Investigadores de diversas universidades china documentaron una relación entre la deficiencia de vitaminas (C, D, E, K y el complejo B) y el aumento en el riesgo de depresión en las personas adultas.
El estudio, publicado en la revista científica Frontiers in Nutrition, detalló que los investigadores realizaron una revisión de análisis anteriores para determinar cómo la ausencia de estos nutrientes intensifican los síntomas depresivos y aceleran el deterioro cognitivo en la vejez.
Para comprobar la hipótesis, los científicos examinaron con precisión 28 investigaciones previas de un total de 7.980 documentos que revisaron.
El resultado estableció que niveles de vitamina D inferiores a 20 nanogramos por mililitro en el organismo de una persona mayor de 30 años de edad se asocian con un incremento en la incidencia de depresión.
Asimismo, observaron que la suplementación combinada de vitaminas B6 y B12 demostró efectos en la disminución de síntomas depresivos, particularmente en subgrupos con baja ingesta nutricional.
De acuerdo con la Clínica Mayo, la deficiencia de vitamina B12 y otras vitaminas B se relaciona con la depresión, y sus síntomas pueden intensificarse en adultos mayores o pacientes con trastornos digestivos que limitan la absorción.
Mecanismos de las vitaminas en la función cerebral
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la depresión como una enfermedad mental multicausal que responde a factores genéticos, biológicos, ambientales y psicológicos. Estiman que cerca del 5 % de los adultos en el mundo padece esta condición.
William A. Wallace, divulgador de salud en el podcast Daily Value, resaltó algunas investigaciones que han comprobado la vinculación de los niveles reducidos de ciertas vitaminas con la interrupción de la producción de energía celular y la síntesis de neurotransmisores.
Este estudio chino logró determinar el papel de las vitaminas en la salud cerebral debido a su intervención en estos procesos:
– Vitamina B1: interviene en la producción de ATP (molécula de transferencia de energía) en el cerebro.
– Niacina (B3): contribuye a la mejora de la función mitocondrial (proceso celular de producción de energía), lo cual puede atenuar los síntomas depresivos.
– Vitamina C y E: contribuyen a la defensa frente al estrés oxidativo (desequilibrio químico que daña las células).
– Vitamina K: participa en la regulación de la inflamación y la función neuronal.
Los investigadores destacaron que la deficiencia de micronutrientes no es la causa de todos los casos de depresión, sino que influye en la función cerebral y la regulación del estado de ánimo.
Recomendaciones para el consumo de vitaminas
El estudio destacó que la integración de suplementos vitamínicos en el tratamiento de la depresión en adultos podría optimizar los resultados terapéuticos sin sustituir la cita psicológica o la receta de antidepresivos, en caso de ser necesario.
También mencionaron en la investigación que los adultos mayores, las personas con dietas restrictivas o quienes padecen trastornos digestivos constituyen los grupos más vulnerables a las deficiencias vitamínicas, por lo que un médico debe analizar el tratamiento adecuado para cada caso.
En ese sentido, los investigadores enfatizaron que la suplementación debe realizarse bajo supervisión médica, ya que dosis elevadas pueden generar efectos adversos o interactuar con otros medicamentos de los pacientes.
Para lograr una regulación en el organismo, los especialistas recomendaron mantener una alimentación que incluya alimentos ricos en vitaminas, proteínas magras de origen animal, vegetales de hoja verde, legumbres y huevos.