• El Diario conversó con dos abuelas que han vivido la pandemia del Covid-19 lejos de las personas más importantes en sus vidas: sus nietos

Ver a sus nietas por videollamada, cuando la señal lo permite, se ha convertido en la nueva realidad de Jacqueline Morgado, una profesora venezolana que debe ejercer su rol profesional y de abuela a distancia durante la pandemia por el Covid-19. 

Jacqueline solo vive con su esposo y su hija menor, en una pequeña casa en Catia, ubicada en la parroquia Sucre de Caracas. Sus otros dos hijos hicieron sus familias y  se mudaron, pero siempre volvían para visitarla. 

Sus tres nietas estaban casi todos los fines de semana con ella, incluso a veces se quedaban ahí durante la semana. Junto a su hija ayudaba a las niñas con sus asignaciones escolares, compartían, veían películas, cocinaban y comían juntas. Desde hace unos meses todo cambió. 

Estado de alarma Nicolás Maduro firmó este 12 de mayo la renovación del Estado de alarma, lo que implica que la cuarentena seguirá vigente por 30 días más en Venezuela.

La última vez que Jacqueline abrazó a sus nietas fue el 20 de febrero de este año, cuando celebraron una fiesta de cumpleaños en su casa, luego de eso, por ocupaciones laborales y con la eventual llegada del Covid-19 al país, el 13 de marzo cuando se anunciaron los primeros casos,  la familia no pudo reunirse más. 

En esta cuarentena tengo a mi familia un poco alejada, aunque nos comunicamos por teléfono no es lo mismo que tenerlos conmigo”, expresó Jacqueline en una entrevista para El Diario.

Desde hace casi un año no tiene Internet en casa, por lo que utiliza el saldo de su teléfono y el de su hija para poder seguir en contacto con sus nietas y además poder trabajar desde casa, una tarea que no siempre logra con éxito. 

Durante sus llamadas y mensajes, Jacqueline intenta decirle a sus nietas lo mucho que las quiere, extraña y quiere estar con ellas, tanto que pierde la cuenta de las veces que lo hace. 

“A veces me dicen que quisieran venir a visitarme, pero deben quedarse en casa hasta que todo esto pase, yo tampoco puedo salir porque soy asmática y sería un riesgo”, agregó. 

Coronavirus en Venezuela

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Cuando sus hijos son quienes están al teléfono, habla con ellos sobre la situación del país y los nuevos casos de Covid-19 que aparecen cada día en Venezuela. También les advierte que cuiden mucho a las niñas, porque los jóvenes también pueden contagiarse.

Al colgar, la docente siente la necesidad de ocuparse en algo para evitar los pensamientos negativos. Ya ha estado dos meses sin salir de su casa y aunque está a gusto en su hogar siente que algo le falta. 

Estoy cosiendo, leyendo libros de psicología y de cocina, también he hecho muchos postres. No creo en eso de que no hay nada que hacer en casa, nosotros estamos siempre ocupados y con mente positiva”, explicó.

El mayor miedo de Jacqueline es no saber cuánto tiempo puede durar la pandemia en el país y espera ansiosamente la creación de una vacuna para combatir el coronavirus de Wuhan, pues considera que sería la única garantía para sentirse segura. 

“Lo más difícil es estar lejos de mi familia y creo que lo primero que haría cuando pueda estar con ellos es abrazarlos. Nosotros estamos juntos sentimentalmente, pero hace falta poder decirles ‘vengan acá’ y sentirlos”, añadió. 

El papel de los abuelos en la crianza

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El doctor Benjamin Spock en su libro Tu hijo cataloga a los abuelos como un recurso para los padres, especialmente los primerizos. Asegura que mientras ayudan a sus hijos también sienten satisfacción de estar con sus nietos.

“En muchas partes del mundo las abuelas son consideradas expertas y cualquier madre primeriza da por sentado que, cuando tenga una duda acerca de su bebé o necesite ayuda, recurrirá a su madre. Cuando una madre tiene confianza en una abuela no solo consigue orientación sino consuelo”.

Spock también considera que en la crianza es válida la intervención de los abuelos cuando los padres se ausenten por motivos de trabajo o enfermedad.

La relación entre abuelos y nietos suele estar llena de más confianza, debido a que los abuelos tienen la libertad de ver a sus nietos con un ojo menos crítico que como lo hicieron son sus hijos.

La psicóloga clínica Mar García Orgaz señala que los abuelos proyectan sus ilusiones en los nietos y que por ello procuran que sus deseos y aficiones sean satisfechas.

García también indica que para los niños, los abuelos representan un soporte emocional y dan amor incondicional sin obligaciones.

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Un amor distinto 

Hace dos años y medio que Rosaura Villegas se convirtió en abuela y desde entonces veía todos los días a su nieto, a pesar de que no vive con él. 

Cuando la hija de Rosaura salía a trabajar, el niño se quedaba en su casa donde también compartía con su madre,  la bisabuela del bebé. 

Hace aproximadamente el mismo tiempo comenzó a sentir algo que ella llama “un amor distinto”, que solamente las abuelas lo entienden. 

Es un amor que no está sujeto a una responsabilidad, es tan inmenso y bonito que es difícil de explicar. Es amar a una personita que viene del ser que más amas”, dijo Rosaura en una entrevista para El Diario.

El día antes de que fuera decretada la cuarentena en Caracas, Rosaura pasó la noche con su nieto, porque los padres habían estado todo el día anterior comprando las cosas que iban a necesitar en ambas casas para acatar la medida de distanciamiento. 

A la mañana siguiente tuvo que despedirse de su hija y su nieto. Hasta ahora no ha vuelto a abrazarlos. 

Aunque han pasado dos meses separados, se ven todos los días por videollamadas. La cuarentena coincidió con un avance en el habla del niño, así que Rosaura ha vivido esa experiencia a distancia. Cada día ve cómo su nieto aprende nuevas palabras. 

“Siento mucha tristeza, porque yo jugaba con él, lo bañaba, lo arreglaba y ahora no puedo. Me la paso con el corazón arrugadito porque no está aquí”, explicó. 

A pesar que la distancia la afecta, en ningún momento ha pensado en romper la cuarentena para visitar al niño, porque no quiere arriesgar su salud ni la de alguien más de su familia. 

Yo no puedo ir a exponerlo a que se vaya a enfermar. Mi prioridad es su salud”, alegó.

Rosaura cree que la relación que llevaba con su nieto puede cambiar un poco luego de la cuarentena, porque durante estos meses se ha acostumbrado a estar las 24 horas del día solamente con sus padres, pero espera que poco a poco se adapte a compartir nuevamente con ella. 

Igual que Jacqueline, Rosaura siente miedo por la incertidumbre ante la magnitud de la pandemia y cuántos meses pasarán para que su vida vuelva a lo que ella recuerda como la la normalidad. 

Mientras Venezuela y el mundo luchan contra un virus que ha cambiado la vida de millones de personas, estas familias continúan separadas, entre la tristeza y la necesidad de protegerse unos a otros, una lección que la humanidad está aprendiendo durante su batalla contra el Covid-19. 

Necesitamos que nuestros viejos duren más que la noche

aunque se te quiebren los huesos de la memoria”

Ezequiel Borges, poeta venezolano
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