• Maria Iliana Monteagudo, de 64 años de edad; Steve Rosenthal, de 72 años de edad; Gimena Accardi y Nicolás Vázquez, dos reconocidos actores de Argentina; fueron algunos de los sobrevivientes de la tragedia. Todos coinciden en una misma frase: se trató de un milagro. Foto principal: Profimedia

Maria Iliana Monteagudo estaba dormida en la madrugada del jueves 24 de junio cuando una sensación extraña la despertó. “Es como si algo sobrenatural me despertara. Sentí algo extraño y pensé: ‘Oh, me olvidé de cerrar la puerta corrediza del balcón y el viento está haciendo ruido’ ”, relató al Washington Post. “Traté de cerrar la puerta corrediza y sentí que el edificio se movía. La puerta no se cerraba”.

Lo que escuchó después fue un crujido. Había una grieta en la pared de dos dedos de ancho que bajaba desde el techo. “Luego comenzó a ensancharse cada vez más mientras miraba”, contó. Una voz interior –comenta- le dijo que debía salir de allí cuanto antes.

“Corrí a mi habitación, me quité la bata y me puse cualquier vestido y sandalias. Corrí a la mesa del comedor, tomé mi bolso y mis tarjetas de crédito. Tomé la llave, apagué la vela que enciendo todas las noches por Guadalupe de México”, recordó.

Monteagudo, de 64 años de edad, bajó rápidamente por las escaleras. En el quinto piso –ella vivía en el sexto- hubo un ruido, y se dio cuenta de que el edificio se estaba cayendo. A Monteagudo le preocupaba que la aplastaran. “Pensé que si estaba bajando y bajando, bajando, bajando como un efecto dominó”, dijo. “Seguí gritando: ‘Dios, ayúdame, por favor ayúdame. Quiero ver a mis hijos, quiero ver a mis nietos, quiero vivir, por favor ayúdame, Dios’”.

Maria Iliana Monteagudo

Cuando finalmente escapó por una puerta, Monteagudo notó que tenía agua hasta los tobillos y varios cables la rodeaban. Se encontró con un guardia de seguridad. “Me dijo, ‘mamá, mamá, vamos, esto es un terremoto’. Yo le dije: ‘No, no es un terremoto, es el edificio que se está cayendo’”. Luego de trepar por un trozo de columna que estaba en el suelo, logró salir del edificio en el área de estacionamiento de visitantes.

Monteagudo, de origen cubano, lo perdió todo. Había llegado a Surfside, la zona en la que estaba el apartamento, el pasado diciembre. Le gustó la vista hacia la playa y el edificio. Nunca nadie le comentó sobre algún problema en la estructura.

“No me quedó nada, estoy igualita que cuando llegué de Cuba. Cero de todo. Toda la plata la había metido en ese departamento porque lo quise pagar en efectivo para no quedarme con una deuda mensual. O sea que me quedé sin dinero, porque ahora para recuperar ese dinero mediante demanda judicial, tomará años. Me quedé sin auto, sin casa, sin ropa. Y lo peor de todo, me quedé sin los recuerdos. Mi pasado completo estaba ahí, como la fotografía de la boda  de mis padres, y la mía. Todo, todo. Me quedé con la vida, que le agradezco infinitamente a Dios, y nada más”, narró a rfi.

“¡Ayúdame!”

Steve Rosenthal, de 72 años de edad, escuchó por primera vez el “trueno más grande” de su vida alrededor de la 1:30 am del jueves 24 de junio. En apenas unos segundos, “la cama y la habitación empezaron a temblar”. Pensó que estaba soñando, dijo al New York Post.

Poco tiempo después notó que empezó a caer polvo del techo, así que corrió hacia el pasillo, pero no pudo avanzar: el techo se había caído. De inmediato escuchó los gritos de sus vecinos. “Escucho a la gente gritar: ‘¡Ayúdame! ¡Ayúdame! ¡Sáquenme!’”, recordó Rosenthal. “Conozco a estas personas, estos son mis vecinos”, dijo el hombre. “Es algo bastante triste”. La impotencia se apoderó de él al no poder ayudarlos. “No se puede hacer nada porque todo el hormigón y todo se ha caído”, añadió.

Rosenthal dijo que es un “milagro” que haya logrado escapar con vida porque todas las unidades del edificio frente a la suya fueron completamente demolidas. “Una unidad más, y me voy”, contó.

Las fotos que Rosenthal tomó del pasillo común justo afuera de su puerta muestran el camino bloqueado por concreto, acero y otros escombros, aislandolo del resto de las unidades en el séptimo piso. Un largo trozo de metal con púas al que llamó “tenedor del diablo” cuelga del techo. “Abro la puerta y eso es lo que veo. Es como un tenedor del diablo, y se detuvo aquí en mi unidad”, aseveró.

Sobrevivientes del derrumbe
Steve Rosenthal. Foto: New York Post

Sin poder hacer nada para ayudar a las demás personas, se devolvió a su apartamento para vestirse y esperar que lo rescataran desde el balcón. “Estaba asustado”, describió mientras agitaba sus manos para ejemplificar.

De repente, estoy mirando por el balcón y había 40, 50, 60 camiones de bomberos. Fue una locura”, contó. Rápidamente los bomberos, a bordo de una carretilla elevadora, lo rescataron a él y a otras dos personas. “Gracias a Dios que estoy vivo, creo que mis padres me estaban cuidando”, aseguró.

Rosenthal vivió en ese apartamento en los últimos 20 años y nunca se alarmó por el estado del edificio hasta ahora. “Vi las grietas en el balcón, pero ahora que veo venir los informes de estos ingenieros estructurales… se deberían haber hecho cosas hace años, y tal vez sean negligentes, da miedo pensar en ello”, dijo.

Presentó una demanda contra el edificio el sábado y actualmente está trabajando con Global Empowerment Mission para ayudar a los sobrevivientes. Ya han recaudado más de 250.000 dólares, según informó al New York Post Michael Capponi, el fundador de la organización benéfica.

“Estamos hablando de la pérdida de todo”, concluyó Rosenthal.

Balance tras derrumbe

Nueve personas fallecieron y 152 están desaparecidas, de acuerdo con la información de la alcaldesa del condado de Miami-Dade, Daniella Levine.

“Todavía nos quieren en la tierra”

Cuando el ascensor abrió sus puertas en el hall del edificio, Gimena Accardi y Nicolás Vázquez notaron una enorme humareda. Una estampida de personas iba hacia la salida. “Mejor crucemos por las dudas”, le dijo él y corrieron hacia la puerta. Una vez en la calle, escucharon un fuerte estruendo “como nunca antes lo había experimentado en sus vidas”.

“No entendíamos qué pasaba. Si era un tornado, un ataque… Lo más parecido a lo que es una película… el estruendo, no lo habíamos escuchado nunca en nuestras vidas, era como en las películas, como si fuera una especie de terremoto, de ataque, de… no sé. Lo que ven en las imágenes. En ese momento no éramos conscientes de lo que estaba pasando. Sí teníamos una nube de polvo tan grande, junto con el ruido, que no nos podíamos ver. Estábamos uno al lado del otro y no nos podíamos ver”, comentó Vázquez en una nota de voz que recogió Infobae.

Entonces vieron cómo el edificio en el que vivían se desplomó y casi de manera milagrosa se salvaron. Se trata del Champlain Towers en Miami-Dade, Estados Unidos. Accardi y Vázquez son de los pocos afortunados que lograron salir con vida del derrumbe que conmocionó a Estados Unidos el 24 de junio. La historia de la pareja, dos reconocidos actores de Argentina, es una cadena de hechos fortuitos.

Sobrevivientes del derrumbe
Gimena Accardi y Nicolás Vázquez.

Accardi y Vázquez solían cenar en su apartamento, ubicado en el tercer piso del edificio. Sin embargo, en la noche del 23 de junio decidieron ir a un restaurante en las afueras de la ciudad. Allí se encontraron con Martín Bossi, un amigo de ambos y otro reconocido artista argentino. El encuentro lo publicaron en sus cuentas de Instagram. Al postre de esa noche lo llamaron panqueques “hechos por Dios”. Volvieron a casa un poco más tarde de lo previsto.

Al llegar, estacionaron el carro que habían alquilado en las afueras del edificio. En ese momento, comenta Vázquez en el audio, escucharon “algo que crujía”. Siguieron su camino. Al subirse al ascensor, marcaron el piso de su apartamento; sin embargo, se detuvo en el hall y vieron a las personas que corrían y decidieron salir.

La pareja ya se encuentra en Buenos Aires. Desde allí contaron en sus redes sociales la experiencia que vivieron. “Todavía seguimos procesando lo sucedido y agradeciendo sin parar a Dios, al universo, a los ángeles ya lo que sea por protegernos y salvarnos. No nos alcanzará la vida para agradecer este milagro. Todavía nos quieren en la tierra”, escribió Vázquez.

Por último, reflexionó: “Ahora es tiempo de estar con los nuestros y amar más que siempre. Me duele en el alma la cantidad de familias que no tendrán este final. Pido que puedan recuperarse y seguir adelante. Ojalá esto termine cuanto antes”.

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