• Acaba de presentar un concierto en streaming en el que repasó su historia. Recientemente grabó una canción con Yasmil Marrufo. Asegura estar en el constante aprendizaje de encontrar gozo en lo que hace. Cortesía Señor Luc

En Casablanca, Rick Blaine le dice a Ilsa Lund que siempre les quedará París. Sí, el cine, pero en el resto de la vida, siempre quedarán los ochenta, una década que permanece inmediata, a pesar de que los implacables años insistan en alejarla.

Los sonidos de la época, como el agua indetenible, permean insaciablemente, y también, sus protagonistas que mantienen su escena, siguen conscientes del origen, pero también en el constante desafío del presente, no solo en música, sino en interpretación del mundo, con otras visiones y maneras de andar.

La música en Venezuela es ebullición, y entre tantas, en los ochenta el pop asentó a un grupo de compositores y cantantes en la cultura popular, próceres del ritmo, la melodía y la armonía que aún resuenan. Karina tiene su pedestal, desde el que no solo revisa lo logrado, sino que prepara el futuro. Claro, con precaución. En la vida, no hay nada seguro, como bien ella afirma.

Hace pocos días ofreció por streaming el concierto Her Story:  Karina, la voz, un reencuentro con seguidores, anécdotas y recuerdos. Un momento  que sirvió también para que desde distintos países, se evocaran tantos sentimientos, amalgamados en la voz de la cantante. 

En 2021 cumple 30 años en Miami. «Ya tengo más tiempo acá que en otro lugar en mi vida», dice. 

Cortesía Señor Luc

En el concierto por streaming contó que a los 16 años de edad fue la primera vez que se presentó en concierto. Fue en una plaza de toros. ¿Qué recuerda de ese momento?

-Suena cursi, pero fue absolutamente mágico. Yo nunca me había presentado ante tantas personas. Era habitual hacer shows en lugares grandes como plazas de toros. Fue un show de Sábado Sensacional, en la época en la que había venido el papa (Juan Pablo II) a Venezuela. Me presentaba con el mismo vestuario que se usó para el disco de El taller del orfebre. Fue muy natural. Recuerdo que uno de los técnicos me dijo que le diera. Me dio un empujoncito, que considero fue el empujoncito de la suerte. Un momento maravilloso. A partir de ese momento, todo me pareció natural. Sentí que era lo mío, no me era extraño ni raro. Me gustó. Repetí muchas veces esa experiencia en la misma dimensión.

En la primera parte de la presentación online vistió un suéter rosado como el que vemos en la portada de Amor a millón, su primer disco. ¿Es el mismo de aquellos años?

-(Ríe). No, no, es una réplica. Nada que ver. (Ríe). Ni peso lo mismo, ni sé dónde quedó ese suéter. Hicimos recreaciones de muchas cosas. 

El año pasado estrenó la canción «Me quiero», en la que figura en los créditos como autora. Comenzó también a escribir canciones con «Sin máscara», de su segundo álbum. ¿Qué podemos esperar ahora de su futuro como artista?

-(Ríe). Es delicado planificar hoy en día. Tenemos que haber entendido que uno hace un plan, pero todo está en control de Dios, del mundo, de los chinos, y otras tantas cosas. (Ríe). La semana pasada grabé una canción nueva. Haremos video. Este año también saqué una colaboración llamada «Prefiero ser la otra». Quizá a finales de octubre salga mi nuevo tema. Estamos agarrando esta onda de los reguetoneros de sacar tema por tema. Eso del disco no se está haciendo. Para mí la prioridad es reprogramar las fechas que quedaron guindando. Hay un proyecto importante para Venezuela, para el que tratamos con uñas y dientes hacerlo antes de que termine 2021. La idea es retomar los conciertos, pero dependerá de la dinámica de los países y su regulaciones. Falta también el streaming de Venezuela es mujer, un show que produzco con las divas venezolanas: Diveana, Elisa Rego, Kiara y yo. 

Si bien el concierto del pasado fin de semana fue de reencuentro y celebración, también hubo cabida a la reflexión sobre esos momentos en los que consideró que no era valorada lo suficiente, situaciones adversas, los pensamientos sobre lo que falta por lograr, una constante en la vida del artista

-Tú lo acabas de decir. Artistas o no, hagamos lo que hagamos en la vida, tenemos esos momentos de duda. Muchas veces existen esas frustraciones. Nos comparamos con otros, y en mi caso personal, empujo y empujo, insisto, y a veces no logro los cometidos. Sin duda, los últimos años han sido complicados porque he tenido una vida difícil. Se han juntado muchos elementos. Pero he entendido que estoy viviendo el camino. Vivir el proceso, saber que no importa el destino sino disfrutar el camino. Todo eso lo he aprendido.  No tengo opción. No soy artista porque sea lo que hago, sino porque es lo que soy. No me puedo quitar la piel. Sigo aprendiendo a disfrutar más el proceso,  especialmente por cómo está la industria actualmente, en la que uno siente que la música de uno no la tiene fácil. Vivo de ese público que es mío, y me concentro en eso, en darle lo que quiere, y conquistar los espacios que se puedan. La industria está abocada a un género al que no pertenezco. Es frustrante porque los espacios se hacen más cortos, y yo pertenezco a otra generación. Sin embargo, soy una mujer de éxitos, que sigue empujando. Tengo mis momentos de flaquezas, pero luego se me pasa. Invento y reinvento miles de cosas. Busco oxígeno para mantener mi motor. Tengo muchos años haciendo todo solita. 

Bueno, creo que eso subraya en la canción, «Me quiero», una reafirmación personal en la que canta: «Yo soy el amor de mi vida, no hace falta que ni tú ni nadie lo diga»

-Exactamente. Mira, es muy bonito lo que acabas de decir. Refleja todas mis realidades. Me encanta la aprobación y el aplauso, pero al final todo radica en mí. Cuando uno no lo entiende, es una responsabilidad muy grande, a veces abrumadora. Después se transforman en las alas de tu vida. Que todo dependa de mí no es un peso. Es alegría y libertad absoluta. Estoy en el momento de ser lo que quiero. 

Los primeros años de su carrera estuvieron muy vinculados a Rudy la Scala, con quien además coescribió esa primera canción como autora, «Sin máscara». ¿Mantiene el contacto con él? ¿Qué aprendió con él sobre escribir canciones?

-Sí, mantengo contacto constante. Él vive en Los Ángeles haciendo otras cosas, pero creo que se está reactivando con sus canciones. Siempre quiero que cante conmigo, pero él es muy particular para viajar. ¿Qué aprendí de él? El valor de la música eterna. Mis canciones son muy honestas. La honestidad también vende. Y él era muy especial para escribir, canciones que son tan de él, dramáticas, despechadas, pero muy honestas. Me enseñó la honradez del oficio. Una persona de mucho honor. Hacía todo a lo que se comprometía. Hubo momentos en los que él llegó a arreglar todo un disco. Cuando lo sacábamos de estudio, sonaba horrible, y él de su bolsillo volvía a hacerlo todo. 

Se acaba de referir a la música eterna. ¿Cómo es la música eterna?

-(Ríe) Música que sigue viva a través del tiempo. No estoy comparando, ni mucho menos, pero un ejemplo clarito son los Beatles. Te puede gustar el reguetón o la música lírica, lo que tú quieras, pero a todos les gustan los Beatles. Une a todas las generaciones. La música sencilla, honesta y eterna. Mueren las personas y la música queda viva en la gente, que la sigue cantando, versionando.

Es una artista que se ha mantenido activa, pero hay una época con la que directamente se le asocia: los ochenta. Son unos años que siguen siendo atractivos para músicos más recientes, que recurren a ese período para encontrar sonidos, maneras de componer. ¿Qué opina sobre eso?

-Hay un artista que me encanta. Es una versión traducida de lo que hacíamos en los ochenta: The Weeknd. Creo que él busca sonidos originales de los ochenta. Suena como si fuera de la época, incluso su vocecita a lo Michael Jackson te recuerda eso. Fue una época muy prolífica. Siempre me enorgulleció que los artistas eran muy diferentes entre ellos. Era increíble el afán por ser distintos. Hoy muchos artistas suenan a otros. Los escuchas y no estás seguro si es lo que tú piensas. ¿Será Becky G o la otra? Es bien difícil identificarlos. Kiara no se parece a mí, ni Aditus a Daiquirí, ni Guillermo Dávila a Franco de Vita. Éramos totalmente individuales. 

Era muy joven en esos momentos. ¿Qué fue lo más difícil de adentrarse en una industria como esa?

-Tengo que ser honesta. Nada fue difícil. Al contrario, fue una aventura, una guachafita, una fiesta. Era un momento histórico en el que había Miss Venezuela, programas, telenovelas, shows, canales de televisión. Un fin de semana llegaba Mecano y el otro Peter Gabriel. Todo era luces y escarchas, por lo que para mí fue muy fácil. Yo era la mascotica del grupo. Todavía no era una persona adulta. Entonces todo el mundo me llevaba, me traía, me consentía. Además, rápidamente pegué. Gloria, gloria, gloria. Después de ese período juvenil, las cosas se empezaron a poner difíciles. Comenzó el proceso internacional, todo más serio. Hubo otras personas involucradas. El dinero tuvo consecuencias, problemas con la disquera. Entonces, lo que hacía para divertirme, empezó a ser un trabajo. Amanecía en lugares donde no sabía dónde estaba. Cuando comenzaron los roces con la disquera, se acabó el jueguito. Me di cuenta que era una artista y un producto, y yo también quería el mundo. Yo estaba en una empresa muy local, entonces comenzó lo difícil. Me frustré. Era todavía una niña, pero en un mundo de gente grande.

Me imagino que se refiere a Sonorodven…¿Qué problemas hubo?

-Sí. Yo quería ser más grande y esa compañía era local. Lograron licenciarme en México, donde fui grandísima. Pero llegó a venir gente de otras disqueras. Por ejemplo, vino a comprarme gente de Londres y Colombia, pero el dueño de la disquera no permitía. Sentía que era un pez muy grande en una pecera muy pequeña. Le dije que no servía así, que yo también quería todo,  que deseaba el mundo. Él decía que no. Entonces nos demandamos, empezaron las cortes. Me truncó la carrera durante muchos años. Ese fue mi primer retiro. Imagínate a una chica de 19 años de edad retirada. Quedé castigada muchos años. Por eso mucha gente se preguntó qué había pasado con Karina. Sí, desaparecí, pero ellos también me desaparecieron. Yo venía de la gloria total, y pasé al silencio absoluto. Eso me frustró. Empecé a engordar. Yo no tenía vicios, pero viví mi primer episodio importante de depresión. 

Imagino que por eso también surgió la idea de mudarse a Miami

-Correcto. Fue la primera vez que escapé. Yo era súper famosa y en ese momento la gente iba y me perseguía en la parte de abajo de tu edificio. Yo iba a un centro comercial y la gente salía corriendo detrás de mí. No tenía vida, y la poca vida que tenía, la dejé de tener.

¿Cómo fue comenzar en Miami? ¿Por qué esa ciudad?

Cortesía Señor Luc

-Mi mamá se mudó para acá. También mi hermano vivía aquí. En ese momento yo solo esperaba que pasara todo el proceso. Estaba aislada. Empecé a viajar. Me fui a Israel, donde viví seis meses. Todo ese asunto juvenil, uno dice que no quiere saber más más nada. También quise vivir esa parte de la juventud que no había tenido, como viajar y  disfrutar. Pero no recuperé nada de mi juventud. Viajé bastante, pero gasté todo el dinero que tenía mientras seguía el proceso de la corte. Después tuve que volver a negociar con el sello. Yo no me podía secar y necesitaba cantar. Volví a Venezuela, hice una telenovela. Chévere. Volvimos a hacer cosas, pero en ese momento Rodven empezó a vender la compañía. Me mudé a México, porque ellos abrieron una empresa allá. Quedé nuevamente en un limbo. También Miami empezó a ser una base, pero realmente no vivía acá. Mi plan no era quedarme, tenía mi apartamento en Venezuela. Solo quería estar un momento afuera. 

¿Qué tiene la música que hace que los músicos vuelvan a ella?

-(Ríe). Bueno, lo que te dije. No tenemos opción. No es una elección, la música te elige a ti. Estás confinado para siempre. Yo no lo puedo evitar. Hay muchas cosas que hago y me encantan, pero nada como la música. Es como la piel, no te la puedes arrancar.

Para muchos músicos venezolanos es un tema a resolver la migración a plataformas de streaming. Hay artistas que todavía no tienen control sobre la explotación de los derechos, especialmente de sus primeras obras. Veo que en su caso Amor a millón tiene como fuente a Omerta Music Group, mientras que otros discos tienen su nombre en los créditos y otros Maxximusic

-Bueno, igual. Hay una etapa en la que estamos todos en un limbo. Uno puede hacer un reclamo, bajan las canciones, pero las empresas aludidas son fantasmas, con sede en París o Arabia Saudita. Entonces a la semana vuelven a subir todo. Discos que no son de ellos. Nadie se imaginó lo que pasaría, por lo que hay discos cuya cinta de grabación nadie sabe quién la tiene. Las disqueras desaparecieron y no se sabe qué hicieron con ellas. Entonces, estos sellos fantasmas se aprovechan y suben el material. Yo acabo de firmar con Omerta Music Group y recientemente sacamos algunos álbumes, que son míos al final. Aunque sea para ver el repele, el cotillón. (Ríe). Son míos por derecho. Después de 25 años recaen en el artista. Los que hice con Maxximusic, la compañía de mi esposo, están bajo mi control. 

¿Qué la inspira en estos momentos? ¿Qué sentimientos y pensamientos rondan por ahí que veremos convertidos en canciones?

-¡Ay Dios! ¡Wow! ¡Qué pregunta tan fuerte! ¿Qué me inspira? Mira, estoy buscando inspiración diariamente. Ese momento que bien recogiste es real. Estoy atravesando un momento de un poquito de obstinación, de preguntarme ahora qué hago, dónde encontrar ese oxígeno que siempre me salva. Sé que está dentro de mí. Sigo escribiendo. Es una tarea que empecé hace dos años porque dejé de llevarlo a cabo durante muchos años. Quiero hacer cosas en las que exprese lo que quiero. Ahora en la pandemia se dio mucho lo de los grupos, eso de escribir temas con gente que no conocía. Nunca había hecho una sesión de compositores. Eso me da esa esperanza, esa luz. Acabo de escribir una canción, la que te dije que grabé la semana pasada, con Yasmil Marrufo. ¿Qué quiero? Seguir escribiendo, encontrar el gozo en lo que hago. Aprender a vivir este momento. He aprendido a vivir sin expectativas. Disfruto lo que se me presenta, aunque suene trillado. Estamos saliendo de una pandemia, pero nos encontramos con otra. En Venezuela me han dado tres fechas, pero no se da. Es incierto. Voy navegando en esta incertidumbre mientras encuentro en mí el motivo. ¿Qué me motiva? Yo misma.

¿Cómo se llama la canción con Yasmil Marrufo?

-«Aún estoy viva». Eso de reafirmarme, de seguir adelante, esa vaina de la mujer empoderada toda es verdad. (Ríe).

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