• Cavelibro pasó de tener 110 afiliados, entre librerías, editoriales y distribuidores, a 20 afiliados en 2023

Una reconocida librería en el este de Caracas, con décadas de historia, cerró en abril de 2023, tras varios meses en liquidación y ofreciendo descuentos de hasta un 50 %. Esta tienda se suma a las más de 60 que cerraron en la última década, con una caída del 80 % que el sector librero busca detener.

“Agradecidos por el apoyo durante todos estos años y por su compañía incondicional hasta el último día”, expresaron los propietarios de la librería en su cuenta de Instagram, el estante virtual donde ahora muestra los títulos en venta y se comunican con los compradores.

El local, mientras tanto, ha estado en proceso de desmantelamiento, con cajas llenas de libros y equipos como muebles, computadoras y televisores arrinconados, según lo que se puede observar desde afuera.

Es la fotografía de un sector que se redujo un 80 % desde 2013 por la crisis, que ha tenido que diversificarse y que sintió poco la mejora económica que hubo en 2022, dijo a EFE el presidente de la Cámara Venezolana del Libro (Cavelibro), Julio Mazparrote.

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Esto, prosiguió, ha hecho que el país se pierda “novedades que hay en el mundo, de nuevos títulos que, lamentablemente, no llegan a Venezuela”, más que a través de particulares que tienen capacidad para importarlos.

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EFE/ Rayner Peña R.

Una década dramática para las librerías

Mazparrote explicó que la caída del producto interno bruto (PIB), de casi un 80 % entre 2014 y 2021, según estimaciones independientes, también afectó el sector de los libros, que previamente vivió una “época de bonanza”, durante la que se celebró una gran cantidad de ferias y mejoró el consumo.

Pero, desde el año 2013, factores como la falta de recursos para la importación de libros terminados y de materia prima para la producción local de obras, la pérdida del poder adquisitivo, la piratería y la migración afectaron al sector, que recibió la estocada en 2020 con el covid-19.

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“En la medida en que cae la economía, todas las distribuidoras o importadoras de libros fueron poco a poco cerrando (…). Las librerías también se vieron afectadas porque, al caer el poder adquisitivo, los consumidores dejaron de comprar libros”, dijo Mazparrote.

En los últimos 10 años, Cavelibro perdió el 81,8 % de sus afiliados, entre librerías, editoriales y distribuidores, que pasaron de ser 110 en 2013 a 20 afiliados en 2023.

La migración, además de significar la salida de “muchos consumidores”, hizo que se acumulara una “gran cantidad de libros” de “bibliotecas personales” dejados en el país que alimentaron “un mercado secundario”, donde se venden a “precios muy bajos”.

“Luego, cuando el mercado estaba extremadamente delicado, llegó la pandemia que terminó de hundir todo el sistema”, agregó Mazparrote. Esta situación hizo que la mayoría de las librerías que quedaron tuvieran que vender otros productos, como útiles escolares y juguetes.

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Las imprentas: otro sector reducido en Venezuela

Mazparrote, también vicepresidente de la Cámara Venezolana de Editores, que agrupa al 90 % de las editoriales privadas de textos escolares, aseguró que las imprentas “están prácticamente disminuidas a un 20 % de su capacidad”. De estar este sector en completo funcionamiento, no solo se cubriría toda la demanda de Venezuela, sino que también se podría exportar.

A finales de los años noventa y principios de los 2000, Venezuela fue exportadora de libros con países receptores como Perú, Colombia, Ecuador, Puerto Rico y República Dominicana, entre otros.

Un golpe para este sector fue una “política del Estado” que, de acuerdo con Mazparrote, no permitió que en los centros educativos públicos se usaran libros de editoriales privadas, sino de la gubernamental colección escolar Bicentenario. Sin embargo, esta ya tiene más de cinco años que no imprime.

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Mazparrote considera que para un renacimiento del sector es imprescindible que los privados puedan, de nuevo, ser proveedores en escuelas públicas y bibliotecas del Estado, lo que “permitiría dinamizar” a las editoriales, fuente no solo de empleo sino de “cultura”.

Además, consideró que tiene que haber “señales claras de una economía sana, en crecimiento”, para que las transnacionales puedan volver al país, así como “posibilidades de financiamiento y una reducción de la voracidad fiscal”.

El presidente de Cavelibro también ve importante que se discuta en la Asamblea Nacional, de mayoría oficialista, una reforma de la Ley del Libro, que data de 1997. Mazparrote consideró que la legislación debe incluir aspectos como la regulación de lo digital y reforzar el tema de la propiedad intelectual.

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Con información de EFE

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