• El artista y poeta zuliano publicó con la Fundación La Poeteca su primer libro, Rotos todos los cielos, en el cual teje una historia de amor herido y pérdida que sana a través de cada poema

El dolor es una experiencia que se manifiesta de múltiples formas a lo largo de la vida: la reacción física, el despecho por un amor perdido, el vacío por la ausencia de un ser o recuerdo querido. Las diferentes formas del dolor acompañan al poeta zuliano Euro Montero en la publicación de su primer libro, titulado Rotos todos los cielos. El poemario vio la luz de forma digital en marzo de 2021, como parte de la colección Primera Intemperie de la Fundación La Poeteca. 

En el libro, Montero (Maracaibo, 1995) hila a través de 25 poemas las aristas de un mismo sentimiento de desasosiego. Imágenes de calles abandonadas, pasillos oscuros y casas vacías. “Donde más callo tu nombre/  apareces/ al ras del bajareque/ o en el plato limpio que cae/ profundo/ entero/ en lo mismo”, reza uno de sus versos.

“Entiendo ahora el libro como un resumen del Eros herido”, cuenta el escritor a El Diario, en referencia al dios del amor y la atracción sexual de la mitología griega. Se manifiesta en los poemas como una presencia casi sangrante, en la forma de desengaño y melancolía. Actualmente Rotos todos los cielos está disponible para su descarga gratuita en la página web de La Poeteca.

“El poemario surgió poco a poco tras una serie de vivencias que el libro recoge. Han pasado cinco años. Mi cuerpo ha cambiado como ha cambiado mi forma de mirar el mundo y el amor. Todo se renueva y se transforma”, comenta.

Construir desde la imagen

Además de poeta, Montero es artista visual, especializado en la técnica del collage. Aunque ha tenido acercamientos con otros formatos como el grabado y la pintura, afirma que tiene una relación especial con el papel que le hace privilegiar el arte de crear imágenes a partir de retazos de fotografías, textos y diversos materiales.

“Me interesan sus texturas, sus formas. Material que contiene memoria: desde tarjetas familiares de muchos años hasta los tickets del Metro de Caracas en mi primera visita a la ciudad. Esos papeles guardan un recuerdo latente y yo los tomo para transformarlos en un discurso, en una narrativa personal”, agrega.

Para Rotos todos los cielos, Montero elaboró tres collages dispuestos al principio, mitad y final del libro. Los considera como una recreación de sus poemas, con los cuales construye una relación. Señala que fueron hechos exclusivamente, seleccionando con cuidado cada color, corte y material para hilar la esencia de los versos y transformarlos en imágenes. 

El vínculo del joven con el arte se remonta a su edad más temprana. Cuenta que desde niño quiso ser artista, por lo que asistía a talleres de pintura y pasaba las horas dibujando en el patio de la casa de su abuelo. Ese espacio, con sus luces y recuerdos, todavía sigue presente en su obra y es evocado en sus poemas. “Aquellas horas eran siempre reveladoras, por la luz que entraba en su patio, por mi afán de soñar con la imagen, por el silencio que reinaba en el lugar”, relata. Cita a la poeta canadiense Anne Carson al referir que escribir un poema es como hacer un dibujo o pintura, entretejido por el hecho del lenguaje.

Aún así, reconoce que fue por azar que terminó estudiando Letras Hispánicas en la Universidad de Zulia (LUZ). Allí se encontró con su vocación literaria, siguiendo lo que define como un “mandato interior”. Afirma que si bien la formación académica es importante, su escritura está lejos de formalismos y persigue sus propios intereses, atraído por temas como la belleza y el ritmo. ”Mi trato con la poesía está marcado por un misterio en el cual me sumerjo, vivo y trato de preservar”, sentencia.

Este camino poético elegido por Montero le ha llevado a ser reconocido en varias oportunidades. En 2016 fue el ganador de la primera mención especial en el Concurso de Poesía Andrés Bello, organizado por la Dirección de Cultura de la Asamblea Nacional. También fue finalista del II Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas, en 2017. Sus escritos han sido publicados en diferentes revistas literarias digitales como El Cautivo, Philos, Muu Arte, DigoPalabraTxt y La Parada Poética

Euro Montero: “Mi trato con la poesía está marcado por un misterio en el cual me sumerjo”
Collage de Euro Montero para el libro Rotos todos los cielos. Foto: Cortesía La Poeteca

La poesía como resiliencia

Aunque es la primera vez que se publica formalmente, Rotos todos los cielos surgió en el año 2016, cuando obtuvo el tercer lugar del Concurso Nacional de Poesía Joven Lydda Franco Farías. “Recuerdo que hice un gran esfuerzo para poder llegar a Caracas y recibir el premio. Llegué justamente en la misma mañana que recibí el reconocimiento y ese mismo día en la noche salí para Maracaibo. Pero fue un momento luminoso, revelador, premonitorio”, comenta Montero al respecto.

Destaca que ese día estuvo acompañado por la reconocida poeta María Antonieta Flores, quien escribió el epílogo de su poemario. En él, la también ensayista y crítica literaria resalta la unidad semántica del libro y su estilo seco y contenido. “La voz que habla en este libro solo encuentra su propia pertenencia en el terreno del desamor, lugar donde el sujeto, íngrimo, se puede recuperar, de nuevo, en su individualidad luego de la vivencia amorosa”, reseña.

La obra de Montero fue concebida en tiempos difíciles. El país atravesaba uno de los momentos más crudos de la emergencia humanitaria compleja y era cada vez más visible el éxodo de venezolanos que escapaban del hambre. El joven, que para ese entonces tenía 21 años de edad, relata que vio partir a muchos familiares, amigos y profesores. “Fue un año difícil, pero la poesía y mi libro me dieron fuerzas”, apunta.

Dedicarse al arte, en cualquiera de sus expresiones, es una tarea complicada en Venezuela. Más en una ciudad como Maracaibo, estado Zulia, donde la crisis todavía persiste y se manifiesta notablemente en sus constantes apagones y racionamientos eléctricos. Para Montero esta situación afecta notablemente el panorama cultural de la ciudad, donde ya no se realizan casi encuentros poéticos, festivales u otros eventos. “Maracaibo es tierra difícil. Siempre lo ha sido”, añade.

Montero conoce bien la movida de su ciudad. Ha asistido dos veces como invitado al Festival de Poesía de Maracaibo en sus ediciones de 2014 y 2015, además de participar en la primera Semana Zuliana de la Narrativa, también en 2014. Solo puede calificar como agotador el esfuerzo que realizan él y otros artistas de la capital zuliana para mantener su actividad creativa. Aunque señala que cada persona internaliza y resiste a la situación del país a su manera, su deber como escritor es “dar el testimonio” de su vida y el tiempo que le tocó experimentar.

Nos enfocamos en sobrevivir y esto es muy doloroso y agotador. Hay que saber administrar nuestra energía psíquica, decidir en qué concentrarnos y qué dejar atrás sin más. Esto templa nuestro espíritu. Los acontecimientos de afuera son tan difíciles y exigentes que debemos ser pacientes con nosotros y con la escritura poética para poder procesar estas experiencias a nivel interior. He entendido la poesía como oficio. En medio de todo esto: guerras, grandes tristezas, dictaduras, uno debe hacer lo que le corresponde y en mi caso, es seguir escribiendo”, asevera.

Amor y alma

A lo largo de su poesía, Montero aborda diferentes temas como el hombre, sus encuentros y desencuentros con el mundo. También el amor aparece representado, no de manera explícita, pero sí en los vacíos y silencios de los poemas, como ese algo que falta y que el autor busca en sus reflexiones.

El poeta considera al antiguo mito de Eros y Psique como uno de sus favoritos. “Son imágenes arquetipales mitológicas que viven en nosotros”, señala. La relación entre las personificaciones del amor y el alma. En la novela El asno de oro, del escritor romano Apuleyo, queda recogida la versión más conocida de la historia entre el dios (conocido allí como Cupido) y la princesa humana. De acuerdo con el relato, Afrodita, madre de Eros, le ordena emparejar a Psique con el hombre más feo del mundo, al sentir envidia de su belleza. Sin embargo, al verla, el dios del amor se enamora de la mortal y decide raptarla en su palacio, donde esconde su identidad manifestándose solo de noche.

Luego de que Psique descubre la verdad sobre su amante y este la abandona por traicionar su confianza, la joven acude a Afrodita, quien le impone una serie de trabajos para redimirse. Aunque Eros la perdona y ayuda en su último trabajo, Psique cae en un sueño estigio y el dios ruega a Zeus que le conceda la inmortalidad a su amada. La historia tiene un final feliz, con ambos casándose con la aprobación de Afrodita.

“Me interesa esa mirada. En el mito de Apuyelo vemos el amor como una serie de trabajos. Habita, hay, prevalece una trama que nos hace caer perdidamente enamorados o enamoradas de alguien sin posibilidad de decidir”, señala.

Una mirada del romance de Eros y Psique que le llama la atención a Montero es la del psicólogo cubano-venezolano Rafael López Pedraza, quien analiza desde una perspectiva junguiana el mito y propone a Eros como una suerte de demonio. El amor como un poder irracional que desborda emociones intensas y lleva a sus protagonistas a un camino de sufrimientos. No obstante, ese camino emprendido y el dolor que se infringen les permite no solo autodescubrirse, sino también conocer al otro y encontrarse ahora como un amor más maduro, profundo y propio.

Esa “herida de amor”, como López Pedraza nombra al proceso de sufrimiento y curación por el que pasan los personajes del mito, es el “Eros herido” al que Montero hace referencia para describir sus poemas. A lo largo de Rotos todos los cielos se narra una travesía que pasa de la desolación del despecho a la superación y la calma.

Así lo expresa un fragmento de uno de los últimos poemas del libro: “Roto el cielo/ miro hacia atrás/ no puedo encontrar el miedo/ solo la herrumbre de mis noches”.

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