• El guitarrista acaba de estrenar Sorpresa, su primer disco como solista. Desde Nueva York, ha aprovechado la cuarentena para escribir más canciones, pero también para amenizar las noches de sus seguidores a través de Instagram

En una de las primeras noches de la cuarentena en Nueva York, Cheo Pardo se preparaba un trago. Ya había anotado las canciones que compartiría y comentaría en una de sus primeras transmisiones por Instagram. En época de distanciamiento social, los llamados live de la red social son una opción para artistas que buscan mantener un vínculo con aquellos que buscan compañía y distensión.

El guitarrista miraba la cámara, preguntaba si se escuchaba bien. Sacaba vinilos de Prince, Soda Stereo y todos esos músicos que lo han acompañado. Se empezó así una costumbre.

Para el viernes 26 de abril el plan era escuchar y comentar salsa erótica. Y cumplió. La noche estuvo amenizada por Eddie Santiago, Luis Enrique, Rey Ruiz, Paquito Guzmán. En los comentarios del live se leían recuerdos de viajes en camionetica a la playa y noches sudorosas en discotecas caraqueñas.

Cheo Pardo ha estado muy activo desde que en 2014 dejó a Los Amigos Invisibles, donde fue uno de los más prolíficos compositores. Sus notas y acordes ahora suenan en proyectos como Los Crema Paraíso, Orquesta Discotheque y Loco Beach, así como ha sido productor de músicos noveles como Lolita de Sola, Rawayana, Okills, Gamboa, Simón Grossman, y también se ha ganado la confianza de veteranos como Yordano.

A principios de abril estrenó Sorpresa, su primer disco como solista. Sí, una obra en la que no solo ejecuta su bien ponderada guitarra, sino en el que también canta mientras refirma sus influencias del bolero, la salsa, el funk, dance y bossa nova. Una obra que firma como Cheo, a secas. En su caso, no hay más nada que precisar. Forma parte ya de una tradición musical en el país.

“Es un disco que hace un año no imaginé que haría. Un gusto que me que quería dar que ha resultado en una buena noticia para las personas que lo han escuchado. Ha sido bien bonito saber que ha ayudado a que se sientan relajados y contentos en momentos en los que estamos encerrados y claustrofóbicos”, dice por teléfono desde su casa en Nueva York mientras prepara una pasta para cenar. “Estoy rallando el queso en estos momentos”, detalla.

Para mediados de marzo, eran varias las presentaciones que Cheo Pardo tenía pautadas, pero fueron canceladas por la cuarentena.

Entonces, por despecho, empecé a compartir música en los live. La respuesta fue tan divertida, que se ha mantenido. Todo tiene un concepto y siento que hay algo positivo dentro de lo relevante que puede ser mi trabajo”.

El músico se había opuesto a mostrarse de esa forma. Su equipo de trabajo lo había animado infructuosamente, pero bueno, las circunstancias han cambiado e Instagram ahora es tarima.

Es metódico. Tiene un guion escrito en una pequeña pizarra que tiene cerca. Claro, le da pánico quedarse en un limbo. Cada canción es condimentada con algún recuerdo, como aquella salida con su papá a comprar discos. Y un día, tuvo que escoger entre uno de Génesis y otro de Prince, por el que se decantó. ¿Pero qué hubiera pasado de haber ocurrido lo contrario”? El artista pega una carcajada y se aventura: “Sería el guitarrista de una banda de versiones de Journey o de rock sinfónico. Es una gran pregunta. Mi vida está llena de decisiones pequeñas que tienen impacto muy grande, como el disco que David Byrne compró y por el que firmó a Los Amigos Invisibles. Así como cuando tocamos en Coachella porque alguien nos vio en un show en el que solo había ocho personas. Soy muy creyente en experiencias como cuando alguien te cambia la vida con dos palabras que te dice”.

Nueva York es otra en estos momentos. Cheo Pardo está resguardado, con su hijo, pero escribiendo mucho, haciendo música. Cuenta que, si bien varios de sus colegas entraron en shock por no poder tocar en vivo durante estos días de distanciamiento social, otros están bastante activos en casa mientras se protegen de la pandemia.

“Estoy tan ocupado como siempre porque la explosión de creatividad es increíble. El otro día hablaba con George Harris que nuestro trabajo en este momento es entretener. Estamos haciendo algo positivo si una enfermera llega a su casa estresada y se siente mejor si escucha el disco, lee algo que tú escribiste o disfruta la música que compartes por Instagram”.

La vista desde su ventana es linda, afirma. Siempre ve a sus vecinos, personas que ahora ven trastocada una metrópolis conocida por un dinamismo que parecía inquebrantable, aunque no ha estado exenta de tragedias, como los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, recuerdos que Cheo Pardo rememora en estos momentos.

“Como entonces, en estos tiempos en los que Nueva York pasa por un momento muy difícil y trágico, la ciudad tiene la capacidad de volverse una comunidad, como un pueblito, en el que todos se ayudan. Hay una energía muy bonita en la que todos se sienten de este lugar”.

El guitarrista incluso elogia el liderazgo del gobernador Andrew Cuomo, de quien considera ha manejado muy bien la situación. “Habla diariamente y todo el mundo lo ve. Posee poder de convencimiento y todos están sincronizados con la cuarentena. Diría que la mayoría la cumple. Lo increíble será eso que llaman la nueva realidad. Habrá muchos cambios. Se ve ahora que hay gente que no tiene que ir a la oficina, que se ha percatado del tiempo que se pierde en ir de un lado a otro. El tiempo con la familia”.

Sobre el disco

Foto: Cortesía

En entrevistas ha dicho que hace un año no se imaginaba hacer un disco como Sorpresa, pero sí hubo un detonante: el álbum que en 2018 grabó con Ulises Hadjis titulado ¿Dónde?. ¡Por supuesto! Él es el responsable de que yo cante. Siempre fui guitarrista y estuve rodeado de buenos cantantes, así que no tenía necesidad. En Los Amigos Invisibles no solo estaba Julio Briceño, sino los que hacían coros. Es como saberse el chiste, pero siempre hay alguien que lo cuenta mejor”.

El compositor marabino que ahora vive en México también lo animó a mostrar esas canciones que tenía guardadas, a revisarlas, a escribirlas de nuevo y demás.

Pero también Sorpresa se debe a un embarque. En 2019 estaba previsto que produjera un disco para un artista. Había apartado mes y medio para para ese proyecto, y la cancelación lo dejó en un paréntesis que al principio no sabía muy bien cómo enfrentar. Volvió a esos escritos, a esas notas de voz que le sirven de registro a su creatividad y se propuso hacer un disco.

Habló con los músicos que había contratado para ese proyecto cancelado y así empezó a gestarse Sorpresa, obra que representó un reto, especialmente por la voz, que antes le era tan lejana.

Es también un disco en el que hay una preocupación por tener historias, pero también momentos de distracción. Siento que no hay discos con sentido del humor”.

Se puede pensar que un músico con más de 30 años de carrera tiene la suficiente confianza para emprender un disco como solista, pero no.

“Tuve todo el temor de una quinceañera. Este disco es como una tesis de grado. Necesitaba hacer algo con todo lo que había aprendido y con mi poder de decisión. Lo más difícil de realizar un álbum es superar las inseguridades de los músicos, y como productor, soy la persona que los cuida de ellos mismos, que son su peor enemigo. Una vez le mostré a un gran amigo lo que había grabado. Le dije que era un músico que yo había producido. Me dijo que estaba muy bueno, me preguntó que quién era. Entonces, surgió la confianza”.

Fue un reto superar a ese Cheo enemigo de Cheo. Se ríen cuando le pregunta cómo hizo: “Confié, solo confié. Eso es lo que le digo a las bandas. Llega un momento también en el que la autoestima te dice qué es lo que quieres mostrar. Las canciones también toman una vía cuando la gente las escucha y hay que dejar que eso ocurra. Cada quien las interpreta de cierta manera”.

Sorpresa es una muestra de lo que el compositor ha aprendido durante años. Reconoce que no solo de esos productores con los que ha compartido en estudio, sino también con esas bandas jóvenes que lo han buscado para labores de producción. Le han dado, cuenta, una perspectiva diferente, muchachos que comienzan de cero en un contexto muy diferente al que hubo cuando él comenzó.

Nuevas generaciones

Cheo Pardo ha trabajado como productor con artistas más jóvenes; una impronta que tal vez ha moldeado el sonido de las nuevas generaciones de músicos en Venezuela. Se ríe ante esa idea. “Ese es mi plan maquiavélico… Pero en verdad creo que es una retroalimentación. Es interesante cuando trabajas con bandas y encuentras que una generación se siente afín a cosas tuyas que ni imaginabas habían tenido repercusión”, comenta antes de poner como ejemplo cómo un grupo de Perú resultó ser fan de Orquesta Discotheque, con el que en 2014 homenajeó y reivindicó a músicos como Luis Miguel, Raffaella Carrà y Juan Luis Guerra. Otros como Okills o Rawayana lo han buscado por obras más oscuras, y no precisamente por temas como “Ponerte en cuatro”.

En estos tiempos de pandemia, se habla de la nueva realidad que depara. Cheo Pardo no sabe cómo será para los músicos. Es obvio que la gente necesita consumir música, pero también está el otro lado, impregnado del temor a ir a un lugar a disfrutar de un artista. Ya se verá cómo será lo que vendrá.

Mientras, hay un toro suelto. Ese, que salió al ruedo con este disco como solista. “Así mismo como lo dices. El toro está suelto. Hay canciones listas y otras que estoy terminando. Tengo un staff de panas que está grabando en sus casas. La idea es sacar un EP a finales de año para montar una gira si Dios quiere”. Habrá más.

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