• Sin programas de educación y estudios previos, el régimen de Nicolás Maduro ha puesto a girar las ruedas de estos establecimientos, con consecuencias preocupantes para 5 % de la población que presenta patologías del juego. “Pacientes de ludopatía están recayendo”, señala el psiquiatra César Sánchez Bello, quien advierte la necesidad de la prevención. Foto: EFE

Desde septiembre de 2021, los casinos están reabriendo sus puertas en Venezuela, después de casi 10 años de cese inmediato por decisión presidencial. El régimen de Nicolás Maduro autorizó la reactivación mediante la Resolución No.047 publicada en Gaceta Oficial No.42-088 del 3 de marzo de 2021, pero frente a esta pretensión oficial de insuflar la maltrecha economía con juegos de azar, la salud mental de nuevo pierde la apuesta.

Cesár, caraqueño excomerciante de 79 años de edad, acudió a uno de los casinos ubicado en Las Mercedes, en el sureste de Caracas, dejando de lado la recomendación médica de no jugar más. Forma parte de ese 3,5 % a 5 % de la población que tiene serios problemas con su comportamiento lúdico, según estudios psiquiátricos recientes. Descarta llegar al rango de 0,5 % y 2,5 % de personas que presentan signos de trastorno adictivo a los juegos de azar, pero sabe que se arriesga.

Yo jugaba mucho en cuatro casinos, en los que siempre estaba metido de cabeza. Me gustaba mucho jugar en las máquinas de poker y había que esperar bastante porque todas estaban ocupadas. Y me ‘enfiebré’. Me tuve que tratar porque no paraba y gastaba hasta lo que no tenía”, relata. Ahora jura que será “más cerebral y responsable” a la hora de estar frente a las máquinas.

El regreso de casinos y bingos ocurre no solo sin frenos ni advertencias ante el avance de la pandemia, sino además sin estar acompañado de programas de prevención ni estudios de incidencia de prevalencia que permitan proteger a la población en riesgo, esa que no ve al juego como sana diversión. Y tiene consecuencias.

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César Sánchez Bello. Foto: Cortesía

Estudios recientes indican que por cada persona que tiene problemas con su manera de jugar, se verán afectados entre 5 y 10 miembros de su núcleo familiar, al que arrastra con él cuando se va al foso, advierte el psiquiatra César Sánchez Bello, especialista en adicciones, especialmente al juego.

Más jugadores pierden el juego

“Pacientes de ludopatía o con trastornos adictivos al juego están recayendo, con los efectos negativos que eso tiene para ellos y sus familias”, señala el tratante experto desde 1982. “Tengo cantidad de pacientes con esta patología que es una enfermedad crónica, progresiva, recurrente, multifactorial e incurable”.

Y advierte: “Los juegos de azar no son juegos, son algo muy serio”. Aún más en Venezuela, donde los juegos de azar están arraigados en la cultura popular.

La Organización Mundial de la Salud, en la nueva Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) que entró en vigor el 11 de febrero de 2022, considera al juego patológico un mal mental crónico que afecta la vida personal, familiar, laboral y social. También lo señala la Asociación Psiquiátrica Americana, a través de su manual de enfermedades mentales que es el DM-5.

Se abre la rueda: ¿qué está ocurriendo?

La Resolución del Ministerio de Relaciones Interiores, Justicia y Paz reactiva solamente la Comisión Nacional de Casinos, Salas de Bingo y Máquinas Traganíqueles y le ordena cumplir la Ley y su reglamento. Sin embargo, no anula la prohibición de 2012. La norma establece que es deber del Ejecutivo implementar el programa de recuperación económica, crecimiento y prosperidad económica para mejorar e incentivar y sostener los sectores económicos. Pero no señala nada sobre la salud mental .

Los juegos de azar pueden beneficiar al Estado a través de los impuestos generados, eso está bien, aunque pudieran destinarse a salud y educación, por ejemplo. Pero estudios en todo el mundo señalan las graves consecuencias que pueden generar para personas de tercera edad, jóvenes, familias y comunidades, si los problemas están asociados al juego patológico, entre otros, y no son efectivamente identificados”, indica Sánchez Bello. Aunque deja claro que 95 % de las personas juega de forma recreativa, sin problemas.

Ante esto, los juegos de azar, por los factores diversos que implican, exigen “una estrategia preventiva, educativa, legal, de control y supervisión, de represión incluso, para aprovechar al máximo esos beneficios que se pretenden obtener a través de los impuestos”, plantea.

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Población vulnerable, lo serio del juego

El especialista menciona las pérdidas que padece el jugador adicto y su familia. Por ejemplo, la aparición de enfermedades relacionadas con el estrés y el suicidio, pasando por los efectos de tipo familiar, laboral y financiero. “Hace unos años, en Margarita (Nueva Esparta), un estudio demostró el aumento de casas de empeño cuando comenzaron los juegos de azar”. Los efectos negativos pueden implicar hasta la comisión de delitos.

En los estudios se ha establecido además que el porcentaje de personas con problemas de juego patológico aumenta en las regiones donde hay más posibilidades para jugar, bien sea de modo legal o ilegal.

Foto: EFE

La situación, dice, es preocupante al repasar las poblaciones vulnerables al juego. “Estudios han encontrado que los adolescentes tienen el doble de probabilidades de tener problemas con su manera de jugar, más que los adultos; y en universitarios se triplica. Lo vimos recientemente cuando comenzaron los juegos de poker promocionados por videos y canales de televisión. Y están las personas de tercera edad, por factores de tipo biológico, familiar, soledad y el ocio”, precisa.

La mujer también aparece en la población de riesgo. En la relación por géneros era tradicionalmente de una mujer por cada tres hombres, a excepción del juego en máquinas tragamonedas. “Ahora, con todos los cambios del estilo de vida, la mujer ha aumentado su inclinación por el juego. Por esa razón, desde el 2001 la relación es ya de una a uno”.

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Además de eso existen otras poblaciones de riesgo, apunta Sánchez Bello. “Son personas que tienen trastornos de atención, trastornos adictivos con el humor o trastornos de ansiedad, trastornos de personalidad. También empleados de casinos y bingos. En estos el riesgo es mucho mayor que en las personas que no realizan esta actividad”.

Entre la prevención y el marco legal

El Estado tiene la obligación de preservar la salud de los venezolanos y de legislar considerando la situación que se deriva de la actividad comercial de los casinos, pero la ley no lo prevé.

Foto: EFE

Sánchez Bello recuerda que hace 10 años la providencia administrativa No.58 establecía el deber de las salas de juego de informar y prevenir la enfermedad. Una de las obligaciones era notificar a los jugadores sobre daños a la salud mental, y tenían que dar una charla mensual a la comunidad. “Hasta se obligó a colocar relojes y calendarios porque la sala de apuestas sin ventanas se convierte en un espacio atemporal”, explica Sánchez Bello.

En la ley no está previsto un programa de prevención, por lo cual supone que la actividad lúdica distribuida en 30 casinos en todo el territorio nacional, 10 de estos solo en la Gran Caracas, aumentará los riesgos.

“Es una actividad en la que no hay conciencia. No hay un estudio de la incidencia de prevalencia y diagnóstico de la situación y por eso es fundamental la educación; tiene que haber unificación de esfuerzos, una política nacional sobre juegos, porque es un tema complejo. Está bien legalizar, pero cómo lo vamos a hacer. Si hay tan bajos salarios, ¿por qué están abiertas tantas casas de juego? ¿Cómo será eso en Barinas, en Portuguesa, en Falcón? Y no hay control de admisión. Por eso los programas de prevención y tratamiento, con un presupuesto para el estudio del tema, son indispensables en estos momentos para abordar el juego patológico por juegos de apuestas”.

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