• En zonas de Caracas existen iniciativas para ayudar a los más necesitados. Angelo Rangel comentó para El Diario los detalles sobre su jornada de alimentación

La cuarentena en Venezuela ha implicado un reto para muchos. Quedarse en casa es la recomendación que, desde hace más de un mes, los ciudadanos deben cumplir para evitar el contagio y la propagación del Covid-19. Sin embargo, para quienes su hogar es la calle es imposible cumplir con el confinamiento.  Estas personas sin vivienda prefieren exponerse al virus y poder obtener algo de alimento.

La necesidad de otros venezolanos se convirtió en la motivación de Angelo Rangel para iniciar jornadas de entrega de arepas.

Antes de que la pandemia del coronavirus de Wuhan llegara a Venezuela, el joven coordinó la apertura de un comedor comunitario en una iglesia de El Cementerio, en Caracas. El comedor funcionaba gracias a donativos y alimentaba diariamente cerca de 300 personas.

Luego de que la aglomeración de personas fuese prohibida para evitar la propagación de Covid-19, la gente en condición de calle quedó sin el alimento que le ofrecía el comedor. 

El equipo de voluntarios que se encarga de la logística del establecimiento realizó un censo entre las 300 personas que acuden a la iglesia y el estudio determinó que la mitad son familias con niños y también adultos mayores que tienen una vivienda, la otra mitad vive en la calle. 

“150 personas aproximadamente viven en las calles cercanas a la zona de El Cementerio. De esa cifra, he podido contar que aproximadamente 60 viven dentro del Cementerio General del Sur, duermen en los huecos de las tumbas y así”, comenta para El Diario Angelo Rangel. 

La necesidad de ayudar a esas personas desamparadas se hizo eco en la comunidad y fue entonces cuando surgió la iniciativa de regalar una arepa diaria como alternativa para mitigar el hambre.

“Decidimos entregar una arepa porque es una alternativa económica, práctica y rápida”, explica. Un total de ocho personas, jóvenes en su mayoría, participan en esta jornada para beneficiar a los más necesitados.

Foto: Angelo Rangel

Vecinos solidarios

El apoyo de la comunidad ha sido fundamental para llevar a cabo esta iniciativa. Algunos de los vecinos de El Cementerio donan harina o relleno para las arepas, mientras que otros colaboran en la preparación y cocción de las mismas. Rangel admite que se ha complicado la donación de alimentos pues los vecinos “tienen la comida contada”. 

“Se trata de encontrar las maneras de atender esa necesidad. Es muy fácil decir ‘quédate en tu casa’. Esas son personas que no es que no van a sus casas, sino que sencillamente la calle es su casa”, afirma. 

Rangel señala que cada vez es mayor la demanda de personas que buscan alimentarse con las arepas que los jóvenes ofrecen. Durante la última jornada tenían un stock de 50 arepas y aproximadamente 80 personas esperaban recibir el alimento. 

Muchas de las personas que viven en las calles de esta zona son de la tercera edad, precisa Rangel. Añade que subsistían haciendo pequeñas ventas en el bulevar de El Cementerio, pero debido a la cuarentena su fuente de ingresos se vio trastocada y deben encontrar la manera de alimentarse. 

Riesgo latente

El riesgo de contagio del nuevo coronavirus obliga a los voluntarios que entregan las arepas a tomar todas las previsiones necesarias. Por ende, confeccionaron chaquetas de plástico; usan guantes y mascarillas al momento de entregar la comida en la calle.

“A veces siento que con todas estas medidas de protección ellos se pueden sentir menospreciados, pero debo entender que se trata de una medida de precaución. Si me enfermo no puedo ayudarlos”, comenta. 

Foto: Angelo Ragel

Estas jornadas le generan satisfacción a Rangel porque siente que está aportando a la comunidad, aunque está consciente de que la atención a personas en situación de calle es responsabilidad del Estado. 

Tampoco me puedo quedar sentado en mi casa pensando que la gente en la calle tiene hambre y no hacer nada” Angelo Rangel

El joven señala que el hambre puede llevarlos a cometer delitos, por lo que en cada jornada le recuerda la importancia de dignificar la vida y no tolerar humillaciones. 

Una de las principales preocupaciones de Rangel es el aumento de personas viviendo en la calle. “A mí  no me preocupa que suba el dólar. A mí me preocupa que suba el dólar, suba el precio de la comida y además haya más gente en la calle. Más gente a la que tengo que decirle ‘no tengo más, hasta aquí llegué’”” , comenta. 

Destaca que cuando realizan jornadas de entregas de arepas en El Cementerio hay personas que provienen de diferentes zonas de Caracas como Coche, Maripérez, El Paraíso, entre otros lugares.  “El hambre hace que camines lo que sea con tal de poder comer”, afirma. 

A pesar del apoyo que estos jóvenes les brindan durante la cuarentena, la desesperanza se hace presente en estas personas. Recuerda con pesar las palabras de una señora mayor, que es vendedora ambulante, y que no ha encontrado la manera de subsistir ante la pandemia por Covid-19. 

“Angelo,  yo lo que le pido a Dios es morir”, esa declaración impactó al joven. 

Ayuno por necesidad

Angelo Rangel es una persona devota a la iglesia. Hace dos años comenzó esta iniciativa en la época de cuaresma. La iglesia le pedía a sus fieles ayunar como parte de los preceptos de la religión. Ante esta situación, Rangel pensó que el alimento que los creyentes no iban a consumir por elección podía ser donado a las personas en situación de calle que ayunan por necesidad. 

“Yo le pedí a la gente de la comunidad que entregara una comida. Al día siguiente me llevaron 30 comidas, al día siguiente 60 y así fue multiplicándose hasta que logramos crear el comedor”,explica.

Rangel afirma que una de las situaciones que más ha afectado al país, más allá de la pandemia y la crisis económica y social, es que el venezolano se ha puesto, a su juicio, como espectador y no cómo protagonista.

Debemos pensar en qué puedo aportar yo. Nosotros como venezolanos debemos asumir esta casa común donde vivimos» Angelo Rangel

Si bien la pandemia ha agudizado la crisis económica y social que existe en Venezuela, las acciones de solidaridad se han hecho presente en diferentes zonas del país. Con pequeños aportes las personas como Angelo Rangel buscan ayudar a su comunidad y brindar apoyo a quien lo necesite en medio de situaciones difíciles. 

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