• En El Diario conversamos con el sociólogo venezolano Trino Márquez y el sociólogo boliviano Julio Aliaga para analizar los dos casos

Una ola de múltiples protestas se registran desde hace más de un mes en diversas calles de Suramérica. Como si se tratase de la Primavera Árabe — que inició en el año 2010 con una serie de manifestaciones en Túnez y se propagó por 17 países del Medio Oriente — , las imágenes de cientos de ciudadanos que exigen la renuncia de sus gobiernos se repiten, a grandes rasgos, en distintos países de la región: desde Ecuador hasta Chile, pasando por Bolivia y emergiendo recientemente en Colombia. Sin embargo, con las condiciones económicas, políticas y sociales más alarmantes del continente, en Venezuela las convocatorias a protestar parecen haber mermado su capacidad de movilización.

La reciente renuncia del ex presidente boliviano Evo Morales y la asunción de un nuevo gobierno en ese país luego de casi 14 años, dio atisbos de esperanza a la oposición venezolana que desde 2013 busca la salida del régimen de Nicolás Maduro por la vía de la protesta, sin lograr resultado alguno hasta la fecha.

Tiempo decisivo. En Bolivia 19 días fueron suficientes para que Morales renunciara a su cargo.

El proceso también fue menos traumático que el nacional: de acuerdo con el Foro Penal, desde el año 2002 hasta la actualidad se han registrado 273 personas asesinadas en el contexto de las diferentes movilizaciones sociales en Venezuela. Además, la merma de las manifestaciones está signada por una migración que ya supera los 4.000.000 de venezolanos, según datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). En Bolivia, la cifra de víctimas mortales previa a la renuncia del ex presidente fue de dos personas.

¿Puede producirse entonces un movimiento social en Venezuela similar al de Bolivia que produzca el cambio de gobierno?

Los sociólogos Trino Márquez, de Venezuela, y Julio Aliaga Lairana, de Bolivia, analizaron para El Diario las características de las rebeliones sociales en ambos países.

El sociólogo venezolano Trino Márquez indica que el impacto que podría generar la situación boliviana en Venezuela no será automático, aunque no descarta que pudiese tener algunos efectos sociales, advierte que existen “notables diferencias” entre un caso y otro.

Sin apoyo no hay salida

Las grandes diferencias entre ambos procesos, coinciden los sociólogos, radica en el apoyo de los cuerpos policiales y de las Fuerzas Armadas de Bolivia al movimiento social, algo que desde la oposición al régimen de Maduro exigen al sector castrense venezolano.

“Los policías y los militares han sido claves. Seguramente si no se hubiera dado ese hecho, si no se hubiera producido el motín policial y luego el abandono del apoyo de las Fuerzas Armadas al presidente Morales, el final de todo este lío hubiera sido otro”, aseguró Aliaga. El sociólogo boliviano explicó que el fenómeno del alzamientos por parte de los militares tiene su origen muchos años atrás, por lo cual no fue un evento novedoso ni aislado en la historia boliviana.

Es muy importante para comprender este fenómeno saber que la policía en Bolivia tiene una larga tradición de enfrentamiento contra el poder establecido. En 1952, la revolución boliviana por excelencia, nació del motín policial con la derrota de los militares. Sociólogo Julio Aliaga Lairana

Otro elemento a considerar para comprender el alzamiento militar contra Morales, explica el catedrático boliviano, son las leyes que regulan el uso de la fuerza castrense en ese país. En el año 2003, cuando derrocaron al entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, el ejército disparó a la población, lo que dejó un saldo de 70 muertos. Con la creación del Estado Plurinacional en el año 2009, se estableció que cualquier desobediencia militar sería contestada de forma contundente por el gobierno. Sánchez de Lozada aún permanece en la cárcel por la masacre de los civiles, y representantes del alto mando militar recibieron penas de entre 10 y 15 años de prisión.

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En Venezuela ninguno de los representantes del alto mando militar ha sido enjuiciado por los asesinatos en las protestas de 2014 y 2017.

“¿Cómo se pretende que hoy día los militares en Bolivia salgan a defender algo que se había vuelto tiránico y que contaba en ese momento con la oposición del pueblo urbano, en las calles de todas la ciudades grandes y medianas?”, cuestiona Aliaga, y responde: “Eso el Ejército no lo iba a hacer y le pidió a Evo Morales que firmara un decreto liberándolos de toda responsabilidad si es que se producían bajas. No lo llegó a firmar. Sí ha sido firmado por la presidente Añez, y ese es el motivo que mantiene a los militares en las calles. Acá la diferencia está en que los tiranos de Nicaragua y Venezuela tienen a su lado las fuerzas represivas”.

Márquez coincide con esta aseveración y añade que el rol que juegan la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y otros cuerpos policiales en el ámbito económico de Venezuela es distinto al papel de las Fuerzas Armadas bolivianas dentro de la institucionalidad del Estado.

“En el supuesto de que hubiera un alzamiento masivo de las Fuerzas Armadas contra el gobierno de Maduro, creo que la gente saldría a apoyarlos, porque la sociedad está obstinada de la ruina en la que está el país. ¿Eso podría ocurrir? Hasta ahora no se ve posible porque hay una diferencia notable entre la experiencia boliviana y la venezolana. Evo Morales nunca estatizó empresas en la misma forma que se hizo con Chávez y Maduro. La estrategia acá fue la de comprar la cúpula militar. Les entregó el petróleo, el arco minero, la red de distribución de alimentos, el negocio de la gasolina, entre otros. Es muy difícil que se subleven”, comentó Márquez.

Dirección política y carácter social

Previo al apoyo militar, dice el sociólogo venezolano, es necesario que los liderazgos políticos reconduzcan el malestar social. “Para que la experiencia, el modelo o el ejemplo de Chile y Bolivia se traduzcan en efectos positivos en Venezuela, es necesario que ocurra un liderazgo que no existe en este momento. Los líderes han sido encarcelados, están en el exilio o en la clandestinidad. Para salir de esa frustración, para activar la fibra de resistencia y protesta de los venezolanos, es necesario que se conforme ese liderazgo colectivo, que haya una reconexión entre ese liderazgo y los intereses de la gente”, menciona.

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Situación similar atraviesa actualmente Morales. Desde México, dice Aliaga, el ex presidente boliviano no tiene un claro liderazgo. Otros integrantes que conformaron su Ejecutivo también se encuentran en el exilio o en la clandestinidad. De acuerdo con el sociólogo, esto hace que el caudal de protesta del ex presidente — superior a 40% de la población — esté contenido.

No veo un destino claro que pueda hacer que Evo Morales retorne, que asuma el poder de nuevo y que pueda recuperar lo que ha perdido Julio Aliaga Lairana

No obstante, Márquez diferencia el carácter de las manifestaciones en Venezuela con las de Chile o las que actualmente se producen en Bolivia contra la presidencia provisional de Jeanine Añez.

“Esos son grupos muy violentos, muy agresivos. No todos, porque se han incorporado sectores rectores y rurales, pero sí la mayoría. La oposición venezolana es fundamentalmente pacífica. No creo que se puedan establecer analogías entre este caso con lo que ocurre en Bolivia. Acá hay una lucha para restaurar la democracia, por derrocar a un presidente que es ilegítimo, que cometió un fraude no igual al de Evo, pero sí parecido. En Bolivia se trata de destruir la democracia, de imponer a un señor que cometió un fraude. Son cosas muy distintas”, sostiene Márquez.

A pesar de la contundencia de los partidarios de Morales, Aliaga considera poco probable que el rechazo al boliviano Movimiento al Socialismo (MAS) se pueda resquebrajar y recalca la firmeza que también han tenido los estudiantes y clases mestizas en ese país, de gran peso en la sociedad boliviana, a diferencia de la conformación social en Venezuela.

“Una parte del país, que es muy importante porque son fundamentalmente las ciudades con las clases medias urbanas y mestizas — recalco mestizas, porque es parte muy importante en este país, cosa que de repente no en Venezuela — , están unidas en contra de Evo Morales. Los barrios en todas las ciudades se han organizado, se han armado con palos. Han defendido sus ciudades. La presencia de la juventud ha sido enorme y aguerrida. Eso no creo que se pueda romper”, dijo Aliaga.

En cuanto a la unidad de la dirigencia política opositora, el sociólogo boliviano explica que si bien Añez forma parte del Movimiento Demócrata Social, cuarta fuerza política en las pasadas elecciones del 20 de octubre y el cual define como “un partido de la derecha democrática conservadora”, cuenta con el respaldo de la oposición a Morales.

“Cuando vengan las elecciones, todo depende del candidato — que no creo que pueda ser Evo Morales porque sería inconstitucional, pero pongamos que lograra imponer en la negociación su candidatura — , el conjunto de las fuerzas de la oposición irían en esta ocasión unidas en una sola candidatura con todas las posibilidades de ganar. Si el candidato del MAS no es Evo Morales sino cualquier otro, va a haber dispersión opositora porque todos se van a sentir con posibilidades de ganar y de llegar a una segunda vuelta”.

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Control social

Aunque los sociólogos concuerdan en que tanto Morales como Maduro han impuesto sus discursos en grandes grupos de la sociedad, Márquez asegura que en Venezuela esto juega un papel más determinante debido a que desde el régimen han inoculado el miedo en buena parte de la ciudadanía para evitar un alzamiento social. Si bien en Bolivia Morales usó tácticas similares a las del chavismo, no fueron acompañadas de casos extremos.

En primer lugar, el gobierno ha sido muy exitoso en inocularle el miedo a las poblaciones más pobres Sociólogo Trino Márquez

Debido a esto, no surgen protestas más contundentes en las barriadas. “Especialmente la represión de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) y de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB). Allí no hay contemplaciones de ningún tipo. Cualquier protesta por falta de luz, de agua, de transporte, cualquiera, es reprimida de forma implacable y con una crueldad desmedida”, agrega.

Los otros motivos que señala el sociólogo venezolano son la captación de ciudadanos a través de mecanismos de dependencia del Estado como la red de distribución de alimentos CLAP o el carnet de la patria. “Es un mecanismo de control, de intimidación”, advierte. Y por último, la imagen de “inmensibilidad” que ha creado el régimen chavista: “‘No nos van a sacar ni por las buenas ni por las malas’, dice constantemente Diosdado Cabello, por ejemplo. Eso crea una imagen de que el gobierno es inamovible, y eso lleva a la desmovilización”, acota.

Este control sobre las clases más bajas se presenta también, con matices, en Bolivia. A pesar de que Aliaga reconoce los logros y avances en la gestión de Morales en temas como la inclusión y la participación del sector indígena en espacios del poder en los que antes no participaba, explica que el gobierno masista creó un discurso de manipulación de los indígenas y campesinos en torno a la figura histórica del ahora ex presidente.

“Eso es muy importante para entender el apoyo que todavía tiene el MAS. Teniendo en cuenta que las bases de Morales adolecían de tremendas faltas de comunicación, además de ser muy ignorantes, con muy poca preparación, sin haber pasado ni siquiera por el colegio, terminaron creyendo y repitiendo el cuento de que la historia del poder indígena empezó con él y esto se ha repetido de una forma singular y con mucha fuerza. Sobre todo en el campo, donde está la base. Es un tema, desde luego, indígena, pero también del mundo campesino”, aclaró Aliaga.

Los sociólogos estiman que el cambio de gobierno en Venezuela dependerá, pues, de nuevos factores políticos que surjan en lo interno del país. Por ahora, el “efecto Bolivia” no parece ser más que un deseo de sectores de la población.

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