• El artista ha retomado el pincel y el lienzo. En sus redes sociales ha mostrado los cuadros creados y hay planes de exponer en museos y galerías para cuando el mundo se reactive. También es conocido por su trabajo en efectos visuales en películas de Hollywood. Foto: Cortesía Álvaro Segura

La cuarentena impulsó el reencuentro. Quienes conocen a Álvaro Segura inmediatamente lo imaginan con una guitarra en la mano, quizá tocando algún solo para Zapato 3. Pero en semanas recientes, en las fotos que ha publicado en su cuenta en Instagram, se le ha visto frente al lienzo.

No es la primera vez. El pincel no es ajeno en su vida. En los años noventa egresó del mítico Instituto de Diseño Neumann, como parte de la última generación de estudiantes del desaparecido centro de estudios, que se nutría de la escuela alemana Bauhaus y a la que pertenecieron figuras como Santiago Pol o Waleska Belisario.

No es extraordinario que esté pintando. Parte del conocimiento global que recibí era del dibujo analítico, de la teoría del color, la serigrafía. Incluso hice cerámica. Mi tesis de grado fueron dos óleos grandes. Me considero un artista multidisciplinario. Al final, todo se conecta”, cuenta por teléfono desde California, Estados Unidos.

Esas pinturas de juventud todavía existen. Están en Caracas, en casa de la familia de su novia de entonces, Intensity Gornés Vera. “Personas muy influyentes en mi vida. Me la pasaba metido en esa casa. Era justo que algo mío estuviera ahí para honrarlos”, asegura para El Diario.

Esas obras son el registro de un incipiente pintor que fue seducido por la tecnología, y no solo la que le permitió las distorsiones y los riffs que cautivaron a los seguidores de Zapato 3, sino también fue atraído por ese diseño que un software de avanzada puede lograr, incluso, el de hacer real frente a la pantalla lo que deslumbra y parece imposible.

Muchos han visto su obra, pero seguramente no han reparado en el crédito que lo certifica. Álvaro Segura ha trabajado en los efectos visuales de películas como Iron Man 2, Ant-Man, Hotel Transylvania, Trolls o Piratas del Caribe: La venganza de Salazar.

El último proyecto cinematográfico fue Terminator: Destino oscuro. La industria está paralizada temporalmente, aunque hace cuatro semanas terminó un tráiler para el videojuego Magic: The Gathering. Desde entonces no ha salido más nada.

Y fue precisamente gracias a su trabajo en el cine, que todo se alineó para que se parara nuevamente frente al lienzo en blanco. “Hace tiempo tuve un arranque y compré pintura acrílica, pero nunca las usé. Entre 2018 y abril de 2019 viví en Londres por mi trabajo en la nueva versión de El rey león. Entonces, guardé todas mis pertenencias en un storage, un espacio grande que alquilé. Cuando regresé, las encontré de nuevo”, detalla sobre ese momento en el que volvió a casa luego de ser uno de los líderes de proyecto en el departamento de simulación de efectos visuales de la adaptación del clásico de Disney.

Las ganas estaban, pero los múltiples compromisos no lo permitían. Entonces, la cuarentena por el covid-19 le brindó ese chance, especialmente por no tener que perder tiempo de un lado a otro en el denso tráfico de Los Ángeles.

Foto: Cortesía Álvaro Segura

“Además, desde octubre del año pasado vivo en Long Beach, en un amplio loft, un lugar que me ha inspirado mucho”.

El reencuentro fue rudo. Estaba, como dicen, oxidado. “No tienes la ligereza, esa maestría de la mano, que se pierde como ocurre con la guitarra cuando no practicas. Pero el ojo no lo he parado de cultivar. Está afilado porque es esencial para los efectos visuales”.

Una mujer con un short de bluyín fue el primer resultado de este reencuentro. En esa experiencia, su reto fue lograr el efecto impresionista de luces y sombras, colores complementarios, alcanzar las texturas.

En un repaso por lo más reciente de sus redes, es fácil concluir su interés por la figura de la mujer, no sin dejar a un lado al Eros que también se manifiesta en varias canciones de Zapato 3.

“Ha sido un enigma desde los pintores prerrenacentistas hasta los contemporáneos.  Es un campo de estudio infinito. No soy diferente en ese sentido. Me atrae mucho la interpretación del cuerpo humano, y especialmente de la mujer. Para mí el cuerpo femenino es indescifrable. Por eso trato de descifrarlo cuando compongo una canción, con una simulación de un efecto, con el dibujo, con la pintura. La idea de la mujer nunca es cotidiana; desde el punto de vista de estudio anatómico hasta lo energético y espiritual”.

Foto: Cortesía Álvaro Segura

Se emociona con el tema y busca justificar aún más ese interés: “Es la puerta de entrada a este mundo. Representa a la madre de la raza, es la puerta de entrada al universo, una conexión directa con la energía creativa y divina. Ha sido representada, juzgada y sometida por esa magia espiritual; perseguida cuando muestra un tobillo en una religión medieval del Medio Oriente, por su belleza, pero también ha sido endiosada. De la mujer nacen las sirenas y las ninfas. Es una entidad espiritual tan fuerte que para entenderla requiere evolución”.

¿Y acaso Álvaro Segura se encuentra en un nivel capaz de entenderla desde la perspectiva del evolucionado?

Bueno (silencio) te respondo con ese dicho de que solo sé que no sé nada. Cuando dices que eres evolucionado, dejaste de crecer y te estancaste en una idea. Pero la primera muestra de que la evolución es infinita está en subir la mirada y ver el universo. Ese es nuestro primer marco referencial de la evolución”

Ahora, con respecto a la sensualidad en su obra, es cauteloso. “Me da miedo expresar con mis pinturas erotismo de verdad. Cuando eres un artista consagrado, puedes tener la arrogancia de crear erotismo, pero cuando no has logrado una posición en un mercado y una sociedad que te acepta y admira como pintor, es absurda esa arrogancia. Me encantaría poder llegar a eso. Pero no me siento todavía moralmente capaz. Porque prefiero demostrar un dominio de la técnica, antes de imponer un concepto ético o moral, que implica una cuestión que siempre está en conflicto en la sociedad”, afirma Álvaro Segura, quien es seguidor de artistas como Ashley Wood, Kim Jung Gi, Frank Frazetta o el venezolano Jorge Pizzani.

La libertad en lienzo

Foto: Cortesía Álvaro Segura

Se siente más libre en esta faceta, sin responder a toda una gama de jerarquías que precisa una gran producción de Hollywood, en la que él como artista puede pensar que el trabajo está bien hecho, pero de repente, el director cambia todo drásticamente.

Aunque tampoco se lamenta por eso. Encuentra el lado positivo en esa estructura en un mercado que conoce muy bien y en el que su trabajo es constantemente requerido.

En ese proceso también está el éxito. Porque al final es mucho más fácil complacerte a ti mismo que a un director. La mente de otro es un universo que no entiendes y tienes que tratar de hacerlo. Es un trabajo relativamente más arduo. Claro, no hay que olvidar que como artista tienes que exigirte mucho a ti mismo y no conformarte con lo que haces”, afirma segura.

Está claro que lo que comenzó en cuarentena no es un ejercicio de esparcimiento para pasar el tiempo y no enloquecer por el encierro. Él quiere que la gente no solo sepa que pinta, sino ir más allá, como cuando el cantante finalmente se ve realizado en tarima frente a cientos o miles que conocen sus canciones.

Es como ser músico y no imaginarse estar en el escenario. Estoy trabajando para que cuando esto merme, y el mundo se abra, pueda conectarme con las galerías y los museos. He conversado con personas interesadas, con curadores que incluso me han dicho cuál debe ser el precio de un cuadro”.

El lienzo no será lo único. Allá, en ese estudio en el que pinta y hace serigrafías, prepara un proyecto de instalaciones basado en efectos visuales para proyectar en pantallas LED. Puede ser en la calle, en un museo, una galería o en cualquier lado.

Foto: Cortesía Álvaro Segura

Como solista

Álvaro Segura se siente egoísta. Admite no estar totalmente conectado en estos momentos con planes musicales, pues su impulso lo lleva en estos a la creación visual. Ahí está el ímpetu, bien sea con el dibujo, la serigrafía, la pintura acrílica o la computadora.

“Mi torrencial artístico está más en lo visual más que en la composición musical. En Zapato 3 cada quien anda en lo suyo actualmente. Mi hermano está impresionado y me gusta que me defina como un artista plástico. Él me da ese calificativo”, en referencia al vocalista de Zapato 3, Carlos Segura.

Hay ideas para encaminar al grupo, pero no hay decisiones tomadas. Por ejemplo, algunos quieren grabar nuevamente Amor, furia y languidez, el disco debut que salió en 1989. El guitarrista lo odia por ser una obra ingenua, mal grabada, desafinada y que no los representa. Pero es solo una opción sobre la mesa, porque otros prefieren grabar un álbum con canciones nuevas.

Ahora bien, durante una revisión detenida en su Instagram, al detallista le llamará la atención un reconocimiento en 2016 como finalista en el certamen American Songwriting Awards. La obra ganadora: “Virginia Wright II”. Obviamente, surgen preguntas cuando se escucha al compositor hablar sobre un momento de creación en solitario que está disfrutando al máximo. Quizá hay letras y acordes anotados para sí.

“Debe haber algo cabalístico. No eres el primero que me lo pregunta. Me gusta trabajar con Zapato 3. No tengo ambiciones de una nueva ramificación musical en mi carrera, pero creo que sí me lo debo. Algún día lo hare. Sobre ese tema que ganó, yo no fui quien lo metió en concurso. Fue una novia que tenía. No me dijo nada. Tomó el archivo y lo envió. Me quedé loco cuando me enteré”.

No es extraño entonces pensar que en su computadora hay más archivos guardados. “(Suspira) Sí”. Reconoce que hay maquetas. Incluso, hace unos meses el baterista de Zapato 3, Diego Márquez, estuvo en su casa, y grabaron. “Para mí componer es sencillo. Es más fácil satisfacer ese aspecto. Requiere menos trabajo que dibujar. Tal vez crecí con mucha literatura y se me hace sencillo decodificar el buen gusto en las palabras, mezclarlas como si fueran colores. O tal vez soy menos ambicioso en ese aspecto”.

A diferencia de la pintura y el diseño, es un autodidacta de la música desde que fue encantado por Powerhouse de Deep Purple.

Por eso soy más exigente conmigo en la pintura que en la música. Entiendo la pintura bajo un esquema de escuela. Para mí es más fácil la música porque no la cuestiono. No temo ser juzgado con la música. No me interesa competir con maestros de la armonía, por ejemplo”, detalla Segura.

Sin desvincularse

En la obra que ha pintado, hay referencias obvias a Venezuela. Es difícil cortar el cordón umbilical con un país del que se fue hace 21 años y al que no visita desde 2014. “Ojalá Venezuela pudiera trascender y dirigirse hacia la luz”, dice quien en los años noventa practicó el vaisnavismo, una rama del hinduismo.

De esos guiños, también hay añoranzas y homenajes, como el recordatorio a Carlos Rangel, autor del libro Del buen salvaje al buen revolucionario, de quien subió una foto recientemente.

 “Era un gran vanguardista de las ideas.  Nunca se dejó seducir por las falacias del socialismo venezolano, en una época de admiración hacia Fidel Castro. En esos tiempos, era avanzado tener una posición firme a favor del capitalismo, en pro del mercado. Los intelectuales de los años sesenta y setenta son culpables del descalabro del país. ¿Quiénes montaron en el poder a Hugo Chávez? La sociedad intelectual venezolana que tenía una comunión con el socialismo. Carlos Rangel tenía una idea más aguda del caos que podría desatar el socialismo cubano perpetuado en América Latina”.

Persona optimista

El músico y pintor es optimista con respecto a lo que pasa en el mundo, especialmente en estos momentos de incertidumbre por la pandemia y sus consecuencias en tantos sectores. Es de los que cree que todo es un reflejo de los pensamientos, que, si piensas en el apocalipsis, por ejemplo, apocalipsis es lo que encontrarás.

“Como en todo cambio estructural, hay dolor. No es lo mismo evolucionar, que mutar.  Mutar es mucho más traumático. Todo esto tiene que ser para bien. Tantos años después de la Edad Media, en los que hemos aprendido tanto, en los que hay un compromiso con el entendimiento, el cerebro humano es mucho más poderoso. Creo en los futuristas cuando dicen, por ejemplo, que el teléfono es una extensión de nuestro cerebro. ¿Cuándo ibas a imaginar que podrías saber inmediatamente la distancia y el tiempo de un viaje de Londres a Los Ángeles? Conocimiento en tiempo real”.

Claro que ha sentido miedo, pero sus temores tienen que ver con no tener propósitos diarios. “Uno tiene que autogenerárselos, autoimponérselos. Un ejemplo, en mi caso, si no trabajo, tengo que seguir creando”.

Por eso, este confinamiento lo ha visto como una oportunidad, reencontrarse con pasiones dejadas a un lado, y mantenerse sano.

“Una de las predicciones de los futuristas era que la humanidad iba a tener tiempo libre. Hablo de autores como Raymond Kurzweil, quien ha afirmado que, gracias a la inteligencia artificial, el ser humano tendrá cada vez más tiempo mientras las máquinas solventarán asuntos por nosotros. Hay una pérdida de orientación existencial, pero uno tiene que crearse esos objetivos”, dice Segura.

Y a partir de esas ideas, ve el futuro como una convivencia con lo virtual, en el que se vivirán muchas realidades que cambiarán al antojo de cada uno, pero también con un auge de lo artesanal, con el tomate sembrado en el jardín, la harina hecha en casa, el aceite producido por cada quien; un regreso a la granja, ser autosustentable, en medio de las más inimaginables tecnologías. “Tampoco es que la tecnología tomará todo, como lo han hecho esas corporaciones que nos han vendido gato por liebre con productos que pueden ser cancerígenos. Ahora sabemos lo que consumimos gracias a ese acceso a la información que nos dan los teléfonos móviles”.

Les pide a los venezolanos que se cuiden. “Les ha tocado más duro, porque no se trata de la plaga del covid-19, sino de una política maligna y destructiva que genera escasez, el control del cerebro venezolano para generar necesidades básicas. Mi mensaje es para Venezuela. Hay que volverse cultos para entender el problema y enfrentarlo, razonar para discutir y no dejarse lavar el cerebro por nada. Mi mensaje es de fuerza y de resistencia psicológica”. 

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