• El músico acaba de estrenar un disco que considera que es como el primero. Un álbum que es testimonio de la recuperación, pero también homenaje a quien ha estado siempre. Foto: Rafael E Rodríguez

El disco que casi no se hace. Así se refiere Yordano a Después de todo, el álbum que acaba de estrenar; el primero con canciones inéditas después de haber recibido el trasplante de médula en enero de 2015.

Regresa con un registro de vaivenes emocionales que se hacen canciones; constancia de anhelos, recuerdos, dichas, deseos, agradecimientos, festejos y nostalgias.

La obra de Yordano es amplia. En ella cabe todo lo que al artista le conmueve e inspira. Después de todo con las reminiscencias del rock and roll que ha acompañado por décadas al compositor, pero también con la puerta abierta a esos ritmos latinos que resuenan inevitablemente para la dicha que quien crece en un país como Venezuela.  

Musicalmente no me gusta comparar, pero en lo personal, es un disco que pudo no haber sido. Es casi un primer disco”, afirma desde Nueva York, donde reside desde noviembre de 2014.
Foto: Rafael E Rodríguez

Por eso, en “Enamorarnos otra vez”, el punto de partida, habla de recuperar el mes de abril y volverse loco en París. “Cuando me hicieron el trasplante, abril fue uno de los meses críticos. Yo salí del hospital en marzo”, cuenta sobre una letra que le hace guiños también a Joaquin Sabina.

Después de todo es además un homenaje a Yuri Bastidas, su esposa y manager, con quien vivió estos años de incertidumbre. Hay líneas que no tienen otra interpretación que el manifiesto de amor hacia ella, pero también hay frases intrigantes, como las del peaje que cobra la vida.  

El trasplante es eso, el peaje que pagas por un tiempo que no tenías. Es un peaje existencial, físico, de deterioro. Son seis años de recuperación. Por eso cuando me han dicho que hable con alguien que esté en una situación similar, he contestado que mi experiencia es imposible de transmitir y no puedo aconsejar nada. Es muy complicado y duro. No es un trayecto fácil”.

Hay un canto a los nuevos comienzos, incluso con esa presencia del Eros que tan común es notar en varias canciones de Yordano. Una travesía en la que al final queda el amor. Un mensaje de ir hacia adelante, conscientes del pasado, pero sin pararse a contemplar lo vivido. El presente como único camino. No hay razones para llorar. ¿Para qué? Todo se ha ido superando, y la música nueva es la prueba del ahora y el porvenir.

Como escribió su hija Adela en Instagram: “Solo quiero gritarle al mundo que mi papá lo logró. Después de todo, el hizo un disco que nos acompañará siempre y eso es algo que me hace sentirlo cerca a pesar de la distancia. Este disco es lo más gratificante que he escuchado después de todo. Después de emigrar, después de ser mamá por segunda vez, después de volver a abrazar a mi papá en mucho tiempo, después de verlo luchar por su vida, por videollamadas y tantas historias…. Este disco me enseñó que el amor lo puede todo”.

Estas piezas fueron escritas en la recuperación, en un lugar en el que se entremezcla creación y cotidianidad del hogar. En esas dinámicas, Yordano preguntaba qué tal sonaba tal acorde o qué tal aquella línea. Y Yuri respondía, y cada vez sumaba más, y en los créditos aparece como coautora de “Dime” y “Alguien va a llorar».

“El único sitio que tengo para tocar es un rinconcito de la sala, que además es pequeña. Además, ella escribe muy bien. Le he dicho que escriba sus historias sobre los pueblos donde vivió en Venezuela. Lo que pasaba en el pueblo, con la familia, los nombres de ciertas personas, lo que pasaba en el mercado. Que haga ficciones como los cuentos de Gabriel García Márquez, que parecen inventadas, pero que ocurrieron. Espero que algún día lo desarrolle porque siento que tiene cosas muy buenas para escribir”.

Tres décadas después

En Después de todo confluyen además esas cosas de la vida, como dice el cantante, que lucen distantes pero que se juntan a favor de un plan. Hace más de 30 años le entregó a un amigo un casete con la premezcla de Lunas, el álbum que editó en 1988.

Yordano le hizo jurar por Dios, y hasta por el primer disco de rock ad roll, que no se lo mostraría a nadie, pero su amigo no cumplió. Se lo dio a su hija, quien a su vez se lo mostró a un amigo de la época, un muchacho que se haría popular por ser guitarrista de una banda llamada Los Amigos Invisibles: José Luis “Cheo” Pardo.

Giordano Di Marzo, como realmente aparece en los documentos de identidad, ni sospechaba que esa indiscreción sería parte de una trayectoria alusiva a su obra, e incluso a su familia.

Los Amigos Invisibles versionaron “Medialuna”, del disco Lunas, en ese homenaje a sus héroes que titularon Súper pop Venezuela, en el que también interpretaron “No es fácil amar a una mujer”, de Adrenalina Caribe, que lideró Evio Di Marzo, el hermano del compositor.

“Yo me enteré hace poco que Cheo había escuchado ese casete. Fíjate las vueltas que da la vida”, comenta sobre Pardo, que es productor de este disco, en el que también toca las guitarras y los teclados.

Y en la obra, se nota la presencia de Pardo, de quien se reconocen esas maneras tan características. Como en el video de la canción que le da título al álbum, la presencia de Cheo se subraya y se difumina en un ejercicio de composición en el que ambos se concatenan a favor de la obra. Hay coincidencias claras en el funk, pero que Yordano lleva al Caribe.  

Foto: Rafael E Rodríguez

“Él es un hito en la música venezolana, un artista que hace canciones diferentes a las mías, pero que me sorprendió en varias oportunidades. Muchas veces hablábamos de una canción, de la atmosfera que podíamos darle, y él me nombraba por ejemplo a una de mis favoritas, que es ‘Wild Horses’ de los Rolling Stones. En el rock, él ha absorbido esas influencias, que tal vez no las pone en su música, pero las tiene”.   

Vale decir además que Después de todo reúne a músicos tan variopintos como los pianistas Luis Perdomo y Antonio Mazzei, el percusionista Neil Ochoa, el bajista José Gregorio “Bam Bam” Rodríguez y los cantantes Betsayda Machado y Ulises Hadjis, entre tantos otros.

En cuarentena

En marzo, Yordano tenía 14 fechas confirmadas para el resto del año. Le hubiese gustado celebrar este retorno con conciertos en distintas ciudades, pero no. Al mundo lo cubrió una pandemia que confinó a millones en sus casas. “Las circunstancias no son las mejores, pero espero que el disco ayude de alguna manera a llevar algo positivo. Es un álbum que tenía mucho tiempo trabajando”.

Foto: Rafael E Rodríguez

Antes de que los países cerraran sus fronteras, Yordano estaba en Europa, donde pudo tocar por primera vez en Roma, donde nació, pero donde nunca había cantado.

“El coronavirus estaba detrás de nosotros. Cuando estábamos yendo de Madrid a Roma, cerraron Milán. Se pospuso ese viaje, pero nos presentamos en Roma. Luego fuimos a las Isla Canarias y regresamos a Madrid. De ahí nos deslizamos a Nueva York, como llegando a home”.

Tuvo miedo. A la semana de estar en Estados Unidos, se enteró que dos de los amigos con los que compartió una velada en Madrid antes de retornar, habían dado positivo por Covid-19. Uno incluso fue ingresado de emergencia.

Llamé al médico, que me preguntó si tenía fiebre. Le contesté que no. Me dijo que entonces que no había que hacer la prueba. Al día siguiente me dio catarro y nos asustamos. Pasamos más de una semana esperando. Si me daba, estaba complicado porque todavía tengo el sistema inmunológico comprometido, por eso tomo inmunosupresores. Además, tengo pequeños enfisemas de cuando fumaba”.

Transcurrieron dos semanas, y no pasó nada. “Yuri no me deja salir ni a la puerta. Sale y cuando regresa desinfecta todo. Solo he salido dos veces al hospital”.

Una vez descartado el peligro, la cuarentena no ha sido novedosa para ambos. “Recuerda que estuve 47 días en un hospital y seis meses en cuarentena cuando salí del trasplante. Claro, el año pasado fue que obtuvimos la residencia, que me permite tocar tranquilamente, pero ahora todo quedó en suspenso. Y dije ‘qué vaina pues’. Económicamente las cosas empiezan a complicarse. En cuanto a lo doméstico, va bien. Estoy acostumbrado a estar en la casa tocando”.

Extraña salir eventualmente a pasear o encontrarse con amigos. A él le gusta ir a la tienda a comprar las cuerdas de la guitarra o hacerle mantenimiento. No se acostumbra a eso de comprar por Internet.

Yuri aprendió a hacer pan, como mucha gente, que ahora se llena de recetas durante el confinamiento.

Vio en Netflix la serie Unorthodox, y todavía lamenta la temporada final de Game of Thrones. “Me da rabia cómo la echaron a perder. Pero bueno, también volví a ver algunos capítulos de Los Soprano. Hay otra serie cuya primera temporada fue divertida, pero la segunda y la tercera son regulares para mala: La casa de las flores. También disfruté una comedia inglesa que te recomiendo que se llama Love Wedding Repeat sobre cómo una tontería puede cambiar el universo (sonríe)”.

A lo lejos, se escucha la voz de Yuri Bastidas que le dice: “Recuerda la novela brasileña que te zampaste toda conmigo”. Y él contesta: “¡Ah sí!, como 170 capítulos. Se titula Imperio. Yo peleaba con los guionistas mientras veía los capítulos. Sabes que las novelas tienen varios escritores, y te vas dado cuenta cuáles son los buenos capítulos y cuáles los malos”.

Yordano no tiene ni idea de cómo será la industria musical después de que pase la pandemia, pero mientras, no descarta hacer alguna transmisión por redes junto con Cheo. De Sony, la disquera, le enviaron un micrófono y una lámpara con los que tiene pensado hacer algunas sesiones desde el apartamento para Youtube o Instagram. “Ahí vemos. Esto pasará”. Después de todo es un hecho, está ahí como disco. Pero no es un capítulo cerrado. El título es tan solo un libro abierto a todo lo que está por venir para el artista. Las canciones que seguramente aún se escriben en un rincón de Nueva York, los acordes que resuenan entre paredes, mientras él le pregunta a su esposa qué le parece, y ella, a su vez, seguramente piensa si escribir o no esas historias sobre aquellos años en Venezuela.

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