Durante años, las remesas se convirtieron en un salvavidas para miles de hogares venezolanos. El dinero enviado por familiares que emigraron permitió cubrir gastos básicos, comprar alimentos, pagar servicios e incluso enfrentar emergencias médicas.
Sin embargo, quienes dependen de estos recursos aseguraron en entrevistas para El Diario que la realidad ha cambiado y que cada vez es necesario recibir más dinero para cubrir las mismas necesidades.
“El dinero no alcanza”
María Rosa Pardo, de 72 años de edad, es una de esas personas. Desde hace dos años recibe 300 dólares mensuales que le envía su hijo desde el extranjero. Aunque la cantidad recibida es constante, afirmó que el rendimiento del dinero ya no es el mismo.
“Antes podía hacer mercado y pagar los servicios de la casa. Ahora esos 300 dólares apenas alcanzan para comprar parte de la canasta básica mensual y para cubrir unas dos semanas de proteínas”, relató.
Su experiencia refleja una situación que se repite en numerosos hogares venezolanos, donde la inflación y el aumento del costo de vida redujeron la capacidad de compra de los ingresos familiares, incluso cuando estos se reciben en divisas.
En cuanto a la canasta alimentaria a la que hizo referencia Pardo, el Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM) indicó que los 60 productos de alimentación, higiene personal y limpieza del hogar se ubicaron en aproximadamente 730 dólares para abril de 2026.
Por su parte, para José Carlos Duarte, de 68 años de edad, quien ocasionalmente recibe ayuda económica de sus hijos, el problema no se limita al monto de la remesa; también involucra el proceso necesario para retirarla.
Explicó que cuando recibe dinero a través de una agencia autorizada debe organizar buena parte de su jornada para completar el trámite.
“Es algo que uno tiene que planificar porque fácilmente se puede llevar medio día. Además, el pago es en bolívares y no en divisas”, comentó.
Duarte señaló además que percibe un cambio importante en el esfuerzo que realizan sus familiares en el exterior para ayudarlo.
“Antes el dinero rendía más, ahora no alcanza. Siento que mis hijos tienen que trabajar mucho más para enviarme una cantidad que al final alcanza para menos cosas”, expresó.
Ambos testimonios coinciden con las advertencias de especialistas sobre el deterioro del poder adquisitivo de los hogares venezolanos. Aunque las remesas continúan siendo una fuente de ingresos para miles de familias, su capacidad para garantizar estabilidad económica se ha reducido.
Lo que alguna vez permitió cubrir buena parte de los gastos mensuales, actualmente funciona más como un complemento para enfrentar una economía marcada por el aumento de precios y las distorsiones cambiarias.
Para quienes dependen de la ayuda de familiares migrantes, el desafío ya no es únicamente recibir dinero desde el exterior, sino lograr que ese dinero alcance.
Mercado de remesas en Venezuela
El economista Asdrúbal Oliveros señaló recientemente que las remesas hacia Venezuela se ubican entre 3,5 y 4 millones de dólares anuales, una cifra que representa aproximadamente cuatro puntos del Producto Interno Bruto (PIB).
Sin embargo, advirtió en un entrevista para Unión Radio que la remesa promedio mensual ronda los 80 dólares, monto insuficiente frente al costo de la canasta alimentaria del país.
A esta realidad se suma otro fenómeno, la creciente diferencia entre las tasas de cambio utilizadas en el mercado formal y las referencias que manejan los actores informales. Esta brecha lleva a personas a buscar alternativas fuera de los canales regulados para maximizar el valor de los dólares que reciben.
De acuerdo con declaraciones de César Atencio, presidente de Casa de Cambio Zoom a la emisora Éxitos, Venezuela recibe alrededor de 3,5 millones de dólares anuales en remesas, pero apenas 20 % de esos recursos ingresa por vías formales.
El ejecutivo atribuyó esta situación a las distorsiones cambiarias existentes y propuso al Banco Central de Venezuela (BCV) aplicar la tasa de intervención cambiaria a las operaciones de remesas para reducir la diferencia frente al mercado informal.
La iniciativa busca reducir la diferencia entre la tasa oficial aplicada actualmente a las remesas (la más baja del BCV) y las cotizaciones que ofrecen los operadores informales, una brecha que, a su juicio, impulsa las transacciones fuera del sistema financiero regulado. Sin embargo, la propuesta de Zoom no ha tenido respuesta por parte de las autoridades del organismo.