• En El Diario conversamos con tres padres de médicos en España, dos de ellos venezolanos, quienes narraron cómo sus hijos  se enfrentan a la pandemia en uno de los países en el que el virus ha cobrado más víctimas

Un hombre mira el reloj constantemente. Espera que sea el momento adecuado para realizar la llamada que ha deseado hacer durante todo el día. Solo hay una voz que quiere escuchar y un rostro que necesita ver para recuperar la tranquilidad que las noticias sobre el impacto del  coronavirus de Wuhan en el mundo le ha arrebatado. 

Ya es el momento. Marca el número a través de WhatsApp y espera impaciente mientras cuenta la cantidad de veces que repica la videollamada. De repente, aparece un rostro casi irreconocible cubierto por una mascarilla, un gorro hospitalario y una bata plástica hasta el cuello.

“Hola, papá, estoy bien. ¿Cómo están ustedes?”, dice mientras saluda con su mano cubierta por un guante quirúrgico. Esa sencilla frase calmó el agitado corazón de un padre que sabe que su hijo es uno de los médicos venezolanos en España que se enfrenta en primera línea al Covid-19 en uno de los países con  mayor número de contagiados y fallecidos. 

El abrazo mutuo es lo que ambos desean en estos momentos, pero un océano de distancia los separa y el calor familiar fue reemplazado por una pantalla. 

José de Pablos es el orgulloso padre de José Félix De Pablos, un joven médico venezolano quien se enfrenta al Covid-19 en España. Su hijo emigró como muchos jóvenes y encontró en el país europeo la posibilidad de ejercer su profesión en una empresa. Sin embargo, debido a la crisis sanitaria fue llamado a formar parte del equipo médico que se enfrentaría al virus en el hospital Canal de Panamá, en Madrid. 

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José Felix De Pablos, médico venezolano en España

El presidente de la filial Miranda de la Sociedad de Puericultura y Pediatría comparte con su hijo la vocación por la salud. El orgullo, como profesional, que siente por su hijo se equipara con el miedo que le arropa día a día. 

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Como médico me siento muy orgulloso de que él está allá enfrentándose al virus. Pero como padre siento mucho miedo desde el momento en que mi hijo sale al trabajo hasta que regresa a su casa. Yo desde Venezuela paso el día rezando para que no se contamine del virus”, comenta De Pablos para El Diario.

Sentir que se enfrenta diariamente a la muerte  es una de las dificultades que emocionalmente deben afrontar el personal  sanitario en ese país debido al virus. Muchos de ellos son jóvenes profesionales que “estudiaron para la vida”, comenta De Pablos,  quien asegura que una de sus principales preocupaciones es el impacto emocional de la pandemia en los médicos y personal de salud.

“Ellos van a necesitar ayuda psicológica porque esto es como una guerra”, acota.

La angustia y el estrés que pueden sentir los profesionales de la salud es una situación que De Pablos conoce bien. Cada vez que conversa con su hijo intenta siempre darle un mensaje positivo y de ánimo para elevar su moral que puede verse vulnerada por la excesiva cifra de contagiados y fallecidos en ese país.

Covid-19 en España

146.690

personas contagiadas

48.021

personas recuperadas

14.555

personas fallecidas

“Cuando hablo con él trato de no transmitirle el miedo que yo tengo. Pero sí siento mucho, mucho miedo”, comenta De Pablos. 

Las palabras comienzan a salir entrecortadas. A más de 6.000 kilómetros de distancia la única opción para De Pablos es confiar en que pronto la pandemia pasará. El médico cirujano, ahora residenciado en España, se graduó de la Universidad Central de Venezuela (UCV), que a juicio de su padre “es la mejor universidad del mundo”.

“Mi hijo es tremendo profesional, valiente y solidario. Es un médico de verdad, formado en la Universidad Central de Venezuela. Me siento muy orgulloso y esperanzado de que todo esto va a pasar”, asegura con convicción y un dejo de ilusión. 

Padre e hijo comparten la misma pasión: la Medicina. Por esa razón De Pablos entiende la entrega y dedicación con la que trabaja en los hospitales a pesar de la circunstancias.  En cada videollamada, su padre le pide que se proteja para que pueda hacer de la mejor manera lo que tanto le apasiona: salvar vidas.

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Le digo a mi hijo que se cuide y que desde aquí nos sentimos muy orgullosos, preocupados, pero orgullosos. La humanidad le va a agradecer a todos este esfuerzo que están haciendo”, finaliza.
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Centro de Salud Canal de Panamá, Madrid.

Amor de madre

Cada vez que agarra el teléfono y revisa las redes sociales siente un nudo en el estómago. Las noticias sobre el Covid-19 en España y otras partes del mundo no son alentadoras, mucho menos para una madre en Venezuela cuyo hijo se encuentra en un hospital de Zaragoza enfrentándose a la pandemia. 

Iza Hernández decidió revisar lo menos posible las redes sociales, pues con cada noticia su miedo se acrecentaba. Solo espera paciente el momento adecuado para llamar a su hijo y saber que está bien, a pesar del riesgo constante de que pueda contagiarse de coronavirus de Wuhan. 

“Anímicamente no hay ningún ser humano que pueda llevar esta situación tranquilamente”, comenta para El Diario la nutricionista. Su hijo Alberto Vieira trabaja desde hace varios años en España. 

En cada llamada, Alberto trata de ser positivo para mitigar el miedo que su familia puede sentir desde Caracas. “Él me dice que está bien, que está siguiendo los protocolos y que no me preocupe. Pero yo estoy del otro lado, yo soy la mamá, y es más complicado”. 

Para Iza el temor de que su hijo engrose la lista de médicos contagiados es algo que le afecta día tras día. Sin embargo, él aclara que el hospital en el que trabaja le provee de todos los equipos de protección contra el virus. 

“Él me dice que le dan todo para protegerse. Que cuando llega a casa cumple con todas las recomendaciones”, detalla.

Si bien Iza Hernández sabe que su hijo se esfuerza por protegerse diariamente del virus, solamente se siente tranquila cuando escucha o lee un “Mamá, estoy bien”

La necesidad de saber a cada momento si su hijo está bien es algo que los turnos de 24 horas en el hospital español y el inestable Internet venezolano no le permiten. La angustia y el miedo son sentimientos diarios para Hernández. “Yo quisiera que mi hijo estuviera acá en Venezuela, pero él debe ahora ayudar a quienes lo ayudaron”, comenta.  

El temor de madre esta siempre presente en cada llamada y en cada mensaje. Siempre le recuerda que debe cuidarse y que toda su familia está orgullosa de la entereza y profesionalidad con la que Alberto Vieria sobrelleva la situación.

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Quiero decirle que estoy muy orgullosa de él y de todos los venezolanos que están por el mundo. Solo le pido a mi hijo que se cuide porque si él no se cuida no tiene oportunidad de ayudar a los demás”, comenta.

Sentir el miedo de cerca

Las calles vacías de Cataluña reflejan el miedo de una población que prefiere enclaustrarse y no ser parte de la gruesa cifra de fallecidos a causa del Covid-19 en España. Muchas personas se quedan en sus hogares, pero otros deben salir diariamente a enfrentarse con el virus desde un hospital. 

José Martin es el padre de una médico española que diariamente lucha contra los estragos que causa el virus en el país. “Raro” es el adjetivo que encontró para describir el sentimiento que lo invade todos los días. El miedo siempre está presente, pues el temor de que su hija forme parte del grupo de personal de la salud que se enfrenta a la pandemia en primera línea no cesa. 

“Esa sensación de miedo se convierte rápidamente en una sensación de orgullo y felicidad al saber que están haciendo algo que los apasiona y por lo que se han dejado los codos durante muchos años y horas de estudio. Si pongo en una balanza el miedo y el orgullo para ver qué pesa más, casi quedan a la par”, comentó Martin para El Diario. 

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Foto: diario AS

La comunicación con su hija es constante. Sin embargo, el estado de ánimo de la médico varía dependiendo de las circunstancias. Su padre señala que hay días en los que no puede articular palabra mientras conversan pues ha fallecido un paciente a causa del virus y eso le impacta durante el día. “Pero también hay otros días en los que está sumamente feliz, como ayer por ejemplo, que pudo dar de alta a cuatro personas”, contrasta su padre con su acento español.

 Parte de sus tareas como padre es darle ánimo a su hija cuando lo necesita. Con cada llamada Martin maneja la conversación en función del estado emocional de su hija, para levantarle la moral y animarla a seguir adelante. Sin embargo, existen días en los que es la hija quien debe levantarle el ánimo a sus padres. “Todo va a estar bien papá”, le dice para calmarlo.

Para poder lidiar con la pandemia muchos profesionales de la salud deben evitar tomar cada caso personal, lo cual resulta muy complicado para ellos. Expresar los sentimientos queda en un segundo plano y sus esfuerzos se concentran en cumplir con su trabajo para salvar la mayor cantidad de vidas posibles. 

“La mayoría de los médicos están tocados por la situación pero no lo expresan y trabajan duro porque son gente hecha de otra pasta. Cuando todo esto pase a ellos se les va a retribuir todo lo que han dado, pero mientras tanto seguirán trabajando a pie de cañón”, afirma su padre. 

Martin está convencido que la labor que realiza su hija desde la sala de un hospital, en estos momentos, es más importante que muchas otras profesiones. Al hablar de su hija el orgullo acapara sus palabras, a pesar de que el miedo siempre está presente. 

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Su madre y yo nos sentimos orgullosísimos de ella. Sabemos que lo está dando todo y que se está portando como una campeona al igual que sus compañeros. Cuando acabe todo esto se van a llevar un homenaje merecido”, comenta.

Existen factores que juegan en contra de la tranquilidad de los padres cuando sus hijos se enfrentan a esta pandemia. Al dolor de la distancia obligada se le suma el miedo que sienten por lo expuesta que está la salud de quienes trabajan desde una sala de hospital. Sin embargo, el orgullo por la fortaleza, la profesionalidad y el esfuerzo con la que diariamente se enfrentan al virus es lo que los mantiene fuertes.

La pandemia aún no está controlada. Muchos países se esfuerzan en tomar las medidas necesarias para evitar la propagación del Covid-19 y en tanto cesa el número de contagiados, los médicos y personal de salud deben asistir a diario a los hospitales a dar la batalla mientras que sus padres siguen contando las horas para saber que será otro día en el que todo salió bien.

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