• La agrupación asegura que mantienen su estilo de composición e interpretación a pesar de las nuevas tendencias. Celebran su aniversario entre amigos

Fue el 13 de agosto de 1971 cuando Serenata Guayanesa se presentó por primera vez ante el público. Ese debut cara a cara fue en la Feria de la Zapoara, celebrada en Ciudad Bolívar. 

La aventura había comenzado pocos meses antes, en junio, cuando reunidos en la casa del entonces gobernador del estado, Manuel Garrido Mendoza, el cuatrista Hernán Gamboa, Mauricio Castro y los hermanos Iván y César Pérez Rossi cantaban entre amistades. Todo informal, hasta que el gobernador les preguntó por qué no grababan un álbum con música de la región. Dijeron que sí. 

Desde entonces, han sido muchos los escenarios, los discos, los países. Hernán dejó la agrupación en 1983. Un año después, Miguel Ángel Bosch se sumó al proyecto. Y esa es la alineación que se ha mantenido durante estas décadas, que no han estado libres de contratiempos. 

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Serenata Guayanesa

En años recientes se sumó Sabin Aranaga para sustituir a Miguel Ángel, quien tuvo que ausentarse temporalmente por problemas con la voz. De hecho, en 2018 hubo una campaña para recaudar fondos para su operación de la garganta. 

Mi regreso es un paso en esta lucha contra la adversidad. Las personas tienen que arriesgarse. Fui a operarme y las cosas no salieron como pensaba. Creí que podía subir un par de tonos más. Me hicieron una operación. Pero estoy en eso. Sigo en rehabilitación. Espero poder estar de nuevo en buenas condiciones, porque en la actualidad no es así”, afirma el músico, que no se amilana, y menos cuando hay celebración por tanta entrega y pasión.

Pero está de vuelta para celebrar estos 50 años de carrera, que no podían pasar inadvertidos. En 2021 todavía el mundo de la cultura no había retomado el rumbo de actividades pausado por la pandemia. Ahora, la agrupación loará cinco décadas con un espectáculo titulado La pulga y el piojo se quieren casar, que se llevará a cabo los días 16 y 17 de julio en la sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño. 

La obra de Serenata Guayanesa está en los recuerdos de muchos, de aquellos que han vivido el país a través de sus ritmos y melodías, aquellos que tienen una canción para alguna etapa de su existencia, alegrías del tránsito por este mundo, y en este rincón. Además, no se quedaron en el sur del país con el golpe guayanés y el calipso, que le deben mucho de su popularidad a ellos. Sino que se han adentrado con esmero y perfección en la gaita de tambora, la danza oriental, el vals, el joropo oriental, el merengue caraqueño, el aguinaldo, el joropo llanero e incluso en sonidos de otros lares, pero que se sienten propios por la cercanía, como ocurre con el bolero. 

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Serenata Guayanesa

El martes 12 de julio fue la rueda de prensa. Se llevó a cabo en la sala José Félix Ribas del Teatro Teresa Carreño. Hubo las acostumbradas preguntas de rigor sobre trayectoria, memoria y sorpresas del espectáculo, que tendrá como invitados a Francisco Pacheco, Vasallos de Venezuela, Cheo Hurtado, Annaé Torrealba, Ensamble Gurrufío y Mi Juguete es Canción. 

Serenata Guayanesa prefiere no hablar de legado. “Es feo alabarse. Lo mejor es que las personas comenten. Pero sí estamos muy honrados de llegar a 50 años de trabajo, a pesar de este tiempo de la pandemia, en el que estuvimos bajo perfil”, asegura César.

El nombre del concierto aniversario es una obvia alusión a una de sus canciones más famosas, con la que los niños han sido felices, y a la vez, han conocido una historia de colaboración, unidad, empatía y también peligro, como es la vida. Es una de las tantas del repertorio, como “A la una” o “El papagayo”, así como otras versiones que permanecen en los sentimientos de los adultos, como “Viajera del río”.

Ahora bien, hay obras no tan conocidas que merecen mayor atención. César menciona “Antigua receta de amor” como una de esas tantas. “La grabamos en nuestro disco de los 30 años. Lamentablemente nunca la he escuchado en las emisoras de radio”. Mauricio comenta que es un tema muy romántico. Ahora bien, le gustaría agregar “Qué bonita mi bandera”.

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César inmediatamente le hace honor a su amigo: “Bueno, Mauricio hizo un aguinaldo que vamos a cantar en el espectáculo. Nunca lo hemos cantado en vivo. Creo que será una de las piezas más aplaudidas. Se llama ‘Te vine a buscar”.

Miguel Ángel Bosch recuerda que son más de 400 canciones, por lo que es difícil elegir una. Pero César, con esa voz grave, le comenta que no olvide “Si la tierra, tierra fuera”, a la que Miguel Ángel le compuso la música. De Guillermo León

Recuerdan con orgullo constantemente la relación que ha habido con los maestros de las escuelas venezolanas, que han usado los temas de Serenata Guayanesa para distintas actividades académicas. De ser posible llevar registro, no alcanzaría un cuaderno para anotar las veces que se ha interpretado “La pulga y el piojo” en escenarios o patios de escuela.

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Ellos dicen que esa relación se mantiene, a pesar del paso del tiempo, y de cómo la tecnología ha generado otras formas de interacciones. Hubo una pausa por la pandemia, pero las actividades se han retomado. Mauricio: “En este momento estamos grabando una serie de mensajes para un colegio donde los niños representarán dos temas nuestros. Los maestros nos pidieron que les enviáramos unas palabras a esos estudiantes. De hecho, nos mandaron una foto por teléfono de un niño trajeado con liquiliqui que interpreta a Iván”. 

Han sido muchas las colaboraciones tanto en disco como en escenarios, pero seguramente hay alguna que permanece o quedó en la lista de pendientes. Iván entonces se incorpora por primera vez a la conversación. “Oye, me hubiese gustado cantar con Phil Collins (Ríen). Con Yoko Ono no, pero sí con el marido (Piensa) Lennon. Imagínate”.

Su hermano toma la rienda. “Mira, no es que hayamos cantado juntos, pero sí hemos compartido escenario. Hemos estado tres veces en el Royal Albert Hall. Una de esas veces estuvo Mercedes Sosa. Con Joan Manuel Serrat compartimos acá en el Poliedro, así como con Astor Piazzolla, que revolucionó el tango argentino”. Iván se acuerda de Los Cantores de Quilla Huasi, que él ama por la guitarrística y las voces. Tuvo la dicha de hablar con Oscar Valles, un hecho que equipara con estar con Dios.

Miguel Ángel le recuerda que en una de esas ocasiones en Londres cantaron con Toto La Momposina. Y vienen más recuerdos de los otros. Iván comenta que, en Cosquín, Argentina, tuvieron la suerte de coincidir con Raúl Barboza, y en una fiesta privada estuvieron con el guitarrista Eduardo Falú. “La gloria de la música argentina. Primero Falú, luego vienen los demás”. 

Aprovecha la memoria de Falú para decir con orgullo que a los músicos de otros países se les hace difícil el cinco por ocho que es común en algunos géneros tradicionales venezolanos. “El viejo nos tocó ‘Cantemos, cantemos’ para ver qué nos parecía. Le dijimos, perfecto, maestro”. 

César recuerda una anécdota con Renny Ottolina, cuando promocionaba una universidad en Ciudad Bolívar. “Se hizo un evento en la Concha Acústica. También estuvo un grupo vocal argentino llamado Buenos Aires 8, summa cum laude desde todo punto de vista. Nosotros estábamos empezando. Fue en 1973. Cantamos ‘El sapo’. Luego, se  acercaron en los camerinos porque no les entraba la síncopa de nuestra música. Nos pidieron que volviéramos a tocar”. 

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Claro, al menos que seas un músico como Nana Mouskouri, que puede tocar fácilmente un merengue en cinco por ocho, acota Miguel Ángel. Iván entonces empieza a enumerar una serie de artistas que ha conocido en otros países que se han sentido intimidados por el cinco por ocho, como el boliviano Hugo Loza. “Ni a los colombianos les entra”, detalla. Entonces, César dice que ya, que suficiente hablar de otros músicos. Mejor retomar la conversación sobre Serenata Guayanesa. 

Los nuevos estímulos

En cinco décadas se han sumado otros elementos a la dinámica de la apreciación del contexto. Ahora, tanto niños como adultos están rodeados de otros estímulos que pueden enaltecer, pero también dispersar las maneras, y en este caso, el disfrute de la música. 

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Serenata Guayanesa

Ese panorama ha sido asimilado por algunos autores, por lo que algunas canciones responden a otras reglas. 

Iván asevera que es ortodoxo. “Compongo como me siento, y siempre compongo para mí. A veces, cuando es por encargo de una empresa, cuesta más porque te esfuerzas. No sientes que estás haciendo el trabajo para ti. Yo soy ortodoxo: cuarta, dominante, séptima, tónica re mayor. Parto de los pocos tonos que hacemos con el cuatro. Como decía el maestro (Antonio) Lauro, la sencillez por sí sola es un acierto. Eso lo tengo siempre presente”. 

Sobre la preservación de la memoria, es difícil ahora encontrar un disco de Serenata Guayanesa en físico. Dichosos aquellos que mantienen los que se compraron entre los ochenta y noventa, o aquellos CD que hasta hace unos años eran reminiscencia en las extintas tiendas de discos del país. Ahora la única opción está en las plataformas de streaming como Spotify. Sin embargo, el grupo no tiene control sobre esas obras en los catálogos digitales. Personas ajenas a los autores han subido las canciones a esos nuevos medios.

“En eso estamos. Alguien está ganando gracias a eso”, asevera Iván Pérez Rossi. Miguel Ángel es quien se está encargando en buena parte de ese proceso de recuperación. 

Sobre un nuevo disco, no es un objetivo cercano. “No se puede hacer en estos momentos. Ahora todo es en línea: hacer una canción y sacar video”. 

La semana que viene harán un programa especial que será transmitido por los medios de televisión del Estado. Hay posibilidad de presentaciones en otras partes del país. 

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