• Los continuos actos vandálicos han destruido a la Universidad de Oriente (UDO). La última muestra y una de las más dolorosas fue el incendio provocado en la biblioteca general del núcleo en el estado Sucre. En El Diario conversamos con el jefe del recinto y el movimiento estudiantil para conocer todo el suceso

El poeta alemán Heinrich Haine exclamó un día: «ahí donde se queman libros se acaba quemando también seres humanos». La noche del 31 de mayo un grupo, aún sin identificar, entró en la biblioteca principal del núcleo de Sucre de la Universidad de Oriente para provocar un incendio que acabó, de manera voraz, con una cantidad irrecuperable de libros. Y, así mismo, junto a las llamas que reducían a cenizas años de historia académica aparecen los seres humanos que se formaron en la biblioteca. 

José Boada, jefe de la biblioteca general del núcleo Sucre y especialista en Información y Documentación, comentó en exclusiva para El Diario que los bomberos de la universidad, al conocer la tragedia sobre las llamas en el recinto, no tuvieron la posibilidad de acercarse porque, desde hace varios meses, no tienen los materiales necesarios para proteger el recinto. “El núcleo estaba, prácticamente, solo. Ellos no pudieron ir por la inseguridad, por la oscuridad, porque no había luz. No se pudo hacer nada”, agrega.

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Foto: cortesía

A primera hora de la mañana del 1° de junio los bomberos se dirigieron a la biblioteca y encontraron, prácticamente, todos los libros chamuscados y negros por el fuego. Inservibles. Convertidos en ceniza. 

Relata Boada, con la pesadez de la pérdida, que lo único que quedaba en el edificio eran libros, revistas, tesis de grado y material bibliográfico en el suelo, esto porque se han robado todo: desde computadoras, puertas y estantes hasta, finalmente, acabar con los últimos vestigios del conocimiento universitario. 

El trágico suceso llegó en un mensaje, comenta Boada, a las 12:00 pm. Nunca, en su cariño perpetuo por la universidad, imaginó que iba a presenciar el acabose de todo el recinto. Al conocer que cientos de libros estaban en llamas en el edificio, la sensación de dolor e impotencia se apoderó de su cuerpo. 

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Foto: cortesía
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“Estoy adolorido porque yo amo mi universidad, amo mi biblioteca. Le digo ‘mi biblioteca’ porque así la siento. Yo podría estar tranquilo en mi casa, con mi jubilación, pero siempre he querido seguir aquí apoyando”, dice con la voz tenue.

Desde hace dos años la Universidad de Oriente ha sufrido los desmanes, robos y destrozos de un grupo de personas que no han sido identificadas por las autoridades del Estado. “No fue un corto circuito, esto fue provocado por personas inescrupulosas, vándalos, ladrones, porque existe un ensañamiento contra el recinto”, comentó con la voz entrecortada.

Este mes José Boada cumple 30 años de servicio a la universidad y al conocimiento de miles de jóvenes que le han dado vida a la UDO durante todo ese tiempo. Ahora, con tristeza, es testigo del olvido y la desidia ante los bastiones del pensamiento. “Estoy todavía, como quien dice, luchando por la universidad, porque la quiero”. Ese momento en que el espíritu de los trabajadores y profesores se levantaba ante las dificultades, ante los maltratos de grupos desconocidos, ocurría otro hecho que golpeaba una vez más las ganas de luchar: un robo, un incendio, destrozos a las instalaciones. 

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Foto: cortesía.

Mariangeles Lobatón, estudiante de Sociología y parte del movimiento estudiantil, aseveró para El Diario que durante mucho tiempo la universidad ha sido objeto de vandalismo. Ningún espacio del núcleo ha quedado excluido de los constantes abusos y desmantelamientos. Además, agrega, que han intentado quemar todos los espacios posibles y lo han logrado. El auditorio, el archivo general y, recientemente, la biblioteca han sido el centro de las llamas provocadas por un grupo desconocido. 

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“Da la impresión que son mandados por alguien (los delincuentes), pero no se sabe por quién. Es una lucha contra la universidad y, por esa razón, no quisiera opinar sobre la parte política”, aseveró Boada.

Asimismo, un día antes del incendio provocado en la biblioteca, comenta Mariangeles, el edificio de Matemáticas también fue quemado. La universidad sufre día a día el odio, de la organización, según ella, de varias personas encargadas de destruir cada rincón del recinto y de los elementos que construyen la vida estudiantil. 

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Foto: cortesía.
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“Asumo que el objetivo final es la destrucción total del núcleo. Desde mi percepción es algo miserable, porque, supongo, que no conocen lo que vale para todo el país la Universidad de Oriente. Es realmente doloroso que todo el conocimiento y material que podría ayudar a futuras generaciones se está perdiendo”, agrega.

Ante el destrozo paulatino de la universidad las organismos de seguridad del Estado han hecho caso omiso. Mariangeles comenta, con rabia y tristeza, que las autoridades de la universidad han tratado de resistir y buscar las mejores maneras de evitar este tipo de ataques; incluso, han querido conversar con las autoridades policiales, pero no han recibido atención. 

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Foto: cortesía.

“La única respuesta del Estado ha sido la omisión. Yo creo que, aunque hubo la disposición de diálogo por parte del movimiento estudiantil y de las autoridades de la universidad para encontrar una solución, la respuesta del gobierno era el silencio. No hemos tenido respuesta del gobernador ni del alcalde”, comentó Mariangeles. 

Los robos y destrozos en la biblioteca, comenta Boada, son constantes y las medidas de seguridad cada vez más insuficientes. Por esta razón, hace un par de meses, comenzó todo el equipo de la biblioteca a trasladar, poco a poco, el material bibliográfico de Bioanálisis, Enfermería y Biología a un sector en la planta baja del edificio de Bioanálisis. La idea, antes de los destrozos, era transformar ese espacio en una “pequeña biblioteca”, porque era muy difícil de controlar los robos en el edificio principal de la biblioteca central, pero, avizorando el peligro de los textos y estantes, decidieron convertirlo en un depósito. 

El edificio principal, aquel que en años anteriores resguardaba las tesis de grado de todos los núcleos de la Universidad de Oriente, fue completamente vandalizado. Lo poco que quedaba, que no había podido resguardarse en el depósito, fue robado y, por último, incendiaron la planta baja y el primer piso de las instalaciones. Además, el aula que se había convertido en un pequeño centro de almacenamiento para resguardar el material bibliográfico también fue vandalizado: robaron los estantes, el cielo raso del techo y mucho material de apoyo. 

Las tesis son una muestra del arduo trabajo académico e investigativo de la población estudiantil. En esos libros está el conocimiento, muchas a veces atemporal, de todos los alumnos pero en el núcleo de Sucre han sufrido un destrozo total. Según Boada el modus operandi se basa en remover el material de encuadernación, que es reciclable y, por ende, se puede vender. 

El maltrato y abandono de la Universidad de Oriente

La voz de Boada transita en el rabia y la impotencia al narrar los incidentes: el primer hecho que sorprendió a la población estudiantil fue el robo de todos los equipos en la sala de computación en la biblioteca general. En esta sala los estudiantes podían disfrutar de cursos y preparaciones para, de esta forma, engrandecer su conocimiento en diferentes áreas. “Pero se llevaron todo”. 

Los edificios de Ciencia, Matemática e Informática fueron objeto de diferentes casos de vandalismo a través del último años. Además de los robos y el daño de cada herramienta para el desarrollo del conocimiento, destrozaron los baños, las puertas, las ventanas de cada uno de los edificios. 

El deterioro de las instalaciones, consecuentemente, llevó al menoscabo en las condiciones laborales de docenas de empleados. Boada comenta que en los años anteriores la biblioteca tenía dos turnos, mañana y tarde, pero con el daño del recinto y la inestabilidad en la vida laboral se cambió a un solo turno. Muchos de sus compañeros, que recuerda con cariño por los años vivido en el campus, se han ido del país ante la crisis que cada día se acrecienta con más fuerza. Otros, como los trabajadores del edificio de ciencias y matemática, se quedaron sin un espacio donde trabajar y fueron trasladados a la parte baja de la universidad. 

Explicó, con el pesar de haber visto arder en llamas muchos edificios, que el incendio del auditorio fue un golpe sin precedentes para el Departamento de Cultura. “Ahora siento el dolor que ellos vivieron”, agrega. Los sitios predilectos para impartir el conocimiento y la expresividad humana, donde se reconocen los signos de la historia, se han transformado en ceniza. Boada, con una vida en la universidad comenta con la garganta obstruida por la tristeza, advirtiendo que  próximamente puede ocurrir un cierre técnico de la universidad.

El transporte es otro de los grandes problemas que se cierne sobre los trabajadores de la universidad. Incluso, el 27 de mayo el dirigente estudiantil José Malavé denunció el robo de un autobús de la universidad por parte de efectivos policiales. “Más de 80% de las unidades de transporte de la UDO se encuentran detenidas por las asfixia presupuestaria y como si esto no fuese suficiente, el régimen viola una vez más la autonomía universitaria y secuestra una unidad del núcleo”, agregó Malave. 

En un comunicado expuesto por la universidad el 2 de junio se denunció el robo de la unidad de transporte y se recalcó la insistencia de la decana Noris Jordán para el retorno del autobús. La respuesta del alcalde de Cúmana Luis Sifontes y de las autoridades ha sido negativa. Por los momentos, la unidad de transporte es utilizada para recoger a las personas detenidas por el incumplimiento de la cuarentena. 

La posición de los estudiantes, que padecen de igual forma el destrozo de la universidad, es fuerte ante las amenazas y pretende buscar las soluciones para enfrentar los atentados hacia el recinto. Mariangeles Lobatón, vocera del movimiento estudiantil, comenta que la exigencia es continua para rescatar los 58 años de historia y el recuerdo fecundo de miles de estudiantes que caminaron por esos pasillos hoy destrozados. 

Lobatón recuerda en su relato la entereza de los estudiantes para rescatar los 58 años de historia que tiene la universidad. En este incendio, comenta, se perderán miles de tesis y mucho material primordial, tanto para los udistas como para los estudiantes de otras universidades. En ese momento, agrupando todos los actos vandálicos que se han realizado en contra del campus, se pregunta con tristeza: ¿será que nos vamos a quedar sin universidad? 

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“Yo llamó a toda la comunidad de la Universidad de Oriente para que se pronuncie. Los cinco núcleos y todas las extensiones. Es necesario que nos unamos para condenar y denunciar juntos la situación”, agregó ella.

Para el día viernes 5 de junio, comenta José Boada, habrá una reunión entre los estudiantes, trabajadores y autoridades universitarias para subir al edificio y establecer el registro de cada uno de los daños que sufrieron las instalaciones.

La quema de una biblioteca, de una librería, de un libro puede llegar a significar uno de los mayores atentados a los signos que construyen el sentido de “lo humano”. Por eso, con la entereza de aquel que jamás se rinde, José Boada y los 22 trabajadores de la biblioteca continuarán para evitar el cierre total de la universidad y luchar contra aquellos que, de cierta manera, han perdido su humanidad y se han dejado dominar, como diría Ray Bradbury en su obra Fahrenheit 451, mientras esas páginas se chamuscaban hasta convertirse en ceniza.

Este artículo de El Diario fue editado por: José Gregorio Silva / Irelis Durand.

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