• Orianna Camejo, editora y creadora de Lecturas de Arraigo, conversó con el equipo de El Diario para dar a conocer las bases de su propuesta y, sobre todo, para analizar el presente literario de Venezuela. Asimismo, Alejandra Banca, autora de Desde la Salvajada, conversó sobre su proceso de escritura. Foto principal: Vanessa Guacache

La curiosidad de Orianna Camejo por la literatura comenzó al ver la inmensa biblioteca de sus abuelos. En ese momento, vio los lomos con títulos de cientos de obras y, sobre todo, de enciclopedias que eran apreciadas por su abuela. Muchos años después, con una licenciatura en Letras, en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) un diplomado en Edición y un camino marcado por la migración, comenzó un proyecto editorial para descubrir, en sus propias palabras, una literatura cargada de vitalidad. 

La primera semilla la puso su abuelo. Él le brindó textos, la acompañó en su curiosidad por Harry Potter y, luego, al entrar a la adolescencia, su perspectiva literaria tomó su propio camino y se centró en la grandilocuencia de los clásicos europeos y la historia de aquellas épicas. Siempre, aunque le costaba, era capaz de encontrar en un libro el impulso para terminar su lectura. Nunca un libro fue dejado a la deriva, con un marcaje en una página, vejado al olvido.

Esa querencia marcó sus primeros años en la carrera de Letras y, poco a poco, sintió la necesidad de mirar hacia adentro a través del vínculo de la literatura venezolana. Quizás en busca de una respuesta o, siquiera, de los signos que brindaran claridad ante la bruma de incertidumbre. 

Mi primer año (en la carrera de Letras) fue en 2011. Estaba enamoradísima de los clásicos y pensaba hacer la tesis sobre la épica moderna en Middlesex de Jeffrey Eugenides. El punto cúspide de eso fue en 2014: yo tenía que leer Shakespeare en medio de las protestas y, sencillamente no pude. Ahí empezó ese gusanito de tratar de entender lo que pasaba a mi alrededor a través de las letras venezolanas. Esa fue una obsesión revelada por Letras y es una pulsión que mantengo”, comenta en exclusiva para El Diario.

En ese instante, mientras suena Stevie Nicks al fondo del café Acid en Madrid, España, Orianna ríe al recordar ese viraje. La tesis que en un principio fue pensada sobre la obra de Eugenides, se modificó y ahora su preocupación teórica estaba centrada en la modificación semántica del “malandro” en la literatura venezolana. 

—¿Al final cuál fue tu tema de tesis?

—La ruptura del barrio. Agarré Salsa y Control de José Roberto Duque, publicada en 1996, y mi idea era que a partir de ese año, con toda la ruptura simbólica e identitaria del país, la relación del malandro y del barrio se quebró. En los setenta existió la idea del malandro Robin Hood, pero ya no. Empecé con José Roberto Duque y luego tomé otros cuatro libros y el relato de Presovisión de Domingo Michelli en Tristicruel

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Ahora, su salida de Venezuela fue rápida e, incluso, extraña. No fue a una ciudad reconocible por los demás, tampoco por ella misma. Era un misterio en el norte de México. A las tres semanas de su graduación se fue para Monterrey. Un paso al vacío en un lugar hostil, fronterizo, pero, a su vez, amable en sus vínculos humanos. 

Lecturas de Arraigo
Oriana Camejo, de camisa verde, de lado derecho | Foto: José Miguel Ferrer

“Yo me fui en 2017. Fue un año espantoso. Me fui a los 23 años y a las tres semanas de graduarme. En un principio, hubo mucho arrepentimiento de haber migrado. Yo estaba pasando por una crisis profesional y juraba que al salir del entorno venezolano eso se iba a resolver, pero no fue tan sencillo. Decidí irme a Monterrey, un poco, por amor. No sabía nada de la ciudad antes de irme”, explica. 

Esto no ocurrió. Y, al contrario, descubrió una riqueza profesional en otros oficios de servicio a los demás. La literatura se detuvo durante un tiempo y sus pasos, inciertos y a la deriva, fueron marcados por la hostelería, la gastronomía y el café. “Me fui a la deriva y dejé de estarlo hace dos años, justamente con el inicio de Lecturas de Arraigo. Yo estaba eternamente a la deriva”, agrega. 

Lecturas de Arraigo, una pausa ante la incertidumbre

El paso por Monterrey, con muchas enseñanzas y vivencias, había terminado y el siguiente destino era Madrid. Una ciudad mucho más reconocible para Orianna, ya que su abuela es madrileña, pero que, de igual manera, se presentaba de manera diferente cada vez que viajaba. En 2008 fue su primer viaje y en plena crisis económica y laboral se encontró con una ciudad enclaustrada en sus pesares. Poco a poco, esto fue cambiando y en 2019 ella tomó la decisión de emigrar por segunda vez.

Ahí nace Lecturas de Arraigo, como el resultado de una serie de experiencias, ideas y objetivos que se mezclaron con las capacitaciones del diplomado. “Jamás hubo un momento de eureka. Ha sido una idea que se ha ido fermentando desde el cambio de eje que tuve en la universidad que me hizo dejar esa obsesión por la gran literatura europea y voltear mi ojo a la literatura venezolana, tener esa pulsión presente”, dice.

Asimismo, también descubrió la realidad enlodada en la burocracia, del mercado editorial. Sus primeros referentes laborales en el entorno literario venezolano estaba marcado por un lema nunca dicho: “Grandes ideas muy bien ejecutadas con poco presupuesto”. Eran encaminadas con el sentido “guerrilla” de la precariedad. En España la cuestión es diferente; la preocupación es otra: los porcentajes y los vacíos del sistema permiten que sea, si no imposible, muy difícil vivir del libro. 

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Es un mercado saturado, con grandes emporios y un espacio pequeño para las editoriales independientes. Sin embargo, existe un apoyo conjunto que, de acuerdo con Orianna, le permite mantener la claridad ante el objetivo principal. “Eso es lo bonito de esto: somos muchos nichos. Hay muchas mujeres editoras llevando sus proyectos solas y ha sido espectacular que con este pequeño proyecto, migrante aparte, ya estoy haciendo alianzas. Hay mucha red de apoyo porque la burocracia nos consume”, explica. 

Ubicuo y Desde la Salvajada, el primer muestrario 

Lecturas de Arraigo

Las dos primeras publicaciones de Lecturas de Arraigo dan una idea de su objetivo. Aunque Orianna es clara que, aunque ella “diga misa y cante manifiestos”, el camino de la editorial es variable y, sobre todo, está atado a la percepción del lector y no a través de una idea a priori. Ubicuo fue el primer libro publicado bajo la dirección de Orianna y la presentación al mundo literario, tanto español como venezolano, de Lecturas de Arraigo. 

Ubicuo y Desde la Salvajada. Están disponibles tanto en físico como en digital en la página web lecturasdearraigo.com

Ubicuo es un libro recopilatorio, tanto de poesía como de narrativa, en el cual se entremezclan distintos formatos de presentación. La música, la ilustración y la literatura se presentan como un muestrario de algunos escritores noveles del país, desconocidos por la mayoría, regados por todo el mundo y alejados de los círculos perpetuos de la literatura venezolana. La selección fue realizada por Orianna Camejo, Miguel Ortíz, Daniel Chacón y Federica Consalvi. El diseño de la cubierta fue hecho por José Luis Hernández, el diseño web por Adriana Alfidi y el diseño sonoro por René Andrade-Martina. 

“Todo ha sido un fluir, casi vomitar, y luego cuando todo se ensambla entiendes su forma. Saqué la convocatoria y juraba que tendría que hacer el trabajo de buscar los textos. Yo quería contactar a gente como Ricardo Ramírez Requena, Ignacio Alvarado y pensaba en un primer momento entrevistar a otros editores venezolanos. Luego me di cuenta de que era un proyecto demasiado ambicioso. Recibí 30 escritos y 20 manuscritos. Por más que yo pueda decir que tengo mucho criterio, si es un solo criterio es viciado. Ahí contacté a Mike (Miguel Ortíz), a Daniel Chacón y a Federica Consalvi. Les envié todo y la selección se realizó bajo el criterio de los cuatro”, comenta. 

En esa primera publicación, realizada en marzo de 2021, se encuentran seis narradores, siete poetas, dos perfiles, un repertorio extenso de proyectos editoriales, dentro y fuera de Venezuela, y la marca de nueve artistas.

La siguiente publicación de Lecturas de Arraigo fue el libro de relatos titulado Desde la salvajada, escrito por Alejandra Banca. Éste llegó un año después que Ubicuo. Alejandra también participó, desde Barcelona, en la conversación de esta entrevista. Para ella es interesante -y ameno- que el inicio de la editorial se haya dado, quizás, en el mismo momento en el que su manuscrito se hizo público en un diálogo. 

El proyecto de la editorial y el libro en sí surge al unísono en el 2019. En ese año ella (Orianna Camejo) vino para Barcelona y conversando le comenté sobre mi trabajo y empezamos a hablar de la literatura venezolana. Ella quería crear un espacio para dar lugar a estas nuevas voces y ese mismo año le mostré mi manuscrito y el año siguiente ella fundó la editorial”, explica Alejandra en exclusiva para El Diario.

El esfuerzo de ambas se engrapa en un bosquejo que, además de la amistad, las unía: un sentido humano de la ficción. Los relatos de Alejandra conducen una experiencia de vida, dolorosa, llena de incertidumbre y visceral, pero sin la artificialidad de unos personajes creados solo para sufrir. 

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Orianna es puntual en este factor para explicar su búsqueda editorial: “Yo puedo cantar misa y cantar manifiestos sobre mis intenciones, pero creo que todos estamos ahogados en este presente que no sabemos cómo bajar y tragar. Hay dos cosas que me engancharon de Alejandra Banca: la primera fue que no era un libro que se tratara exclusivamente de las migraciones; sí, hay mucha hibridación del venezolano que se enfrenta a lo ajeno, pero hay mucho insilio. Lo segundo es que, más allá de la calamidad, tampoco es un enfrentamiento tan malo. Hay mucho de lo humano, no son caricaturas que solo sufren y no se anuncia al gran enemigo. No se busca un porqué ni se responde un porqué. Se sienten personas de carne y hueso”. 

La caricaturización del pesar venezolano y sus vertientes, de la crisis y la incertidumbre de aquel que se ha ido, han marcado una preferencia morbosa en cierta literatura. Sin embargo, Alejandra persigue los signos de la cotidianidad, aquellos que desde la pequeñez son capaces de englobar una emoción universal y ser, sobre todo, un símbolo más certero de una idea colectiva. “Fue una experiencia orgánica y visceral; una forma de liberar lo que tenía guardado de mi experiencia migratoria y de la experiencia de la gente que me rodea. Con estos relatos parto de lo particular hacia lo universal y una manera de mostrar a estos personajes es a través de la cotidianidad, de las cosas ocultas en la rutina”, dice. 

Lecturas de Arraigo es un proyecto que busca su esencialidad, más que en una idea clara, en un andar constante y moldeable, pero, en palabras de Orianna, no pretende llenar el vacío, tampoco caer en los mismos vicios conocidos, sino buscar una ficción, sobre todo narrativa, que en su haber como lectora la haga sentir distinta en cada oración. 

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