• El economista Luis Secco y el politólogo Luis Tonelli analizaron para El Diario las consecuencias económicas y políticas que produjo la cuarentena por la pandemia del covid-19. Foto principal: AFP

“Todos tienen que quedarse en sus casas”, ordenó el presidente de Argentina, Alberto Fernández, el 19 de marzo. Le acompañaban Axel Kicillof, gobernador de la Provincia de Buenos Aires, símbolo del kirchnerismo; y Horacio Rodríguez Larreta, jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, uno de los símbolos del macrismo. Toda una rareza en un país marcado por “la grieta”. Continuó Fernández: “Esta medida la hemos dictado ahora tratando que los efectos sobre la economía sean los menos dañinos posible”. Más de 100 días después de aquel anuncio y a pesar del buen control de la pandemia, algunas medidas distan del tono y de la imagen conciliadora que ha intentado dar el gobierno, de acuerdo con analistas consultados por el equipo de El Diario.

Para entender el escenario económico argentino durante el covid-19, sin embargo, hay que retroceder algunos años. El economista argentino Luis Secco considera que confluyen dos crisis. La primera, de orden estructural que viene arrastrando un largo proceso de recesión y alta inflación. La segunda, de corto plazo, ocasionada por la imposibilidad del gobierno de Mauricio Macri y ahora de Alberto Fernández de reestructurar la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

“El gobierno de Alberto Fernández ni bien asume, las señales que intentó dar fue de ocuparse de las manifestaciones de estas dos crisis, sobre todo lo que va hacia la pobreza y a lo que el gobierno llamó la ‘lucha contra el hambre’, pero lo no logra (…) y las expectativas del gobierno antes de la pandemia no las había logrado modificar. No había una percepción de cambio de régimen y Argentina seguía en medio de esa crisis de confianza”, explicó Secco, quien es profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata y fundador de la consultora Perspectivas Económicas.

Luis Secco. Foto: Cortesía

Los números lo avalan: el Producto Interno Bruto (PBI) del primer trimestre de 2020 con respecto al cuarto trimestre del año 2019, cayó casi 5%. Además, la inversión del primer trimestre de este año fue de 10%, lo que significa 18% menos que la inversión del cuarto trimestre del año pasado.

“Esos son números claramente prepandemia que te marcan una situación de la economía extremadamente débil y sin que el gobierno haya logrado recuperar la confianza y salir de esa situación de crisis de expectativas”, dijo el consultor económico.

En este contexto de refinanciamiento de la deuda, caída del PIB y alta inflación, con la llegada de la pandemia, el gobierno de Fernández ha puesto en marcha una serie de medidas de apoyo social. Como transferencias directas de 10.000 pesos (menos de 100 dólares) a sectores de la población más vulnerables la cobertura del pago de salarios o apoyo a algunas empresas privadas, el congelamiento de precios de productos esenciales, así como de las tarifas del gas y la luz.

Sobre el congelamiento de precios, el economista advierte: “la historia argentina está llena de ejemplos. Somos un laboratorio de este tipo de medidas tendientes a atacar el problema de la inflación, cuando no son nunca una solución. Y todos los congelamientos en la historia de nuestro país han terminado mal (…) basta con ver la experiencia y sabés que todo termina peor para aquellos que se pretende beneficiar”. Esto, sin embargo, no necesariamente podría llevar a un desabastecimiento, aclara, debido a que estos procesos han culminado, en su mayoría, con un sinceramiento de los precios en medio de la alta inflación.

Estas medidas, aunque necesarias, Secco estima que debieron ir acompañadas de otras políticas económicas de largo plazo porque, de lo contrario, generan mayor déficit fiscal, mayor inflación futura y mayor pobreza. El gasto del sector público nacional, que es el que paga las ayudas, aumentó 97% con respecto al año pasado, mientras que los ingresos tributarios solo se incrementaron 2%.

El presidente Fernández, por su parte, ha intentado escudarse planteando el dilema entre salud y economía. “Prefiero tener 10% más de pobres y no 100.000 muertos en la Argentina por coronavirus”, dijo en una alocución.

De esta forma, el déficit fiscal va a ser de casi 13 puntos del PBI que van a ser atendidas en su totalidad por el Banco Central con emisión monetaria, debido a que ni el mercado local ni el internacional pueden hacerse cargo de la deuda argentina.  Para Secco, se trata de un “círculo vicioso” que acabará en mayor inflación: el Estado pretende compensar esa pérdida de ingreso con políticas sociales y políticas de gasto público expansiva, como eso se financia con la emisión monetaria se genera inflación, y eso, a su vez, incide en los niveles de pobreza.

Lo resultados ya están a la vista. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), la economía argentina se desplomó 26,4% en abril, siendo incluso mayor a la caída de 16,7% registrada en marzo de 2002, en el pico de una de las peores crisis económicas de la historia de ese país. Dentro de la caída del pasado mes de abril, los sectores más afectados fueron los de la construcción (-86,4%) y hoteles y restaurantes (-85.6%).

Hay como un código genérico que ante cualquier problema la respuesta es el Estado, más gastos, más impuestos, más intervencionismo, más regulaciones, más congelamientos. Eso puede resultar lo deseable para una parte grande de la población argentina, pero sabemos que cuando no hay mecanismos genuinos de financiamiento, termina siendo peor el remedio que la enfermedad”, agregó el economista.

La intervención del Estado ha llegado, incluso, al anuncio de expropiación de la empresa Vicentín, medida que posteriormente paralizó el presidente y ahora el caso lo resuelva la justicia. 

— ¿Entonces qué tiene que hacer el gobierno para evitar que la crisis se agrave?

— Yo creo que finalmente probar con algo distinto, pero el problema es el código genético. Esta es una alianza de gobierno con un componente populista muy marcado y es muy difícil pensar en que cuando se agrave la situación puede haber un intento de buscar una respuesta por otra parte. Yo creo que el sector privado en Argentina está claramente ahogado y cosas que habría que hacer es tratar de reducir la carga tributaria, la presencia del Estado, las regulaciones. Es muy difícil salirse de esa, en un contexto en el que la gente que depende del Estado ha seguido creciendo y es difícil que eso se interrumpa en una crisis sanitaria como la que hoy tenemos. Las propuestas para hacer algo distinto abundan, la pregunta relevante es si hay voluntad de intentar algo distinto y por ahora la respuesta es no.

— Eso lleva a otra pregunta: ¿Quién maneja la economía argentina?

— El presidente intenta todos los días convencernos que es él el que gobierna. Cuando se le preguntó lo de Vicentín, él dijo que había sido una idea de él. Dicho esto, si yo le creo o no, me cuesta creerle. Yo creo que buena parte de la política es conducida por Cristina Kirchner, incluso te diría casi por acción u omisión, que eso es lo que empieza a generar un poco más de temor en los medios empresarios de Argentina. Hay dos ejes fundamentales de la acción del gobierno: una es más Estado, y el segundo es el “vamos viendo”. El “vamos viendo” te introduce a niveles de incertidumbre muy grandes y queda esta sensación de que el gobierno actúa caprichosamente. Es un gobierno que huele mucho a un gobierno que en algunas cuestiones fundamentales sigue los deseos de la expresidente.

Liderar la crisis

A pesar del mal panorama económico argentino, Alberto Fernández es en la actualidad el político con mayor popularidad en Argentina. De acuerdo con una encuesta de la consultora Giacobbe & Asociados, el presidente argentino tiene 43% de imagen positiva, a lo que añade 16,3% de regular y 38,5% de negativa. La razón, explica el politólogo argentino Luis Tonelli, es su personalidad “multifacética”. Algo de lo que ya se valió Fernández para ganar la presidencia, al congregar a todo el espectro peronista en su candidatura.

Por un lado, la imagen de Fernández junto con el macrista Horacio Rodríguez Larreta, jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, y con el kirchnerista Axel Kicillof, ha sido una constante en cada alocución del gobierno argentino en la crisis del covid-19. Pero, por otra parte, Fernández ha aprovechado para mostrar su imagen de líder, al mismo tiempo que avanza en una agenda más radical, alineado con los deseos de la vicepresidenta Cristina Kirchner, de acuerdo con el politólogo de la Universidad de Oxford.

De izquierda a derecha: Horacio Rodríguez Larreta, Alberto Fernández y Axel Kicillof. Foto: Marcelo Carroll

“Lo que pasó es que en ese inicio Alberto Fernández –como una persona sin poder propio, poder prestado–, se coloca en una instancia de negociación y de consenso como para decir ‘bueno, yo voy a tener mi propio poder logrando estos acuerdos con gente que puede ser de otro partido’. La verdad es que la cuarentena le da la posibilidad de mostrar como el piloto de esta crisis y en ese sentido, ya desde el primer día que anuncia la cuarentena se vuelve al discurso de la grieta (…) Él, me parece, se sube arriba de la crisis, de esta medida que obviamente está obligada por el covid-19, y la aprovecha para ahora hacerse un presidente fuerte”, dijo Tonelli.

Aunque, aclara el politólogo, esto podría ser una imagen. Puertas adentro, al igual que Secco, Tonelli considera que el verdadero poder lo ostenta Cristina Kirchner. Como muestra de ello, argumenta que el gobierno avanza sobre lugares claves de los ministerios, se hacen fuertes en la secretaría de inteligencia, las causas de la justicia de los exfuncionarios y de la vicepresidenta se retrasan, al mismo tiempo que en la justicia avanzan las causas contra el gobierno de Mauricio Macri.

Una muestra de este doble discurso del gobierno argentino tiene que ver con su reciente postura sobre Venezuela. En una conferencia con el expresidente brasileño Luis Ignacio “Lula” Da Silva, el presidente Fernández aseguró que se extrañaba el liderazgo de Hugo Chávez. Días después, el canciller Felipe Solá dijo que su gobierno no era favorable a Nicolás Maduro.

— Entonces, el mismo tiempo de la pandemia, ¿el gobierno está avanzando para imponer una agenda más radical?

— Así es. Yo pongo el tema de la crisis como fundamental. Ellos no tenían una crisis manifiesta antes y latente –porque yo te digo que aquí para los argentinos crisis es que un presidente tome el helicóptero– y la transición de Macri fue una crisis que obviamente fue muy profunda, pero no era una crisis aguda y entregó la banda presidencial, que eso para un no peronista no se daba en décadas. Pero es lo había privado a Alberto Fernández: por un lado, no tenía ni los votos propios ni tampoco tenía el contexto como para tomar medidas que no tuvieran consenso. Pero la crisis es la oportunidad para contrarrestar estas cuestiones. El peronismo es el partido de la crisis, el no peronismo es el partido de la crisis del partido de la crisis.

Luis Tonelli. Foto: Cortesía

En el no peronismo, explica Tonelli, la estrategia parece girar en torno a lo que haga el gobierno. Y en un contexto en el que “la opinión pública de la sociedad recién ahora es que está empezando a hartarse de la cuarentena, a ver que no hay horizonte posible, a ver las arbitrariedades”, considera que es ahora en el que los partidos de oposición intentan agarrar ese discurso. No obstante, el politólogo marca otro condicionante: el kirchnerismo apuesta a la división, algo que ya está dando resultados.

Dentro de Propuesta Republicana (PRO), el partido fundado por Mauricio Macri, ya hay una disputa por el liderazgo. De momento, las encuestas marcan un claro favorito: Rodríguez Larreta, el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, es el segundo político mejor valorado del país. Según la encuesta de la consultora Giacobbe & Asociados, tiene 36% de imagen positiva, 36,2% de regular y solo 18% de negativa.

Sin tanta influencia por el momento, otros eventuales candidatos del PRO como la exgobernadora María Eugenia Vidal y el mismo expresidente Macri, han perdido peso dentro en la opinión pública. El expresidente registra 50,9% de imagen negativa, pero además es el de menor imagen positiva, con 20,7% de positiva. Un 25,3% la considera regular.

“Rodríguez Larreta, para algunos, se acercó demasiado a Alberto Fernández porque salió avalando decisiones que no tenían nada que ver con la pandemia, por ejemplo, la negociación de la deuda. Aparte, Larreta da una idea de que es un gobierno de consenso, lo cual también complica a la oposición, porque ¿qué dice Alberto Fernández?: ‘¿cómo no soy el presidente de este consenso si trabajo codo a codo con Larreta?’. Todo esto le sirve al gobierno, pero también le sirve a Larreta. Él ha hecho una apuesta muy grande, que es mientras Alberto Fernández tenga encuestas tan favorables, está ahí cerca. Después si puede volver y si los demás lo perdonan va a ser un tema de sus propias encuestas”, explicó Tonelli.

Por lo tanto, considera que el futuro político del expresidente Macri dependerá de la estrategia de Cristina Kirchner.

— Visto todo esto, ¿la pandemia abrió una posibilidad a una tercera vía política en Argentina?

— Yo lo pondría un poco entre paréntesis porque cuando llega el momento de las elecciones, si hay un ambiente más o menos favorable, gana el oficialismo, y en el oficialismo difícilmente Alberto Fernández pueda ser pie autónomo, porque él es una persona que no tiene básicamente estructura política de ningún tipo, y el prestigio de Cristina puede subir si las cosas van bien. Ahora, si las cosas van mal, se alimenta la grieta, no se alimenta el medio. Entonces el medio lo que te hace en este país es decidir cuál de los extremos te gana. El centro solo tiene una función de la balanza. Si el centro es negocio, los partidos se mueven por ahí. Por ahora el negocio es la grieta, y eso es muy malo para todos.

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