• La medida que trata de evitar la propagación del Covid-19 ha supuesto un duro golpe para la economía informal. Desprotegidos y sin ingresos extras, este sector afronta la pandemia sin recursos.

La madrugada del domingo 15 de marzo José Humberto Corrales se disponía a comenzar su jornada laboral frente al volante. Es taxista. Ese día tenía planeado trasladar a un cliente hacia Barquisimeto, estado Lara. Se trataban de unas seis horas de camino que le darían un ingreso extra en dólares para llevar comida a su hogar. Pero el recorrido duró poco.

En un tramo de la Autopista Regional del Centro (ARC) efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) detuvieron el paso del vehículo y le comunicaron las instrucciones dictadas por sus superiores: no permitir el paso

José Humberto se devolvió a Caracas sin tener claras las razones de la orden, aunque temía conocer el motivo. Horas después de ese domingo, el régimen de Nicolás Maduro decretó cuarentena social preventiva en Caracas y otros seis entidades del país para evitar la propagación del coronavirus. Esa era entonces la razón por la que su viaje se vio afectado.

La medida -aunque necesaria- fue un balde de agua fría para José, quien en ese instante comprendió que tendría que pausar-indefinidamente-el trabajo con el que lleva comida a casa.

En Venezuela la crisis económica de los últimos años ha generado un aumento significativo en los trabajos independientes. Muchos ciudadanos laboran por cuenta propia, en ocupaciones que les permitan obtener ingresos diarios para combatir la inflación que avanza sin dar tregua.

Hasta febrero de este 2020 la inflación anualizada llegó a 102, 4 %, esto de acuerdo con datos divulgados por la Comisión Nacional de Finanzas de la Asamblea Nacional (AN).

Ahora, ante esta medida dictada por el Maduro, muchos trabajadores independientes se mantienen en zozobra, sin generar ingresos para cubrir sus necesidades básicas.

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Foto: The Wall Street Journal

José Humberto, no depende de un “quince y último”, aunque irónicamente hoy quisiera que así fuera. Es sostén de hogar y padre de dos niños pequeños.

Desde el decreto ha tratado de gastar solo lo necesario. Su reto es “estirar” lo poco que queda hasta que finalice la cuarentena, aunque no cree poder cumplirlo. En el país lo único que no se detuvo fue el alto costo de la vida, mucho menos por estos días donde la demanda de alimentos y otros productos ha crecido dada las circunstancias.

Estudio de Encovi

37%

de los venezolanos trabaja por cuenta propia

En medio de la desesperación, José ha pensando en salir a ofrecer sus servicios como taxista, como han hecho otros pese a la cuarentena. Pero el acceso a las principales vías de la ciudad están tomadas por efectivos de seguridad y la escasez de gasolina se ha agudizado, por lo que trabajar en esas condiciones le resulta casi imposible.

Aunque es consciente de que las medidas implementadas fueron las correctas para evitar la propagación del Covid-19, no entiende cómo no se pensó en los trabajadores independientes quienes, asegura, son los más afectados por este decreto. 

En su casa hay temor, no solo por la amenaza del virus, sino porque su nevera quede vacía. No hay dinero para reponer los alimentos. 

“Cuando ves que se va acabar todo y no tienes cómo reponerlo es cuando empieza el desespero. Es difícil la situación porque lo ponen a uno entre la espada y la pared”, explica en entrevista para El Diario. 

José sigue en batalla contra el reloj, esperando que pueda trabajar pronto. Su carro permanece estacionado en las afueras de su casa. 

Igual de pausado, a la espera de que culmine la cuarenta, está Juan José Dávila, trabajador que desde hace 20 años se dedica a reparar electrodomésticos en el mercado popular de San Martín, en el oeste de Caracas. 

El martes 17 de marzo acudió a su lugar de trabajo, pero en la entrada se topó con efectivos de la GNB que impidieron su paso. Hasta ahora la orden es que solo pueden trabajar las personas que comercializan víveres y alimentos, el resto debe permanecer en casa. Sin excepciones.  

Dávila comenta que la situación lo mantiene alarmado. Al igual que Juan José, su labor es la que lleva el sustento económico a casa. Sin trabajo diario no hay comida. 

“Yo vivo de lo que hago diario, de lo que produzco es que traigo la comida a mi casa y ahorita que están circulando dolaritos es que a veces guardo alguito. Aunque todo está tan caro que casi siempre no da chance”, comenta el hombre. 

Es la primera vez en 20 años que deja de trabajar por tanto tiempo. En su jornada habitual Dávila libra los lunes, y eso solo porque el mercado no abre ese día. Asegura que de ser por él, trabajaría siempre. 

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La gente que trabaja para compañías tiene su quince y último, nosotros no, tenemos que ver cómo hacemos. No lo veo, es muy difícil así”, asegura Juan José, quien además ruega porque haya una flexibilización de estas medidas.

Su preocupación también es por gran parte de sus compañeros del mercado que se encuentran en la misma situación que él, sin ingresos y sin poder retomar sus labores por la situación.

Maribel Daza también tiene un local en el mercado de San Martín. Es peluquera y con ese trabajo ha logrado sacar adelante a sus tres hijos.  

A su local pudo ingresar el sábado 13 de marzo, pero solo a buscar sus implementos de trabajo más necesarios: secadora, tijeras y peines. Desde entonces el acceso está restringido. 

Gracias a que sacó algunas de sus herramientas pudo trabajar ese fin de semana a domicilio. Sin embargo, dada las restricciones de movilidad también dejó de ofrecer ese servicio. Ahora espera que pronto reabra el mercado y la normalidad tome su curso.

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Foto: Cortesía

No cuenta con otros ingresos y ante esta situación ha tenido que administrar mejor sus recursos para poder resistir hasta que culmine la cuarentena.

Ayuda precaria y politizada

En Venezuela, la primera semana de cuarentena Nicolás Maduro anunció que entregaría un bono a través del carnet de la patria, con la intención de para “proteger” a la población más vulnerable de esta medida. 

Médidas de protección Otros gobiernos han anunciado ayudas para sus ciudadanos ante la crisis por el Covid-19. Entre ellos los de Gran Bretaña, Estados Unidos, Perú y El Salvador.

El monto otorgado fue de Bs. 350.000, lo que se traduce a unos 4,95 dólares, esto de acuerdo con la tasa oficial del Banco Central de Venezuela (BCV).

Días después el líder oficialista indicó que ofrecería otro bono, esta vez solo dirigido a los trabajadores de la economía informal como respuesta a la paralización del sector comercial por la cuarentena para combatir el coronavirus.

Maduro no ofreció detalles de cuál será el monto, tampoco de las fechas en las que comenzarán a asignarlos. Lo que sí dejó claro es que será a través de carnet de la patria, un documento con el que no cuenta toda la población, por lo que la ayuda podría no llegar a todos los que están varados sin poder trabajar.

La situación de los trabajadores informales es la misma que hoy se repite en gran parte de los países de la región, donde el trabajo independiente ha cobrado fuerza por las economías débiles.

Pero ahora, para estos trabajadores la inflación no es el enemigo a vencer, es el Covid-19 que ha detenido sus empleos y con ello, los ingresos para que puedan cubrir sus gastos más esenciales (alimentos, pago de alquiler, etc). 

Economía informal en la región

140.000.000

de empleados dependen del sector informal, según datos de la OIT

1

de cada 2 latinos es trabajador informal

Ante este panorama es fundamental la garantía de ayuda por parte de los gobiernos, como en efecto ha ido sucediendo en varios países. En el caso de Venezuela, los bonos entregados hasta ahora no son acordes con la realidad de la economía actual, como confirman diversos estudios.

De acuerdo con el Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM), la canasta alimentaria para febrero de este año se ubicó en Bs 26.595.379,79, alrededor de 376 dólares, lo que hace cuesta arriba la compra de los artículos básicos para los trabajadores formales e independientes con ingresos limitados por la cuarentena.

Trabajadores de la economía informal siguen a la espera de medidas efectivas para afrontar esta situación que los mantiene pausados en sus labores y sin una fecha concreta para el retorno de su cotidianidad.  

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