• El cirujano José Manuel Molina compartió con el equipo de El Diario los altibajos que ha enfrentado durante la pandemia por la escasez de combustible en el estado fronterizo 

Antes de que se decretara cuarentena nacional, José Manuel Molina, médico cirujano, vivía su propio confinamiento. El poco tiempo que le quedaba después de trabajar en varias clínicas del estado Táchira solo le permitía salir a lo estrictamente necesario. 

Luego de graduarse y laborar como médico rural en el hospital Ernesto Segundo Paolini, del municipio Ayacucho, el médico de 28 años de edad se dedicó a trabajar en centros privados. Uno de los motivos era ayudar a su mamá, profesora de Educación Superior jubilada, con quien  vive. 

Aunque José Manuel sabía que su rutina podría cambiar con la pandemia por covid-19, no pensó en todas las restricciones que tendría que vivir durante estos meses. Los primeros días de cuarentena se movió todo lo que pudo, trabajó en varias clínicas e intentó llenar el tanque de gasolina, pero no lo logró. Luego de un mes se sintió genuinamente encerrado por primera vez. 

En ese momento no pude hacer más nada, no podía llegar a las clínicas ni percibir ingresos. Pedí ayuda a todos los organismos posibles, pero nadie hizo nada. Paré el carro y también me paré yo. Solo pude trabajar en una que otra cosa que salía cerca de mi casa”, explicó el médico en exclusiva para El Diario.

La falta de ingresos se sumó al alza de los precios en los alimentos. José Manuel y su mamá se reorganizaron ante esa nueva realidad: comenzaron a crear listas de compras y menús; también empezaron a manejar presupuestos para el mercado semanal y las medicinas. 

Foto: José Manuel Molina

A pesar de que la crisis que enfrentaban los hizo más conscientes, era cuestión de tiempo para que el dinero no fuera suficiente. 

Con gasolina iraní

La escasez de gasolina es parte de la cotidianidad de los tachirenses desde hace al menos seis años. El estado ha lidiado con en contrabando masivo de combustible hacia Colombia durante ese tiempo, por lo que se han aplicado medidas regionales al respecto. 

El médico explica que los ciudadanos se habían adaptado a la regulación del suministro de 40 litros de gasolina semanales, que quedaban registrados gracias a una Tarjeta de Abastecimiento de Gasolina (TAG). Con la escasez de combustible en todo el país eso cambió. 

El 20 de mayo de 2020 llegó a Venezuela el primer tanquero con gasolina iraní, parte de un acuerdo entre el régimen de Nicolás Maduro y el gobierno de Irán. El objetivo del Estado venezolano era aliviar la demanda de combustible en el territorio nacional. Pero ese alivio solo ocurrió en la Gran Caracas.

Precios de la gasolina

Bs 5.000

el litro de gasolina subsidiada

$ 0,5

el litro de gasolina a precio internacional

«Por supuesto que el suministro no mejoró con la llegada de la gasolina iraní. Nosotros pasamos seis horas al día sin luz, lo que también complica el suministro. Antes la gasolina nacional llegaba una vez a la semana, pero esta no. Cuando se acaba el combustible todos nos preguntamos qué pasará ahora y si vamos a quedarnos tres meses sin gasolina nuevamente”, expresó el cirujano.

La nacionalidad de la gasolina no fue lo único que cambió en las estaciones de servicio, también el sistema para atender a los usuarios. Ahora los ciudadanos serían atendidos por el terminal del número de la TAG. Además, deberían pasar por tres filas distintas antes de llenar el tanque. 

Incertidumbre en Mérida

Mérida es otro estado de la región andina que ha sido golpeado por la escasez de gasolina.

Rigoberto Lobo, director de la organización de Promoción, Educación y Defensa de Derechos Humanos (Promedehum) en esa entidad, explicó para El Diario que el suministro de combustible en el estado presenta varias irregularidades y pocas facilidades para los usuarios.

El activista indicó que quienes deseen adquirir gasolina subsidiada pasan días en las largas colas y que los días asignados para llenar los tanques no son fijos, sino que corresponden a una programación de las estaciones de servicio. Añadió que las instalaciones fueron militarizadas.

Lobo denunció que aunque las estaciones de servicio deben vender gasolina subsidiada a los médicos del Hospital Universitario De Los Andes, el pasado 1° de julio solo le vendió a 25 profesionales de la salud.

“Cómo nosotros somos una organización vinculada al hospital nos correspondía un cupo, pero lo cedimos para que se la dieran a un médico, de todos modos no es suficiente”, agregó.

El 18 de junio, luego de tres meses sin combustible, José Manuel logró surtir su auto con gasolina. Ese día también presenció una serie de arbitrariedades que lo dejaron con un mal sabor de boca. 

Llegó temprano al primer tramo de la cola. Allí trabajadores de la estación de servicio marcan los vehículos con un número. José Manuel solo tenía que esperar que enumeraran a dos carros para pasar a la segunda etapa de la fila. 

La llegada de dos vehículos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) llamó la atención de los trabajadores quienes dejaron de marcar autos para atender a los funcionarios. Al percatarse de lo que ocurría José Manuel perdió la paciencia, se bajó del vehículo y caminó hasta donde estaban los militares. 

—  Si ellos van a pasar, por favor, que sea detrás de mí. Tengo mucho tiempo esperando por gasolina y no voy a permitir que se coleen — , dijo el médico. 

— Tú no puedes exigir eso, estos son carros oficiales así que deben surtir — , respondió uno de los guardias. 

— Bueno si están surtiendo a carros oficiales también deben surtirme a mí, porque soy medico y tengo tres meses esperando para ponerle gasolina al carro y nadie me ayudó nunca. 

La discusión continuó por varios minutos hasta que un concejal del municipio Michelena llegó a intervenir. 

— Si usted es médico ¿donde están sus credenciales?, es más ¿en dónde está su ética? mire tan grosero que es y tan falta de respeto — señaló el funcionario municipal.

Con un nudo en la garganta, José Manuel subió a su vehículo que ya había sido marcado para avanzar. Ahí el concejal fotografió el vehículo y la placa del cirujano. 

En la segunda etapa de la cola se encontró de nuevo con los militares, así que paró su auto en paralelo a ellos, insistió en que no permitiría que se le colearan.

Un guardia salió del vehículo.

— Si usted pasa antes que nosotros tendré que tomar los datos de su carro y mandarlo a detener. 

El médico ignoró la advertencia y subió el vidrio. De inmediato se le acerca otro trabajador de la estación y vuelve a bajarlo. 

— Por favor haga la cola donde le corresponde. Si no lo hace no puedo ayudarlo en otro momento y si esto se sale de control tampoco abogaré por usted. 

José Manuel se mantuvo firme y sin mover el vehículo. 

Cuando fue el momento de avanzar, el médico y el militar encendieron los autos, pero — en un intento por evitar lo que tanto temía—  el médico aceleró y chocó la parte de atrás de un camión. Mientras el José Manuel  reaccionaba a lo que sucedió, el funcionario arrancó de nuevo y entró directamente a la estación de servicio. 

Foto: José Manuel Molina
Quedé molesto, chocado y de todos modos se colearon por delante de mí y de 40 carros aproximadamente”, recuerda el profesional.

La amarga experiencia en la estación de servicio fue el resultado de la rabia y la impotencia, sentimientos que experimenta José Manuel cada vez que piensa en las humillaciones que atraviesan los médicos venezolanos. 

“Estas dificultades no son nuevas, creo que la pandemia las ha hecho más públicas, pero el médico venezolano joven, no especialista, que estudia, que está haciendo una residencia asistencial, un internado rotatorio, una rural trabaja con las uñas desde siempre”, expresó. 

El médico confesó que desearía hacer un postgrado en Caracas. Su sueño se ha visto limitado porque no cuenta con el dinero suficiente para pagar residencia y comida en la capital. 

Aunque emigrar nunca fue una opción para él, cada día está más convencido de que el futuro para los profesionales de la salud en Venezuela es incierto. El no poder contar con los insumos básicos para procedimientos sencillos ni salarios dignos para especializarse lo desmotiva en ocasiones. 

Mientras los casos por covid-19 en Venezuela continúan en ascenso y el sector salud en deterioro, José Manuel sigue sorteando esas dificultades para ayudar a sus pacientes, con la esperanza de que las condiciones de trabajo de los médicos del país mejoren lo antes posible. 

Noticias relacionadas