• La siguiente es una historia de cómo un grupo de cuatro personas decidió irse a la playa en un día de semana flexible y los gastos que acarreó dicha escapada

La conjunción del sonido de las olas junto con la brisa marina, además de las exquisitas comidas del mar y las imponentes puestas de sol, invitan a individuos y familias a visitar alguna de las playas ubicadas en los aproximadamente 2.700 kilómetros de costa disponibles en Venezuela.

Para hacerlo de la mejor manera se requiere más que simplemente empacar. Es necesaria una adecuada planificación, tanto en lo logístico como en lo económico.

Cuarentena flexible vs cuarentena radical

Es pertinente recordar que en las semanas de cuarentena flexible designadas por la Administración de Nicolás Maduro el desplazamiento entre ciudades es más fácil, además de que todos los sectores productivos están habilitados para trabajar. Cosa que no ocurre con las semanas de cuarentena radical, en las que muy probablemente habrá menos negocios abiertos y el desplazamiento puede resultar más engorroso debido a las citadas restricciones gubernamentales.

En una de las recientes semanas de “flexibilización”, un grupo de cuatro personas decidió emprender un viaje a mitad de semana a Puerto Cabello desde Valencia. El grupo reservó dos habitación en un hotel céntrico de la ciudad porteña, de 30 y 20 dólares por noche.

¿Pago en bolívares o divisas? Pregunta la recepcionista. Al recibir como respuesta que las habitaciones se cancelarían en moneda nacional, la mujer replicó que no tenían punto de venta. Pago móvil o dólares son los métodos de pago que aceptaban en ese hotel. Se canceló por pago móvil, esperando que no fallara la señal de Internet y tener que reiniciar el proceso.

Los gastos en la playa

Una vez instalados en el hotel, el grupo decidió ir a una playa cercana. Al llegar notaron que a pesar de ser un día jueves, el lugar no estaba tan solo y que los promotores turísticos que se encontraban allí, se hallaban bien organizados. Estos guiaron a los visitantes hasta un puesto de estacionamiento y de inmediato dieron a conocer sus servicios.

El estacionamiento sale en 1 dólar. Si desean un toldo con cuatro sillas, son 8 dólares”, indicó uno de los trabajadores del sitio. Explicó que el costo del alquiler era de 10 dólares, pero ese día había una oferta.

El muchacho continuó con su exposición. “La cajita de cerveza está en 18 dólares. Si no tienen vacío, les prestamos una cava con hielo y saldría en 20 dólares”.

A partir de ese momento, las imágenes del mar Caribe en el horizonte se alternaban con la gente que se encontraba en la playa y los vendedores de productos del mar como “vuelve a la vida” y otras, entre otros. Dos potes de vuelve a la vida -similares en tamaño al de un frasco de mayonesa de tamaño mediano- eran vendidos en 10 dólares. No se preguntó por las ostras.

En los locales ubicados a la orilla de la playa, el plato más económico -una sopa de res o de pescado- costaba 7 dólares, la curvina mediana con dos contornos 13 dólares y los combos de tostones, ensalada y queso, pescado pollo se conseguían a partir de 20 dólares. Las bebidas a partir de 1 dólar.

Así llegó el final de la tarde. En total el gasto en la playa fue de 49 dólares -dos cajas de cerveza con hielo en 20 dólares cada una, el estacionamiento en 1 dólar y los 8 dólares correspondientes al alquiler del toldo-. Afortunadamente, este pago no representó un reto por el tema del cambio. 

Otros gastos

Ya de regreso en el hotel, los gastos de alimentación se sumaban a los de hospedaje y a la escapada playera.

En promedio, una empanada costaba un dólar, al igual que un café. Los desayunos americanos y criollos 5 dólares; los almuerzos y las cenas de 5 dólares en adelante por persona.

En total, por concepto de alimentos, el gasto entre todos en el viaje fue de aproximadamente 80 dólares, que, sumados a los 100 del hospedaje -al final nos quedamos un día adicional- y los 49 del día playero, totalizaron en tres días 229 dólares. Más de 70 dólares diarios en un país en el que   parte de la población aún percibe un salario mínimo integral de 2,41 dólares al mes aproximadamente.

Esto es tan solo un indicador más de que los problemas económicos estructurales de Venezuela siguen allí: pobreza extrema, hiperinflación, destrucción de la moneda nacional, industria, producción nacional en ruinas y un largo etcétera.

A pesar de que existe un segmento poblacional con cierto margen de maniobra en lo económico gracias a que recibe remesas de sus familiares, trabaja para el sector privado o tiene varios empleos, el acto de regalarse un día de playa sigue siendo un lujo que no todos se pueden dar. De allí la importancia de planificar hasta el más mínimo detalle si finalmente se decide emprender dicha aventura, más aún si el presupuesto es limitado.

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