• El Comisionado de la Organización de Estado Americanos (OEA) para la migración y refugiados venezolanos conversó con El Diario acerca de su rol en el cargo. A pesar de valorar el esfuerzo de los países de la región, pide más medidas para ayudas los desplazados. “El mayor reto que tiene la región es documentar a los venezolanos”, dijo

David Smolansky es un optimista. Le ha tocado serlo. Desde que asumió el cargo de Comisionado de la Organización de Estado Americanos (OEA) para la migración y refugiados venezolanos en el año 2018, ha sido la voz de millones de connacionales que surgieron de las dificultades para ser ejemplo de superación.

Pero también es realista: la situación es crítica, y la región debe hacer el máximo esfuerzos para ayudar a los venezolanos. Agradece la ayuda de los gobiernos latinoamericanos, pero sabe que todavía no es suficiente.

“Necesitamos de los países de la región. Soy consciente de los esfuerzos que han hecho, y de que su capacidad ha sido desbordada, pero tiene que haber una política común para los migrantes y refugiados venezolanos”, dijo en exclusiva para El Diario.

Detalló que la mayoría de los países han implementado instrumentos diferentes de atención, y todo sería más fácil si existieran las bases para un consenso regional.

“Por eso nosotros insistimos en que la región les otorgue el estatus de refugiado a los venezolanos. Ya es suficiente trauma dejar su país atrás, separarse de su familia, para agregarle una preocupación extra de que si llega a un país u otro entonces su condición puede cambiar”, completó.

Comienzos concretos, desarrollos largos y repetitivos, y finales contundentes. Su discurso suele transcurrir, como con la necesidad de confirmarlo una y otra vez, en críticas a la xenofobia; en contar las miles de historias que se encuentra en las carreteras, albergues y pasos fronterizos.

Prefiere las emociones, no los números; en pedir más acciones, y no pierde la oportunidad de señalar al que dice ser el responsable de la crisis migratoria: el régimen de Nicolás Maduro.

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Más allá de EE UU, que hoy es el principal donante para atender esta crisis, es fundamental que se involucre mucho más Canadá, la Unión Europea, los países asiáticos. Lamentablemente así como ocurrió con Siria, hay que hacer con los venezolanos. Hay que tener la mano amiga y el brazo fuerte. La mano amiga es atender, proteger al desplazado para que pueda echar para adelante; y el brazo fuerte es denunciar la causa, que no es otra que la dictadura de Maduro”. David Smolansky

Además del cargo que ostenta, lo dice con la autoridad de quien también le ha tocado abandonar su país por razones ajenas a su voluntad.

En el año 2017, el Tribunal Supremo de Justicia designado por el chavismo ordenó su destitución en el cargo de alcalde del municipio El Hatillo, estado Miranda, y posterior sanción de 15 meses de prisión.

Su respuesta ante la orden judicial fue la clandestinidad. Así permaneció durante 35 días, hasta que cruzó al territorio brasileño por la selva de Boa Vista. Desde ese momento, dice, supo que formaría parte de los ya cinco millones de venezolanos que viven fuera de su terruño. Desde entonces, y al igual que sus connacionales desplazados, le tocó reinventarse.

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Foto: Luis Eduardo Noruega (EFE)

“2017 me marcó en cómo puedo seguir yo sirviéndole al país estando lejos”, comenta. Su espera fue efímera. En septiembre de 2018, el pleno de la OEA llegó a un acuerdo para la recaudación de fondos destinados a la ayuda de migrantes, y anunció la comisión que pasaría a liderar Smolansky. Por ello, quizás, no escatima en elogios al Secretario General Luis Almagro.

“Ha sido consecuente, coherente y persistente con respecto a promover la democracia en la región, a promover las libertades, defensa de los DD HH, ha hecho de la OEA una organización mucho más accesible y más cercana con los más vulnerables. Le debemos mucho, fue una de las primeras voces cuando el tema no era tan conocido”.

Datos de la migración venezolana

1.6 millones

Se encuentran en Colombia

900 mil

En Perú

400 mil

En Ecuador y Chile

De Washington a Lima, pasando por Centroamérica y por las interminables carreteras cucuteñas, o por la calurosa Barranquilla, ha documentado miles de historias, esas que dice no lo dejan de sorprender y que va contando por el mundo; esas que de no haber una resolución del conflicto en Venezuela, estima puedan contar 6 millones de venezolanos para finales de 2020.

Por ello asegura que el mayor reto de la región debe ser documentar a los venezolanos, invertir mucho más en la atención médica, en insertar a miles de niños que están fuera del sistema escolar y en la ampliabilidad laboral.

Explica que son mujeres desesperadas que llegan a los ambulatorios de Colombia y de Brasil a dar a luz, cientos de miles de niños que llegan con el estómago ardiendo por síntomas de desnutrición, miles que caminan el continente entero buscando un sitio seguro dónde dormir.

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No hay peor evidencia de vivir en la tiranía de Maduro que cuando tú escuchas al migrante no importa dónde esté. Es muy importante que la región flexibilice las restricciones migratorias. ¿Cómo se le va a solicitar visa a una persona que un derecho humano como la identidad no está garantizado en Venezuela?”.
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Foto: Reuters

La migración como un asunto de distintos tratamientos

Más que un problema ciudadano, Smolansky cree que la migración de los venezolanos es un dilema moral y de principios.

“Cuando una persona huye de su país porque no tiene para desayunar o huye -como muchas mujeres que yo entrevisté en Barranquilla- por abuso y maltrato sexual, o cuando un niño tiene que abandonar sus estudios para buscar escuela en otras partes en una país ajeno al suyo, pues obviamente el compromiso que tiene que haber en estas personas, que puedan tener todo, es un tema de principios”.

Los criollos no abandonan su país de forma voluntaria, dice. Huyen porque en caso de no hacerlo su vida puede colindar con el peligro. Es justamente por esta razón por la que han propuesto establecer el estatus de refugiados para todos aquellos venezolanos que han tenido que abandonar su nación. Países como Brasil o México ya han empezado a implementar esta medida.

Lo que se busca no es más que darle protección permanente al desplazado, aquel que se ha visto forzado al desapego, al viaje obligatorio que, a pesar de las circunstancias, no ha podido reconfigurar su identidad como venezolano. Para él, aunque las tradiciones se mantienen, las dificultades han aflorado un pensamiento crítico, de superación.

“He visto al venezolano con unas ganas inmensas de trabajar y de emprender, esperando la más mínima posibilidad a donde llegan para poder trabajar, en el caso de los jóvenes para estudiar”.

Cree que estos 21 años de dictadura han servido como lección, pues son muchas las personas que, asegura, tienen claro todo lo que ha ocurrido. Lo ha visto en los caminantes en las fronteras. No piden nada regalado, quieren satisfacer sus necesidades con el fruto de su trabajo.

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Foto: Cortesía

Sin embargo, Smolansky también es consciente de que la migración ha esbozado su lado negativo, pues asegura que siempre hay alguien que opaca el esfuerzo de muchos, esto respecto a los venezolanos que han cometido delitos en los países receptores. No los defiende, cree que la ley debe actuar, pero asimismo apoya la implementación de políticas contra la discriminación y la xenofobia porque la justicia debe ser plena en todos los sentidos.

En este sentido expresa abiertamente su desacuerdo con a la creación de la Brigada especial contra la migración delictiva que se implementó en Perú, donde pueden presentarse casos de funcionarios policiales que cometan excesos. “Una persona que actúa al margen de la ley lo hace sin importar dónde haya nacido”, detalla y argumenta que a este tipo de situaciones les hace seguimiento, siempre atento a cada denuncia que pueda surgir.

Cree que el norte está mucho más allá de la creación de grupos especiales y que la mejor forma de combatir la xenofobia es ver a los venezolanos como una oportunidad de crecimiento económico.

“Si se les integra laboralmente, el impacto positivo en las economías de estos países es significativo, y hay informes del Banco Mundial que así lo confirman”, asegura.

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Foto: Andina

La cuota de responsabilidad en acoger a los refugiados no solo recae en los gobiernos, sino también en los ciudadanos, y esto es algo que Smolansky tiene muy claro.

Resalta las acciones contra la xenofobia que ha visto gracias a iniciativas como las que se llevan a cabo en La Casa Hogar Divina de la Providencia, en Cúcuta, donde se están suministrando 9.000 comidas diarias, y mucho de los voluntarios son colombianos.

Para Smolansky, pues, la migración no es un problema, es una oportunidad. Oportunidad, dice, para la integración de América Latina. Oportunidad para cada venezolano que, a pesar de las dificultades, se pueda reinventar; aunque prefiere que no las padezcas. Oportunidad para valorar aún más a Venezuela, su cultura, su idiosincrasia. Una oportunidad para concienciar a las generaciones futuras y evitar que una tragedia de esta envergadura suceda nuevamente en el futuro.

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