• El venezolano confía en replicar el fenómeno televisivo de El señor de los cielos con una nueva historia: una miniserie de 80 capítulos centrada en Jesús Malverde Campos, una suerte de Robin Hood mexicano que a principios del siglo XX asaltaba a las familias adineradas de la región y luego repartía el botín con los pobres. Una producción protagonizada por Pedro Fernández y Blanca Soto considerada desde ya si no como la más cara de México al menos como la más costosa de Telemundo

Escribió en total 611 capítulos de El señor de los cielos, la serie de ficción inspirada en el narcotraficante mexicano Amado Carrillo. Siete temporadas en siete años. Por eso es que Luis Zelkowicz, el escritor venezolano, autor del fenómeno televisivo producido por Telemundo, bromea acerca del momento en que le tocó poner en la computadora el punto final: “Menos mal que decidimos terminarla, porque ya pensaba en todo momento como un criminal”.

Zelkowicz se ríe, pero sabe muy bien que no fue poco lo conquistado: tres premios Tu Mundo en la categoría de mejor serie del año, un Emmy internacional como programa de idioma extranjero y, sobre todo, el favoritismo del público, que continuó pegado frente al televisor incluso tras la salida abrupta del protagonista, el actor mexicano Rafael Amaya, cuyos problemas de adicción a las drogas lo obligaron a internarse en una clínica de rehabilitación. Un suceso de rating que confía en replicar ahora con su nueva historia: Malverde, el santo patrón.  

Una producción de 80 capítulos acerca de Jesús Malverde Campos, el bandido mexicano, salteador de caminos quien a principios de siglo XX se hizo famoso por robar a familias adineradas de la región como los Martínez Castro, los Tarazona o los Fernández, para luego repartir el botín con los pobres.

Suerte de Robin Hood en torno al cual se ha tejido un culto sincrético que mezcla creencias propias del catolicismo con supersticiones populares. No en vano Malverde es venerado como un santo por miles, acaso millones, de personas que le han levantado capillas en su nombre en ciudades de México como Sinaloa, Culiacán, Tijuana, Badiraguato y Chihuahua, así como en Colombia y Los Ángeles.

El santo de los narcos, es conocido también. Solo que Zelkowicz aclara de inmediato que esta vez ni siquiera mencionará la palabra “narco”. Su historia, que sedujo a los altos ejecutivos de Telemundo a tal punto que no escatimaron en construir un pueblo entero en El Ajusco, el macizo montañoso ubicado en el extremo suroeste del Distrito Federal mexicano, y rodar incluso en plena pandemia –con los costos que supone garantizar las medidas de bioseguridad-; se centra sobre todo en la leyenda de un hombre que existió, pero del cual no existen fechas siquiera de su nacimiento. Así que la creencia popular suele celebrar su aniversario nada menos que el 24 de diciembre.

Luis Zelkowicz dice estar ansioso porque el estreno de esta súper producción, la más cara que se ha hecho en Telemundo, protagonizada por Pedro Fernández, Blanca Santos, Mark Tacher, Carolina Miranda y los venezolanos Mariaca Semprún y Alejandro Nones (además de una actuación del propio Rafael Amaya); ya tiene una fecha fijada para el último trimestre de 2021.

Pero también porque se ha dado el gustazo de hacer lo que le gusta: “escribir una representación moderna de una historia de época” muy al estilo de series que admira  como la inglesa Peaky Blinders y la alemana Oktoberfest: sangre y cerveza. Eso sin contar que, a diferencia de sus telenovelas Una maid in ManhattanEl señor de los cielos El Chema, podrá disfrutarlas sin “el cuchillo del rating cabalgando a su lado”, pues hace ya rato que le puso el punto y final.

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—Eso le dará a usted una ventaja como escritor. Digamos que se sentirá menos presionado por causa del rating.

Uno se siente presionado por el rating todo el tiempo. El tirano rating (se ríe). Recuerdo que cuando hicimos Quirpa de tres mujeres en Venezuela, la productora Alicia Ávila tocaba la puerta de la oficina de los escritores y esperaba por una escena que se iba a grabar inmediatamente y, además, salía esa noche al aire. Cuando estás en una situación como esa, cabalgas con el rating al lado y puedes intervenir la historia, es decir, cambiarla por causa del rating. A mí me gusta esa pelea con el cuchillo en la boca, eh. Es otra adrenalina, por supuesto. Pero esto de escribir con tiempo da un poco de tranquilidad. Aunque todo es tan relativo… Yo creo que una historia bien hecha, con personajes que no se traicionen a sí mismos en su línea de acción o de pensamiento, es una historia que debería funcionar. Claro que hay otros elementos como el casting, por ejemplo. Pero una buena historia siempre funciona.

—Es decir que sí se puede hablar de una fórmula para el éxito…

—Lo que creo es que dos personajes que se dicen cosas interesantes y que tocan  el corazón del público contra un backing, funciona. Esa es una frase que le escuché a César Miguel Rondón. Y la he comprobado. Ahora mismo recuerdo la telenovela Mirada de mujer, de Bernardo Romero, que era una versión de Señora Isabel, y estaba tan pegada que hubo un capítulo en el que pusieron a los protagonistas a improvisar. Él le interpretaba canciones a ella con una guitarra. Y el rating no se inmutó. Así que cuando algo está bien hecho, siempre pega.

—¿Cómo nació la idea de recrear la historia de Malverde?

—Esa idea estaba rondándonos por ahí desde hace mucho tiempo. Pero cuando decidimos que no haríamos más temporadas de El señor de los cielos, porque, imagínate, ya tenía ocho años pensando como un criminal, mi esposa me sugirió: ‘¿Por qué no haces Malverde?’. Lo habíamos hablado antes, pero de pronto hubo como un momento de revelación, así que me encerré a investigar profundamente. Yo sabía cuánto vive el personaje en la imaginería popular, cuánto vive en el pensamiento del mexicano e incluso en algunos países de Centroamérica, y cómo se ha ido metiendo fuertemente en el mundo narco. Inmediatamente armé una sinopsis y una propuesta como me gusta a mí: historias de ficción, con personajes absolutamente creados, pero que viven en un mundo real, que tiene referencialidad. Y hasta forcé un poquito la época, porque Malverde vivió entre 1870 y 1909, y yo me fui hasta 1910, porque lo quise meter en la revolución mexicana.

—Quiere decir que ha abordado el personaje desde la leyenda…

—Exactamente. Construí todo sobre la base de lo que es el proceso de creación de las leyendas. Es decir, en toda leyenda hay un elemento real alrededor del cual se tejen muchísimas historias y vertientes narrativas. Ese proceso se conoce como legendarización. Ocurre con los cuentos religiosos y con todo lo que tiene que ver con santos. Fíjate la cantidad de historias que existe en torno a José Gregorio Hernández, y eso que se trata de una persona más cercana en el tiempo. Hay documentos, hay hasta fotografías suyas. Hay más referencialidad histórica. De manera que las posibilidades de polisemia de la leyenda son menores. Pero, ¿quién te dice a ti cuáles son de verdad sus milagros y cuáles no? Yo tengo un amigo al que tuvieron que practicarle una cirugía del cerebro y él jura que quien lo operó fue José Gregorio. A mí se me eriza la piel.  Son cosas que me han preocupado siempre. Así que lo que hicimos en Malverde fue construir un pueblo de ficción de nombre San Blas de Vaca, personajes también de ficción, y los pusimos a vivir en un mundo real. E hicimos cruces con personajes interesantísimos. Ahí vas a encontrar a Pancho Villa, a Emiliano Zapata, al periodista americano John Reed, y por supuesto a una serie de personajes amarrados alrededor de todo este universo.

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—¿Dice usted que Malverde conoció a Emiliano Zapata?

—No, que se sepa. Pero ya la leyenda de Malverde ya existía cuando Zapata entra en escena. Entonces es muy probable que Zapata haya escuchado de Malverde. Hace tiempo escribí con Yolanda Pantin un guion acerca de Teresa de la Parra, y recuerdo que incluimos una secuencia en la que la escritora, que estaba en París, pasaba por una calle en la que estaban filmando El perro andaluz (de Luis Buñuel). ¿Quién me dice que eso no  ocurrió? Teresa vivía allá, Buñuel estaba rodando su película en el mismo año. Así que es un guiño a las posibilidades de la historia. En El señor de los cielos lo hicimos muchísimo. 

—¿Cómo es el Malverde de Luis Zelkowicz?

—Hay muchísimas versiones que se han construido a su alrededor. Hay incluso un elemento muy particular que es el que tiene que ver con la cultura narco. Porque las capillas de Malverde están llenas de ofrendas y de objetos relacionados con el negocio de las drogas. Pero yo no me quise meter con eso, porque eso ocurrió después. Malverde era simplemente un gran benefactor, una especie de Robin Hood rural mexicano. Su nombre proviene precisamente de su origen: Sinaloa, que es una zona muy boscosa, con muchos ríos y gran vegetación. Él saltaba de estos matorrales para asaltar a los ricos y ayudar a los pobres.  De ahí viene una de las acepciones de su apodo: “El mal que viene del verde”. Pero su nombre real era Jesús Suárez. Y sí… nosotros nos instalamos en la leyenda. Esto es una leyenda de 80 capítulos.

—La leyenda de “un santo”, además…

—Yo nunca había hecho nada con este género en específico, que se va más hacia lo religioso, porque se trata de un personaje muy interesante por su procedencia. Malverde es mitad blanco y mitad indio yoreme, que es una vertiente de los indios yaquis del norte de México y del Sur de Estados Unidos. Y la investigación nos llevó a todo ese universo yoreme. Por eso quisimos representar la mitomagia que está alrededor de este personaje legendario al cual se le atribuye una cantidad de cosas. Nos metimos incluso en sus rasgos como curandero. Por supuesto que la construcción de la leyenda tiene unas bases reales. Pero igual conduce inevitablemente al mito.

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—Y sin embargo, después de ver el tráiler, cualquiera se da cuenta de que se trata de un Malverde, digamos, de carne y hueso…

—Sí, de un Malverde humano, como todos los personajes que me gusta construir. Absolutamente de carne y hueso, con todas sus aristas, defectos y sus virtudes, y todas sus pasiones. Siento que eso es lo que mueve la identificación del público con las historias, no porque sea una cosa antropológicamente documental sino más bien porque toca los sentimientos de las pasiones humanas. A mí definitivamente me gusta escribir de pasiones humanas. Desde que empecé en esto de escribir literatura, cuentos. ¿Qué es lo que motiva a la gente? Una pasión por algo, por un amor, por una ambición, eso es básico.

—¿No teme que llegue un historiador y cuestione la veracidad de su historia?

—No me da miedo, porque esto es una historia de ficción. Es mi ficción. No la hice además para History Channel ni para Discovery. Fíjate que en El señor de los cielos solo le puse un nombre real a un personaje en 700 y tantos capítulos, y fue porque se me escapó. No me di cuenta. El de Ramiro Valdés, el general cubano. Por ahí Diosdado Cabello dijo en uno de sus programas: “Ese personaje soy yo”. Pero, mentira, no era él.  Podía serlo porque encajaba en el arquetipo del político al que nos estábamos refiriendo. Recuerdo que estábamos hablando del Cartel de los Soles. En El señor de los cielos tuve muy presente a Venezuela porque si el país se transformó en un narco estado, ¿cómo no íbamos a tocarlo? No es producto del azar ni un capricho mío. Fue producto de investigaciones serias acerca de cómo opera el narcotráfico allá. Venezuela es un punto importantísimo para ese negocio. Y se abordó de manera organizada y funcional, claro.

—Malverde también luce como un western…

—Claro, por la época. Y porque veremos a una banda de asaltantes de caminos..  Pero la intención nunca fue hacer una representación documental del momento histórico. O que fuera una producción absolutamente acartonada. El vestuario, por ejemplo, es una propuesta creativa maravillosa que le da un toque de modernidad a la historia. Y con respecto al lenguaje, tampoco quisimos copiar la coloquialidad de principios de siglo XX. Será algo más suelto, así que  te vas a encontrar con términos mexicanos modernos como “guey”.

—Mientras escribía, ¿sabía cuál era el tamaño de la producción?

—Ya estábamos instalados en lo que es una súper serie, sí. Sabíamos que sería una de las producciones de mayor envergadura de Telemundo, porque Marcos Santana y Karen Barroeta, que son los ejecutivos a cargo, siempre le tuvieron y le tienen gran fe al proyecto. También los productores David Posada y mi equipo de escritores, entre los que están Iris Dubs, Luis Colmenares, Juan Manuel Andrade y Carmina Narro, una dramaturga mexicana con la que he trabajado desde hace más de 23 años. La fe que le han puesto todos, incluyendo a los actores, es increíble. Y eso se siente en pantalla.

—Hablando de los actores, ¿qué tanto interviene un escritor en la elección de los actores y actrices?

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—Yo estoy con Telemundo desde Cara o cruz (2001), una novela que escribí a cuatro manos con Eliseo Alberto, el escritor cubano, que fue mi gran amigo y colaborador. Así que soy de la casa ya y afortunadamente sí participa uno. Creo que de alguna manera uno se ha ganado esa inclusión en ese tipo de decisiones. Y mi relación con producción y con la directiva del canal ha sido muy provechosa y muy creativa. Creo que la impronta de Marcos Santana cuando comenzó al frente de la producción de los estudios, fue sumamente importante porque dijo: “Vamos a subirle los parámetros de calidad  a todo”. Y lo la hecho.

—Es cierto que Malverde es una producción de Telemundo, pero ¿habrá posibilidades de exhibirla en Netflix?

—Nosotros trabajamos para la televisión abierta, pero por lo general las producciones pasan después a distintas plataformas. El señor de los cielos estuvo en Netflix. A mí me gusta saber para quién estoy escribiendo, porque las plataformas exigen formatos distintos, por ejemplo, en cuanto a la cantidad de episodios.

—Hay diferencias entre escribir una historia para la televisión abierta y una para plataformas como Netflix, ¿no?

—Absolutamente. Para las plataformas como Netflix te puedes volar quizás un poco más en cuanto a fórmulas narrativas, ruptura de planos temporales y espaciales, es decir, que la historia vaya para atrás y para adelante, jugar con el pasado, con el presente y hasta con el futuro. Hay mayor libertad que en televisión abierta, donde quizás por el mismo hecho de que son muchos episodios, y que el público no tiene tiempo para verlos absolutamente todos, tienes que reiterar una y otra vez. José Ignacio Cabrujas decía que la telenovela es 30% de historia y creatividad y 70% de reiteración de esa misma historia. Debes reiterar las cosas cada cierto tiempo para que el público que está llegando no se pierda.

—Por cierto, muchos criticaron la serie ¿Quién mató a Sara?, de Netflix, porque estaba hecha con base en el melodrama. ¿Qué les dices?

—Mucha gente le tiene prurito aún al melodrama. Y yo creo que no debería ser así. El melodrama está íntimamente ligado al sentimiento del público. ¿Qué hay detonantes y trucos en el melodrama? Sí. Yo vi la primera temporada de ¿Quién mató a Sara? y me pareció que había una propuesta interesante desde el punto de vista de los planos narrativos. Se juega con el presente y el pasado. La segunda temporada sí que me pareció delirante. Los personajes perdieron absolutamente su dirección dramática y ya no me interesó. Y creo que es la gran crítica que se le ha hecho. Cuando un personaje está construido, debe tener necesariamente direccionalidad. No quiero decir que los personajes no cambien. “Si un segundo basta para morir, debe bastar también un segundo para cambiar”, decía Luis Alberto. Pero que todos estén cambiando todo el tiempo, no puede ser. Eso genera algo que se llama entropía, que no es otra cosa sino falta de direccionalidad. Entonces eso genera un extravío en los personajes y en el público. Pero el melodrama es un género tan adoptado y tan querido en América Latina que yo creo que cualquier producto que se haga en español y que esté bien logrado, será bien recibido. Siempre que se haga con respeto.

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