• En una entrevista exclusiva para El Diario, el gerente general de Boston River habló de sus inicios como futbolista, su trabajo recopilatorio de información y estadísticas del balompié nacional. También expuso algunas diferencias entre el fútbol uruguayo y el venezolano | Foto: Cortesía

Como una persona ordenada, meticulosa y analítica; que le gusta estar bajo perfil pero que todo salga de la mejor manera posible. De esta forma se describe Javier Minniti. Desde 1990 se dedica a la recopilación de información, datos y estadísticas del fútbol venezolano y la Vinotinto. Actualmente se desempeña como gerente general del Club Atlético Boston River, de la Primera División de Uruguay.

Minniti es miembro fundador de la Asociación de Historia y Estadísticas del Fútbol Venezolano (Ahefv). Jugó fútbol profesional en su juventud. Pasó por los despachos de Estudiantes de Mérida, Mineros de Guayana, Yaracuyanos FC y Deportivo Táchira. Escribió con Hans Graf  los libros La Vinotinto: de pasión de pocos a delirio de millones y Copa América 2007, primer paso en la ruta al Mundial.

Javier es el mayor de tres hermanos. En su  voz se nota un acento andino, con tono sureño, que marca la conversación. Su amor por el fútbol, afirma, proviene de su familia, en vista de que sus padres son argentinos. Héctor Salvador Minniti, su progenitor, llegó en 1973 a Venezuela para vestir la camiseta de Estudiantes de Mérida, luego de haber jugado con la selección argentina, River Plate, Lanús, Banfield, Temperley y Atlético Los Andes.

“El fútbol me lo inocularon. Yo nací en Mérida y, obviamente, criarme en una casa con un futbolista con ese recorrido era casi imposible que no me terminara gustando el fútbol ni estar tan cerca de él. Siempre digo que el fútbol no te deja dinero, sino viajes, historias y amigos”, indica Javier Minitti en una entrevista exclusiva para El Diario.

I. De pasión de pocos a delirio de millones

Javier Minitti y Hans Graf| Foto: Cortesía

Trabajaste para Latin Soccer, la primera plataforma latinoamericana en generar contenido de fútbol para el continente, y en A Ritmo del Gol (Aridegol), el primer portal de noticias sobre el fútbol venezolano. Quisiera saber cuál es la historia que está detrás de aquella experiencia.

— Los dos primeros portales que existieron del fútbol venezolano fueron el de Estudiantes de Mérida y el del Deportivo Táchira. Cuando trabajé en Aridegol.com me tocó cubrir a Estudiantes de Mérida y la Universidad de Los Andes. Antes estuve con Latinsoccer.com; pero duró muy poco. En esa época, entre 1996 y 1997, había muy pocos hogares con conexión a Internet; la moda eran los cibercafé. Recuerdo que las notas para la página las enviábamos por correo electrónico y el ICQ, porque no existía el Messenger. Podría decirse que Hans y yo estuvimos en el génesis de la información en línea en cuanto al fútbol venezolano.

Ahora que mencionas a Hans, tú eres coautor del libro La Vinotinto: de pasión de pocos a delirio de millones, publicado en 2003. ¿Por qué ustedes decidieron escribir este libro?

— Como Hans y yo veníamos trabajando juntos desde hace años decidimos hacer un libro sobre el “Boom Vinotinto” de Richard Páez. La idea del libro surgió en 2001, cuando terminaron las Eliminatorias Mundialistas para Corea-Japón 2002, y la Vinotinto ganó cuatro fechas seguidas en esas eliminatorias. Quisimos patentar ese momento porque no sabíamos si iba a ser algo efímero y no se iba a dar más nunca. Todo el libro se escribió antes de las Eliminatorias Mundialistas para Alemania 2006.

¿Y de qué forma está escrito, cómo es la narrativa y qué tipo de contenido incluye? 

— El libro está escrito en orden regresivo. Lo desglosamos de atrás hacia adelante, desde el último partido de las Eliminatorias, cuando pierde contra Brasil en 2001, y se cuenta la historia al revés. Nosotros quisimos enganchar a los nuevos lectores con el “Boom Vinotinto”. Si empezábamos los primeros capítulos con goleadas en contra el libro iba a terminar siendo como un adorno en la biblioteca. Nadie lo iba a leer ni a pasar de la primera página. Por eso empezamos con esas cuatro victorias. Nosotros evidenciamos en persona las derrotas de Venezuela, pero siempre estuvimos ahí. Tú ibas a los estadios en los premundiales y siempre veías las mismas caras, más allá de que la selección ganara o perdiera. Los estadios se llenaban por la gente que iba a ver al rival, pero uno reconocía a los que le iban a la Vinotinto. Por eso el título: de pasión de pocos a delirio de millones. 

También plasmaron el aporte de cada uno de los técnicos en sus respectivos procesos. Para ti, ¿cuál fue el legado que dejaron aquellos que pasaron por el banquillo de nuestra selección?

— A ver… El Cata (Walter Roque) nos dio ese tema de concentrarse, de juntar al grupo un mes antes de jugar y organizar partidos amistosos, así fuera con clubes. Con Carlos Horacio (Moreno) fuimos un poco más competitivos en una Copa América (Brasil, 1989). Con Ratomir (Dujković) se hicieron las concentraciones en el extranjero y Venezuela se quedó a un gol de clasificar a la siguiente fase de la Copa América (1993). Rafa Santana nos dio esa garra de perderle ese miedo a los rivales y jugar a los golpes. (Eduardo) Borrero le agregó ese discurso del orden táctico, algo que nos había hecho mucha falta; con él no ganamos ni un partido en Eliminatorias, pero la selección dejó de recibir muchos goles. 

— José Omar Pastoriza fue un técnico que de alguna u otra forma influyó para que la selección fuera considerada de carácter internacional. ¿Podríamos decir que con él comenzó ese cambio con respecto al trato de los jugadores?

— Sí, con El Pato Pastoriza hubo un verdadero cambio. Se hicieron otro tipo de viajes, hubo otro tipo de rivales; la selección creció en el manejo interno y en el trato del futbolista profesional. De alguna u otra forma todo se fue hilvanando hasta el proceso de Richard Páez, quien agarró todo eso que se venía sumando en los últimos años y le dio esa posibilidad a los jugadores de enfrentar a los rivales con otro tipo de mentalidad, de jugar de tú a tú y sacar buenos resultados.

Tengo entendido que, en un principio, ninguna editorial venezolana los quiso apoyar. Por eso el libro se publicó primero en Argentina, ¿no?

— Eso es correcto. Al principio nos costó mucho porque no conseguíamos editoriales en Venezuela que nos quisieran respaldar, así que primero lo publicamos en Argentina. Libros en Red nos editó, que era un sistema donde tú podías comprar y descargar tus libros por internet. También tenías la modalidad de que ellos te imprimían el libro y te lo mandaban. Era algo muy novedoso para la época. A nosotros nos mandaron cientos de libros para distribuirlos en las librerías de Venezuela.

— Además de tú y Hans, ¿quiénes más escribieron o formaron parte de esta obra?

— En el libro escribieron varios periodistas venezolanos. Edgardo Broner escribió el prólogo. También escribieron Alfredo Meza, Lorena Arráiz, que, obviamente, tienen que ver con deportes. Esa fue la idea de Hans: incluir a personas que no estaban muy vinculadas con el fútbol a que hicieran escritos sobre este deporte.

II. Javier Minniti en el terreno de juego

Javier Minniti: El fútbol venezolano se niega a morir, pero necesita un salto de calidad
Javier Minniti con Daniel Farías, entonces técnico del Deportivo Táchira Foto: Cortesía

— ¿Cómo calificas tu trayectoria como jugador profesional?

— Yo jugaba de delantero. Por más que quise el fútbol fue más rápido que yo, no lo pude alcanzar. Pero lo intenté, pude llegar a profesional. Jugué con ULA Mérida hasta 1994. Allí debuté con Jorge “Zurdo” Rojas. También compartí equipo con compañeros destacados, como Rafael Dudamel, Carlos “Motor” Hernández, Elvis Martínez, René Torres, Jesús “Chuy” Vera; el técnico era Eduardo Borrero, y cuando ascendimos quedó José Alí Cañas. Cuando llegó Richard Páez y salió campeón ya me había retirado profesionalmente.

— Ahora que mencionas al Zurdo, ¿cómo es tu relación con él? Ustedes coincidieron dentro y fuera de las canchas, cuando él jugaba con Deportivo Táchira.

—  Yo siempre digo que le salvé la carrera al Zurdo (risas). En un partido el cobró un centro feísimo, yo me tiré de cabeza, hice un gol y todos dijeron que había sido un buen centro del Zurdo. Desde ese momento hemos tenido una relación de amistad. También jugamos juntos en categorías menores. De hecho, en 1997, mi padrino fue quien lo llevó a él, a Ricardo David Páez y a Alexander Becerra a Boca Juniors. Yo siempre le llevé los datos de su carrera”.

— En tu hoja de vida conseguimos que en Venezuela no solo jugaste fútbol, sino que también ocupaste cargos en la gerencia y en la dirección deportiva de varios equipos.

— En el fútbol hice de todo. Jugué categoría preinfantil C, B, A y Juvenil. Fui mascota. Jugué el Torneo Nacional Sub-20. Jugué profesional con ULA Mérida. Estuve en medios de comunicación desde 1994 hasta 2006. Hice coberturas en radio y televisión y escribí columnas en periódicos. Fui delegado. En 2008 asumí la gerencia de Estudiantes de Mérida. En 2008-2009 me fui a Mineros de Guayana, y en 2009-2010 a Yaracuyanos FC. Regresé a Estudiantes, donde me mantuve entre 2011 y 2013, y de 2013 a 2016 con Deportivo Táchira. De 2017 hasta ahora estoy con Boston River.

— Javier, ¿pero tú estudiaste alguna carrera relacionada con las labores que desempeñas?

—  Yo estudié criminología, no estudié absolutamente nada que ver con el fútbol. Lo más relacionado con la gerencia o dirección deportiva fue administración penitenciaria (risas). Nunca la  ejercí. Cuando estábamos haciendo la gira de medios de mi primer libro, (el periodista y locutor) Eli Bravo  me dijo que él no entendía qué hacía un criminólogo en esto. Contaba que yo era un futbolista prestado a la criminología, y no un criminólogo prestado al fútbol. 

III. Investigador, estadígrafo e historiador

Javier Minniti: El fútbol venezolano se niega a morir, pero necesita un salto de calidad
Javier Minniti en una conferencia de prensa del Deportivo Táchira| Foto: Cortesía

— Para irnos a un plano un poco más personal, ¿cuáles son las virtudes y defectos de Javier Minniti como persona?

— ¿Defectos? Todos, tengo todos los defectos del mundo (risas). Quizás, mis únicas virtudes son que no fumo, ni bebo (licor) ni apuesto. Soy muy de bajo perfil, por eso no me gusta dar muchas entrevistas. No me gusta el yoísmo, prefiero hablar en primera persona. Me considero una persona leal. Por eso tengo a Hachiko en mi foto de perfil de Twitter. Amo los animales. Soy muy cascarrabias porque me gusta que las cosas se hagan bien, de manera correcta. La palabra está por encima de todo. No puedo tratar con las traiciones, no sé disimularlo. Siempre he pensado que las oportunidades se presentan una sola vez. Soy muy de irme a la primera cuando algo me suena bien, aunque también me he equivocado. Cuando el fútbol no me hace viajar soy un hombre de casa; no me gusta salir.

¿Cómo llegó este interés por llevar los registros estadísticos de nuestro balompié? Imagino que cuando tú empezaste en esto nadie estaba pendiente de hacer esa labor.

— Cuando mi papá se retiró del fútbol yo lo acompañaba todos los domingos al Guillermo Soto Rosa, a ver los partidos de Estudiantes de Mérida. Él tenía un programa de radio, y me di cuenta de que las tablas de los periódicos deportivos no estaban bien sumadas. Además, no había nadie que tuviera con exactitud un dato o alguien con buena memoria sobre los partidos. Recuerdo que cuando entregaban las hojas de las alineaciones yo me las quedaba; la más vieja que tengo es de 1988. Entonces, mi primera tarea era buscar los resultados de los partidos y empecé a generar una base de datos. Yo estaba en tercer año de bachillerato, imagínate. Tenía todos los resultados y goleadores de cada competencia que había en Venezuela. También iba a la hemeroteca de la Universidad de Los Andes a revisar y juntar información. En un abrir y cerrar de ojos ya tenía un cuarto lleno de recortes de periódicos y datos de miles de partidos.

— Estamos hablando de más de 30 años de trabajo recopilatorio. ¿De qué manera llevabas el control de tu base de datos y cuál es la plataforma que usas en la actualidad? Antes te apoyabas en los periódicos, pero ahora estamos en una era mucho más tecnológica.

— Lo mío fue más autodidacta desde el principio. Junté muchas carpetas con anotaciones a mano, bien ordenadas. Cuando empecé a tener acceso a las computadoras y el manejo de base de datos, descargaba todo en Word y empecé a usar el Excel. La primera tabla de Excel que creamos fue la tabla de goleadores y los resultados del campeonato de 1985, el último que hasta ese entonces había ganado Estudiantes de Mérida. La hicimos en el Laboratorio Nacional de Productos Forestales (Mérida) en 1998. En ese momento, para manejar Excel tenías que ser ingeniero en informática, porque para los que estábamos empezando en la computación tenía mayor manejo de complejidad. Ahorita es mucho más sencillo. Toda mi base de datos está en Excel, yo mismo calculo y hago las fórmulas. Ah, el archivo de las alineaciones queda respaldado en Word.

— ¿Y cómo ves el tema estadístico en nuestro fútbol?

— Bueno, el tema de la estadística en el fútbol ha crecido. Las bases de datos se han ido especificando y mejorando, sin duda. Pasamos de ser autodidactas a tener un poquito más de información. Tengo la fortuna de pertenecer a dos grupos estadísticos en Latinoamérica, sobre todo en fútbol sudamericano, donde intercambiamos mucha información.

IV. Javier Minniti en Boston River

Alejandro Cichero, Javier Minniti y Sebastián «Loco» Abreu | Foto: Cortesía

— Desde 2017 eres gerente general de Boston River. ¿Cómo fue para que llegaras a este cargo en un equipo extranjero?

En febrero de 2017, cuando estábamos elaborando el proyecto para la Liga Futve, me llamó Edmundo Kabchi (expresidente del Deportivo Táchira y socio vitalicio de Boston River) y me dijo para ir a Montevideo a ver el debut de Boston River en Copa Sudamericana. Entonces me preguntaron algunas cosas sobre el manejo, la parte logística y el funcionamiento del club, porque venían de ascender a la primera división y les faltaban algunas cosas. Me propusieron que me quedara y yo les respondí que sí. Por eso dije que soy muy de irme a la primera cuando algo me suena bien. Me vine con una maleta con ropa para solo 15 días y ya voy para cuatro años. Me tocó comprar más ropa (risas).

— ¿En qué consiste este cargo? ¿Cuáles son tus responsabilidades?

Con respecto al cargo que yo ejerzo (gerente general) terminas haciendo de todo un poco. Me di cuenta de que en Venezuela estamos muy bien preparados para muchas tareas, sobre todo para el manejo de tecnología en cuanto al tema de fichajes, el TMS (sistema de correlación de transferencias) y a nivel local el sistema Comet; esa parte de cómo llevar el registro de los jugadores. Eso me ha servido.

— ¿Qué semejanzas y diferencias notas entre el trabajo que hacías aquí, en Venezuela, y el que estás haciendo allá, en Uruguay? 

— En cuanto a temas logísticos hay una ventaja; aquí es mucho más sencillo porque Uruguay es un país muy pequeño, donde 90% de los equipos se encuentran en la misma ciudad; la distancia entre una cancha y otra es de 40 minutos. Obviamente, en Venezuela si viajas en autobús de Táchira a Barinas, por ejemplo, son cinco horas en bus.

— Imagino que, entre Venezuela y Uruguay, hay una diferencia muy marcada en cuanto al conocimiento y el manejo de las instituciones deportivas. Allá ven el fútbol de otra manera, ¿no?

— Sí. Aquí todo está muy organizado, el deporte funciona. Hay mayores facilidades y mecanismos para que los equipos tengan los recaudos al día. El fútbol es tan importante para los uruguayos que en vez de poner trabas o generar situaciones que estresan a los protagonistas, que tienen que llevar a cabo el espectáculo, lo favorecen, lo facilitan. Por ejemplo, la seguridad no la tienes que gestionar tú, como gerente, porque la AUF (Asociación Uruguaya de Fútbol) se encarga de todo eso. Lo mismo pasa con el tema de los delegados y el arbitraje para los partidos. Estamos hablando de ciento y pico de años de historia que son asumidos como tal, que están en la genética y en la sangre de ellos. Esa pasión y esa necesidad de que el fútbol sea el principal motor del país se ha transmitido de generación en generación.

—  ¿Y en cuanto al tema organizativo?

— Nunca pensé que el fútbol organizativo se podía hacer tan sencillo como acá. Tú hablas con todos esos dirigentes y es como si hubieran vivido el Mundial de 1930 y el de 1950. En Venezuela tienes mucho más trabajo. Te toca contratar al personal para la taquilla y el de seguridad; buscar hoteles, montar tus propios viajes y manejar el espectáculo.

— En Boston River también pudiste coincidir con Sebastián “Loco” Abreu, el futbolista que ha jugado en más equipos profesionales. Cuéntame cómo fue esa experiencia. ¿Cómo es el Loco como persona?

— Aquí, en cualquier equipo, te consigues a un tipo importante para el fútbol uruguayo. Siempre habrá alguien que estuvo en la selección. Por ejemplo, yo trabajo con el entrenador de arqueros Carlos Arias, quien fue campeón de América y del Mundo con Peñarol en 1982. Como personaje mediático, tal vez el Loco Abreu es el que más resalta cuando hablas de Boston River. El Loco Abreu es una excelente persona. Ese penal que picó en los cuartos de final del Mundial de 2010 es el más importante para la selección uruguaya en los últimos 50 años. Mi tesis es que los tipos que jugaron y ganaron en todos lados son los más sencillos y humildes. A veces uno cree que ellos están en un pedestal, por encima del resto, y no es así; están en tu mismo nivel.

— El Loco se desempeñó como jugador y entrenador de Boston River, pero renunció como entrenador en noviembre de 2020. ¿Cómo evalúas su desempeño en el banquillo verdirrojo?

— Tal vez los resultados no lo acompañaron, pero más que un entrenador es un manager. No solo está pendiente en el ámbito deportivo, sino en todos los aspectos que involucran el desarrollo del jugador, la distribución de los vestuarios y los detalles de la indumentaria. Esto no lo hacía por relucir, sino para mejorar el club y tener mejores condiciones. A él podrán decirle loco, pero no es ningún tonto. Desde los días que dejó de ser entrenador de Boston River mantuvimos una buena relación. 

V. La situación del fútbol venezolano

Javier Minniti y César Farías, extécnico de la Vinotinto | Foto: Cortesía

— Hace poco hablaste sobre el registro de los futbolistas venezolanos a través del sistema Comet. Uno compara a nuestros jugadores con los de otros países del continente y creo que no hay mucha diferencia en cuanto a los goles que puedan marcar o la experiencia que tengan a nivel internacional con sus selecciones. ¿Tú crees que todavía nos sigue pesando el tema del pasaporte?

— Cuando uno ve tantos futbolistas de otros países te das cuenta de que el jugador que tiene tantas ventajas afuera no es por su pasaporte, sino por su cultura futbolística y la convicción que tiene. Física, táctica y técnicamente no tenemos que envidiarle mucho a los jugadores de otros países; es más, creo que hasta tenemos futbolistas con capacidades por encima del resto, pero la mentalidad es distinta, la actitud, el hecho de creérselo. Aquí (en Uruguay) hay futbolistas veteranos, que jugaron en Europa, que están en los últimos años de su carrera o que no van a salir a ningún lado y si se tienen que tirar de cabeza para evitar un gol y romper lo van a hacer. Son jugadores muy competitivos en todo; mientras que nosotros somos un poco más caribeños, de buscar la facilidad en conseguir las cosas. Hace varios años, si tú eras un buen futbolista (de primera división) en Venezuela te bastaba económicamente con jugar allá. En Uruguay no; es un país tan caro que si tú pretendes vivir con tu sueldo de futbolista, olvídate, tienes que salir al extranjero. Creo que ese tema de la necesidad por jugar afuera los motiva. Ahorita se está viendo más en Venezuela, por eso vemos un éxodo tan grande de jugadores que hace diez años no se irían por las oportunidades económicas. No tenemos idea de la cantidad de jugadores que están afuera. Si no es por Mario Sánchez no nos damos cuenta (risas).

— ¿Qué crees que le hace falta a nuestro fútbol para dar un salto de calidad en todas las aristas que has comentado?

La situación de nuestro fútbol es complicada. Creo que va de la mano con la parte económica y social del país. Tú hablas del fútbol peruano, por ejemplo, y sientes que es menos atractivo que los demás. Tenemos al Alianza Lima, uno de los más grandes de Perú, que descendió a segunda categoría y tiene el récord de más partidos sin ganar en la Copa Libertadores. Pero ellos, en lo interno, mantienen un producto bien hecho; cuidan los detalles de mercadeo, cuidan la parte visual y gráfica de los equipos y del terreno de juego. Perú no es que está desbordante en dinero, pero es un país con una economía sólida, estable, y permite que el fútbol sea un espectáculo organizado, de buen nivel. Otros ejemplos son la liga de Ecuador y la liga Colombiana, que están muy bien. Ya lo que pasa en la cancha, si el partido es bueno o malo, es otra cosa; eso depende de los equipos y de los jugadores. Venezuela venía creciendo en el desarrollo de categorías menores, pero uno habla con otros colegas, los que se mantienen allá, y en verdad los admiro. Están haciendo de tripas corazón, un gasto enorme para mantener vivo un producto que es diez veces más caro que en cualquier lado. 

— ¿Piensas que el fútbol venezolano está en terapia intensiva?

— El fútbol venezolano se niega a morir, pero tal vez no va a terminar de dar ese salto de calidad que necesita. Esperemos que se sigan desarrollando los jugadores en categorías menores para que los equipos los vendan y se puedan generar ingresos. Un fútbol sin ingresos no solo perjudica a los futbolistas, también a todo el entorno que está alrededor de él.

— Para finalizar, ¿qué tipo de proyectos tienes en mente; qué te gustaría desarrollar más adelante? ¿Hay algún sueño que todavía no has logrado concretar?

— No me lo he puesto a pensar (risas). Ahorita estoy 100% enfocado con Boston River. Eso es lo que me preocupa ahora: mantener la categoría. Aquí el fútbol es tan competitivo que los niños de cinco años ya están jugando para ganar algo. Hay selecciones de mujeres en todas las categorías, de ciegos, de síndrome de Down. Se juega todo. Aquí hay vuelta olímpica por todo, es increíble. Vas a cualquier esquina y hay una cancha de fútbol. También me gustaría seguir creciendo la base de datos; tal vez, en algún momento, sentarme a escribir sobre otras cosas; actualizar mi blog, que lo tengo bastante descuidado. Lo que me mantiene más conectado al fútbol venezolano, y que afortunadamente tiene bastante interacciones, es mi grupo de Telegram. Sí creo que, en algún momento, voy a arrancar un par de proyectos estadísticos, pero todavía no tengo definida la fecha ni la plataforma.

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