• Un especial en palpitar de las comunidades desde el piedemonte andino de Barinas hasta el páramo merideño

Venezuela está repleta de caminos. Sendas de todo tipo que susurran en secreto su historia a quienes se atreven a descubrirlas. Algunas de estas rutas, vastamente conocidas, destacan por su combinación de historia, belleza y popularidad. Otras, como el Camino Ancestral del Carrizal, que va desde Santa María de Canaguá, cerca de las llanuras de Barinas, y culmina en Micarache, continuando hacia Gavidia, entre las montañas de Mérida, son más recónditas. Llevan consigo una marca de más de 500 años. Son paisajes llenos de contrastes que alguna vez recorrieron los indígenas de las comunidades Mucuchíes y Timotes, y que ahora, llenos de memorias, aguas cristalinas y tierras fértiles, se pueden recorrer con sus propios habitantes como guías. El equipo de El Diario se recorrió esta ruta durante siete días y conoció las historias de venezolanos comprometidos con los territorios que habitan, enraizados a sus llanuras y montañas, casi tan inamovibles como el terreno sobre el que descansan sus hogares.

En medio de un 2021 que arrastra consigo la pesadumbre que aqueja a Venezuela desde hace ya varios años, además de una pandemia que distorsionó las rutinas del mundo, ellos resisten. Han hecho de sus aldeas un país en el que creen en las posibilidades, a pesar de las heridas históricas que carcomen las bases de una nación que lucha por mantenerse en pie. Labran su futuro con el mismo empeño con el que trabajan sus tierras; intransigentes, se niegan a sucumbir ante las dificultades. Son unos venezolanos empecinados en que se conozcan sus senderos, sus luchas, sus deseos, su Venezuela suspendida en el tiempo.

Descubre este camino ancestral, descubre el especial sobre un país suspendido en el tiempo: Bienvenidos al Camino Ancestral del Carrizal.

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