• Yasmin Áviles adquiere experiencia y la habilidad para estar al mando de una motocicleta desde los 11 años de edad. Asegura que conoce Caracas «como la palma de su mano»

A las 7:00 am, con lentes y su casco llega Yasmin Áviles a la parada de mototaxis ubicada en Maripérez, municipio Libertador de la capital, dispuesta a trabajar y a llevar a sus clientes como lo hace de lunes a sábado. La mujer ha sido mototaxista los últimos seis años, pero su amor por las motocicletas comenzó mucho tiempo atrás.

Recuerda que la primera vez que se subió a una moto fue a los 11 años de edad cuando condujo, sin permiso, el vehículo de dos ruedas propiedad su cuñado. Asegura que tenía estabilidad porque manejaba bicicleta constantemente. Desde ese momento expresa que ha perdido la cuenta de cuántas motos ha tenido y manejado.

Su vida y las motos siempre han estado unidas. A los 15 años de edad se compró su primera moto, y debido a que era menor de edad, solo la usaba para salir con sus amigos y “echar broma” con ellos. 

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Foto: José Daniel Ramos

A los 19 años se casó y tuvo a su hijo Alexander, y al mismo tiempo comenzó a trabajar en una fábrica. Tras varios años allí, se separó de su esposo y recurrió a las motocicletas para conseguir sustento. Consiguió empleo como repartidora en un negocio.

Llevaba seis años recorriendo toda Caracas entregando alimentos cuando su hijo la llamó para que trabajara como mototaxista. Yasmin admite que al principio se sintió incómoda porque, a pesar de que sabía manejar motos, no sabía si sentía algún tipo de pena por ser mujer mototaxi.

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Decir que soy mototaxista me daba pena, pero ya no me avergüenza”, asegura.

Trabajando como mototaxista

Desde el año 2013 Yasmin se encuentra diariamente en la avenida principal de Maripérez, en la transversal 1. Cada mañana hace recorridos con clientes fijos quienes le piden que los lleve a sus lugares de trabajo, luego en la tarde se sienta junto a su hijo a hacer “carreras particulares” hasta aproximadamente las 4:00 pm. En la zona todos la conocen y saben quien es Yasmin, y aunque son solo tres los que trabajan en la línea de mototaxista, ella afirma que es la que tiene más experiencia.

Los negocios aledaños a la parada también la contactan para que haga encargos, se ha ganado la confianza y es querida por todos los vecinos de la zona. Yasmin confiesa que al principio, cuando comenzó a trabajar ahí, algunos clientes se sentían nerviosos y se negaban a subirse con ella por el simple hecho de ser mujer.

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Foto: José Daniel Ramos

Para Yasmin hace 10 años predominaba el machismo sobre las mujeres que manejaban una moto o se les ocurría ser mototaxista, pero ahora los hombres las apoyan y son pocos lo que mantienen ese “machismo”.

“A veces he ido por la calle y he tenido motorizados al lado y me han hecho señas, me felicitan. Otros me preguntan cuánto tiempo tengo manejando porque me desplazo de una manera que ellos no lo hacen, porque me ha tocado hacer infinidades de cosas que no son fáciles”, comenta.

Las vías de Caracas y llevar a los ciudadanos a diversas partes le ha dejado numerosas experiencias agradables pero también hay momentos negativos que la han marcado, aunque afirma que ella siempre seguirá trabajando porque solo así se saca un país adelante.

Hace tres años en la parada un señor le pidió una carrera, en ese momento ella llevaba su moto favorita —Horse (Empire)— , y a medida que iban avanzando hacia el destino solicitado el hombre sacó una pistola, le apuntó y le pidió que le diera la moto. Ese ha sido uno de los peores peligros que ha enfrentado, pero al siguiente día sacó otra motocicleta que tenía en su casa y siguió trabajando. Desde entonces no le gusta tener motos tan llamativas por el peligro y evitar así ser víctima nuevamente de la delincuencia.

Uno de los consejos básicos para las personas que están aprendiendo a subirse en motos es apretar las piernas y no agarrarse de la parrilla para así permitir una mayor movilidad al conductor, sin embargo, a algunos clientes les cuesta aceptar las recomendaciones de Yasmin.

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Foto: José Daniel Ramos

“A veces me dicen que por pena o por vergüenza no aprietan las piernas, pero yo les digo que si aprietan a un hombre por qué no a una mujer y se echan a reír”, relata.

Para hacer los traslados más cómodos para ella y sus clientes, habla con ellos, “como si estuvieran en la sala de su casa”.

“La vista hacia la vía y en los espejos retrovisores”, agrega Yasmin es un punto inevitable si se desea ser un conductor prudente. Afirma que cumple con las nomas y por eso nunca ha tenido algún accidente con un cliente.

Pasar el legado 

Yasmin sonríe mientras su hijo la observa cuando dice que ella maneja mejor que él, pero también afirma que en cuanto a mecánica Alexander sabe mucho más. Ella enseñó a su hijo a manejar motos aunque admite que no quería sino que “le tocó”. Para ella trabajar junto a su hijo ha sido una bendición. Afirma, con orgullo, que él le expresa todos los días lo orgulloso que se siente de ella.

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Foto: José Daniel Ramos

Su familia nunca le reclamó o le pidió que dejara su trabajo como mototaxista, aunque su madre se preocupaba mucho cada vez que salía de su casa y rezaba para que Dios la cuidara.

Desde que su hijo era muy pequeño lo subió a la moto con ella, e inclusive sus nietos también le piden que los lleve con ella y así les da la “cola”.

En diciembre viaja a Carúpano y aprovecha de visitar a familiares y amigos que viven allá, donde asegura que no lleva su moto y no maneja, pero en ocasiones le prestan una para disfrutar y también para enseñar a los que no sepan como hacerlo.

Los sueños y su futuro en Venezuela 

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A sus 54 años de edad Yasmin se siente llena de alegría y energía aún pero, no se visualiza trabajando como mototaxista dentro de algunos años. Su sueño es tener su propia empresa de repuestos de moto y un taller que llevaría junto a su hijo, que es experto en la materia.

Sus ojos se llenan de brillo al proyectar su sueño y afirma con seguridad que le gustaría tenerlo cerca de su casa en Catia, lugar donde ha vivido toda su vida y donde la conocen pro su carisma y su buen trabajo.

Su sueño es estar siempre en Venezuela, para ella a pesar de que el país está atravesando por un mal momento, tiene fe de que la nación surgirá y saldrá adelante, por lo que no puede “achicopalarse”.

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Me siento muy orgullosa de ser venezolana. aquí seguiré luchando y guerreando por mi país. Venezuela va a surgir y va a salir adelante, esos son mis sueños, Yo todo se lo dejo a Dios”.

Otro de sus anhelos es ver a más mujeres trabajando y llegando a espacios que antes se pensaban imposibles, desde una mototaxista hasta una gran empresaria porque para ella, las mujeres son capaces de hacer todo y mucho más. Su consejo es que las mujeres nunca debe preocuparse por el qué dirán, porque eso nunca les dará la satisfacción del trabajo que pueden lograr.

“Me ha tocado ser electricista, me ha tocado ser plomera, ser albañil y montar cerámica, igual que comprar bombonas gas y botellones de agua, y aquí estoy. Si puedo yo por qué no pueden las demás mujeres”, afirma.

Observa su moto desde lejos, se acerca para chequear que todo está en orden, y a las 4:00 pm cada tarde la enciende para dirigirse hacia Catia, y recorrer en ella una vez más las calles de la capital, ciudad que le ha brindado la oportunidad de salid hacia adelante y trabajar por un mejor país. 

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