• Los investigadores han considerado, durante mucho tiempo, que el cerebro controla nuestro sentido del tiempo. Sin embargo, un nuevo estudio sugiere que el corazón juega un papel importante. Ilustración: Simone Noronha

Esta es una traducción hecha por El Diario de la nota Heartbeat May Shape Our Perception of Time, Study Shows, original de The New York Times.

Es una perogrullada que el tiempo pareciera expandirse o contraerse según nuestras circunstancias: cuando estamos aterrados, los segundos parecen alargarse. Si estamos en soledad, el día pasa lento. Pero cuando debemos entregar algo antes de una fecha límite, las horas transcurren rápidamente.

Un estudio elaborado por psicólogos publicado en la revista Psychophysiology de la Universidad de Cornell descubrió que, cuando se observan en el nivel de milisegundos, algunas de estas distorsiones podrían ser impulsadas por los latidos del corazón, cuya duración varía de un momento a otro.

Los psicólogos les colocaron electrocardiogramas a estudiantes universitarios para medir con precisión la duración de cada latido, luego les pidieron que estimaran la duración de tonos de audio breves. Los psicólogos descubrieron que después de un intervalo más largo de latido, los sujetos tendían a percibir que el tono era más largo; mientras que los intervalos más cortos llevaron a los participantes a evaluar el tono como más corto. Tras cada tono, los intervalos de latidos de los sujetos se alargaron.

Una frecuencia cardíaca más baja pareció ayudar con la percepción, comentó Saeedeh Sadeghi, candidata a doctorado en Cornell y autora principal del estudio.

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“Cuando necesitamos percibir cosas del mundo exterior, los latidos del corazón son un ruido para la corteza”, explicó. “Puedes entender más el mundo, es más fácil asimilar cosas, cuando el corazón está en silencio”.

El estudio proporciona más evidencia, después de una era de investigación centrada en el cerebro, de que “no hay una sola parte del cerebro o del cuerpo que marque el tiempo; todo es una red”. Y agregó: “El cerebro controla el corazón, y el corazón, a su vez, impacta en el cerebro”.

El interés en la percepción del tiempo se ha disparado desde la pandemia de covid-19, cuando la actividad fuera del hogar se detuvo abruptamente para muchos. Las personas de todo el mundo estuvieron frente a periodos de tiempo que no podían diferenciar.

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Un estudio de la percepción del tiempo realizado durante el primer año del confinamiento en el Reino Unido encontró que el 80 % de los participantes reportaron distorsiones en el tiempo, en diferentes direcciones. En promedio, las personas mayores y más aisladas socialmente informaron que el tiempo se les hizo más lento, y las personas más jóvenes y más activas informaron que se aceleró.

“Nuestra experiencia del tiempo se ve afectada de maneras que reflejan, en general, nuestro bienestar”, comentó Ruth S. Ogden, profesora de psicología en la Universidad John Moores de Liverpool y autora del estudio durante la cuarentena. “Las personas con depresión experimentan una desaceleración del tiempo, y esa desaceleración del tiempo se experimenta como un factor que empeora la depresión”.

El nuevo estudio de Cornell aborda algo diferente: cómo percibimos el paso de los milisegundos. Comprender esos mecanismos puede ayudarnos a manejar el trauma, en el que las experiencias instantáneas se recuerdan como prolongadas, dijo Ogden.

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Al tratar de evaluar la importancia de una experiencia, añadió, “nuestro cerebro simplemente mira en retrospectiva y dice: ‘Bueno, ¿cuántos recuerdos creamos?’”.

Agregó: “Cuando tienes un recuerdo muy vívido, más de lo que normalmente experimentarías en un periodo de 15 minutos, tu mente puede engañarte para que pienses que fue largo”.

La investigación sobre la percepción del tiempo se ha centrado, hasta hace poco, en diferentes áreas del cerebro, detalló Hugo Critchley, profesor de psiquiatría en la Facultad de Medicina de Brighton y Sussex, quien ha estudiado cómo los latidos del corazón afectan la memoria de las palabras y las respuestas al miedo.

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Creo que hay una apreciación mucho mayor de que las funciones cognitivas están íntimamente vinculadas, tal vez incluso basadas en el control del cuerpo, mientras que la mayor parte de la psicología hasta la década de 1990 desestimaba el cuerpo como algo controlado a nivel del tronco encefálico”, explicó Critchley, quien no participó en el estudio de los latidos del corazón de Cornell.

Investigaciones previas han estudiado cómo la excitación física está conectada con el procesamiento del estrés y de estados emocionales como la ansiedad y el pánico, dijo Critchley. El nuevo estudio amplía eso al centrarse en el papel del corazón en una función no emocional —la percepción del tiempo— que puede vincularse a distorsiones más grandes en el pensamiento.

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“No puedes ver la función cognitiva de forma aislada”, dijo. “Incluso para entender cómo se desarrolla el cerebro y comienza a representar estados mentales internos, las personas están observando la primacía de la información interna e ineludible que se necesita controlar para mantenerse con vida”.

Una razón por la que el cuerpo puede estar estrechamente involucrado en la percepción del tiempo es que el tiempo está estrechamente relacionado con las necesidades metabólicas, especificó Adam K. Anderson, profesor de psicología en Cornell y coautor del nuevo estudio.

“El tiempo es un recurso”, puntualizó. “Si el cuerpo fuera una batería o un tanque de gasolina, averiguaría en tiempo real: ‘¿Cuánta energía tenemos?’. Percibimos que el tiempo corre más lento o más rápido según nuestra energía corporal disponible”.

Traducido por José Silva

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