• El equipo de El Diario hizo un recorrido por las principales calles y avenidas de la ciudad de San Cristóbal y conversó con algunos jóvenes que trabajan, día a día, bajo el sol y la lluvia en la informalidad. Foto: Carlos Franceschini

“Hay personas que no les gusta lo que hacemos, nos han insultado, nos han sacado pistolas, toca aguantar las humillaciones, no se puede hacer nada”, dijo Luis*, un joven de 17 años de edad que desde hace cuatro años trabaja limpiando vidrios en la ciudad de San Cristóbal, estado Táchira.

Luis sale de su casa en Valle Hondo, municipio San Cristóbal, cada mañana con su haragán –ya desgastado por el uso- y un envase lleno de jabón líquido mezclado con agua para rendir el producto. Estas son sus herramientas de trabajo para limpiar parabrisas de vehículos en un semáforo de la capital tachirense.  

Actualmente hay unos 25 niños y adolescentes trabajando de manera informal en las principales avenidas y semáforos de San Cristóbal, según cifras suministradas por Adriana Heredia, presidenta del Consejo de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes en el municipio San Cristóbal del estado Táchira, para El Diario.

Adriana Heredia, presidenta del Consejo Municipal de Protección del Niño, Niña y Adolescente | Foto: Carlos Franceschini

La organización no gubernamental World Vision aseguró en su más reciente informe que el trabajo infantil en Venezuela aumentó 20 % durante la pandemia. 

En el país, las últimas cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE) datan del año 2007 y reflejaban que 81.000 niñas, niños y adolescentes entre 10 y 15 años de edad estaban incorporados al trabajo. 

“Últimamente hemos visto en San Cristóbal que niños y adolescentes se instalan en diferentes zonas con la finalidad de limpiar vidrios o vender golosinas y eso ha venido en aumento”, puntualizó Heredia.

“Tocó salir a buscar lo mío”

Luis empezó a trabajar a los 12 años de edad. Estudió hasta primer año de bachillerato y se vio obligado a ayudar a su familia: lo que sus padres ganaban “solo alcanzaba para la comidita de la casa”, dijo en exclusiva para El Diario.

Asegura que en un día “bueno” obtiene entre 30 mil y 40 mil pesos (entre 8 y 11 dólares), y con eso ayuda a su familia con los gastos del hogar. Aunque eso no compensa los riesgos a los que se expone en la calle, pero tiene claro que prefiere trabajar que “buscar lo malo”, haciendo referencia a delinquir. 

A su corta edad se ha enfrentado a dificultades que un joven de 17 años no tendría por qué vivir, como acostarse sin comer o cambiar sus útiles escolares por implementos de trabajo. Antes de salir de casa se encomienda a Dios y le pide que le vaya bien. 

“Nos hemos acostado sin comer”: los testimonios que evidencian el aumento del trabajo infantil en Táchira
Luis se cubre del sol con una visera | Foto: Carlos Franceschini

Luis también trabaja como peluquero en su casa, hace tiempo hizo un curso en el Instituto Nacional de Capacitación y Educación Socialista (Inces) y lo pone en práctica en sus tiempos libres.

“Mi familia está orgullosa de mí, porque así no estudie, trabajo”, comentó. 

Su padre vende víveres en la calle y su mamá es trabajadora doméstica en casas de familia.

Le gustaría retomar sus estudios en algún momento, pero entiende que en estos momentos la crisis económica que atraviesa el país se lo impide. 

“Es difícil ver gente sufriendo, nosotros hemos aguantado hambre, nos hemos acostado sin comer”. Normalmente Luis trabaja hasta las 3:00 pm, pero si no ha recolectado suficiente dinero se queda hasta las 6:00 pm. Si no consigue transporte, se va caminando hasta su casa y demora hasta una hora en el trayecto.

“Nunca pensé llegar a este límite”

Adriana ofrece paledonias (catalinas) a un conductor | Foto: Carlos Franceschini

Adriana* tiene 17 años de edad, recién terminó el bachillerato y su sueño es cumplir la mayoría de edad para inscribirse en la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad (UNES). Mientras tanto, vende paledonias (catalinas) y brazo gitano (postre relleno) en La Concordia, San Cristóbal (Táchira).

Nunca imaginó trabajar siendo tan joven. Antes, su mamá velaba por ella y costeaba sus gastos, pero la situación económica se tornó compleja y tuvo que salir a buscar ingresos. 

“Nos hemos acostado sin comer”: los testimonios que evidencian el aumento del trabajo infantil en Táchira
Paledonias (catalinas) y brazo gitano | Foto: Carlos Franceschini

“Cuando estudié bachillerato fue difícil para mi familia. Mi mamá vendía café en la calle y, mucho o poco, ella me crió así. Mi papá está muerto, así que nos tocaba solas”, comentó Adriana para El Diario.

Vive con su novio en El Cucharo, municipio San Cristóbal, y cada día van a la capital de Táchira para vender sus productos. Dice que en una jornada productiva puede lograr hasta 50.000 pesos (unos 14 dólares).

Si bien siente miedo por estar en la calle, se llena de valor para salir adelante. Su mayor temor es que algún vehículo la atropelle o que otras personas le hagan daño y quieran robarla.

“Nos hemos acostado sin comer”: los testimonios que evidencian el aumento del trabajo infantil en Táchira
Adriana trabaja en una calle muy transitada | Foto: Carlos Franceschini

“Estoy acostumbrada ya, llevo la rutina y me toca aceptarla, aunque me gustaría vivir en un país donde pueda salir adelante”.

Al preguntarle sobre cómo se ve en el futuro, responde dubitativa pero dice que se ve como policía: “Trabajando honradamente para no depender de nadie”.

“No nos dejan trabajar”

Desde hace un año, Pedro* trabaja en la avenida 19 de Abril limpiando parabrisas de vehículos en un semáforo. Tiene 14 años de edad, es uno de los más jóvenes en ese punto de la ciudad y, a pesar de eso, muestra valentía para enfrentarse al trabajo de la calle y a los malos tratos de algunos conductores.

“Los policías están molestando mucho, nos corren de aquí y no nos dejan trabajar”, expresó Pedro en exclusiva para El Diario.

Pedro trabaja en la avenida 19 de Abril | Foto: Carlos Franceschini

Comenzó a trabajar en ese lugar debido a la situación económica que atraviesan en su hogar. Ayudar con la compra de comida y costear sus gastos personales fueron su principal motivación. No niega que le gustaría seguir estudiando y “ser alguien en la vida”, mientras tanto, asume su realidad con madurez y coraje. 

Cuenta que su familia se siente orgullosa de él porque trabaja y no se deja llevar por personas que quieran influenciarlo de manera negativa para desviarse de sus objetivos: trabajar y salir adelante.

“Este año me voy a Cúcuta (Colombia) con mi papá”, precisó.

“A mí no me ha llegado una oportunidad”

David* es el mayor de todos los jóvenes entrevistados por el equipo de El Diario. Tiene 19 años de edad, es de El Cucharo, municipio San Cristóbal, y trabaja desde hace un mes en las cercanías del Hospital Central vendiendo frutas y verduras a los conductores que transitan esa vía. 

Tuvo varios trabajos antes de este. Cortaba monte en terrenos, instalaba cercas en patios e incluso sembraba plantas en distintos lugares.  También trabajó durante año y medio en una finca ubicada en Rubio, municipio Junín del estado Táchira. Siempre encontraba una manera de rebuscarse en medio de las dificultades y la pandemia.

“Nos hemos acostado sin comer”: los testimonios que evidencian el aumento del trabajo infantil en Táchira
David es el mayor de los entrevistados | Foto: Carlos Franceschini

Empezó a vender frutas porque su papá lo hacía antes. Primero se ubicó en el terminal de pasajeros de San Cristóbal, allí vendía víveres, luego cambió de rubro y se trasladó al punto donde se encuentra actualmente.

De lunes a domingo se instala en el mismo lugar con su novia. Llega temprano, pero no tiene hora de salida, todo depende del tiempo que demore en vender la mercancía. A veces se va a las 6:00 pm y si no hay transporte debe caminar hasta su casa sin importar lo oscura que esté la vía y los peligros que pueda encontrarse en el camino.

A diario genera entre 10.000 y 20.000 pesos (entre 3 y 6 dólares). Con eso compra algo de comida para su casa: “Harina, arroz, aceite y unos huevitos, pero para comprar otras cosas queda muy difícil”.

Cuando decretaron confinamiento por la pandemia del covid-19 fue complicado para él y su familia. Después, la situación mejoró y pudo salir a trabajar y buscar dinero para subsistir.

“Hubo días donde uno no podía comer nada porque no tenía cómo”, relató David.

Las frutas que ofrece David | Foto: Carlos Franceschini

Siente miedo de sufrir un accidente estando en la calle. Ya ha tenido varios episodios “donde casi me lleva un carro o una moto”. También se mantiene alerta ante posibles antisociales que quieran hacerle daño o robar lo que produce a diario.

David es optimista, sale cada día con la mejor disposición y una sonrisa dibujada en su rostro. Es un joven tachirense con sueños y aspiraciones como cualquier otro y a quien le gustaría tener una oportunidad en la vida para dejar de trabajar en la calle y aspirar a un mejor futuro.

El papel de los organismos en Táchira

Cecodap publicó un informe en diciembre de 2020 donde expuso que al menos 830.000 niños y adolescentes venezolanos vivían sin uno o ambos padres como consecuencia de la migración. La presidenta del Consejo Municipal de Protección del Niño, Niña y Adolescente (CPNNA), Adriana Heredia, aseguró que ese es uno de los factores que motiva a los menores a salir de casa en busca de oportunidades laborales en la informalidad.

“Algunos niños dicen que viven solo con la mamá y deben ayudarla porque la situación económica no permite que con un solo sueldo puedan vivir varias personas”, explicó Heredia.

El CPNNA y la Policía Municipal de San Cristóbal (Táchira) hacen operativos constantes desde hace varios meses. Ambos organismos entrevistaron a los menores que trabajan en distintos sectores de la ciudad y evidenciaron que la mayoría de ellos vive en el municipio Torbes. Por tanto, establecieron enlace con el CPNNA de esa jurisdicción porque el de la ciudad de San Cristóbal no tiene competencia con esos menores. Su domicilio está fuera de la zona metropolitana.

Adriana Heredia | Foto: Carlos Franceschini

“Pasamos el caso al tribunal de protección de niños, niñas y adolescentes, al Instituto Autónomo Consejo Nacional de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes (Idenna-Táchira) para ver si todo el sistema de protección integral puede tomar acciones respecto a eso”, acotó.

Heredia explica que se trata de casos de mendicidad infantil y para disminuirla se deben crear programas de educación donde se inscriba a esos menores en una actividad u oficio. De igual forma, se hacen abordajes familiares para conocer la situación de cada uno.

“No ha sido un trabajo fácil de solucionar y evitar que siga aumentando”.

No obstante, entre marzo y mayo disminuyó la presencia de niños,  niñas y adolescentes en las calles de la ciudad gracias a los operativos. Actualmente han coordinado reuniones con la finalidad de crear un programa de capacitación y educación para incluirlos.

“También hemos realizado comunicados a los entes policiales del Estado para evitar situaciones de riesgo con los menores”, añadió Heredia.

Adolescentes limpiando parabrisas | Foto: Carlos Franceschini

Relató que en uno de los operativos en Táchira se toparon con un niño en condición de calle y en ese caso el CPNNA dictó una medida de protección y lo ubicó en una casa abrigo. Luego de las diligencias correspondientes, lograron contactar a una familiar cercano y lo reintegraron a su hogar.

La crisis económica que atraviesa el país, la hiperinflación y la migración forzada influyeron en el incremento de la mendicidad infantil en Táchira y Venezuela. A ello se le suma la paralización de actividades académicas de forma presencial desde marzo de 2020 debido a la pandemia por el covid-19; todo contribuyó a pulverizar las oportunidades de cientos de niños en la entidad andina.

Los nombres de los entrevistados fueron cambiados para proteger sus identidades*

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