• Su disciplina, perseverancia y compromiso les ha permitido dedicarse a lo que más les apasiona: bailar ballet. Se han esforzado para pertenecer a las mejores academias y vivir del arte en el país andino. Ellos forman parte del Ballet Nacional del Perú y del Ballet Municipal de Lima, compañías en las que han potenciado su talento y a las que representan con orgullo a donde quiera que vayan

En Perú 9 de cada 10 venezolanos son profesionales, según la Superintendencia Nacional de Migraciones. Entre ellos se encuentran jóvenes talentosos que son bailarines de ballet, formados por reconocidos maestros en Venezuela. En tierras incas han demostrado su profesionalismo en decenas de funciones desde los mejores escenarios del país.

Hoy cinco de ellos forman parte del Ballet Municipal de Lima. Cuatro de ellas están en el Ballet Nacional del Perú, oportunidad que han aprovechado al 100 % para seguir creciendo profesionalmente en el mundo artístico y demostrar una vez más la contribución positiva de los migrantes en los países receptores.

Ellos también dedican su tiempo a enseñar a través de las plataformas digitales a quienes se inician en este tipo de disciplina artística. Están agradecidos por la oportunidad que encontraron en Perú y cada día se siguen superando a pesar de las adversidades.

Todos pueden lograrlo

Oriana Plaza (27) nació en Caracas y su vida como bailarina empezó a los seis años de edad, inspirada por su madre María Teresa Alford, una de las mejores profesoras de ballet en Venezuela. Su talento la hizo ganadora de una beca para estudiar en Estados Unidos cuando tenía 17 años de edad.

Sin embargo, la posibilidad de poder regularizar su estatus migratorio y formalizar sus contratos como bailarina, la llevaron a Perú hace siete años. Hoy, su experiencia y trayectoria profesional la han convertido en primera bailarina del Ballet Municipal de Lima (BML), desempeñando los principales roles dentro de la compañía.

Oriana fue la primera venezolana en pertenecer al BML. Es ejemplo de superación para sus connacionales en la organización, quienes se convencen cada día de que no existen barreras que no puedan superar y que, su condición de migrantes no los limitará para materializar cada uno de sus proyectos profesionales en el extranjero.

“Para el bailarín que quiere cumplir sus sueños no existen las excusas. Lo que yo he aplicado a mi vida es ser constante y 100 % disciplinada sin perder la motivación. Hay que evitar las comparaciones. Cada quien va a su ritmo y el que se lo propone puede lograrlo”, expresó Oriana en entrevista para El Diario.

Oriana Plaza. Crédito: cortesía.

Nunca es tarde para empezar

Richard Reyes (28) inició su formación como bailarín de Ballet a los 19 años, edad en la que muchos equivocadamente piensan que es tarde para empezar a aprender este tipo de danza. Sin embargo, sus largas horas de entrenamiento y disciplina lo ayudaron a mejorar y a perfeccionar en cada clase con el apoyo de destacados maestros.

Richard también es Licenciado en enfermería, egresado de la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (UCLA) en Barquisimeto, carrera que llegó a ejercer en la ciudad de Caracas y cuya experiencia le sirvió para entender que como bailarín podría tener mejor calidad de vida que dedicándose a trabajar en el sistema sanitario. Es por ello que, al enterarse de la audición del BML en 2018, no dudó en dejarlo todo para buscar una de las mejores oportunidades de su vida. Riesgo que valió la pena asumir, pues fue seleccionado y contratado por la organización.

 “A nosotros nos conecta el arte y siempre vamos a encontrar la oportunidad de trabajo en muchas partes del mundo. Como venezolanos a cualquier lugar al que emigremos nos va a ir bien, porque venimos de un país con muchos problemas que nos enseñó a superar cualquier crisis”, expresó Richard.

Richard Reyes. Crédito: Fernando Monasterio.

Crecer en medio de la adversidad

Rosmary Cárdenas (20) es una de las bailarinas venezolanas más jóvenes que forma parte del BML. Reveló que lo que empezó para mejorar un problema de salud, terminó por convertirse en su pasión. Se inició en este mundo artístico a los siete años para tratar una deformidad en sus rodillas que, al quedar juntas, hacían que sus piernas formen una X, problema de salud que llegó a superar con éxito gracias al ballet, disciplina artística que con el paso del tiempo se transformó en todo para su vida.

Es natural de Barquisimeto, estado Lara, al occidente de Venezuela. A sus 18 años de edad le tocó tomar una de las decisiones más difíciles de su vida: dejar su país para crecer profesionalmente e ir tras sus sueños. Fue así como en enero de 2019, con la ayuda de familiares, amigos y maestros, llegó a tierras incas para audicionar en el BLM, compañía en la que quedó seleccionada y fue contratada como bailarina del Cuerpo de Baile.

“En el escenario nadie tiene nacionalidad y esta compañía me ha ayudado a enfrentar los retos sin miedos, también aprendí que cuando se es constante no hay limitaciones y que, si uno quiere puede”, contó Rosmary en entrevista para El Diario.

Rosmary Cárdenas. Crédito: Fernando Monasterio.

Aprovechar las oportunidades para seguir creciendo

Massiel Valderrama (20) nació en Cabudare (estado Lara) rodeada de una familia amante de todas las expresiones artísticas. Empezó a hacer ballet a los cuatro años y con el tiempo decidió escogerlo como profesión.  Massiel cuenta que el apoyo de su familia fue fundamental para lograr todas las metas que ha cumplido hasta ahora.

En 2018 llegó a Perú para presentarse a una audición en el BML. Un viaje que planificó y para el que se preparó con el objetivo de ser una de las seleccionadas. Hoy ya tiene tres años en Lima y la compañía le ha renovado contrato para diversas temporadas. Ella espera convertirse en una gran bailarina, presentarse en diferentes teatros del mundo y darle orgullo a su país.

“Yo estaba muy feliz de presentarme a la audición, sabía que era mi oportunidad y debía aprovecharla. Siempre estaré agradecida con el BML por la oportunidad, por creer en mí y por permitirme crecer profesionalmente. Desde que llegué me hicieron sentir muy bien”, mencionó Massiel en entrevista para El Diario.

Massiel Valderrama. Crédito: Teresa Sinfuentes.

La familia siempre está presente a pesar de la distancia

Carlos Bracho (25) es de Punto Fijo en el estado Falcón, al noroeste de Venezuela. A los 17 años se inició en el mundo de las danzas. El ballet le ha permitido participar en diferentes presentaciones en países como Colombia, Costa Rica y Panamá. Desde hace tres años forma parte del BML, cuando fue uno de los seleccionados en la audición de 2018.

Carlos contó para El Diario que los migrantes siempre se apoyan entre sí, en especial para las presentaciones, porque al tener a los seres queridos tan lejos, los amigos se convierten en familia. Comentó que cuando no se tiene a la mamá o al papá que te vea en el escenario, esos abrazos al finalizar cada función son los que más se extrañan.

 “No he estado en un mejor ambiente que en el de la compañía del BML, existe una amistad con todos y te reciben con los brazos abiertos. Aquí encontré oportunidades que me han ayudado a mejorar bastante”, comentó Carlos.

Carlos Bracho. Crédito: cortesía.

Ballet Nacional del Perú

Sejain Bastidas, Yuliana Bello, María José y Fabiana Piñero son cuatro migrantes venezolanas que forman parte del Ballet Nacional de Perú, El Diario conversó con dos de ellas.

Sejain Bastidas (29), natural de Caracas, sostuvo que desde muy pequeña contó con el apoyo de su madre para iniciarse en el mundo artístico, por lo que se enamoró muy rápido del ballet. Bailó varias temporadas en la compañía Teresa Carreño en Caracas, luego estuvo en Estados Unidos y Ecuador, hasta que llegó en 2017 a Perú.

Durante una de las giras que realizó con el Ballet Nacional, vivió una de las experiencias más emotivas en su vida artística y que hoy recuerda con especial cariño. En una de las presentaciones en Tumbes, al noreste de Perú, coincidieron con la campaña “Tu causa es mi causa”, iniciativa de Acnur que busca fortalecer la unión entre peruanos y extranjeros, y pudieron demostrar que en el arte no existen nacionalidades y que los venezolanos de bien siempre serán mayoría.

Sejain Bastidas. Crédito cortesía. 

Yuliana Bello (29) es caraqueña y a los ocho años comenzó sus primeras clases de ballet, amaba tanto bailar que todos los días al llegar a su casa repetía la lección para que su abuela viera lo que iba aprendiendo. En el 2010 ingresó al Ballet Teresa Carreño, compañía en la que le dieron la oportunidad de crecer profesionalmente interpretando sus primeros roles como principal.

Desde el 2017 pertenece al Ballet Nacional del Perú y su experiencia en la organización la describe como enriquecedora, pues aprende de destacados maestros que la motivan a enfrentar los desafíos sin miedo. Yuliana cuenta que la danza la conecta con su alma y le permite experimentar la vida desde otros escenarios.

El ballet me ha regalado muchísimos momentos de felicidad, grandes amigos y satisfacciones y a pesar de hacer lo que me gusta, cuando necesito ese empujoncito para continuar, pensar en mi mamá me impulsa a dar el 100 % siempre, lo hago todo por ella”, expresó Yuliana para El Diario.

El baile en tiempos de coronavirus

Ahora las funciones presenciales están suspendidas debido a la emergencia sanitaria del coronavirus, el gobierno peruano no ha autorizado la reactivación de las actividades culturales en los teatros, por lo que estos continúan cerrados y para algunas temporadas se han programado presentaciones virtuales.

Las medidas restrictivas por la pandemia del covid-19 llevaron a los bailarines a acondicionar sus casas para continuar con sus entrenamientos y ensayos a través de las plataformas digitales, reto al que se enfrentan todos los días para seguir superándose. Sin embargo, su compromiso, entusiasmo y entrega se mantienen como si del primer día en la compañía se tratara.

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