdería muchísimos votos, sería un suicidio político. Pero en la práctica se ve día a día que ERC está abandonando un poco las posiciones más radicales o más duras respecto a la independencia”.

De Arrimadas a Illa

El bloque constitucionalista, como ocurrió en 2017, tiene muy difícil formar un gobierno sin necesidad de votos independentistas. Ese año Inés Arrimadas, líder de Ciudadanos, fue la primera fuerza política, con 25,35% de los votos y 36 escaños. Sin embargo, no bastó para lograr una mayoría con el PSC, el Partido Popular catalán y los comunes. En cambio, sí lo hicieron los secesionistas (JxCat, ERC y la CUP).

La diferencia esta vez radicará en dos factores. El primero, es que, tal como lo registran las encuestas, el PSC de Salvador Illa reemplazará a Ciudadanos como primera fuerza política del bloque constitucionalista. Llonch y Peytibi coinciden en que la debacle del partido naranja obedece, a su vez, en tres aspectos: la continuidad de una pérdida del voto que se cristalizó en las elecciones generales de 2019 –pasó de 47 a 10 escaños en el Congreso-; la aparición en Cataluña de Vox, el partido de ultraderecha que capitaliza el voto “españolista” más radical; y el surgimiento de Salvador Illa como el candidato moderado con más posibilidades de ganar las elecciones.

La irrupción de Illa ha tenido poco de casualidad. En una jugada del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y del presidente del gobierno español Pedro Sánchez, suplantaron al excandidato Miquel Iceta por un Illa con mucha más exposición mediática producto de su paso por el ministerio de Sanidad durante la pandemia. Le llaman el “efecto Illa”.

Salvador Illa y Miquel Iceta, excandidato socialista en Cataluña. Foto: ACN/PSC

“El PSC ya iba a sacar buenos resultados. ¿Qué es lo que ha querido hacer el PSC con el llamado ‘efecto Illa’?, pues ir a buscar muchos más. Sobre todo, de abstencionistas y de Ciudadanos, que son los que menos fidelidad tienen. En teoría sí que es una buena operación”, opinó el politólogo Peytibi.

Según las encuestas del CIS y del CEO, Ciudadanos sufre fugas por todas partes: un 40% duda si acudir a las urnas, un 13% de sus antiguos votantes se quedará en casa, otros votarán por PP (9%), o PSC (5%). Además, esta debacle de Ciudadanos nutriría a Vox (8%), irrumpiendo por primera vez en el Parlament con al menos seis diputados.

Aquí en Cataluña, cuando se cristaliza un problema, va subiendo de temperatura. Al final, Vox es una reacción contra esta hegemonía independentista que lleva tantos años gobernando en Cataluña. En España su discurso se basa más en inmigración, los ítems del Estado, y en Cataluña se basa fundamentalmente en el antiindependentismo. Hay una buena base de Ciudadanos, que sería el españolismo radical, que se siente mucho más representado por Vox”, comentó Llonch.

Pero no es solo cuestión de números. El segundo factor que podría diferenciar la mayoría de Arrimadas en 2017 con la eventual mayoría de Illa en 2021 es la capacidad de llegar a acuerdos. Mientras que en Ciudadanos vieron como imposible cualquier acuerdo con independentistas, en esta ocasión nuevamente aparece la sombra de un pacto entre socialistas, republicanos y comunes para formar gobierno. Lo que desde el independentismo verían como una traición a Cataluña, desde el resto de partidos constitucionalistas observarían como una traición a España.

En cualquier caso, la llave del govern recaerá en el independentismo.

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