Los reportes de cortes eléctricos se han multiplicado en distintas zonas de Venezuela, donde habitantes aseguran enfrentar interrupciones de varias horas y sin horarios establecidos.
En marzo de 2026 ya se registraban cortes de hasta seis horas en varios estados, en medio de un aumento de la frecuencia y duración de las fallas.
En Táchira, Barinas y Aragua, así como otros estados del occidente y oriente del país, los cortes eléctricos pueden prolongarse durante varias horas y ocurrir en distintos momentos del día, sin que los ciudadanos tengan certeza sobre cuándo comenzarán o cuánto durarán.
En ese sentido, tres personas detallaron para El Diario cómo enfrentan jornadas sin electricidad. Sus historias reflejan una realidad en la que el servicio eléctrico condiciona actividades cotidianas y obliga a las familias a organizar buena parte de su día alrededor de los apagones.
En Táchira pasan de seis a siete horas y lo enfrentan con un “kit de supervivencia”
Carlos Figueroa, técnico en refrigeración de 38 años de edad, vive en el sector Pueblo Nuevo de San Cristóbal. Cada mañana revisa el celular antes de salir porque los mensajes en el grupo de vecinos pueden alertarlo sobre un nuevo apagón.
El técnico aseguró que en su comunidad los cortes podían extenderse entre seis y siete horas. Algunos días enfrentaban dos interrupciones, mientras que en otros el servicio se suspendía una sola vez, pero durante más tiempo.
Ante los cortes, Figueroa armó un “kit de supervivencia” con una UPS, un dispositivo que proporciona energía eléctrica de respaldo a equipos electrónicos cuando falla el suministro principal, para mantener el router y la laptop, un ventilador recargable y una nevera portátil con hielo.
Su esposa, Rosmina, se encarga de organizar las compras de alimentos. La familia procura adquirir solo lo necesario para el día para reducir el riesgo de perder comida durante los apagones.
“Si hay luz en la mañana, cocino. Si no, compramos algo frío o comemos arepa con lo que tengamos”, explicó.
La actividad laboral de Figueroa también depende del servicio eléctrico. Los cortes le impiden soldar y utilizar herramientas eléctricas, por lo que una interrupción durante la mañana representa la pérdida de buena parte de la jornada.
El técnico contó que, cuando tiene la posibilidad, se traslada a la vivienda de un amigo en otro sector de San Cristóbal que sí cuenta con electricidad para hacer trabajos a domicilio. También señaló que la falta de un horario previsible dificulta organizar su trabajo.
“(La luz) Puede irse a las 9:00 am, a las 2:00 pm o a las 8:00 de la noche. No tiene un horario fijo”, afirmó.
Figueroa describió los apagones como una interrupción de la vida cotidiana. Una sensación que, recordó, ya había experimentado durante el apagón nacional que ocurrió en marzo de 2019, cuando el país quedó prácticamente paralizado por varios días.
“Ese día perdimos todo. La nevera se dañó, los celulares se descargaron. Fue el inicio de una nueva realidad”, añadió.
Seis años después, aquella experiencia sigue presente en su memora y los cortes actuales volvieron a instalar la incertidumbre en su rutina. Ahora no puede ni anticipar cuándo tiene que detener sus actividades.
Barinas: hasta nueve horas sin electricidad y dificultades durante la noche
Diana Sánchez, docente de 42 años de edad, reside en Socopó, estado Barinas. En su caso, la noche se ha convertido en uno de los momentos más difíciles debido a la falta de electricidad y a las altas temperaturas.
“En la noche es seguro que quitan la electricidad. Los teléfonos se descargan y quedamos incomunicados”, señaló.
Sánchez comentó que entre mayo y agosto de 2026 los apagones en la capital llanera pueden sumar hasta tres interrupciones durante una misma jornada, con duraciones de entre tres y cuatro horas. En algunos casos, esto representa hasta nueve o incluso 12 horas sin electricidad en un día.
La mujer cuenta que tuvo que incorporar el uso de una lámpara recargable a la rutina familiar debido a que la iluminación le permitía mantener algunas actividades durante los cortes, como ayudar a sus hijos con las tareas escolares.
Ambos tienen una bodega y procuran abastecerla con alimentos que se puedan vender en poco tiempo para reducir las pérdidas cuando las interrupciones eléctricas se prolongan.
Ella también relata que en algunas comunidades cercanas, los cortes se presentan de forma intercalada con periodos breves de electricidad seguidos por varias horas sin servicio.
Sánchez confiesa que prefiere quedarse en casa antes que salir a despejar la mente y gastar dinero en actividades fuera del hogar. Para ella, esa decisión también respondía a la necesidad de cuidar los gastos familiares en medio de las dificultades económicas.
“Uno se acostumbra, pero no está bien. Es una realidad que no debería ser ignorada ni normalizada”, afirmó.
Aragua: hasta seis horas sin luz y traslados para poder trabajar
Luis Mendoza, diseñador gráfico de 35 años de edad, vive en Turmero, estado Aragua. Los cortes eléctricos que enfrenta pueden extenderse entre cuatro y seis horas y ocurren a distintas horas del día.
“A mí en lo personal se me va todos los días en un lapso de cuatro, cinco o hasta seis horas. Algunas veces se me va a las 9:00 am, otras a las 2:00 pm, otras a las 8:00 pm. No tiene un horario fijo”, contó.
Como trabaja de forma remota, Mendoza ha tenido que buscar alternativas para cumplir con sus compromisos laborales. Cuando el servicio se interrumpe durante la jornada, se traslada a Maracay para trabajar desde un espacio de coworking que cuenta con electricidad durante buena parte del día. Para usar ese espacio, debe pagar 15 dólares diarios.
En otras ocasiones recurre a la vivienda de un amigo ubicada en un sector donde sí hay electricidad. Sin embargo, ni siquiera estos desplazamientos garantizan que pueda completar su jornada. En algunos días ha salido de su casa para buscar un lugar donde trabajar y, al regresar, se encuentra con que el servicio todavía no ha sido restablecido.
La situación también ha comenzado a hacerle considerar un cambio más drástico. Mendoza ha pensado en mudarse a Caracas para tener mayores posibilidades de mantener su actividad profesional sin que el servicio eléctrico determine dónde y cuándo puede trabajar.
A esto se suma la dificultad de explicar a clientes que se encuentran fuera de Venezuela por qué un trabajo puede retrasarse por una interrupción del servicio eléctrico.
“Es difícil explicarle a un cliente que está afuera que no puedes entregar algo a tiempo porque no tienes luz. Ellos no tienen porqué entender una situación que para nosotros se volvió cotidiana”, explicó.
Para Mendoza, el problema no se limita a las horas que debe permanecer sin electricidad. Cada interrupción puede implicar salir de casa, trasladarse a otra ciudad, pagar por un espacio de trabajo y reorganizar compromisos con clientes.
Las protestas registradas en distintos sectores de Aragua durante mayo y junio también reflejaron el malestar de las comunidades. Familias de varios municipios trancaron vías para reclamar por las interrupciones y exigir respuestas sobre el servicio.
Alejandro, habitante del sur de Maracay, resumió el malestar de su comunidad al señalar que los cortes nocturnos se han vuelto frecuentes y que los vecinos no reciben respuestas de las autoridades.
“Casi que es diario quedarnos sin luz en la noche. Lo peor es que no tenemos respuesta del gobierno”, afirmó.
Las historias de estos venezolanos muestran cómo las interrupciones eléctricas han dejado de afectar únicamente el suministro en los hogares para condicionar decisiones cotidianas, una situación que no es nueva para muchos venezolanos desde el apagón de 2019. Sin embargo, en todos los casos, la falta de certeza ha obligado a las familias a modificar sus rutinas y asumir costos adicionales para mantener actividades que antes podían realizar con normalidad.