- La comunidad de venezolanos se concentró en la Plaza del Sol para reunirse con el mandatario interino
Desde hace un año miles de venezolanos en el exilio no se concentraban en el mismo lugar y por la misma razón: exigir libertad plena para su país.
El punto de encuentro fue la Plaza del Sol, en Madrid, lugar histórico para los españoles y que ahora también forma parte emotiva de la lucha independentista de los venezolanos que decidieron hacer vida en España y huir del régimen de Nicolás Maduro.
Entre la multitud, el aguacero y los 7 grados centígrados de temperatura, algo los hizo sentir “como en casa”. Se escuchó el arpa, cuatro y maracas, cuando entonaron “Caballo viejo” del recordado Simón Díaz. También los asistentes unieron sus voces para exigir libertad para Venezuela.
“No había entendido lo que significaba esa canción, ni su relación con el amor y la libertad hasta que emigré, de nuevo. Nadie debería vivir una dictadura, mucho menos dos”, dijo Héctor Manrique de 52 años, de origen cubano, que huyó de los Castro a Venezuela y luego de la dictadura venezolana a Madrid.
Sin quitar su mirada de la tarima, en la que, minutos más tarde, daría su discurso el presidente interino, Juan Guaidó, Manrique dijo para El Diario que nunca ha dejado de asistir a una manifestación en contra de Nicolás Maduro.
Y es que, desde hace algunos años, hay cosas que ya no le pertenecen solo a los venezolanos como: la música llanera, los tequeños, su jerga particular y, sobre todo, la sed de justicia y libertad para un país que ha sido oprimido por más de dos décadas.
Además del rechazo de la comunidad migrante latinoamericana al régimen madurista, había dos notables posiciones en la concentración convocada por el presidente interino: los que apoyan y confían en su labor y quienes lanzaron fuerte críticas a la gestión que desarrolló en 2019.
Mientras unos gritaban “Es de La Guaira, vale por dos, es mi presidente y se llama Juan Guaidó”, un grupo más reducido pero firme en su reclamo, exigía al mandatario interino acciones más contundentes para derrocar a Nicolás Maduro.
“No queremos diputados corruptos. Dialogar es negociar. Hagan algo ya y dejen de engañar”, dijo varias veces un hombre de aproximadamente 40 años, quien fue abucheado por quienes estaban a su alrededor.
Varias personas lo calificaron de “infiltrado”, pero insistía en que solo quería ser escuchado por quien tiene el poder en la oposición.
Minutos después, ese mismo hombre no pudo parar de llorar cuando Juan Guaidó se arrodilló ante miles de personas para pedirles perdón por las muertes que han ocurrido como consecuencia de la falta de medicamentos.
“Yo estoy cansado, mi hijo murió en el JM de los Ríos hace dos meses y nadie hizo nada”, por unos segundos no se escuchó la voz de Guaidó, ni la música, ni los gritos, solo el llanto de un padre venezolano víctima de la crisis.
La visita del máximo representante de la oposición venezolana no solo reencontró a la comunidad venezolana, sino que también conectó a cada venezolano con la realidad que dejaron atrás cuando emigraron y con su ‘venezolanidad’, esa que hace que puedan ser alegres, a pesar de todo.
Este 25 de enero, no quedará en la mente de los migrantes venezolanos en Madrid como el día en que Guaidó se reunió con el Partido Popular o pidió explicaciones al partido de gobierno, no. Esta fecha quedará marcada en el corazón de los venezolanos como el día en que recuperaron la esperanza y revivieron un sueño luego de escuchar al mandatario interino decir. “Pronto harán las maletas para volver a casa”.