Las labores de búsqueda y rescate en Venezuela se mantienen activas tras los terremotos del 24 de junio, que provocaron el colapso de edificaciones, dejando más de 1.943 muertos, al menos 10.571 heridos y miles de personas aún desaparecidas, especialmente en el estado La Guaira.
Aunque las primeras horas tras un sismo suelen ser determinantes para encontrar personas con vida, los equipos continúan trabajando en condiciones complejas, donde el acceso a ciertas zonas sigue siendo limitado y aún persisten posibilidades de localizar sobrevivientes o recuperar a las víctimas.
En ese contexto, los perros rescatistas son una de las herramientas más efectivas dentro de los operativos de emergencia.
Cómo detectan a personas bajo los escombros
Los perros de búsqueda y rescate están entrenados para identificar el olor humano, incluso cuando una persona se encuentra sepultada bajo capas de concreto, acero o capas de escombros.
Su capacidad olfativa les permite detectar rastros mínimos de olor que pueden filtrarse a través de grietas o espacios reducidos en estructuras colapsadas, incluso a más de 10 metros de profundidad.
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Cuando localizan un posible punto con presencia humana, los perros cambian su comportamiento: comienzan a excavar, se detienen en un área específica o emiten ladridos intensos y repetidos. Esa señal es interpretada por sus guías como una alerta inmediata para concentrar allí las labores de rescate.
Durante las operaciones, el silencio también resulta fundamental. Los perros realizan las búsquedas guiándose principalmente por el olfato, por lo que un entorno controlado permite que mantengan la concentración y que sus guías interpreten con mayor precisión cualquier cambio en su comportamiento.
Además, durante su entrenamiento, trabajan en ciclos prolongados junto a sus guías, que deben interpretar su comportamiento en tiempo real para evitar falsos positivos y optimizar la búsqueda en zonas amplias.
Más de un centenar de perros desplegados en la emergencia
Según cifras oficiales, en Venezuela operan alrededor de 137 perros rescatistas, integrados a distintos equipos internacionales de búsqueda y rescate urbano (USAR).
Estos canes forman parte de un despliegue más amplio que incluye rescatistas, médicos, ingenieros y personal especializado, movilizado para atender la emergencia tras los terremotos.
Los perros provienen de diferentes países y organizaciones, y están distribuidos en zonas críticas donde el colapso de estructuras dificulta el acceso de maquinaria o equipos humanos.
Equipos caninos de América Latina, Estados Unidos y Europa
En Venezuela destaca Tsunami, un border collie que fue rescatado de una situación de maltrato y posteriormente entrenado como perro de búsqueda y rescate. Junto a su guía, Jorge Beens, ha logrado ubicar entre 12 y 13 personas con vida durante las labores tras los terremotos de junio de 2026 y suma más de 25 rescates de sobrevivientes a lo largo de su trayectoria operativa.
En América Latina, Colombia envió perros como Rojo, Candy, Dasta y Tamy, integrados al equipo USAR COL-1, uno de los más reconocidos de la región en rescate urbano.
Ecuador incorporó dos canes junto con rescatistas humanos, mientras que México desplegó cinco perros especializados, entre ellos Balam, como parte de un operativo que incluye también aeronaves, drones y personal militar.
Argentina sumó equipos conformados por binomios y trinomios de guía-perro, además de especialistas en estructuras colapsadas, veterinarios y personal logístico. Algunos de estos canes ya han participado en rescates de personas con vida en escenarios de colapso.
Fuera de la región, Estados Unidos envió equipos USAR con perros entrenados para localizar sobrevivientes en espacios confinados, mientras que países europeos como España, Suiza y Países Bajos también aportaron unidades caninas a las labores de búsqueda.
La Guaira, uno de los puntos donde se concentra la acción de los perros rescatistas
Las labores de los perros rescatitas se concentran especialmente en el estado La Guaira, una de las zonas más afectadas por el colapso de edificios tras los sismos.
En este estado costero, los equipos trabajan entre estructuras inestables, con acceso limitado y zonas donde aún se presume la presencia de personas atrapadas.
En ese escenario, la detección temprana de los perros rescatistas se vuelve determinante, ya que permite priorizar áreas de búsqueda y orientar a los equipos humanos hacia posibles puntos donde aún podría haber sobrevivientes.