• El mediocampista canadiense, quien se declaró persona no binaria y transgénero en 2020, es jugador del OL Reign en Washington y es uno de los dos deportistas trangéneros que participa por primera vez en unos JJ OO

Su nombre es Rebecca Quinn. Tiene 25 años de edad y fue el primer atleta abiertamente transgénero en competir en unos Juegos Olímpicos. Lo hizo con la selección femenina de Canadá, en donde juega en la posición de mediocampista. 

Quinn se identifica como una persona no binaria y anunció su transición de mujer a hombre en septiembre de 2020. Esta es su tercera participación en unos JJ OO luego de que en el 2016 ganara la medalla de bronce con su selección.

También juega profesionalmente para el OL Reign, un equipo de la Liga Nacional de Fútbol Femenino con sede en Tacoma, Washington, y es compañero de equipo de la estrella estadounidense Megan Rapinoe.

El primer atleta olímpico abiertamente trans en competir”, escribió Quinn en su cuenta de Instagram. “No sé cómo sentirme. Me siento orgulloso de ver a ‘Quinn’ en la alineación y en mi acreditación. Me entristece saber que hubo personas antes que yo que no fueron capaces de vivir su verdad debido al mundo. Me siento optimista por el cambio. Cambio de legislatura. Cambios en las reglas, estructuras y mentalidades”, agregó.

Legislación sobre la participación de atletas trans en JJ OO

En 2004, el Comité Olímpico Internacional (COI) aprobó un primer consenso sobre la participación de atletas trans en los Juegos Olímpicos. En ese entonces se determinó que los deportistas que habían hecho su transición a otro género antes de la pubertad podrían competir en cualquier categoría sin restricciones. 

No fue hasta 2015 que el COI emitió unas nuevas directrices que permitían a los deportistas transgénero competir siempre que su participación se adaptase a la normativa establecida por el organismo.

A pesar de la normativa vigente, las federaciones pueden imponer sus propias restricciones y reglas en algunos circuitos internacionales. 

Por ejemplo, la disciplina de rugby femenino no permite a las deportistas trans su participación en los torneos. El mismo ejemplo lo adoptan algunas federaciones internacionales que requieren niveles de testosterona más exigentes que los que establece el COI, como es el caso del atletismo, el tenis y el ciclismo para poder participar en la categoría femenina.

Esta exigencia es debido a que algunas mujeres, por causas genéticas, producen la misma cantidad de testosterona que los hombres. Ante esta situación, varias federaciones obligan a las mujeres con esta condición a someterse a tratamientos que reduzcan la producción de dicha hormona masculina.

El ente regulatorio anunció en marzo que esperaría hasta después de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, donde al menos tres mujeres trans van a competir, para entregar nuevas pautas sobre los atletas transgénero. 

El último reglamento del COI, que elimina ya la necesidad de operaciones quirúrgicas, establece que quien quiera participar como mujer tiene que declararse mujer, y que no puede cambiar de género al menos durante cuatro años para la práctica deportiva. 

Además, fija en un tope de 10 nanogramos de testosterona por mililitro de sangre el máximo que puede tener una mujer para poder participar en pruebas femeninas. Eso les exigirá la toma de medicación para bloquear la llamada hormona masculina, la de la fuerza y la barba. Por otra parte, para las mujeres que hagan la transición a hombres no hay ninguna exigencia.

Los atletas también esperan que cuando se anuncien las nuevas directrices del COI, los demás órganos rectores del deporte podrán decidir y actualizar las reglas.

Más de 120 atletas

El número de atletas LGBTIQ+ que compiten en Tokio es el más alto en la historia de JJ OO. Este año, 121 atletas abiertamente LGBTIQ+ están compitiendo, según un informe compilado por Outsports publicado a principios de julio.

El número es un precedente significativo desde su recuento de 56 en Río de 2016 y el total de 23 en Londres de 2012.

Igualmente, de los 121 atletas, EE UU representa el mayor número de atletas olímpicos con 30 personas que se identifican como miembros de la comunidad LGBTIQ+.

Así como Quinn, la neozelandesa Laurel Hubbard participará en Tokio como la segunda deportista trans. Lo hará en la disciplina de halterofilia femenina y en la categoría de peso superpesado de 87 kg el próximo 2 de agosto. 

Hubbard podría hacer aún más historia si consigue alzarse con la medalla, un triunfo que ha dicho que no solo será individual sino también colectivo. La atleta, de 43 años, también es una de las participantes de mayor edad dentro de su categoría deportiva. 

La neozelandesa inició su transición en 2013, participando hasta entonces en competiciones de halterofilia masculina, aunque no a nivel internacional.

A pesar de los venideros avances, los atletas trans no solo se enfrentan a restricciones institucionales, sino también al debate público por su condición de cambio de identidad. Es un tema abierto y que se espera, luego de que concluyan los Juegos Olímpicos, que se establezcan más medidas que puedan garantizar mayor inclusión en todo el mundo. 

A lo largo de este artículo, se hace referencia a Quinn como “él” en lugar de “ella” para respetar sus deseos sobre el uso de pronombres y su identidad de género.

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