• Cientos de migrantes venezolanos continúan llegando al Corregimiento de La Parada, Villa del Rosario (Colombia), donde aguardan y esperan el momento en que puedan cruzar el Puente Internacional Simón Bolívar para retornar al país 

La llegada del coronavirus a Latinoamérica marcó un antes y un después en el estilo de vida de muchas personas. Especialmente para los migrantes que decidieron dejar sus países de origen en busca de nuevas oportunidades laborales y personales. 

Miles de venezolanos que, tiempo atrás habían abandonado su tierra, se vieron obligados a volver, pues la situación económica desmejoró notablemente. Perdieron sus empleos y quienes se dedicaban a la economía informal, no podían trabajar a causa del confinamiento y el riesgo de contagio por covid-19.

El director de Migración Colombia, Juan Espinosa, indicó a través de la cuenta en Twitter de la agencia de aduanas que –hasta la fecha- “al menos 84.000 ciudadanos han regresado a Venezuela y otros 38.000 quieren cruzar la frontera”.

Espinosa precisó que las limitaciones actuales del país podrán ocasionar la extensión del retorno de las personas que aguardan en Norte de Santander más allá de 2020.

Migración Colombia ha mencionado en varias oportunidades que Norte de Santander cuenta con cuatro puntos autorizados para el paso formal de migrantes hacia Venezuela. El primero es el Puente Internacional Simón Bolívar, en Villa del Rosario; el segundo está en el municipio de Puerto Santander; otro es el Puente Francisco de Paula Santander, en El Escobal y finalmente el Puente de Tienditas.

No obstante, en el Corregimiento de La Parada aguardan unas 1.000 personas para poder ingresar a Venezuela. La estación sanitaria transitoria en puente Tienditas funciona únicamente como punto para que los venezolanos esperen hasta el momento en que puedan ser trasladados en buses hacia el puente Simón Bolívar.

Pese al retorno de un número significativo de ciudadanos a su país, la situación del lado colombiano no mejora del todo. Villa del Rosario (Norte de Santander) es uno de los municipios más afectados por ser el principal receptor de venezolanos. 

El alcalde de ese municipio, Eugenio Rangel, ha manifestado en distintas oportunidades a medios de comunicación colombianos que hay unas 300 “casas” en hacinamiento y eso genera preocupación ante un posible brote de coronavirus en el lugar.

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Foto: Gabriela Magilbray

Quienes llegan a La Parada son venezolanos provenientes de otros países de América Latina e incluso de otros departamentos de Colombia. Muchos de ellos han llegado hasta ese punto caminando, con la única petición de cruzar la frontera para volver a su tierra. 

Estos ciudadanos han decidido deshacerse de la mayoría de sus pertenencias para poder sobrevivir los días que deban estar en La Parada. Vender su ropa, bolsos, zapatos, artefactos electrónicos e incluso su cabello. Estos son algunos de los sacrificios que ha tenido que hacer a cambio de –por lo menos– una comida diaria.

El terreno en donde se establecieron no tiene las mínimas condiciones de salubridad. Como no tienen respuesta oportuna sobre su retorno, han improvisado carpas con bolsas plásticas, sábanas, trozos de madera o cualquier objeto que tengan a la mano, para cubrirse del Sol y la lluvia.

Los desechos sólidos forman parte del paisaje a los lados de la carretera en La Parada. El humo a causa de la leña es cosa del día a día. Caminar descalzos sobre la tierra parece una costumbre y el uso del tapabocas es un hábito que no abunda en la comunidad. Este es el espacio que han construido quienes llegan provenientes de otros destinos.

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Foto: Gabriela Magilbray

Restricciones del lado venezolano 

Migración Colombia informó que desde el 8 de junio el paso de migrantes venezolanos por el Puente Internacional Simón Bolívar se haría tres veces por semana. Lunes, miércoles y viernes, en grupos de 300 personas, y 100 por el Puente José Antonio Páez, frontera entre el departamento de Arauca y Apure, en Venezuela.

La agencia de aduanas aclaró que la decisión fue tomada por las autoridades venezolanas, a fin de recibir reducidos grupos de retornados. 

La nueva medida agravó el estatus de los venezolanos del lado colombiano que esperaban regresar lo antes posible a su país. Ciudadanos que luego de caminar cientos de kilómetros para llegar hasta Villa del Rosario debían toparse con una restricción más. La espera para cruzar el puente que une ambas naciones se alarga. 

Esa situación y las medidas restrictivas por parte del régimen de Nicolás Maduro han generado un “embudo migratorio” en La Parada. Convierten al sector en una bomba de tiempo debido a la pandemia por covid-19, pues esas personas no cuentan con medidas de prevención para evitar el contagio.

Pese a los obstáculos, el gobierno colombiano actuó rápidamente y pocos días después del anuncio se instaló un campamento provisional en el puente de Tienditas. Un espacio con capacidad para atender a unos 600 migrantes. Su finalidad es que los venezolanos puedan pernoctar allí un máximo de dos días, mientras logran entrar a su país.

La estación sanitaria transitoria, como fue nombrada, es un sitio de atención acondicionada con camarotes, carpas, baterías sanitarias, duchas y comedor. También se les brinda tamizaje y atención psicosocial a quienes sean trasladados ahí, dadas las condiciones de vulnerabilidad en que se encuentran. 

Desde el 30 de junio el alcalde el municipio Bolívar en el estado Táchira, William Gómez, anunció que el paso para los migrantes venezolanos que se encuentran en Colombia a la espera de cruzar, será de lunes a viernes. También informó que se incrementó el número de personas que podrán ingresar cada día, de 300 a 350. 

Respecto al horario, Gómez indicó que la movilización se hará de 10:00 am a 04:00 pm. Lapso en el que los migrantes podrán cruzar el puente Simón Bolívar y llegar a la aduana principal de San Antonio. Este lugar actualmente funge como Punto de Atención Social (PAS) en el municipio Bolívar.

El drama del lado colombiano

Familias enteras esperan en La Parada, Villa del Rosario, el momento en que puedan ingresar a su país. Lo hacen en medio de la basura que rodea el espacio donde han decidido instalar campamentos improvisados. Todo esto ante la falta de soluciones para su rápido retorno.

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Foto: Gabriela Magilbray

Estas personas resuelven su día a día con las herramientas que tienen a la mano. Así lo han hecho para cocinar, bañarse y cubrir sus necesidades básicas.

El equipo de El Diario, en colaboración con TV Cúcuta, logró obtener testimonios de algunos venezolanos que se encuentran en Villa del Rosario. Tienen allí varios días y aún no han podido cruzar la frontera.

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Necesito medicamentos como epamin porque sufro de ataques de epilepsia y convulsiones”, dijo Francisco Javier, un venezolano que regresó de Brasil y actualmente se encuentra en La Parada a la espera de volver a su hogar.

Francisco explicó que debido a su enfermedad permaneció dos años en cama, sin poder caminar. Quedó con secuelas importantes que le limitan algunas actividades cotidianas, entre ellas hablar con claridad.

“Queremos irnos porque tenemos niños pequeños y ellos son los que pasan trabajo. Está bien, uno faltó por venirse para acá. Pero igual uno se quiere ir porque ¿ya qué vamos a hacer aquí si no nos dejan trabajar?”, gritó otra mujer venezolana mientras las cámaras de TV Cúcuta registraban las condiciones en que sobreviven esas personas.

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Foto: Gabriela Magilbray

La mujer se refugia en una carpa hecha con palos de madera y una sábana que cumple el papel de techo. Allí duerme sobre cobijas para amortiguar la dureza del suelo, junto a su esposo e hijos pequeños. Incluso un perro callejero los acompaña.  

“Comemos lo que nos dejan al día, si no tenemos, no comemos. Lo que queremos es irnos así comamos yuca pura en Venezuela”, indicó la venezolana oriunda de Tinaquillo, estado Cojedes. 

Aprovechó el momento para hacer un llamado al gobierno de Colombia, pues asegura que les hacen pasar trabajo innecesariamente, especialmente a los padres de familia. 

“Nosotros duramos casi dos meses caminando para poder salir del páramo. Así tenemos que estar porque no hay otra manera”, dijo mientras señalaba el limitado espacio donde duerme junto a sus cuatro familiares. 

Los venezolanos instalados a la orilla de la vía en La Parada no cuentan con servicios básicos como el agua potable. No pueden lavarse las manos como principal medida de prevención del coronavirus. Tampoco cuentan con los medios para cocinar o limpiar los alimentos que consumen.

Debido a esas limitaciones, deben obtener agua del río Táchira. Este es un afluente sin las mínimas condiciones sanitarias que podría causar enfermedades en quienes la consumen. 

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El agua para cocinar la sacamos de los ríos y ahí es donde a la gente le toca defecar porque aquí no tenemos servicios de nada y también nos toca bañarnos ahí”, explicó Adriana Díaz, otra ciudadana que padece los problemas derivados de estar en esa zona.

Esas personas intentan superar un día a la vez. Lo que queda de sus pertenencias lo usan para hacer trueques por alimentos o las venden para obtener dinero y así, comprar comida.

“Aquí estamos tratando de sobrevivir, todos arriesgamos la vida para poder bajar a la orilla del río a buscar leña para cocinar. Estamos viviendo en condiciones que no nos merecemos, lo único que exigimos al gobierno de Colombia es que nos traten bien”, expresó Díaz. 

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Foto: Gabriela Magilbray

La queja que abunda es sobre el trato que reciben. Muchos consideran que el gobierno del presidente Iván Duque los ve como indigentes y los dejan allí en el olvido.

“Hace como cuatro días nos corrieron de la isla porque no querían que la gente de la ONU nos viera ahí. Aquí todos llegamos caminando porque es mentira que la alcaldía de ninguna parte está ayudando a venezolanos”, denunció Adriana.

Otro migrante instalado en la zona relató que deben cocinar y comer arroz todos los días. Aunado a ello, con ayuda de varias personas se valen de sábanas o cobijas para cortar la corriente de aire y evitar que se apague el fuego.

Luis Chacón llegó hace siete días a La Parada junto a su esposa e hijo. Todos caminaron desde Perú con la esperanza de volver a su tierra.

“Tengo cirugía en una pierna y me pusieron clavos, uno de esos clavos lo perdí a causa de la larga caminata”, dijo Luis. 

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Foto: Gabriela Magilbray

Durante el trayecto debieron hacer escalas en varios sitios y descansar a orilla de la carretera. Estuvieron expuestos a cualquier peligro existente en la calle y al cansancio producto de los kilómetros recorridos.

“Aquí sufrimos enfermedades como tensión alta y tenemos que cocinar con leña o un pote con aserrín. Hacemos una sola comida al día. Como arveja cocida o lo que Dios nos provea”, enfatizó Carmen, una adulta mayor que sufre los estragos de vivir a la intemperie.

Carmen cree que el gobierno colombiano debería suministrarles apoyo alimenticio como un plato de comida al día. Especialmente para los más pequeños, quienes no entienden lo que ocurre. 

“Estamos viviendo una situación inhumana que ni las personas más necesitadas están pasando lo que nosotros sí”. Así lo dijo Antonio Contreras, quien espera poder regresar lo antes posible a su hogar en Venezuela.

Cientos de connacionales concuerdan en el peligro que representa permanecer en La Parada por más tiempo. Temen contagiarse de coronavirus al no contar con medidas de prevención ni agua potable para ingerir o lavar sus manos frecuentemente. 

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Foto: Gabriela Magilbray

Gran porcentaje no tiene siquiera teléfono celular para comunicarse con sus seres queridos del otro lado de la frontera para informarles cómo están. Han tenido que deshacerse de sus cosas y, en su mayoría, solo conservan pocas prendas de vestir notablemente desgastadas.

El pasado 7 de julio, Juan Francisco Espinosa, director de Migración Colombia, reportó que debido a la reactivación de algunas ciudades colombianas se ha desacelerado el retorno de venezolanos a la frontera.

Este artículo de El Diario fue editado por: Irelis Durand |Génesis Herrera |José Gregorio Silva.

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