• El político venezolano, reconocido como presidente interino por más de 50 países, cumplió un año de mandato. Busca una segunda oportunidad para conseguir el apoyo necesario en el ámbito internacional. Expertos analizan para El Diario cómo fue su desenvolvimiento

Hace un año los principales diarios del mundo le dedicaron sus portadas a Juan Guaidó. La lucha por el poder en Venezuela era una noticia de primera plana. En un país plagado por la crisis, parecía que las cosas al fin avanzaban. La oposición venezolana había encontrado un líder que podía compactarla para salir hacia adelante. 

Su discurso a principios de 2019 fue uno de sus puntos más fuertes. 

“Juro asumir formalmente las competencias del Ejecutivo nacional como el presidente encargado de Venezuela para lograr el cese de usurpación”, fueron las palabras que los venezolanos querían escuchar aquel 23 de enero. A medida que las protestas aumentaron en ese período, Estados Unidos y más de 50 países reconocieron al presidente de la Asamblea Nacional como líder pero ¿qué fue lo que ocurrió a lo largo de todo el año? 

Expertos consultados por El Diario coinciden en que fue un error de Juan Guaidó plantear una salida a corto plazo. El haber puesto ese ‘sí o sí’ en el ingreso de la ayuda humanitaria, prevista para el 23 de febrero, quizás fue el más claro y el más importante desacierto comunicacional la gestión del mandatario varguense. 

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El politólogo Víctor Maldonado considera que los ciudadanos no perciben que esta iniciativa fuera un gesto político positivo para su gestión. Al contrario, sostiene que esto le sirvió como una enseñanza de lo delicado que puede llegar a ser realizar una afirmación de esas dimensiones. 

“El exigir el reconocimiento por el esfuerzo se convierte en algo ineficaz. Como todo suma, esa ineficacia también contribuyó a la erosión de la credibilidad del interinato”, explicó el experto para El Diario.  

Para Maldonado, el discurso de Guaidó no ha cambiado, pero se ha vuelto más impreciso y errático. El politólogo afirmó que sus pronunciamientos no han sido asociados a una política factible debido a que no se acompaña con un cambio estratégico sustancial en los últimos meses. 

“En ocasión de su gira internacional, se aprecia un discurso que todavía no ha terminado de cuajar, o es demasiado temprano para hacer un juicio certero y justo sobre el mismo. Porque de nuevo, si el discurso no se acompaña de un viraje estratégico sustancial, y de una renovación del grupo que lo acompaña, y de la suscripción formal de un nuevo pacto frente al país, termina siendo demagogia ocasional o un recurso desesperado para salvar una mano que ya está perdida”, precisó el analista. 

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Esta visión es compartida por Daniel Varnagy, doctor en Ciencias Políticas, profesor y coordinador de la carrera de Economía en la Universidad Simón Bolívar (USB), quien aseguró que luego del ascenso meteórico de las responsabilidades de Guaidó, sus objetivos inicialmente fueron muy ambiciosos a corto plazo, y como consecuencia ha mermado la confianza en sus acciones en el último trimestre del año. 

El politólogo considera que los venezolanos quieren un discurso que refleje una acción efectiva en el ámbito político y que se honre el compromiso institucional de un gobierno provisional.

Varnagy también señaló que uno de los avances más importantes en el último semestre fue que Juan Guaidó entendió que había perdido la confianza de la sociedad civil, y la esperanza que se había encarnado en él. Por consiguiente, la separación de los lineamientos de Voluntad Popular (VP) de su discurso es un factor que, a juicio del experto, es un cambio significativo por recuperar la confianza en los ciudadanos que buscan soluciones inmediatas. 

Se entiende que él está mucho más dispuesto a asumir una posición de magistratura que de disciplina partidista. Este hecho es el que marca un punto de giro en el discurso del mandatario”, agregó el catedrático Varnagy.

Maldonado explicó que Juan Guaidó debe analizar sus estrategias fallidas ante un régimen totalitario, cuyo único objetivo es retener el poder sin considerar los costos. 

“No haberlo calibrado apropiadamente, creer que podía negociar con él un pacto de convivencia y pretender una salida electoral, son las tareas y aprendizajes pendientes del interinato. El tiempo perdido, la legitimidad deteriorada, son irrecuperables, y ahora corresponde al presidente Guaidó revisar sus estrategias fallidas, y hacer un corte quirúrgico profundo que llegue hasta la médula de sus alianzas políticas”, acotó. 

En búsqueda de acciones 

En enero de 2019, Juan Guaidó resucitaba la confianza perdida en una sociedad desesperanzada, pero en esta ocasión se le sumaron las expectativas impulsadas por la dirigencia opositora que ahora busca acciones más contundentes en el ámbito internacional. 

Para ello, desobedeció la prohibición de abandonar el país y coordinó su participación en una cumbre sobre la lucha contra el terrorismo, en Bogotá, este 19 de enero. Posteriormente, la visita de Guaidó a Davos se suma a una gira internacional buscando generar nuevas alianzas que permitan el fin de la era del chavismo en el país. 

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Los politólogos consideran que, en comparación con el año pasado, las acciones de Guaidó no buscan ser reconocidas simbólicamente por distintas naciones, sino que debe exigir una mayor presión sobre el régimen, más respaldo con hechos que afecten a los representantes de Maduro y apoyo para los principales países receptores de refugiados venezolanos.

El presidente Guaidó debe tener una agenda enfocada en resultados, y no en la repetitiva descripción de lo que nos acontece. Debe saber qué pedir, mantener el sentido de urgencia, y tratar de reponer el tiempo perdido. El apoyo se debe materializar en una disposición más clara y precisa de injerencia humanitaria que sea capaz de emplazar realmente al régimen”, precisó Maldonado.

Advirtió que el mandatario interino no puede tolerar la blandura de Europa, que pide reuniones, negociaciones y diálogos. En su lugar, debe exigir acciones que se materialicen en poco tiempo para generar un verdadero cambio político este año.

Varnagy opina que las reuniones diplomáticas deben ir acompañadas de acciones más agresivas como sanciones que se pudieran emitir contra funcionarios del círculo de Nicolás Maduro. Sin embargo, considera que las sanciones de índole individual son poco eficaces en la búsqueda de un cambio político. 

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“Las sanciones que pudieran venir no solo serían financieras, sino que también serían jurídicas como la imposibilidad de que estas personas puedan ir a otros países, y luego ir escalando con el estrechamiento de la frontera venezolana. Esto puede generar un conjunto de pasos para poder hacer que el sistema político venezolano comience a ceder, pero no necesariamente esas herramientas por la vía pacífica van a generar un cambio en el sistema político venezolano”, expresó el profesor y coordinador de la carrera de Economía en la USB. 

Un año después de juramentarse como presidente interino, la situación de Guaidó es inestable. Los ciudadanos, que aún se mantienen en el país, esperan los resultados adecuados para finalizar la crisis política que ha afectado a Venezuela durante 20 años.

A pesar de esto, los expertos aseguran que la política es el espacio donde todo es posible, pero la oposición ha perdido mucho tiempo. El camino de regreso a una Venezuela democrática puede ser difícil y largo, pero el cambio político dependerá, en gran medida, de cuánto apoyo internacional consiga Guaidó con su gira por el mundo.

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