• Ronaldo Rondón es un residente de cirugía que ha vivido la transformación del hospital donde trabaja y la ciudad en la que vive tras la llegada del coronavirus a Venezuela

El año 2020 ha estado lleno de retos para Ronaldo Rodón, de 27 años de edad, aunque no por los motivos que él esperaba. Apenas en enero comenzó a trabajar como residente de cirugía en el Hospital Universitario de Maracaibo, el más grande de Zulia y del occidente del país, pero sería unos meses después cuando su vida profesional daría un cambio drástico por la llegada del Covid-19 a Venezuela. 

Durante el mes de febrero las noticias que llegaban desde China, Estados Unidos e Italia no fueron alentadoras para Ronaldo, pues como muchos médicos pudo darse cuenta de que el coronavirus era un enemigo desconocido que tarde o temprano tendría que enfrentar. 

Coronavirus en Venezuela

143

Casos confirmados

3

Fallecidos

4

en el estado Zulia

En tan solo unas semanas se supo que el virus había llegado al continente y en pocos días se confirmaron los primeros casos positivos en Venezuela.

Ese viernes 13 de marzo todo comenzó a cambiar: sus clases fueron suspendidas, también las consultas e iniciaron los planes de contingencia en el recinto hospitalario que días antes había sido designado como centro centinela para atender los contagios. 

“Antes en el hospital abundaban las mascarillas N95, pero cuando apareció el primer caso comenzaron a escasear y cuando llegamos a la guardia y llenamos nuestra forma para pedir las mascarillas de los nueve cirujanos nos dijeron que no había, así que tuvimos que tomar medidas drásticas en vista que no nos podíamos proteger”, indicó Ronaldo en entrevista para El Diario. 

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Foto: Ronaldo Rondón

En ese momento el equipo de cirugía se dividió en dos guardias y decidieron exponerse lo menos posible en la emergencia para bajar las probabilidades de contagiarse, lo que aún es difícil. 

Los casos sospechosos de coronavirus de Wuhan deberían llegar a la Unidad de Dermatología, Reumatología e Inmunología (UDRI). Sin embargo, no siempre sucede pues algunas personas con síntomas respiratorios llegan primero a la Emergencia y tienen contacto con los médicos y enfermeras de allí, de medicina interna y en ocasiones de cirugía. 

Aunque Ronaldo dice que su equipo intenta protegerse todo lo posible, no puede evitar tener contacto con sus colegas de esas dos áreas, porque cada vez que reciben una guardia deben hacer una ronda para estar al tanto de todo. 

De acuerdo con el residente, en el hospital no se estaban siguiendo bien los protocolos. Explicó que muchos casos que llegaban a la UDRI con síntomas eran enviados a sus casas sin haberles hecho pruebas, sin hospitalización, ni órdenes de aislamiento, únicamente con un tratamiento ambulatorio. Esto ocurría porque hasta hace una semana no habían llegado las pruebas rápidas y solo aislaban a quienes tuvieran nexos epidemiológicos, es decir contacto con contagiados o antecedentes de viajes al exterior. 

Una de las mayores preocupaciones de Ronaldo es la incertidumbre: no saber a qué se enfrenta epidemiológicamente, no saber cuántos casos hay realmente, ni cuántos hay oficialmente en el hospital, no tener idea de cuánto va a durar la epidemia ni el aislamiento.

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No sé qué va a pasar con mi posgrado, ni cuando volveré a mi vida normal” Ronaldo Rondón, residente de cirugía del Hospital Universitario de Maracaibo

La contingencia que se vive dentro del hospital ha hecho que su vida fuera del centro de salud también se transforme. Antes iba temprano al recinto hospitalario, se quedaba evaluando a sus pacientes, asistía a sus clases de postgrado y pasaba consultas por las tardes. 

Ahora debe terminar su guardia e ir directo a su casa, donde lo espera su novia. Ella le advierte al llegar que deje lo que trae del hospital en la entrada y que luego lo guarde en una bolsa negra. Posteriormente debe limpiar, bañarse y hacer todo con mucho cuidado para evitar contagiarla. 

Las conversaciones con su familia, especialmente con su mamá que vive en Colombia, solo giran en torno a la pandemia  y a su trabajo en el hospital. 

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En nuestro grupo de Whastapp solo me preguntan cuántos casos hay, cuántos son graves, cuántos están en el hospital y eso a ciencia cierta no lo sabemos ni nosotros que trabajamos ahí”, comentó el médico.

A sus parientes les dice que no puede confirmar ninguna información y a su mamá que tenga mucho cuidado, que evite salir y tener contacto con las personas. 

Trabajar con escasez

Antes de la llegada del Covid-19 al país, el médico ya pasaba por las mismas dificultades que muchos profesionales de la salud en el país: bajos salarios, problemas de transporte y falta de insumos en los hospitales. Además, debía cumplir con las obligaciones académicas del postgrado para alcanzar su sueño de convertirse en otorrinolaringologo. 

“Para hacer un postgrado de medicina en Venezuela necesitas que alguien te ayude economicamente porque el sueldo no alcanza, el residente gana aproximadamente 15 dólares mensuales, no tienes tiempo para trabajar en otros hospitales o clínicas y las asignaciones son muy complejas es una carrera difícil”, explicó Ronaldo. 

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Foto cortesía

Las dificultades con el transporte lo habían obligado a mudarse del municipio San Francisco a Maracaibo para estár mucho más cerca del hospital y así solo tener que llenar el tanque de gasolina una vez a la semana. 

Eso también cambió en marzo, pues el combustible escasea y se ha hecho casi imposible conseguirlo. En la cuarentena, las estaciones de servicio deban surtir de gasolina al personal de los hospitales y a los funcionarios de seguridad, pero esa normativa no se ha cumplido en la mayoría de los estados, pues los médicos aún hacen las largas filas y a veces no logran su objetivo. 

Las estaciones de gasolina son de los pocos lugares donde Ronaldo puede ver a los marabinos, porque el resto de la ciudad ha quedado desolada por la cuarentena. 

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Mi ciudad está muy diferente, totalmente sola, yo vivo en una zona central y salgo muy temprano 5:00 o 5:30 am y aunque a esa hora no debe haber tanta gente siempre veía a más personas. A partir de las 8:00 am había mucho tránsito, taxis, carritos por puesto, buses, pero ahora no. Está todo desolado. Solamente se ven los buses rojos que son de la Alcaldía”, relató.

Los pocos lugares que siguen abiertos en la ciudad de Maracaibo son de venta de alimentos y tienen como norma entrar con tapaboca y guantes, lo que Ronaldo entiende a pesar de que considera que muchas personas hacen uso inadecuado de las mascarillas. 

La cuarentena también ha implicado el alza de los precios de muchos productos básicos, alimentos y de limpieza, Zulia no ha sido la excepción.

“Todos los precios han aumentado por lo menos 50%. Las mascarillas que comprabas en la farmacia pasaron de 20.000 bolívares a 300.000 bolívares en cuestión de días”, añadió. 

A pesar de todas estas dificultades, la voluntad de Ronaldo no se doblega. Cuando se levanta intenta llenarse de la mejor energía para ir a sus guardias en el hospital. 

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Nuestra motivación es aprender y seguir con nuestra carrera, cuando uno elige esta profesión hace un juramento que es primero la salud, nunca hacer daño y hacer el bien siempre sin mirar a quien. Motivación económica no tenemos vamos es con la ilusión de ser especialistas y atender bien a los pacientes”, indicó.

El residente pidió a la ciudadanía quedarse en su casa, cumplir las normas de higiene y solo salir cuando deban comprar alimentos. insistió en que cuidarse a sí mismo es la mejor manera de cuidar a los demás y de evitar que se expanda el virus. 

Lleno de incertidumbre, pero con buena actitud Ronaldo sigue preparándose para lo que deba enfrentar dentro del Hospital Universitario de Maracaibo, con la esperanza de que el brote se frene lo antes posible y tanto él como su país vuelvan a la normalidad. 

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