• La líder de la ONG Prepara Familia ha comprendido que salvar la vida de un niño genera una emoción que no puede ser descrita con palabras

La crisis del sector salud en Venezuela ha generado que personas como la abogada Katherine Martínez se conviertan en defensores de los más vulnerables, dando voz a quienes no son escuchados y que solo piden tener una oportunidad para seguir viviendo, esos son los niños del Hospital J. M de los Ríos. 

Desde la habitación de una casa repleta de insumos, que su Organización No Gubernamental (ONG)  Prepara Familia resguarda para donarlos, ella recuerda cómo fue la primera vez que realizó una actividad sin fines de lucro para los vecinos de La Pastora, la parroquia en la que vivió durante toda su infancia.

El aliciente para involucrarse en los problemas de su comunidad fue una Clínica Jurídica en la cual comenzó a participar durante su primer año como estudiante de derecho en la Universidad Central de Venezuela. Ello, gracias al Padre Luis María Olaso, a Miguel Santana Mujica y la Asociación Nacional de Clínicas y Asistencia Jurídica Voluntaria (Asocliva). El objetivo de esas actividades “extra muros” era que los estudiantes tuviesen un primer contacto con casos reales, al tiempo que sin costo alguno ayudaban a la comunidad. 

Sin embargo, pese a que la labor que realizaban era gratuita y habían repartido volantes y colocado avisos en las calles, nadie asistió a las consultas.  Martínez y sus compañeros no entendían la razón. La respuesta a esa interrogante les fue dada por representantes de comunidades religiosas que trabajaban con la comunidad. No debían esperar que las personas acudieran a ellos con sus problemas legales; debían ir a su encuentro en el barrio de Catuche donde residían.

Cuando visitaron las casas pudieron constatar que muchos de los habitantes del sector sí tenían problemas legales y que la razón de no acudir a la Clínica jurídica era que debido a su escasa preparación escolar, no eran conscientes de ello.

“Llegamos a una casa y le preguntamos a la señora que nos atendió si la podíamos ayudar en algo y ella dijo que no tenía ningún problema legal. En ese momento vimos un niño que estaba sentado jugando en el piso y le preguntamos ¿por qué no estaba en la escuela? Fue en ese momento que nos contó que el niño no tenía partida de nacimiento y no lo habían podido inscribir en ningún colegio”, esa situación en particular tenía una fácil solución legal dice Martínez al recordar algunos de los casos que atendió durante esa época.

Mientras habla, un hombre llama a la puerta de la casa. Trae una bolsa con medicamentos para ser donados. Sin conocer a Katherine la abraza y le dice que el trabajo que están haciendo con su organización tiene una importancia extrema. “Ustedes están salvando vidas”, asegura de manera vehemente. Ella sonríe y le indica que hacen todo lo que pueden.

Así es todos los días afirma, personas que desean colaborar con la labor que realizamos se comunican con nosotros para hacernos llegar lo poco o mucho que esté en su capacidad donar, dice mientras una de las mujeres que colabora en la ONG guarda el donativo. Martínez señala una caja llena de fórmulas lácteas para bebés. “Esas llegaron esta semana”, apunta.

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Foto: Fabiana Rondón

Ayudar como misión de vida

Luego de culminar sus estudios de derecho, Martínez comenzó a ejercer como abogada mercantil asesorando a empresas, de manera conjunta con el trabajo comunitario que venía realizando en su parroquia, pues sentía que debía continuar ayudando a los más necesitados. Es así como por insistencia de una colega y amiga que trabajaba en el Ministerio Público decidió ─en el año 2006─ iniciar una red de apoyo a mujeres víctimas de violencia de género.

La asistencia legal que brindaban a esas mujeres llevó a que comenzaran a representarlas ante los tribunales de violencia contra la mujer que fueron creados en el año 2007. Esa época de su vida la recuerda con mucho cariño debido a que si bien todo el trabajo que realizaba era gratuito, el hecho de poder ayudar a que las mujeres a las que representaba pudiesen salir de las condiciones en las que se encontraban, la llenaba de felicidad.

Toda esta labor comunitaria de años fue solamente el preludio de lo que posteriormente se convertiría en la ONG Prepara Familia, una iniciativa que nació de la mano de la iglesia católica en conjunto con un grupo de abogadas y personas particulares que decidieron ayudar a los más necesitados. Parte de la labor que realizaban consistía en visitar ancianatos y hospitales, a los cuales llevaban su música y su fe para ayudar a quienes los necesitaban.

“Inicialmente a los lugares que visitábamos llegábamos cantando y orando, pero cuando vimos el estado de necesidad que había en el Hospital J. M. de los Ríos quedamos  estremecidos. Era una situación terrible. No era suficiente ir a cantar y orar con los pacientes y sus familias, teníamos que hacer más”, relata con tristeza.

Un evento que asegura quedó marcado en su mente fue ver cómo las madres de los pacientes tenían que dormir en el piso con solo un pedazo de periódico para guarecerse del frío. Ver las críticas condiciones en las que se encontraban esas mujeres fue el detonante para que tanto Martínez como el resto de las abogadas que integraban Prepara Familia comenzaran a solicitarles donativos a sus clientes para intentar ayudarlas. La respuesta a su solicitud fue casi inmediata y gracias a ello pudieron adquirir una serie de sofá camas para hacer la espera de esas mujeres junto a sus familiares un poco más llevadera.

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Foto: Fabiana Rondón

Logrado este objetivo la abogada cuenta que iniciaron un trabajo de acompañamiento y asistencia a esas madres, tías, o primas ─las cuales define como mujeres cuidadoras─ que permanecían junto a los niños hospitalizados. La meta era empoderarlas pues afirma que en muchos casos se encontraban desamparadas debido tanto a la violencia institucional por parte del Estado de la cual eran objeto, así como a la que eran víctimas por parte de las parejas de muchas de ellas quienes las habían abandonado al conocer que sus hijos presentaban problemas médicos.

Una frase que dice era común escuchar era “ese niño con cáncer no es mío, porque en mi familia no ha habido enfermos de cáncer”.

Hace una pausa al recordar cómo todos los problemas que presentaba el hospital se multiplicaron a partir del año 2014, cuando resultó innegable la emergencia humanitaria. Medicamentos que se conseguían fácilmente para el tratamiento de los pacientes, desaparecieron por completo. La falta de insumos que hasta ese momento era una realidad cotidiana empeoró hasta límites insospechados. 

Fue ese empeoramiento de las condiciones de los niños hospitalizados en el J. M de los Ríos lo que llevó a que Martínez tuviera que utilizar sus conocimientos legales para intentar mediante amparos judiciales dar respuesta a las necesidades de los pacientes. Sin embargo, sus solicitudes nunca fueron escuchadas por los organismos competentes.

En ese contexto estuvieron trabajando hasta que en el año 2017 un brote infeccioso en el hospital segó la vida de buena parte de los niños que se encontraban recluidos en el servicio de nefrología. Esa lamentable perdida los impulsó a buscar respuesta en la justicia internacional, específicamente en el sistema interamericano.

Su mirada se torna turbia al recordar que ese fue el momento en que comprendió que la vida o muerte de los niños recluidos en el hospital no formaba parte de los intereses del Estado venezolano. Solo serían un número más en la lista de fallecidos de ese año.

Menos de dos meses tuvieron que transcurrir para recibir respuesta. La justicia que desde Prepara Familia venían buscando para los pacientes y familiares del J. M. de los Ríos desde hacía años, había llegado en un parpadeo en la forma de una medida cautelar a su favor. Recientemente esa medida fue ampliada a otros 13 servicios médicos del hospital.

El teléfono de Katherine suena. Una persona desea realizar un donativo y escribe para saber cómo puede ayudar. Ella rápidamente contesta y comenta que ese celular también fue un donativo pues el que anteriormente utilizaba dejó de funcionar.

Ejerciendo el Derecho

La defensa de los Derechos Humanos y la lucha por el bienestar de los más necesitados es una labor que apasiona a Martínez, pues dice que nada se compara con la sensación de saber que su trabajo está salvando vidas. No obstante ese trabajo desinteresado no le genera ningún ingreso económico, es por ello que en paralelo con el trabajo realizado con Prepara Familia ha tenido que continuar ejerciendo su profesión.

Redactar documentos legales y realizar asesorías son algunas de las modalidades de trabajo que emplea la abogada para poder dedicar la mayor parte de su tiempo en ayudar a los pacientes del Hospital.

“Estoy fascinada con mi trabajo de activista, me encanta ser defensora de Derechos Humanos y más aún en estos momentos, a pesar de todo porque trabajamos con esperanza. Todo lo que hacemos es con la esperanza de que se produzca un cambio”, afirma enfáticamente.

Aun cuando ama la carrera que estudió y que durante más de 33 años ha ejercido asegura que su trabajo como activista y defensora de Derechos Humanos tiene un rol preponderante en su vida.

Nunca imaginó que el trabajo social sería la fuente de sus más grandes alegrías. 

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Yo soy abogada pero muy por encima de eso soy activista y defensora de Derechos Humanos”, añade.

Bolsas de amor

Martínez cuenta que diariamente reciben insumos, ropa y juguetes por parte de empresas, instituciones y personas que deciden donarlos para colaborar con el trabajo que realizan. Estos posteriormente son catalogados por edad y sexo para ser entregados mediante unas bolsas personalizadas que incluyen el nombre del niño que recibe el donativo así como su edad y la patología que padece.

Las bolsas son preparadas por un grupo de mujeres de la tercera edad a las que ella denomina como las “abuelas salvadoras”, las cuales son las encargadas de organizar todos los donativos que reciben en los cuatro centros de acopio con los que cuenta Prepara Familia.

El objetivo de realizar los donativos de manera personalizada es, según explica Martínez, atender de manera focalizada los casos de cada uno de los niños a los que ayudan. De esta forma pueden brindar un apoyo más certero a quienes lo necesitan.

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Foto: Fabiana Rondón

A diferencia de otras organizaciones, las cuales publican fotografías del momento en que hacen entrega de los donativos a los pacientes y sus familiares en Prepara Familia mantienen una regla. No publicar imágenes de las personas que son beneficiadas con los insumos donados. Los únicos casos en los que realizan fotografías es cuando la persona que donó los insumos así lo solicita, sin embargo estas no son difundidas.

“Consideramos que publicar las imágenes es una falta de respeto hacia la persona que recibe el donativo y que se encuentra en un momento de vulnerabilidad extremo”, argumenta la defensora de Derechos Humanos.

Martínez mira una inmensa caja repleta de zapatos que se encuentra en un rincón de la habitación. Cada par de zapatos guardados en esa caja representa a un niño que se nos murió dice. En ese momento su voz se quiebra, pero solo por un instante, mientras dice que son muchos los niños que durante estos años ha visto morir por falta de tratamiento e insumos. Ese dolor la paraliza por un breve momento, es ahí cuando recuerda a las mujeres que aun luego de perder a sus hijos han decidido continuar trabajando con la ONG para salvar vidas.

“Cuando veo a esas mujeres tan vulnerables a las que se les muere un hijo y que a pesar de eso siguen luchando por los derechos del resto de los niños que están en el hospital siento un compromiso inmenso por seguir ayudándolas. No me puedo entristecer por nada porque si ellas pueden hacerlo yo que no estoy en su posición tengo que darlo todo”, sentencia.

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