• El Diario conversó con el comediante venezolano Víctor Medina para conocer detalles sobre su trayectoria y su vida en Argentina

Víctor Medina, mejor conocido como Nanutria, nació en San Cristóbal (Táchira), y tiene 32 años de edad. Es humorista, comediante y guionista desde hace una década aproximadamente y actualmente reside en Buenos Aires, Argentina.

Se graduó como ingeniero en Sistemas de la Universidad Santiago Mariño. Eligió esa carrera porque entre las múltiples opciones que tenía era “con la que más se sentía a gusto”.

Ejerció como programador mientras estudiaba e incluso un año después de graduarse. Sin embargo, desde que empezó en la comedia no volvió a desarrollar funciones como ingeniero.

Se define a sí mismo como un “niño de cyber” a quien siempre le gustaron las computadoras y la programación. Desde los 13 a los 18 años de edad pasaba su tiempo libre jugando en línea.

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Su afinidad con la comedia -como profesión- inició cuando tenía como 20 años de edad. Antes no había pensado dedicarse a ello de manera formal, solo lo veía como un hobby o una forma de entretenimiento en sus ratos libres. 

“Siempre me había gustado el humor, pero no había pensado, ni de cerca, hacer carrera”, dijo Víctor en exclusiva para El Diario.

Empezó a ver por Internet presentaciones de stand up de comediantes reconocidos y le surgió la idea de que él podía hacer lo mismo. Analizaba constantemente la forma en que esas personas hacían sus espectáculos, la escritura de los chistes y la organización que tenían para copiarla e imitarla como punto de partida. 

“En ese entonces (2010) yo vivía en San Cristóbal y no había nada allí para hacer stand up, así que empecé a hacerlo por Twitter, imitando la estructura que los comediantes usaban”, explicó.

Ese fue el punto de partida. Su interacción en Twitter le permitió crecer en esa comunidad, obtener popularidad y relevancia hasta el punto que, gracias a sus chistes, lo contactaron del que sería su primer trabajo como comediante en El Chigüire Bipolar (un medio de periodismo satírico). Él -dudoso y un tanto escéptico- aceptó el empleo y se mudó a Caracas, a la casa de un tío.

Fue rarísimo porque primero creía que era una estafa y segundo pensaba que era una locura, pero como cuando uno entra a trabajar a un nuevo sitio normalmente le dan tres meses de prueba, yo dije que lo máximo que podía hacer era trabajar ese tiempo y si no me gustaba pues lo dejaba así”, argumenta.

Allí desarrolló funciones como guionista de comedia. Básicamente debía sentarse todos los días en una oficina a pensar y escribir chistes. Recuerda que al principio se sentía un tanto extraño porque le parecía un espejismo que le pagaran por hacer comedia. 

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Escribía todas las ideas que le venían a la mente sin filtrarlas y con el tiempo aprendió a hacerlo de modo que solo anotaba las que verdaderamente le servirían. 

“Ahorita que tengo como 10 años dedicándome a esto. Ya lo entiendo como una profesión pero antes era muy raro, yo decía ‘esto es una loquera, esta gente me está pagando por escribir chistes’. Sin embargo, me adapté rápido y ahí me quedé”, agregó Nanutria.

En El Chigüire Bipolar empezó como redactor junior, luego pasó a redactor medio y al cabo de un tiempo se convirtió en jefe de guionistas; finalmente ascendió a editor de contenido, el puesto más alto al que podía aspirar en ese medio. 

En paralelo empezó a hacer stand up en Caracas porque ya tenía más agilidad para escribir chistes, así que decidió llevar su humor a la tarima y empezó a percibir ingresos por eso. 

“Esa carrera tardó más en arrancar, como año y medio más o menos, y ahí empezó a agarrar renombre. Pero al principio era un hobby”.

Su salida del país

En 2017 Nanutria aún trabajaba en El Chigüire Bipolar y -en paralelo- tenía un show de stand up viernes, sábados, domingos y un programa en la red de emisoras del Circuito Unión Radio La Mega, en horario nacional. En esa época el país atravesaba por una serie de manifestaciones de calle en rechazo al régimen de Nicolás Maduro que duraron aproximadamente cinco meses.

Medina recuerda que durante los meses de protesta se dañó su ventilador y el dinero que tenía en su cuenta no le alcanzaba para comprar uno nuevo. Decidió que ese era el momento de buscar oportunidades en otro país. 

“Yo dije ‘tengo un show tres días a la semana, un programa en horario nacional y no me puedo comprar un ventilador, creo que ya es momento de buscar un ventilador en otro lado’ y eso hice”, expuso.

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Se fue a México durante un año para probar suerte; allá vivía su hermana y tenía varios amigos.

Asegura que le fue bien, pero la aceptación y la popularidad no crecieron tan rápido debido a que la migración venezolana no es tan representativa en ese país. Su mayor público era mexicano y le tocó adaptar sus shows hacia ellos para forjar su audiencia poco a poco.

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En su estadía en México tuvo logros importantes como grabar su stand up en el Comedy Central y conseguir un trabajo de escritor de humor, similar al que tenía en El Chigüire Bipolar, en Caracas.

“Ese trabajo me ayudó a conseguir ingresos y seguir en la comedia, o sea que no tuve que cambiar de rama para lograr algo”, indicó Víctor.

De Norteamérica saltó a Sudamérica: Buenos Aires, Argentina, le fue “sorpresivamente mejor” y asegura se debió a que la comunidad venezolana es mayor allá. 

Al llegar empezó a hacer sus presentaciones como comediante y -progresivamente- estos se fueron llenando a tal punto que Víctor notó que ya no necesitaba un trabajo de escritor para cubrir sus gastos, sino que sus eventos le permitían vivir cómodamente. Al principio su público era solo venezolano y luego decidió expandirse y englobar a la población argentina. 

“Cuando me di cuenta ya no necesitaba trabajo de oficina, de hecho, nunca lo necesité. Lo que había aprendido en México, más la fama que había agarrado en Caracas, me sirvió muchísimo”.

¿Cómo vivió el confinamiento?

La pandemia por el coronavirus pausó sus actividades. Actualmente espera que Argentina y el resto del mundo regresen a la normalidad para retomar sus presentaciones y establecer nuevos planes a mediano y largo plazo. 

“Ahorita con la pandemia me reseteé, espero que el stand up siga creciendo porque estoy en pausa. No es que tenga un proyecto a 5 o 10 años,  pero espero recuperar este año que se me fue”, aseveró.

Recuerda los meses más ásperos de la pandemia como una época complicada y admite que tener tres podcast le ayudó a canalizar sus emociones, porque así le hablaba a otras personas que estaban en su misma situación y les servía de compañía. 

Hace un año estrenó el podcast “Aislados” junto con los argentinos Luciano Merella, Nicolás de Tracy y Lucas Lauriente donde hablan de sus vidas cotidianas y temas aleatorios con un toque de humor, además de dar un escape a las personas tras el encierro por el covid-19. También tiene -en solitario- “El Súper Increíble Podcast de Nanutria (El SIPDN)”, donde comparte con invitados sobre distintos tópicos: desde misses y astrología hasta desastres naturales y anécdotas personales. Ya ha publicado más de 140 capítulos de éste. Ambos trabajos audiovisuales los mantiene actualmente.

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“Me tranquilizaba saber que no era el único que estaba pasando por eso, sino que todos estábamos atrapados”, precisó Medina.

Ahora todo ha vuelto a su ritmo paulatinamente. Se siente a gusto en Argentina y no ve motivos para mudarse o sopesar la idea de emigrar a otro país. Admite que a los venezolanos los tratan de maravilla y se siente como en casa. 

Su tartamudez 

Víctor admite que su tartamudez nunca fue impedimento para presentarse libremente en sus shows de comedia o hablar en público. Jamás se sintió intimidado o burlado por esa condición, al contrario, pudo sobrellevarlo e incluso lo toma con humor.

“Fue más fastidioso de pequeño, en la primaria, pero después no. Nunca he sentido que nadie me haya puesto una traba en algo por la tartamudez. Que si un chiste o algo pero no pasa de ahí y si alguien lo ha hecho de forma ofensiva yo no lo he sentido así”.

Él tampoco ha perdido su acento. Habla con acento andino como si nunca se hubiese mudado de San Cristóbal, como si no tuviese años viviendo en Argentina. Cree que es por su personalidad, pues durante el tiempo que vivió en Caracas tampoco cambió su forma de hablar. 

Hasta para mí es raro no saber por qué no pierdo el hablar de usted y cosas así (…) a lo mejor es por algo de mi tartamudez que ya me acostumbré y prefiero no arriesgarme a cambiar pero siento que es ventajoso hablar así porque todo se entiende mejor y más rápido”, acotó.

Lo que más extraña

Su última visita a San Cristóbal fue para una presentación como comediante en 2019. Ya han pasado dos años desde entonces y anhela volver. Desearía que la situación del país mejore para viajar al menos una vez al año, visitar a su familia y hacer sus shows. La posibilidad de regresar para vivir -en un corto plazo- no está contemplada.

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“Extraño los desayunos, pasteles, empanadas, tequeños y los jugos. A mí me gustaban mucho los jugos de San Cristóbal y aquí en Argentina es muy difícil conseguir jugos naturales de frutas”, admitió.

También extraña llegar rápido a cualquier lugar. En Argentina -cuenta- cualquier sitio queda a unos 50 minutos de distancia, mientras que en San Cristóbal podía trasladarse fácilmente de una parte a otra y no tardar más de 15 o 20 minutos. 

Sobre su viaje más reciente al estado Táchira tiene una anécdota que no dudó en compartir. Fue una presentación en el teatro de la Universidad Nacional Experimental del Táchira (UNET). Tenían todo preparado, hasta el más mínimo detalle e incluso su equipo de trabajo alquiló una planta eléctrica para evitar que el racionamiento de electricidad afectara la presentación.

“La gente quedó encantada, el evento estuvo increíble y después de todo yo veo las fotos y resulta que se nos olvidó prender la planta e hicimos el show como si no hubiese luz y eso que alquilamos todo”, dijo entre risas.

El origen de Nanutria

Resulta casi inevitable no preguntarse, al menos una vez, por qué Víctor Medina decidió llamarse Nanutria en redes sociales y en sus eventos como comediante. Su respuesta al respecto es bastante simple. 

La verdad es que como no tiene sentido y es tan raro que en todas las redes estaba vacío siempre, decidí usarlo (…) la verdad es que no significa nada”, puntualizó.

Usaba ese alias desde muy joven: para jugar en el cyber, registrarse en Facebook, Instagram e incluso Twitter. Y cuando empezó a compartir contenido frecuentemente en esta última, la gente comenzó a reconocerlo y a llamarlo de esa forma: Nanutria; y así se quedó.

Víctor asegura que sus padres nunca lo han privado de nada, de hecho, lo apoyaron en sus primeros pasos como comediante cuando ni siquiera él entendía bien cómo le iría o de qué se trataba exactamente ese empleo.

“Ellos me decían ‘si alguien está dispuesto a darle plata a él (Víctor) por escribir chistes, algo hay ahí’ y creo que eso me ayudó muchísimo”.

Nanutria está enfocado en seguir creciendo profesionalmente, se siente pleno en Argentina y anhela presentarse de nuevo en el país en el que inició su carrera y formarse como humorista. 

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