• El apresurado cierre de fronteras ante la pandemia del Covid-19 ha limitado la posibilidad de que muchos venezolanos que se encuentran de viaje regresen a su país. Sus testimonios reflejan la necesidad de volver pronto a sus hogares en medio de la crisis sanitaria

La casa, más allá de ser un espacio inerte, ha significado a través de la historia un lugar cálido, de refugio. En los últimos días, con la implementación de la cuarentena preventiva por la pandemia del Covid-19, las ciudades del mundo lucen vacías y los hogares están repletos para evitar el contagio.

Pero la realidad de cientos de venezolanos, varados en las salas aeroportuarias del mundo, es distinta. Ante la incertidumbre de los días futuros, tan solo les ha quedado pensar en regresar a  casa. 

Con más de 64.000 afectados, España se convirtió en el cuarto país con la tasa más alta de contagio, según la métrica de la Universidad Johns Hopkins de Estados Unidos. Las fronteras fueron cerradas y muchos países prohibieron el ingreso de personas provenientes de Europa. Ante estas medidas, cientos de connacionales quedaron varados en ese país, sin la posibilidad de tomar un vuelo con destino a Venezuela. 

Pedro Cordero es uno de ellos. Viajó al territorio español para participar en la competencia del Modelo de las Naciones Unidas (MUN). Se quedó unos días más para visitar a sus familiares en Sant Cugat, a las afueras de Barcelona, pero cuando se disponía a comprar su boleto de regreso a Venezuela el 14 de marzo, el anuncio de cuarentena colectiva que se extendería por quince días le impidió hacerlo. 

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Cordero es estudiante de Derecho de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). La extensión de la cuarentena le ha imposibilitado salir de la casa de sus familiares para buscar algún tipo de solución. “A pesar de tener familia aquí, la situación se ha complicado, mantenerme económicamente ha sido duro”, explica para El Diario el joven de 20 años de edad.

También señala que la policía española es muy severa con el cumplimiento de la cuarentena, pues solo por casos excepcionales se puede salir a la calle e incumplir la norma implica una multa de hasta 100 euros.

“Me siento muy estresado, la incertidumbre es bárbara. Mi familia en Caracas está angustiada esperando respuestas”, comenta Cordero y agrega que su estadía prolongada en España es una preocupación económica para sus padres.

El 14 de marzo Yusglinder Ruoff, una venezolana de 31 años, estaba preparada para retornar a Venezuela desde el aeropuerto de Barajas, en Madrid. El temor por el contagio estaba presente pero, aparentemente todo lo demás se presentaba como un escenario con total normalidad. Al llegar al check-in, comenta, una trabajadora de la aerolínea informó que el vuelo está cancelado porque el Instituto Nacional de Aeronáutica Civil de Venezuela (INAC) cerró el espacio aéreo. 

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Desde ese día está varada, como otros 160 venezolanos, en la capital española. Su hijo la espera en Venezuela y ella, con la pesadez de los días, solo quiere reunirse con él.

Yo necesito regresar a mi país porque soy madre. Necesito estar con mi hijo. Es lo único que yo quiero en este momento”, exclamó Ruoff.

Este grupo de connacionales acudió al consulado de Venezuela en ese país. En esa instancia tomaron todos sus datos y los agruparon en una lista a la espera en caso de poder ofrecerles una solución. 

Este  26 de marzo, un avión salió desde el Aeropuerto Internacional de Maiquetía, La Guaira, rumbo a Madrid. Un trabajo conjunto entre las instancias diplomáticas de varios países europeos para lograr el retornos de sus ciudadanos. 139 españoles, 61 venezolanos residentes en España, 56 italianos, 44 alemanes y 26 franceses retornaron a sus países de origen, luego de estar retenidos en Venezuela durante dos semanas. 

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Para Ruoff, que espera con incertidumbre el abrazo de su hijo, es imperante que el gobierno venezolano encuentre esa misma vía para un vuelo humanitario. “Nosotros también tenemos familia”, comenta. 

Tan cerca pero tan lejos

En Suramérica, con una tasa de contagio mucho menor, también se tomaron las medidas correspondientes para evitar la propagación del virus en un contexto de mayor dificultad.

Sin embargo aunque la cercanía al terruño es mayor, la situación es la misma: cientos de venezolanos quedaron varados en los terminales y aeropuertos esperando, con la perplejidad de la pandemia ante sus ojos, volver a ver sus familiares. 

Contagios por Covid-19

64.059

en España

1.610

en Chile

539

en Colombia

Ana Scaletta comenta para El Diario que hay 200 venezolanos, junto a ella, que esperan una respuesta para regresar al país. Scaletta estaba realizando una trámite legal en Bogotá, capital de Colombia y esperaba regresar a Valencia, Carabobo, el 14 de marzo pues la aerolínea había confirmado un día anterior que la restricción aérea iniciaba el 16. Su familia la esperaba.

Se dirigió con su maleta a El Dorado, aeropuerto principal de la ciudad, pero cuando ingresó al check-in la misma aerolínea les comunicó a los pasajeros que el vuelo había sido cancelado. No dijeron más nada, no devolvieron el dinero ni dieron explicaciones.

Hay niños y personas de la tercera edad hipertensas o diabéticas que no cuentan con sus medicamentos, porque vinieron por unos días. No hay dinero para costear los gastos de hotel y comida en esta ciudad. Queremos regresar a nuestros hogares para cumplir con la cuarentena exigida para cuidar nuestra salud y la de nuestros familiares”, explica Scaletta.

Marilyn Guanipa, al igual que Scaletta, retornaba a Venezuela el 14 de marzo, pero al llegar a El Dorado la aerolínea le comunicó que el vuelo había sido cancelado porque el régimen de Nicolás Maduro había adelantado la fecha de prohibición de sobrevolar el espacio aéreo. 

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Con el pasar de los días, comenta ella, la situación se agrava: muchos han tenido que salir a trabajar para pagar los gastos de su estadía, otros han sido echados de las pequeñas pensiones por falta de dinero y otros, esperando “un milagro”, siguieron su rumbo hacia la frontera en Cúcuta. 

Desean pasar el tiempo de cuarentena en la calidez de su hogar, con las conversaciones familiares; pero la respuesta que han obtenido, de acuerdo con ella, tanto del gobierno colombiano como de la embajada venezolana en Bogotá, ha sido infructuosa. 

Lo cierto es que, poco a poco, cientos de venezolanos se encontraron en la difícil situación de estar varados en un país desconocido, sin el calor familiar y con el temor latente ante la pandemia.

En busca de soluciones

El embajador del gobierno interino de Venezuela en Colombia, Tomás Guanipa, explicó para El Diario que la embajada puso a disposición un censo para los venezolanos que se encuentran varados en Colombia. “Con este censo podremos facilitar la información para cuando tengamos una solución”, señala.

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Guanipa comenta que muchos de los venezolanos que se encuentran en Colombia viajaron al país por motivos puntuales como tramitación de visas y escalas para viajar a otras partes del mundo.

“Son muchos los venezolanos que estando aquí por un periodo de tiempo corto les cayó la crisis del coronavirus y quieren regresar a Venezuela”, explica. 

Luego del anuncio de cierre de frontera entre Venezuela y Colombia, la embajada gestionó un canal humanitario a través de la frontera de Paraguachón para que los venezolanos que desearan regresar a su país lo hicieran por esa vía.

Sin embargo, el canal debió suspenderse por la imposibilidad de los venezolanos para movilizarse en los estados fronterizos debido a la falta de gasolina y la prohibición del paso entre ciudades. 

La principal opción que queremos gestionar con el gobierno colombiano es la de facilitar un vuelo Bogotá-Caracas para retornar a los venezolanos”, explica.

Guanipa también menciona que ha mantenido conversaciones y reuniones con autoridades neogranadinas como Migración Colombia, Cancillería, y el Comisionado para Fronteras. La embajada espera obtener una salida que garantice el retorno de los venezolanos, muchos de los cuales se les ha alargado tanto el tiempo de estadía que no tienen recursos económicos para mantenerse.

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Sin embargo, el diplomático venezolano explica que lamentablemente la embajada no maneja recursos como para brindar apoyo económico a los venezolanos varados en Colombia.

“Existen instancias como la oficina del Alto Comisionado de la Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) a las que estamos acudiendo para buscar apoyo para todos los venezolanos que están en cualquier país del mundo y que viven del sustento diario. Con la paralización de las actividades no tienen cómo pagar alquiler o alimentación”, asegura. 

Guanipa le pide a los venezolanos un poco de paciencia ante esta situación, pues asegura que la embajada está haciendo las gestiones necesarias para garantizar el retorno de sus connacionales. 

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“Nosotros entendemos la dificultad que están atravesando, pero aspiramos obtener una respuesta positiva de las próximas reuniones con el gobierno colombiano y no vamos a dejar de hacer gestiones hasta lograr que regresen a Venezuela”, agrega.

Perdidos en el desierto entre Chile y Perú

Pero la situación de duda y vacilación ante el cierre de las fronteras no solo acaece a los venezolanos en territorio colombiano. Nilson Azuaje, quien estuvo preso por protestar durante las manifestaciones de 2017 en Venezuela en contra del régimen de Nicolás Maduro, relata las dificultades que ha pasado en los últimos días cuando, al llegar a Perú luego de largas horas de viaje, le robaron la maleta con todos sus documentos

Debido a la falta de identificación cambió su rumbo hacia Chile para cruzar a pie, con la aridez del desierto que separa ambos países, y encontrarse con sus familiares que ahí residen. “Teníamos que cruzar obligatoriamente porque no teníamos donde quedarnos. Además, estaban a punto de anunciar toque de queda en Perú”, comenta Azuaje.

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Al momento de cruzar hacia territorio chileno, junto con otros migrantes de diferentes nacionalidades, fueron interceptados por policías de ese país, quienes les impidieron el paso y les informaron que debían regresar a Perú. Cuando se dispusieron a hacerlo, el paso fronterizo hacia Perú estaba cerrado. En ese momento inició la incertidumbre.

“Nos tenían acorralados de un lado estaba la policía de Chile y del otro lado estaba la policía de Perú. Ambos organismos policiales nos dijeron que nos quedáramos en el punto del medio. No sabíamos qué hacer”, comenta el venezolano que huyó de la crisis venezolana y de un momento a otro se encontró en una situación de desamparo muy lejos de su tierra natal.
Foto: cortesia

Todos estaban temerosos ante la inmensidad del horizonte, de la polvareda sobre su rostro y el hecho de no saber qué pasaría en su futuro. Si caminaban hacia Perú eran amenazados, si intentaban salir del desierto y continuar su ruta al corazón de Chile eran detenidos.

No había lugar ni tiempo, la cuarentena se acrecentaba y el desierto, al parecer, era el único espacio donde podían estar. Pero, con el pasar de los días, también se volvió un lugar inhabitable y la policía les repetía una y otra vez que debían irse.

Del lado de Perú también estaban muy toscos incluso nos ofrecieron balazos”, comenta Azuaje.

Pasaron cinco días en medio de ambos países. En un comercio cercano compraban comida y cargaban los teléfonos. El venezolano resalta que fueron víctimas de malos tratos policiales mientras intentaban mantener la fe, la esperanza y los ánimos en medio de una situación que los sobrepasaba emocionalmente. Fue entonces cuando decidieron hacer pública su situación a través de las redes sociales y desde el lado de Chile recibieron la ayuda que necesitaban. 

El reconocimiento de su situación, aislados entre el temor y la infinidad de la aridez en la frontera chilena, como si de un relato fantástico se tratase, permitió que la policía chilena los sacará del desierto. Luego de estar encerrados un par de horas en un calabozo se les fue otorgada una visa temporal.

Todo parecía mejorar, la incertidumbre era cada vez menor pero, con la imposición de la cuarentena general, los negocios han cerrado y ninguno ha tenido la posibilidad de trabajar.  

Náufragos en República Dominicana

Carlos Dobobuto, profesor universitario, estuvo durante más de dos semanas varado en el aeropuerto de la capital de República Dominicana. Su relato retrata el pesar de aproximadamente 80 venezolanos que lo acompañaban en su deseo de retornar al país. 

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El motivo de su viaje fue estrictamente laboral y su estadía, comenta, era de tres semanas. La sorpresa del Covid-19, pandemia que ha afectado a más 566.000 personas hasta el momento, lo tomó en un país desconocido.

El resto de los connacionales, atemorizados por el pasar del tiempo y la falta de respuesta gubernamental, no estaban preparados económicamente para costear los gastos de comida y alojamiento. El dinero comenzaba a escasear, la incertidumbre se adueñaba de cada uno y las noticias sobre la pandemia se transformaban en cápsulas de estrés y agobio. 

Luego de varios días durmiendo en pequeñas pensiones o, en algunos casos, en el piso del aeropuerto, los venezolanos varados en República Dominicana recibieron una respuesta el día miércoles 25 de marzo, después de hacer un llamado desde el consulado. El vídeo, comenta Dobobuto, se hizo viral y obligó al régimen de Maduro a preocuparse por dicha situación. 

El vuelo de la aerolínea estatal Conviasa S.A, en el cual iba Dobobuto junto a otros 98 venezolanos, arribó ese mismo día al Aeropuerto Internacional de Maiquetía. El desasosiego de los últimos días se había acabado y el pesar de tener a sus familiares lejos se había apaciguado.

En el aeropuerto (de Maiquetía) me hicieron pruebas de temperatura y los médicos cubanos han ido chequeando constantemente la salud de todos los que venían en ese vuelo”, explica.

Aunque muchos venezolanos, como Dobobuto, retornaron al país; otros tantos quedan distribuidos por las salas aeroportuarias del mundo esperando regresar a Venezuela. Por los momentos la situación de dichos connacionales es incierta y sombría. En distintos lugares del mundo no hacen más que esperar la solución por parte de los consulados y embajadas para, de esta forma, retornar a su casa, el lugar que tanto anhelan. 

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